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Carnaval, carnaval

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Foto Andreu Dalmau / EFE. La Vanguardia.

He estado pensando de qué disfrazarme este año, y al final me he decidido por algo realmente actual. Unas chapitas que cubran mi contorno, o quizá un material más ligero y renovable que me transforme en caja-mujer. Por dentro, una memoria y una cámara. Por delante que se me pueda ver, y programarme táctilmente. ¿Adivinan? Sí, un 5G de esos, móviles quinta generación, de los que han brillado con luz propia estos días en el Mobile World Congress, de Barcelona. ¡Quién lo diría!

Conectividad inteligente, intersección entre la hiperconectividad habilitada por la nueva telefonía y el Internet de las Cosas (IoT), con la inteligencia artificial (IA) y el ‘big data’. ¿Se enteran de algo ustedes? Pues yo tampoco. Pero vamos, todo es informarse un pelín y ponerse. ¿Para cuántas disciplinas nacimos aprendidos en esta vida?

Samsung, Huawei, Microsoft, Sony, Nokia, LG, Xiaomi, Qualcomm… Estados Unidos, Corea del Sur, Japón, Italia, Francia y también España, con sus acaso más humildes Telefónica y Vodafone –echándonos flores, como siempre–. El caso es en esta sociedad de las prisas, el independentismo y la locura colectiva, yo sueño con ser mecanismo que posibilite la comunicación y la accesibilidad, al menos por un día.

Porque chiquita como soy, y ya no digo si pudiera plegárseme, sería ya capaz de meterme por cualquier rincón y ser una mujer-robot la mar de interesante. Podría, por ejemplo, meterme en el bolsillo de cualquier político y recoger información de primera línea sobre sus intereses más genuinos. Ahí es nada contribuir, con cirujanos o lingüistas, en una transmisión en microsegundos de saberes que sanen el cuerpo y la estulticia.

Otra gran utilidad, servir de conector en los hogares de personas mayores y con diversidad funcional. Echarles una mano o una tecla en el empleo y en aula, como ese padre que ha compartido la orla universitaria con el hijo por ser uno con él durante cada curso. Me encantaría ser colaboradora-dron y llevar alimentos, medicinas y ayuda a Venezuela. ¡Qué bonito ser botón-alarma pasa salvar a bebés abandonados en su cunita-incubadora!

Todo esto, desde mi experiencia, y la de muchos, de no encontrar en el mercado ni un móvil accesible para personas con problemas de manipulación. En carnaval, es más fácil soñar un mundo diferente.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 1 de marzo de 2019).

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