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Recortes mágicos

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¿No hay más regalos? Los niños se acostumbran desde niños a los Reyes y Papá Noel, su cumple, la fiesta del colegio… Después viene la moto, el carné de conducir, su propio coche, la primera vez… Más tarde la hipoteca, el monovolumen familiar, el cuidar no volverte a quedar embarazada, los libros de los críos, los gastos de escalera, la luz, el pan, la leche, la dieta, ir al gimnasio… Tu pequeña parcela de poder.

Recuerdo con nostalgia mis primeros Reyes: dos cubos o pozales de juguete, chiquititos. Luego, un acordeón; o Maribel, mi muñeca favorita. Y aquel año en que Sus Majestades me dejaron, de su puño y letra, tres cartas manuscritas en rojo, azul y verde. ¡Con qué poco crecía tan hondo el paraíso!

Claro, después olvidas todas esas niñerías y te vas sumergiendo en la marabunta. Que si la silla eléctrica, el deseo de ser independiente, la reserva de empleo… La pareja, nuevos compromisos, el cambio de tu propia imagen…

Estado de confort y bienestar, calles más accesibles a los camellos, Papá Noel subiendo a balcones y ventanas. Pero nada es eterno y llega el día temido y esperado. Los bebés ya no traen un cheque bajo el brazo; estar desempleado deja de ser sinónimo de cuatrocientos euros; la aureola blanquísima de las bombillas LED no abarata el precio de la luz.

Es cuando los adultos se ponen a jugar con las tijeras y empiezan a hacer collages –me encantaban de cría-: recortan por el lado de barrios y avenidas y servicios, y pegan lo que falta en los libros del cole, que pagarán los papis otra vez.

Las pensiones no llegan y se estiran, y la célebre Ley de Autonomía Personal y Dependencia ni aparece citada en el Proyecto de Ley de Adaptación Normativa a la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (Boletín Oficial de las Cortes Generales, 17 de diciembre de 2010). Y sí en cambio la igualdad de oportunidades, accesibilidad universal, autonomía del paciente, salud reproductiva, Protección Civil, cooperación internacional… vamos, lo que se lleva.

Mientras tanto, mis sobris me siguen pidiendo más regalos. Y nosotros, ya adultos, continuamos soñando que sople un viento mágico que nos traiga Asistencia Personal y puestos de trabajo para todos. Siempre creí en lo Reyes.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, «Opinión», “El meridiano”, jueves 6 de enero de 2011).

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pilmarbarca

gravatar.comAutor: fina

Qué foto tan graciosa. Cómo te sigues pareciendo a cuando eras niña! A veces, también me gustaría creer, aunque fuera en los Reyes Magos

Fecha: 08/01/2011 19:08.


Autor: Anónimo

Gracias. También me parezco algo en lo interior.
Todos creemos en algo; tú también. Prueba de ello, estamos compartiendo un hermoso sueño que hemos llamado ZAVI.
Todos tenemos dudas. Mira el último poema de la sección Poemas

Fecha: 10/01/2011 00:41.


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