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Bastón de caminante

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Foto: https://verbiclara.wordpress.com

El mejor alcalde, el pueblo, parafraseando la comedia de Lope de Vega, El mejor alcalde, el Rey (1620). Tiempos de Alfonso VII de León, siglo XII: Sancho, un hidalgo pobre, se casa con Elvira; Don Tello, padrino y aristócrata, abusa de la recién casada. Agravios que se pagan con la muerte por decreto real.

Hoy la honra, en su cuarta acepción de la RAE –‘pudor, honestidad y recatos de las mujeres’–, no nos dice nada. ¿Pero el honor social de madres o alcaldesas? La dignidad de mujeres y hombres nunca pasa de moda. Ni el poder colectivo, frente a los abusos de unos pocos y las eternas corruptelas. Ya en Fuenteovejuna (1613), nos enseñaba Lope: “Ya veis que en Fuenteovejuna / hay gente humilde, y alguna / no enseñada en escuadrones, / sino en campos y labranzas”.

Y en la segunda parte del Quijote –El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha (1615), cap. 45–, nos encontramos a Sancho Panza en su Ínsula Barataria, entre Pedrola y Alcalá de Ebro: “Es costumbre antigua en esta ínsula, señor gobernador, que el que viene a tomar posesión desta famosa ínsula está obligado a responder a una pregunta que se le hiciere que sea algo intricada y dificultosa, de cuya respuesta el pueblo toma y toca el pulso del ingenio de su nuevo gobernador”. Su primer dictamen como juez, que las gsnancias de las caperuzas no fuesen para el labrador ni para el sastre, sino para los presos.

Pero con la Iglesia y sus antídotos hemos topado, hermano Sancho. En El alcalde de Zalamea (1636), escribe Calderón de la Barca: “–¿Sabéis que estáis obligado / a sufrir, por ser quien sois, / estas cargas? –Con mi hacienda; / pero con mi fama, no; / […] / … el honor / es patrimonio del alma, / y el alma sólo es de Dios”. ¿Puede entenderse hoy?

Puede más Dalila que Sansón –la belleza laica y profana que el misterio– (Jueces, 13-16). Me contaban mis padres cómo Salomón (965-928 a C.) supo que la madre era la mujer que no quiso sacrificar al niño (Reyes I, 3, 16-28). Y olvidamos que el bastón de Santa Teresa, que estos días visitaba Zaragoza, no es bastón de mando; sino de compañera de camino.

Que nuestros gobernantes repasen a algún clásico. ¿Será mucho poder?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Con DNI", viernes 19 de junio de 2015).

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