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La lampara encendida

Viento del pueblo

Viento del pueblo

Foto: cancioneros.com

“Recuérdame / como un árbol batido, / como un pájaro herido, / como un hombre sin más; / recuérdame / como un verano ido, / como un lobo cansino, / como un hombre sin más”. Me sorprendió mi hermano tarareándolo cogiendo el ascensor, debía de llevar la melodía dentro.

Sin duda le ha marcado, como a mí, como a todos nosotros. “Arremójate la tripa / que ya viene la calor, / que luego en el mes de agosto / no suelta el agua ni Dios”. Primeras excursiones con jóvenes no en silla, final de los setenta. “Los hijos de la María / se han marchao a Nueva York…”. ¿Me recordaba acaso a mis padres, inmigrantes también no hacía tantos años del pueblo a la ciudad?

Primera educación sentimental de espacios interiores, sagrados, democráticos. También la sacristía de los años ochenta sabía a pan de pobres: “Sonarán las campanas / desde los campanarios, / y los campos desiertos / volverán a granar / unas espigas altas / dispuestas para el pan”.

Y ya en la Universidad, los nombres, los amigos, desde Javier Delgado a Emilio Gastón. Y el lento desvelárseme aquel mítico Niké de Miguel Labordeta, Ciordia, Gúdel, Fernando Ferreró, Rosendo Tello, Rey del Corral… y también José Antonio, que ya entre los cincuenta y los sesenta entregaría a la imprenta “Sucede el pensamiento” y “Las sonatas”, junto a “Orejudín”, revista y colección, donde publicaría Manuel Pinillos.

De la Zaragoza gusanera de postguerra al colegio familiar de Santo Tomás. “Nadie venía a verme por la tarde / y el corazón / opuesto a las palabras, / rendía su homenaje silencioso”. La lucha por el agua, una mochila a tope de experiencias, la política, unos merecidos galardones… Debiera haber hablado de su obra, su métrica, su estilo. Me he dejado llevar por esa voz de arcilla y cierzo recio que iría acompañándonos desde niños. “Esta albada que yo canto / es una albada guerrera / que lucha porque regresen / los que dejaron su tierra”. Tú, abuelo, nunca la dejarías; te has quedado en nosotros, como el viento.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, «Tribuna», “El meridiano”, jueves 23 de septiembre de 2010).

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