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Pepe y su blog-terapia

Lo conocí en una pascua juvenil. Jesús, nos explicó, quiso lavar los pies por hacerse cercano a sus amigos. Después coincidimos en la parroquia. Años más tarde descubría su web: www.pepenerin.net. No ha dejado jamás de sorprendernos.

M. P. M.

“El 15 de junio me practicaron una colonoscopia y descubrieron que tenía cáncer de colon”. A una hermana se lo diagnosticaron en octubre, el impacto fue menor. “Estoy viviendo una experiencia nueva, la experiencia de la debilidad y la enfermedad”.

"Quiero contar mi experiencia en un hospital durante unos cuantos días, para ayudarnos a afrontar esa otra cara de nuestra existencia a la que no solemos dar publicidad. Soy partidario de la claridad, de no cambiar de nombre a lo que ya lo tiene, de mirar al dolor de frente y con respeto”.

Las caras de la gente, cada ingreso, la intervención quirúrgica… y un montón de anécdotas. “Y tras ello llegó el momento clave: la entrega del pijama, de un color claro indefinido y que pronto tuve que cambiar porque no era de mi talla, añadiendo a mi enfermedad ridiculez”.

Ternura, humor, realismo, belleza “incluso en los momentos críticos”. Le dio serenidad afrontar el problema y no centrarse en sí mismo. “Tendré que llevar “bolsa” durante un tiempo, pero me intervendrán de nuevo para “normalizarme”. Cuestión de tiempo y de paciencia, de aprender a convivir con mis nuevas circunstancias, sin prisas, saboreando un ritmo distinto, asumiendo mi dependencia. Ya se sabe”. Un buen cura.

(Humanizar. "La fuerza de los límites", "A nuestro alcance", Nº 108 -Madrid, enero-febrero 2010-).

18/11/2012 00:40 pilmarbarca Enlace permanente. Desde mi sillón No hay comentarios. Comentar.

Toda una vida

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A mis tíos

Vivimos siempre en el mismo edificio, tabique con tabique. Amigos, instituto, la carrera… Casualidad o no, nos fuimos distanciando unas cuantas manzanas. Y tú, tío, seguiste acompañándome a las aulas, un día y otro día, haciéndome recados, narrándonos historias de tu infancia, trasvasándonos amor. Mientras tú, tía, venías a la casa a ayudar, o emprender una labor, mi amiga y confindente, siempre ahí. Con la silla de ruedas automática sería más autónoma, pero no de cariño.

Os hicisteis mayores, y me dolió. Un día no pudisteis subir al autobús. Y os ibais sintiendo más cansados, doloridos, con el peso del tiempo a las espaldas. Empezaste a decir, tan aprensivo, que pronto no andarías. No pude soportar ni siquiera la idea. Era como un reflejo de mí misma, pero un reflejo oscuro, y sin retorno. ¿En quién iba a apoyarme? Y os fuisteis alejando unas manzanas más, todo un barrio, o un mundo. No podía visitar la residencia. Me dolía la vida, como un vértigo.

Después, querida tía, te irías apocando, en una silla, semiciega, en penumbra. Más niña cada vez. Sólo ahora que sé que estaremos ya juntos para siempre, vuelvo a jugar y recrearme con vosotros, como cuando era pequeña. Y les pido a los Reyes que os dejen sus regalos en mi terraza. Como aquel almanaque, del que pasabais hojas, cada santo, con chistes y acertijos. Si algún día os vais antes que yo, allá, a vuestros campos de la infancia, si Dios así lo quiere, seguiréis para siempre en mi interior. Pero aún queda mucho que jugar, estaciones enteras, un largo tiempo.

                                        María Pilar Martínez Barca

(Humanizar, «Desde mi sillón», Nº 56 -Madrid, mayo-junio 2001-).

16/01/2011 01:30 pilmarbarca Enlace permanente. Desde mi sillón No hay comentarios. Comentar.


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