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La tortilla

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Foto J. L. V. / Heraldo

Cuando era pequeña, recuerdo un muñequito a cuerda que lanzaba la tortilla al aire y le daba una vuelta y otra. Lo solían hacer nuestras abuelas, para que quedase bien suculento el guiso. ¿Por qué me habrá venido esta imagen a raíz del juego de las urnas el pasado domingo?

Hace un mes, nuestra peculiar torta de huevo batido e ingredientes ibéricos parecía dorarse en tonos cálidos: rojo, naranja, violeta. Un buen alimento nunca se dora en frío, aunque podría añadírsele pimiento verde, junto a la sal y la cebolla; y hasta salsa con colorante azul.

El día 26 volvimos a darle la vuelta a la tortilla, teniendo todos la sartén del mango. Seguía presentando ese matiz entre tierra y ferroso, frente a un conjunto europeo azul marino –con sus reductos ultras y ecológicos–. Y los otros cocineros, que esto va por equipos, lanzan la masa al aire y surge la otra cara: celeste más naranja cítrico más verde primavera sí que suman.

Suben al escenario rostros cariacontecidos, como máscaras de tragedia griega, y bufones alegres celebrando la victoria renovada: “Ave, Caesar, morituri te salutant”. ¿Quién pactará con quién en el juego de tronos? “Todas las fuerzas tienen que reconsiderar sus estrategias”; “el nuestro ha sido el partido que más ha crecido en estos 30 días”; “quien quiera pactar con nosotros, que reniegue de las políticas del jefe”.

Populistas, escépticos, independentistas, adeptos a la república… Parece que en la polis del siglo XXI todo vale, hasta que el Constitucional y el sentido común dicten sentencia; y la tortilla podría aglutinar agregados y sabores muy diversos. Aquí en nuestra tierra, las combinaciones tienden al infinito: de gobernar en solitario a un pentapartito, valga la palabreja. ¿No pedimos pluralismo a las urnas-augures?

Hay quien voltea la masa de la pizza, por ver si está compacta. Pero no es lo mismo; ni la tortilla francesa, solo de huevo, inventada en el asedio de Cádiz (1810). La nuestra es más de pueblo. Como Moya, Castejón y Castillejo-Sierra (Cuenca); un matrimonio de Hombrados (Guadalajara), junto al castillo de Zafra; o los dos alcaldables de Velamazán (Soria). Una vez electos, deciden entre sí al alcalde. Allí las madres siguen dándole la vuelta a la tortilla, a la española: con patata y trocitos de jamón de Teruel, y morcilla y chorizo castellanos. Somos muy nuestros.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 31 de mayo de 2019).

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