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Las palomas de Ermua

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Foto El Mundo

Hace ochenta años, Pablo Picasso pintaba el Guernica, retrato surrealista del bombardeo fratricida en la Guerra Civil. El miércoles hizo veinte, todos nos poníamos las manos en la nuca en dolorosa protesta ante un acto criminal. A favor de los refugiados, del lobby LGBT, contra los malos tratos… En la fachada del Ayuntamiento de Madrid no cabe ni una pancarta en memoria de Miguel Ángel Blanco.

¿Qué hacíamos a las 4 de la tarde aquel 12 de julio? Es más fácil acordarse que cuando el hombre pisó la Luna y fue retransmitido en blanco y negro. Yo estaba en casa, hablando por teléfono con una amiga para quedar esa tarde. “Estoy muy triste, no sé dónde vamos a ir a parar”, me decía. Mi madre, en la Casa Amparo, visitando a mis tíos. Mi compañero, con su madre en el hospital. Nadie quedamos indiferentes.

“Hemos madurado. Ahora comprendo mucho mejor el dolor inmenso de mis padres, siendo el mío terrible”, declaraba su hermana Marimar. Me viene La Piedad, de su tocayo, serena su dolor. Los mayores se nos fueron marchando, llegaron generaciones nuevas. Las cosas sí han cambiado. El tiempo nos macera. ¿También a los asesinos? ¿Qué herencia dejarán a sus niños, concebidos y nacidos en la cárcel? ¿Qué les queda a los hijos de tantos muertos?

Irene Villa, Gregorio Ordóñez, Giménez Abad, el Cuartel de la Guardia Civil… el pequeño Fabio, primera víctima inocente. “En el 20 aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, Madrid con todas las víctimas del terrorismo”, rezaba finalmente la pancarta de las calles de Madrid.¿Las manos son tan blancas como entonces?

“Yo pude caer en ETA como cualquier otro joven vasco” (Fernando Aramburu). La muerte del joven edil de Ermua fue el principio del fin. Cruce de civilizaciones, llegaron otros terrorismos, y en un preciso instante no supimos si ETA o la Yihad. Y ahora que el EI recibe un jaque señero, y que nuestro Ayuntamiento acoge a confesiones diversas, algunas formaciones, herederas sin duda de los hombres del “frap”, no lo comprenden. “Se equivocó la paloma, / se equivocaba” (Rafael Alberti).

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Con DNI", viernes 14 de julio de 2017).

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