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Miguel Labordeta

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Foto Heraldo

El 1 de agosto hizo 52 años de su muerte; el 16 de julio, hace un mes, 100 años de su nacimiento. Esperemos su homenaje otoño.

Del colegio de Santo Tomás de Aquino, con los próceres de nuestras letras, a la Guerra Civil, la estancia en Madrid, la “Zaragoza gusanera” y su OPI, Miguel fue siempre el gran incomprendido. “Desde sus primeros libros (…), nos encontramos con una escritura muy poco convencional, difícilmente etiquetable con algún adjetivo más o menos afortunado” (Antonio Pérez Lasheras y Alfredo Saldaña, Obra publicada).

Los críticos incluyen a Labordeta dentro del surrealismo, más en sus primeras obras. Se ve el surrealismo de postguerra como un juego, junto a «ceremoniales« o «rituales« postistas –como en los años iniciales de la OPI–. Al fondo, toda una forma de comprender la vida, expresarla y luchar contra un sistema establecido. En Miguel, además, se une la inquietud existencial y el compromiso. “En la esquina de enfrente / un hermoso niño miserable” (Sumido 25 -1948-). Un primer acercamiento, en mi tesis de licenciatura, Poesía de postguerra en Aragón.

Centrado en el auto reconocimiento, la muerte y el paraíso perdido, no olvida el entorno. Angustia y compromiso más acusados en Violento idílico (1949) y Transeúnte central (1950). Epilírica, escrito en 1950-52, no se publica hasta 1961. “Quiero pues en los ojos mirarte / contemplar tu alma sepultada como un león dormido”. La obra «dramatolírica» Oficina de horizonte (1955), y Los soliloquios (1969), con un lenguaje experimental, completan su bagaje literario en vida. “… las rosas los sepulcros / las hermosas individuas olvidadas”.

“Puesto que el joven / de la montaña azul ha muerto / es preciso partir”, apuntaba en Sumido 25. Y Manuel Pinillos, “Presidente Vitalicio de la O.P.I.”, escribe a José María Aguirre: “Cualquier día próximo sabrás, como ocurriría con Miguel Labordeta, mi desaparición de este inhóspito planeta” (7-VI-70). Autopía, La escasa merienda de los tigres, Obras completas, Metalírica… “Mientras os alejáis / cantando juventudes / yo permanezco aquí / mudo y atónito / como un muerto inmortal / soñando vida inmensa / y una antigua e inconcebible libertad”.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 15 de agosto de 2021).

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