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Namasté

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Foto: sathyasaibaba.wordpress.com

Tendría no más de siete años cuando entresoñé un estremecimiento en el suelo y las paredes, de vacaciones en Valencia, estaba ya acostada. Supe después que se había producido también en Zaragoza. No se lamentaron desperfectos.

Namasté Asociación Aragonesa para la Promoción de la Infancia. Tiene que ser terrible que un niño o una niña se queden sin casa, sin familia, sin escuela, sin sueños, sin niñez, sin vida a veces. Se habla ya de 5500 fallecidos, de 11.000 heridos. ¿Cuántos pequeños? “Antes del terremoto teníamos a cuarenta niños en cada centro [de la ONG Kumara – Infancia del Mundo], pero en uno de ellos ya se espera que haya doscientos dentro de poco”, afirma la Directora de Namasté.

Sin luz ni agua potable, las lluvias y el olor de los muertos amenazando con contaminarlo todo. Tiene que ser macabro. ¿Cuántos discapacitados? ¿En qué condiciones antes ya del seísmo? “En realidad, la vida es cuestión de suerte; yo he estado ahí, ha habido un terremoto y no me ha pasado nada; he tenido una gran suerte”, afirmaba Luis Laín, el montañero oscense. Tres días antes había fotografiado Katmandú desde su minarete, ahora todo en ruinas. ¿Y la suerte de esa pareja zaragozana desaparecida? ¿Y de los aragonés que continúan en Nepal?

“Namasté”, saludo sánscrito oriundo de La India, acompañado con la unión de las palmas de las manos y la inclinación de la cabeza, que se ha extendido en nuestro loco mundo occidental con la práctica del yoga y la meditación. “La parte divina de mi ser saluda a la parte divina de tu ser”, entre otras significaciones. El budismo, minoritario en La India y Nepal, se ha colado también en el hinduismo, conglomerado de filosofías y creencias.

Aceptar, vivir cada presente, reducir al máximo los deseos, alcnzar la unión con el todo y el nirvana. ¿Sencillamente meditando? Dos aviones repatrian a ochenta españoles. La constructora San José atiende a ciento veinte compatriotas. Equipos de rescate logran sacar con vida al joven Pemba Lama, de quince años, tras cinco días bajo los escombros.

¿Por qué no ser más solidarios y construir entre todos edificios que resistan los seísmos? Sería un auténtico nirvana colectivo. Namasté.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Con DNI", viernes 1 de mayo de 2015).

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