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LA APUESTA ESENCIAL POR LA FE, LA ESPERANZA Y EL AMOR

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Entrevista

María Pilar Martínez Barca nació en Zaragoza el 17 de agosto de 1962. En su alumbramiento se produjo lo que se llama un sufrimiento fetal perinatal. El hecho le causó una importante discapacidad en su sistema neuromuscular, por
parálisis cerebral. Su grado de minusvalía reconocido oficialmente es del 83%: una tetraparesia. Es decir, no padece una parálisis ni es tetrapléjica: tiene movilidad, pero no puede controlar sus movimientos.

También su habla ha resultado afectada por la lesión. De hecho, de pequeña, hasta los siete años no podía tomar alimentos sólidos ni salía a la calle más que acompañada de sus padres y sus tíos.

Pero todo ello no ha impedido que María Pilar haya realizado estudios de Bachillerato y de Filología Hispánica. (Más otros cursos de especialización en otros ámbitos: informática, por ejemplo). Se doctoró, con un brillante trabajo sobre la poesía de Manuel Pinillos, en 1997. Es poeta (o poetisa, como se prefiera): ha publicado varios poemarios. Además, es escritora y periodista: destaca entre sus trabajos críticos una importante monografía sobre Manuel Pinillos, así como sus colaboraciones habituales en la revista Humanizar y en Heraldo de Aragón.

(Ha colaborado y colabora igualmente en otros periódicos y revistas y ha recibido importantes becas y premios). Por otra parte, su silla de ruedas le permite desplazarse con autonomía por la ciudad.

Esta entrevista tuvo lugar en los jardines del campus universitario (Plaza de San Francisco). Al hilo de las palabras de María Pilar, Regina Bonilla y María Antonia Martín Zorraquino descubrimos a un ser excepcional: alguien que, día a día, hace una apuesta esencial por la vida, la fe, la esperanza y el amor. La alegría y la expresividad de su mirada y de su risa son inolvidables. La vida de María Pilar Martínez Barca refleja igualmente la labor impresionante de muchas personas y asociaciones volcadas en la ayuda callada al prójimo, al otro.

Esperamos que descubráis a través de estas líneas a una mujer verdaderamente ejemplar y a muchas otras personas que la han apoyado en su camino (si queréis escribirle, su dirección electrónica es: PBARCA@terra.es). María Pilar Martínez Barca recibió la Medalla a los Valores Humanos de la Diputación General de Aragón en 1989.

Regina Bonilla (RB) y María Antonia Martín Zorraquino (MAMZ): Dadas las dificultades que te produjo tu limitación física nada más nacer, cuéntanos los momentos más importantes que, en tu vida, han supuesto jalones o hitos para su superación.

María Pilar Martínez Barca (MPMB): El primer cambio esencial en mi vida se produjo cuando nació el hermano que me sigue (Miguel Ángel), al que le llevo ocho años. Ciertamente, también el nacimiento de mi segundo hermano (Javi), trece años más pequeño que yo, supuso otro acontecimiento muy importante y feliz (a los dos los quiero muchísimo), pero la llegada de Miguel Ángel modificó mi vida substancialmente. Tuve un compañero para jugar. Me sentía extraña al principio, pero en seguida lo quise muy especialmente; jugaba mucho con él.

Otro momento muy importante fue el bautismo de mi hermano. Es como si hubiera tenido conciencia de lo sobrenatural. Fuimos a la Parroquia, la iglesia de Nuestra Señora de Begoña (en las Delicias, el barrio donde vivíamos). El párroco, don Daniel Ortega, nos quería mucho. Les planteó a mis padres que yo hiciera la Primera Comunión. Para mí, la preparación para la Primera Comunión marcó otro jalón en mi desarrollo. Recibí la catequesis en casa, pero la Comunión la hice en la Parroquia, con los otros niños: yo quería ser una más, como todos, y estar con todos, y lo conseguí.

RB y MAMZ: Hemos visto en tus poesías, en particular en tu último libro -El corazón en vilo (Madrid, adamaRamada, 2005)- que la presencia de Dios es muy profunda en tu vida y en tu visión poética. ¿Cómo has sentido esa
experiencia de Dios?

MPMZ: Por intuición femenina. Estuve mucho sola de pequeña. Pensaba mucho, mucho. Luego, de adolescente, empecé a salir de mi familia con la asociación Auxilia. Acudía a colonias. Eso me ayudó mucho. Fui integrando mi vida sobrenatural espiritual en la vida diaria al hilo de todo lo que experimentaba, aprendía, vivía.

Mis padres me enseñaron las primeras letras. Mi madre me enseñó a leer y mi padre hasta lo que era la EGB de entones. Una prima maestra también me orientó en el estudio: me proporcionaba los libros de EGB que me correspondían. Yo era muy charlatana, eso sí. La parroquia me ayudaba a integrarme en actividades de ocio. Pero, sobre todo, mi padre se movía mucho para ayudarme: personas voluntarias (en especial, los religiosos camilos) me atendían en casa. Se logró hacer un Aula colectiva en la calle Delicias. Tras hablar con el Ministerio, se dio reconocimiento a nuestros estudios primarios (asistíamos cinco compañeros). Obtuve, primero, el certificado de Estudios Primarios y luego, el de Graduado Escolar.

Pero el momento crucial en mi desarrollo en la fe, lo viví en la Confirmación. En la parroquia, a los 19 años. Allí conocí a don Antonio Mas. Fue entonces cuando me planteé si quería ser cristiana de verdad. Y empecé a darle al coco todavía más. También me han marcado el movimiento ecuménico de Taizé y algunos grupos juveniles con los que celebrábamos reuniones, eucaristías, encuentros, convivencias fuera de Zaragoza que se llaman Hora 3.

RB y MAMZ: ¿Cómo estudiaste el Bachillerato y qué supuso eso para ti?

MPMB: Yo quería ir al Instituto "Jerónimo Zurita", quería hacer lo que hacía cualquier persona más o menos de mi edad. Pero no asistí a ese nstituto, sino al INBAD (Instituto Nacional de Bachillerato a Distancia). Trabajaba y superaba los cursos a través de tutorías y de exámenes. Seguían viniendo personas voluntarias a casa (los religiosos camilos) y chicos jóvenes voluntarios, que me ayudaban. Pero las tutorías supusieron el contacto con profesores especializados, catedráticos y agregados de bachillerato, acostumbrados a convivir con alumnos muy diferentes. Estos profesores me marcaron profundamente. Recuerdo a D.ª Carmen Sender, que nos enseñaba Literatura todas las semanas. Y muy especialmente, a D.ª Rosa Palacios, que nos enseñó Historia del Arte. Las clases de D.ª Rosa Palacios fueron muy importantes para mí. Aprendí a percibir y valorar la belleza artística. La belleza y el sentido de la belleza, humano y trascendente. Así que mi fe ha sido intuida, pero también convivida, compartida.

RB y MAMZ: ¿Qué tal lo has pasado en la Universidad?

MPMZ: Primero tuve que superar el COU y la Selectividad (hacía los exámenes con una máquina de escribir eléctrica, hasta entonces los había hecho oralmente). Después me matriculé en Filología y cursé Filología Hispánica. Me llevaban, en la silla de ruedas (entonces no era autónoma con ella), sobre todo, mi padre o mi tío (mi tío Fermín, mi padrino, que acaba de fallecer y eso ha sido un golpe muy duro para todos). La primera clase a la que asistí me la dio María Antonia (MAMZ). Era de Lengua Española. Me gustó mucho porque nos dio la bienvenida y nos dijo que estábamos en una edad estupenda y que teníamos que estudiar mucho, pero también divertirnos mucho y disfrutar del hecho de formar un curso, un grupo, que todos podíamos ayudarnos y que no sólo se aprendía en los libros. Bueno (se ríe), algo así. Recuerdo a mis profesores de la Universidad con mucho cariño. Tanto a los del Departamento de Lingüística (D. Félix Monge, José María Enguita, Túa Blesa, María Antonia), como a los de Literatura: José Carlos Mainer, con quien hice la tesis, Aurora Egido, M.ª Teresa Cacho, Juan Manuel Cacho, M.ª Jesús Lacarra… Tendría que nombrarlos a todos: no quisiera olvidar a nadie.

RB y MAMZ: Bueno, vamos a hablar de otra cosa. Hemos percibido en tus poemas que el amor y la afectividad son muy importantes para ti. ¿Has descubierto el amor? ¿Tienes algún amigo especial? ¿Te has enamorado y tienes una pareja?

MPMB: Siempre le he dado mucha importancia al amor. He querido sentirlo y vivirlo. Me gusta mucho tener amigos. Y he tenido muchos amigos. Pero el salto de la amistad al amor parecía imposible. Sin embargo, sí, llegó sin
pensarlo, sin imaginarlo. Fue en una excursión a Orio organizada por la asociación de Disminuidos Físicos de Aragón. Conocí a Jesús.

Resulta que Jesús había vivido en mi mismo barrio, muy cerca de mi casa. Nuestras vidas se habían desarrollado paralelamente, pero no nos habíamos visto nunca. ¡Y éramos vecinos!

Yo me había imaginado el amor. Tenía, como he dicho, muchos amigos. Creía en la amistad. Había experimentado el cariño y el afecto de los amigos y de la familia. Pero cuando llega el amor, es algo que no te crees. Lo que has
idealizado se convierte en real. Es algo mucho mejor que la fantasía. Bueno, Jesús no es un príncipe azul, es humano, claro está. Pero es algo mágico al mismo tiempo. Por otro lado, a mí el amor, a y de Jesús, me ha llevado más a Dios. Lleva, en cierto modo, al éxtasis… (Le matizamos que si Jesús es también persona de convicciones tan religiosas). Jesús tal vez quiera dar una imagen de hombre no especialmente religioso, pero es también un hombre religioso.

Quiero añadir que para la vivencia del amor, también han sido muy importantes en mi vida mis sobrinos, Juan y Jorge. (María Pilar sufrió una histerectomía hace tiempo). Cuando llegaron, sentí una alegría y una emoción inmensas. Con ellos me siento un poco madre. Me permiten vivir una cierta experiencia de maternidad: me quieren mucho y yo los adoro; son muy alegres, muy simpáticos, muy guapos y muy listos (¡qué va a decir su tía!). (Pero, ciertamente, son unos críos estupendos, majísimos).

RB y MAMZ: ¿Y cómo fue eso de hacerte poeta o poetisa?

MPMB: Bueno, yo escribía versos muy malos, pero me encantaba la poesía y la literatura en general. En el año 1982 asistí a un curso de literatura y creación literaria, convocado por la Dirección Provincial del Mnisterio de Cultura (que se repitió en 1985, convocado por el Departamento e Literatura Española), que impartía el poeta Rosendo Tello Aína (que ha ecibido el Premio de las Letras Aragonesas este año). Eran unos cursos de introducción a la poesía. Me los recomendó un amigo al que aprecio mucho (Benito Hernández, profesor de Auxilia). Dábamos clase una o dos veces por semana. Escribíamos poemas anónimos. Y Rosendo Tello los corregía, los comentaba y nos los devolvía (generalmente, él mismo intuía quién era el autor o la autora de los poemas). A mí me lo tachaba todo, pero todo. Entonces yo me dije: "Este hombre va a ver quién soy yo; yo puedo ser
poeta". Eran unas experiencias que ahora las recuerdo riéndome, pero entonces eran muy duras. Las compartía con mi tío (el tío que me llevaba a clase a la universidad). Se mezclaban la tristeza, el amor propio, en fin.

Poco a poco, Rosendo Tello fue diciéndome: "Esto empieza a cambiar. Vaya, vaya, aquí hay madera". Seguimos durante unos dos años. Se formó un pequeño grupo de gente. Luego proseguimos la tertulia en casa de una
compañera. Como ven, decidí ser poeta; fue algo muy querido.

RB y MAMZ: ¿Qué libros has publicado y qué grado de identificación experimentas con ellos?

MPMB: He escrito los poemarios Epifanía de la luz, Historia de amor en Florencia, Septenario de amor y Flor de agua; Se está muy bien aquí. Diario de una amistad, y El corazón en vilo. Por otra parte, he escrito también la monografía Manuel Pinillos o la consagración a la poesía, que supone la presentación en libro de mi tesis doctoral. Además, colaboro en varios periódicos y revistas. También en antologías y secciones poéticas de algunas revistas. Historia de amor en Florencia, Flor de agua y El corazón en vilo constituyen una trilogía, “Las sombras de los cuentos”. Me identifico con la protagonista del primer libro. Y luego también con las mujeres que están con Jesús de Nazareth en Flor de agua: la mujer de barro que aparece en los poemas es la mujer normal, de carne, con ella me identifico. En El corazón en vilo me identifico con Teresa de Jesús y con Juan de Yepes (San Juan de la Cruz).

RB y MAMZ: ¿Cómo has conseguido identificarte tanto en este último libro con ambos místicos? Parece que incluso te acercas a ellos con el lenguaje que empleas.

MPMB: Viajé a Ávila. Allí viví experiencias muy intensas y especiales, como cuento en el libro. He leído mucho a ambos autores. A través de la lectura y del contacto con las tierras de Ávila, he sentido una empatía especial con los dos.

RB y MAMZ: Sabemos que colaboras asiduamente con la revista Humanizar. ¿Qué nos dices de ese trabajo?

MPMB: Me llena totalmente. La revista, publicada en Madrid, desarrolla una labor de humanización para las situaciones más complejas, por problemas físicos, o psíquicos, o sociales. Escribir en Humanizar me ayuda a ponerme en la piel de otros. Me encanta, porque me hace sentirme útil. Veo que a través de lo que escribo puedo ayudar a los demás. Cuando una persona sufre un accidente, tiene que volver a empezar. Así que, al escribir, yo recuerdo las veces en las que "he empezado algo" en mi vida y me pongo en el lugar de esas personas.

RB y MAMZ: ¿Qué estás escribiendo ahora?

MPMB: Tengo varios trabajos inéditos y quisiera sacarlos a la luz, pero ahora estoy ocupada especialmente con una edición de la poesía completa de Manuel Pinillos. Estoy empezando un poemario sobre lo más esencial en la vida -el nacimiento, el amor, la muerte-: Pájaros de silencio. Y La manzana o el vértigo está esperando editorial; es un libro de tema amoroso, muy sensible. También tengo empezada una novela que no sé cuándo terminaré.

RB y MAMZ: Finalmente, María Pilar: ¿cuáles son tus poetas favoritos?

MPMB: Más que favoritos, quisiera referirme a los poetas que me gustan y que han influido en mí. Por supuesto, Manuel Pinillos. Estoy comprobando al preparar su edición que ha influido en mí. De los poetas medievales y clásicos españoles, todos: Berceo, los cancioneros del XV y del XVI, Garcilaso, Fray Luis, San Juan de la Cruz. En toda la carrera me inclinaba más por los clásicos que por los contemporáneos. Quizá por eso se explica también que haya escrito El corazón en vilo. Bueno, a título de anécdota, contaré que me divirtió mucho una antología de poesía erótica que leímos en Literatura del siglo XVIII. Hay muchos poetas actuales que leo con gusto: Antonio Gamoneda, Andrés Sánchez Robayna, José Ángel Valente, Edmond Jabés, Antonio Colinas, Clara Janés, Luis Alberto de Cuenca, Juan Eduardo Cirlot… También los del 27, y los del 50 (Francisco Brines), por el cuidado de la forma y la cotidianidad. Y algunos novísimos (con Túa Blesa me gustó estudiar a Gimferrer, pero lo he leído poco). En novela, siento predilección por las autoras (las firmas femeninas).

(Regina Bonilla y María Antonia Martín Zorraquino, Alma Mater, Zaragoza, verano 2006).

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