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Recuerdos de viaje

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Foto EP

No se quedó grabado en mi memoria. Y bien puede ser que a mí de niña no me subieran al tranvía, pese a que mi sillita de bebé –que usé hasta pasados los 10 años, no había sillas por edades, como ahora- pesaba bien poquito. A la imagen con velo de mi madre yendo a misa y de mi padre viaja que te viaja en el coche correo con su vieja maleta de madera, se une una foto verde y sepia de un pequeño tranvía, con cables y raíles. Y el trole de la Ciudad Jardín, con aquellos dos pisos de casi rascacielos a la altura de una niña sentada. El bus que me llevó a colonias se me haría inmenso, infranqueable. De ahí a la primera micro –amarillo adaptado- habría de subir más de un ocho mil en mi escalada personal. ¡Podía viajar sola!

No escuché hablar del tranvía hasta unas Jornadas sobre Transporte: un tranvía con accesibilidad universal, en Bilbao. ¡No podía creérmelo! Ahora el Urbos 3 llega a Zaragoza. Todo dispuesto: pulsadores y límites de acceso amarillos, asideros rojos, puertas negras; monitores visibles para casi invidentes; cuatro espacios para sillas de ruedas –compartidos con bicicletas y bebés-, asientos con apoyo isquiático, reposabrazos y expedidores de billetes del alto de una silla no aptos para bastones-… No alcanzaremos la accesibilidad ni la asistencia de Londres o Estocolmo, pero es un primer paso: un deseo hecho tranvía. Sólo me preocupan las personas mayores, los jóvenes que van como una moto, quienes tengan sus capacidades reducidas y no sientan que llega. El tranvía tiene prioridad. Gaudí contaba 74 años.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, «Contraportada», “La columna”, lunes 4 de abril de 2011).

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