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Muerte digna

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Foto: Curia Generalicia de los Carmelitas Descalzos

Demasiada violencia terrorista, de civilización y sexo –me niego al anglicismo género–, confesión incluida, bebés en vertederos, pequeños que lo sufren en su cuerpo o con secuelas para toda su vida, como para ignorar la muerte. Un punto de partida que cada cual vivimos a nuestro modo.

A finales de junio fallecía Cecilia María, carmelita descalza del Monasterio de Santa Fe (Argentina). A los dieciséis años expresaba su firme vocación a Juan Pablo II. El cáncer de lengua y la fulminante metástasis pulmonar no borró su sonrisa: “Y nosotras en cambio, con el rostro descubierto, reflejamos como en un espejo la gloria del Señor y somos transfiguradas a su propia imagen con una imagen cada vez más gloriosa por la acción del Señor que es Espíritu”.

Se dedicaba a la contemplación, a tocar el violín, a los múltiles trabajos del convento. La Curia Generalicia de los Carmelitas Descalzos difundió fotos y vídeos en las redes. “Ella me lo pidió antes de morir: ’te pido que cuando escribas sobre mí, solo digas la verdad’. Y la verdad es esta: todo en ella transcurrió con total normalidad”.

Entregada y querida por su familia de sangre, espiritual y multitud de amigos y necesitados. “El Señor es Espíritu y donde está el Espíritu del Señor allí eterna clama la libertad. Estaba pensando cómo quería que fuera mi funeral: primero un poco de fuerte oración, y después una gran fiesta para todos”.

Recordaba a Antonio Aramayona, profesor, filósofo y activista, defensor de un derecho innato desde niños: “… no soy un enfermo terminal, no me han detectado una enfermedad grave e incurable. Tampoco estoy deprimido. Simplemente, ha llegado mi momento de morir”. Nos pasamos la vida arrojando piedras. Ante los atentados de Tokio, Normandía y Ansbach, todos somos católicos, discapacitados y ciudadanos de a pie. La muerte es lo más sagrado que vivimos. “Lo más hermoso de la vida de Ceci es que vivió siempre con una sonrisa. En medio de sufrimientos y grandes dolores, porque supo salir de sí misma en una total entrega a su Esposo y a todos los que la rodeaban”.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Con DNI", viernes 29 de julio de 2016).

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