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Aire fresco

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Qué gozada observar a unos cientos de miles de peregrinos jóvenes siguiendo a Francisco y con él a Jesús. Me recordaba un poco mi propia juventud en la parroquia, cuando encontré a un Cristo cercano y compañero de mochila y de ruedas.

En los años 80 estábamos en plena transición política y de sueños, como tan bien refleja Miguel Mena en Todas las miradas del mundo. Un camino de ida en el que la liturgia se entremezclaba a veces, en los grupos de base, con el Himno a la Alegría de Miguel Ríos y el Canto a la Libertad de Labordeta. No acuciaba la crisis, y entre bromas y rigor teológico de después del Concilio Vaticano II, se fueron clausurando infierno, purgatorio y confesonarios de madera, sin que el perdón dejara de ser una gran fiesta, comunitaria e íntima.

Una noche asfixiante de más de treinta grados. Allí en Brasil era pleno invierno. ¿Asistiría Alicia Silvestre al Via Crucis? La conocí hace poco, excelente escritora y acuarelista que reside en Brasilia, y que nos cedería un precioso texto para nuestros Cuentos desde la diversidad. Me impresionaron, su relato y la puesta en escena del camino en ascenso hacia la Cruz, Copacabana al fondo. En la estación novena, cuando Jesús cae por tercera vez, varias personas en sus sillas de ruedas. “Señor, no nos permitas que nos quedemos en los límites del cuerpo. La vida es algo más”. En la número doce, cuando muere el Señor, una silla vacía. Y un balcón que se abre a una luz cegadora.

¿Volver a los orígenes? Cuando mi adolescencia la situación llevaba a retornar de nuevo a la utopía, al paraíso, al contexto seguramente idealizado de la Transfiguración –Pedro, Santiago, Juan–. La Universidad y mis lecturas de Teresa de Ávila me fueron conduciendo a una cultura renacentista, humana. “La palabra humanizar, derivada a su vez de la clásica humanar, alude tanto a la encarnación del Verbo Divino (Dios hecho hombre) como a una mayor cercanía, afabilidad y ternura para con nuestros semejantes” (lo escribí para el Centro de Humanización de la Salud).

“¡Salid al mundo! No os encerréis en vuestro grupo parroquial”. No hay tanta diferencia en ser adolescente, joven o un poco más maduro. Mi madre y sus amigas gozaban visitando la ermita de la Virgen de la Dehesa, en el pueblo, cada mayo. Las circunstancias marcan también ritos. Pero, en el fondo, el mensaje y la sed tienen la misma fuente: hablar al corazón. “Es urgente recuperar el carácter luminoso propio de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo” (Lumen fidei, primera encíclica del papa Francisco).

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El meridiano", jueves 1 de agosto de 2013).

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