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La lampara encendida

Noches de insomnio

Noches de insomnio

Foto: Heraldo

Tenía cuatro años cuando Chicho Ibáñez Serrador comenzó a emitir en televisión española aquella serie terrorífica: “Historias para no dormir”. Recuerdo un agosto en Tarragona, los mayores gritaban, a mí me llevaban cama. Eran otros veranos, otros temores niños, quizá un sol más inocuo, unos paseos marítimos más solitarios.

Mi hermano había vuelto de un congreso en Lyon, y respiré. Por mucha empatía que tengamos con nuestros prójimos, nadie queremos que la barbarie nos roce piel con piel, carne de nuestra carne. Puro instinto de supervivencia. ¿Que sintieron esos padres que perdieron a un bebé de ocho meses en su carrito azul?

Siempre temí a los fuegos artificiales, su estruendo repentino, no controlar mi reacción. ¿Es el miedo un mecanismo de defensa? A principios de mes, en el santuario de Lourdes vimos menos peregrinos, carros y “brancardier”, menos antorchas en la noche. ¿La Eurocopa? ¿El Tour? La mente humana desarrolla, inconscientemente, una sana precaución. “En tierra de cruzados, Occidente, no hay que preservar la sangre ni existen inocentes”, según el Isis.

Sin embargo, Mohamed Lahouaiej Bouhle no estuvo allí. Se reservaba para el Paseo de los Ingleses en Niza, el Día de la Fiesta Nacional. El estallido alegre, los colores rompiendo junto al mar, las manitas de niños señalando el prodigio, un beso de dos enamorados… y al instante los gritos, las carreras, la peor pesadilla que Edgar Allan Poe o cualquier autor de terror hubiera podido concebir. Un camión gigantesco atropellando vidas, literal.

Nos faltaba la segunda entrega. Puentes y aeropuertos cerrados en Turquía, soldados por las calles, tanques disparando, seres humanos tirados a sus ruedas. “Se oían muchos disparos durante toda la noche. Pero lo peor era que había aviones volando, pero volaban muy bajo y hacían un ruido tremendo, la casa temblaba. Parecían explosiones”, afirmaba un testigo español.

Siempre pensé que no soportaría una guerra, el estampido de las bombas, el estremecerse del suelo que nunca han pisado mis pies. Auténticas histerias para no dormir.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Con DNI", viernes 22 de julio de 2016).

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