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Sobrevivir

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Foto: Heraldo.

Vuelvo de vacaciones y la primera noticia que leo en Internet es la de un perro ciego que se salva de ahogarse en las aguas. Una buena noticia, frente a tantos accidentes de tráfico en carretera, aniversarios de víctimas de aviones que ya no volverán, trenes descarrilados, motocicletas… ¿Qué le mantuvo a flote?

Lucio fue arrojado al Ebro con las patas amarradas por bridas, una severa artrosis y la más absoluta oscuridad. Más allá del mito de Moisés –hoy los niños se tiran directamente a los contenedores–, o del concepto pétreo de la eutanasia como roca que pende sobre nuestras cabezas de Sísifos del siglo XXI, me viene a la mente otra palabra: sobrevivir. Dicen que se agarraba fuertemente a una piedra del río. ¿La fuerza de los límites?

En la arcaica Esparta, se abandonaba en el monte Tageito a los recién nacidos débiles, tarados o no aptos para la batalla. Hoy, mucho más civilizados y sofisticados en la eliminación del sufrimiento –¿propio o del entorno?–, los niños con síndrome de Down dejaron de nacer. De haberse dado años antes esta práctica, no sería concejala por Valladolid Ángela Bachiller, primera mujer dedicada a la política que presenta esta minúscula mutación en su mapa genético.

¿Invidente? “Ciego. Privado de la vista”. Mi amiga Elena Peralta, gran deficiente visual, escritora, rapsoda, directora de talleres creativos en la cárcel de Alcalá Meco, excelente actriz, feliz madre y abuela, hace caso omiso de esa terminología limitante. Artrosis, ¿quién no la adquiere con la edad? En muchas sociedades tribales los ancianos eran los sabios de la comunidad. No siempre aprendemos de la historia, que también la memoria es sesgada.

“Todas mis novelas son historias de supervivencia, y yo me tengo por una superviviente de muchas cosas. Esa capacidad de sobrevivir y de volver a ponerse en marcha tras haber estado casi destruidos es una de las características más emocionantes de los seres humanos”, nos comentaba Rosa Montero en una reciente entrevista a la revista Humanizar. Pero también los perros, como Lucio, por decrépitos y dependientes que parezcan, tienen un centro sagrado que les lleva a vivir. “Si abrieras realmente tus ojos, y vieras, verías tu imagen en todas las imágenes” (Yibrán Jalil Yibrán).

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El meridiano", domingo 25 de agosto de 2013).

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