Vivienda digna
Foto www.idealista.com
El otro día escuchaba una noticia que me dejaba helada. La nueva forma de adquirir una vivienda algunos jóvenes, inmigrantes y personas con recursos limitados. De 40.000 a 100.000 euros, las más cara en Madrid y Barcelona, cuesta comprar una habitación individual, con baño y cocina en común.
Nuestros padres y abuelos tuvieron para comprar un piso, más o menos modesto, al venir del pueblo a la ciudad, algunos acogidos, en plena dictadura. E incluso invertir en varios inmuebles, ahorrando toda la vida para ello. Eran gentes austeras y sufridas, como lo aprendieron de sus padres. No solían ir de viaje de novios ni de luna de miel, a no ser al pueblo o núcleo urbano más cercano. Si iban de vacaciones no sería a hotel, sino a casa humilde con derecho a cocina –cuantos más inquilinos más económica salía–.
Y si me apuran ni un triste café, ni un refresco o helado. Era la cultura del ahorro, aprendida de siglos, transmitida de generación en generación. Ahora todo ha cambiado.
Ahora no se ahorra. ¿De qué fondo? Los jóvenes estudian muchos años, y los que no llegan a estudios superiores o profesionales logran empleos precarios que no dan para malvivir. Comprometerse y tener un hijo es más caro que adoptar un perro, y la vivienda está por las nubes, VPO o libre, comprada o de alquiler. 2500 euros el metro cuadrado en vivienda nueva; 2300 de segunda.
Estudiantes, ellos y ellas, y mujeres migrantes que vienen a buscar mejor vida en nuestro país, es normal que compartan pisos por habitaciones. Y creo que en ASPACE Huesca se puso en marcha una experiencia de casas compartidas entre jóvenes con diversidad intelectual y jóvenes estudiantes. Se enriquecían mutuamente. Así sí.
Pero comprar una habitación, que no arrendar, y adeudarse por 50000 euros, para salir de casa de papá u otras circunstancias, ni en la peor de las posguerras. Distopía total. Convivir, pongamos por caso, un joven casi imberbe con una anciana sin pensión y una familia refugiada… ¿Alianza de qué? Quizá, a partir de hoy, nuestros políticos electos tomen alguna carta más en el arte del mejor vivir en un hábitat digno.
María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora.
(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 8 de febrero de 2026).
0 comentarios