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Mi bola de crista

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Foto Humanizar

Podría visualizar en mi espejo interior los próximos veinte años: algunos libros más, mi matrimonio, ausencia de los padres, ver crecer a los hijos de mis hermanos, ¿sobrinos nietos? Todos son futuribles imprecisos. Solo un axioma exacto: si sigo disfrutando de vida y de salud, necesito asistencia.

¿Un centro residencial? No es mi modelo predilecto. De siempre me creí una igual entre iguales: parroquia, universidad, con los amigos… Poco más de una década, descubrí una nueva forma de compatibilizar mi dis-capacidad con el día a día cotidiano, ya fuera bípeda o humana sobre ruedas. Se llamaba asistencia personal.

Los ricos la han tenido siempre. Cuando faltan recursos, lo más lógico es que la subvencione el estado de bienestar. Sin embargo, no es sencillo ni estamos todavía a la altura. Y hay que ser creativa, también en esto.

Para ponerme en pie cada mañana, ir al baño, preparar la comida o ayudarme en la mesa, salir de casa con mi silla electrónica, poner la lavadora o el lavavajillas… Hay que ajustar las horas a las necesidades, no al contrario.

Tendré que seleccionar: prioridades, personas, hechos concretos. Nadie dijo que el vivir sea fácil. Y después actuar. Es la llave que lleva a una vida más plena.

María Pilar Martínez Barca

(Humanizar, «Desde mi sillón», «La fuerza de los límites», N.º 132 -Madrid, enero-febrero 2014-).

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