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La discapacidad y la ley

Hay cuestiones enrevesadamente complicadas. Como persona, sin etiqueta alguna, siento un enorme alivio al recordar palabras como las pronunciadas el pasado julio por Alberto Ruiz Gallardón, ministro de justicia: “La malformación del feto no será ya un supuesto para abortar”. Nada que ver con ser casposo o progre, de izquierdas o de derechas, católico o contrario a toda creencia religiosa. Libertad por encima de todo. “No solo debe tener la mujer el derecho a decidir sobre un embarazo no deseado, sino que también es necesario que las condiciones socio-económicas y laborales permitan que las mujeres que quieran ser madres puedan serlo” (Elfriede Harth, socióloga e integrante de Católicas por el Derecho a Decidir).

Simplemente, cuando vi la primera ecografía de mi sobrino mayor –un puntito apenas– supe que ya era tía. Y numerosos colectivos se han felicitado por  la decisión del señor Ruiz Gallardón, que malformación no es sinónimo de sufrimiento, y no solo de economía y modelo médico viven las mujeres y los hombres. Javier Romañach, del Foro de Vida Independiente y Divertad, afirmaba hace poco: “Sin embargo, desde "el otro lado del espejo" las cosas se ven de otra manera. Antes de mi accidente, es decir antes de 1991, yo pensaba igual. Ahora, con 21 años de experiencia en la diversidad funcional, me parece irrisorio afirmar que una persona está condenada al sufrimiento si tiene: parálisis de ambas piernas, incontinencia de heces y orina, deformaciones en piernas y espalda, atrofia en los músculos. Y me parece irrisorio porque es como soy y vivo todos los días desde hace 21 años, y no sufro, vivo”.

Pero las mujeres sí hemos retrocedido, con menos libertad y capacidad de decisión que nunca. El señor Gallardón, en su compulsión irrefrenable de cambiar el Código Penal, se saca otro articulito de la manga: “El Ministerio de Justicia descarta eliminar el artículo 156.2 del Código Penal que despenaliza la esterilización forzosa de personas con discapacidad declaradas incapaces judicialmente porque considera que no se trata de una vulneración de sus derechos”. Las chispas saltaron enseguida. “Hay muchas formas de evitar embarazos, no podemos usar mutilaciones”, denunció Ana Peláez, comisionada del CERMI en la ONU. Aunque la violación de derechos no es privativa de personas con diversidad funcional del sexo “débil”: “Gallardón permite el internamiento perpetuo de enfermos mentales. […] El nuevo reglamento permitirá que una persona permanezca encerrada incluso por delitos que no ha cometido, en previsión de los que pueda cometer”.

Quien hace la ley, hace la trampa. “Curiosamente el rocambolesco suicidio de Ramón Sampedro fue visto, me atrevería a decir, con naturalidad por una buena mayoría de personas. […] Pero el hilo conductor de este breve apunte hace referencia a lo normal que vio la gente ese suicidio  y lo anormal que ven, por ejemplo, la vida de Stephen Hawking”, escribía Jesús García en su blog. Somos tremendamente humanos y contradictorios.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "La opinión", miércoles 13 de noviembre de 2013).

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