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La lampara encendida

Después del eclipse

Después del eclipse

Foto https://apod.nasa.gov/apod/image/2608/total_solar_eclipse.jpg

Todos hablaban del eclipse solar de este 12 de agosto de 2026. Nunca me interesó especialmente la astrofísica ni la astrología. La curiosidad de los frnómenos, efectos y con secuencias de un poco más allá, sí, siempre me cautivó.

Llegó el señalado día y decidimos ir a contemplarlo en un pequeño terreno de Garrapinillos, con amigos y merienda incluida. Allí, despejado de edificios y plantaciones altas, se vería bien.

El sol se iba filtrando entre las ramas de olivares, almendros y pinos, había ya una magia especial. Por instantes nos poníamos las gafas y mirábamos, 30 segundos. El quesito del sol era comido por una mancha negra. Y su sabor agradable se mezclaba con el de la empanada y las uvas que en forma de seto circundaban la finca.

Unas patatas fritas, otro bocado de sol comido por la luna. El cuadro se iba haciendo entre anaranjado y sonrosado, imperceptible todavía. ¿Y si Salimos al camino? Se verá mejor.

Sol menguante ya, menos de la mitad. Seguía atardeciendo todavía. Nos pusimos las gafas y la luna de luto era cada vez mayor. El anochecer se precipitó en cuestión de segundos, nuestros cuerpos proyectaron su sombra en la tierra, toda vida calló, no se escuchaban ni pájaros ni grillos.

Volvimos a mirar. El sol se oscureció completamente, con un arito de cobre circundándolo. Pero acá, donde estábamos nosotros, algo mágico y trascendente sucedió. Nos sentimos pequeños, infinitamente diminutos y agradecidos, con una paz sobrecogedora, como nunca habíamos vivido. Volvimos a mirar. El sol, prácticamente oculto, destilaba unas perlas microscópicas a nuestra distancia, y se ocultó.

Lo interesante seguía pasando en este lado. Me sentí animal de fondo, anochecido, y comencé a escribir, sin poder expresar lo que sentía. Comprendí en segundos la vida y la muerte, la relatividad –todo iba a una velocidad que estremecía--, nuestra filiación al universo, al absoluto, a la divinidad. Daban ganas de cantar con San Francisco de Asís. “Alabado seas, mi Señor, / en todas tus criaturas, / especialmente en el hermano sol, / por quien nos das el día y nos iluminas. /. (…) / por la hermana luna y las estrellas”. Elevando brazos, ramas de los olivos y corazón, al otro lado de la luz.

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora.

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 23 de agosto de 2026).

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