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Política unisex

¿Está discriminada la caballa por no pertenecer a los mamíferos? Que yo sepa, jamás ni la gallina ni la hembra gallo, ave y pez respectivamente, opusieron sus derechos contra el macho polígamo. Ni la yegua carece de pareja sólo porque no exista su complemento “yeguo”. Aunque entre mulo y mula –híbridos de caballo y burra, o viceversa- comienzan ya a existir diferencias de género importantes: ‘persona vigorosa y fuerte’ frente a ‘persona homosexual’, en tono despectivo. Los semas, semantemas y sememas –unidades de significado- del cosmos animal no son precisamente equitativos.

Pero en la sociedad humana es otra cosa. ¿Poeta o poetisa? ¿Y por qué no “poetiso” o “poeto”? En el siglo pasado decir médica, alcaldesa, abogada o señora jueza aludía simplemente al estado civil. Pero en este flamante siglo XXI de la revolución post feminista no hay tampoco mujeres “militaras” –de no que sea ‘esposa, viuda o hija de militar’- ni esforzados varones “periodistos”; igual que de pequeña, cuando más atacaban las anginas, nunca vino a pincharme una practicanta –ahora sí está reconocida-.

¿Y es lógico y legal que nosotras disfrutemos de un útero, órgano masculino por sentido común? ¿Qué sexo tiene el mar? ¿Y la calor?

Pero no somos nombres, sustantivos ni siquiera pronombres –una persona no sustituye a otra-, sino seres sexuados ya al nacer. “Las palabras tienen género (y no sexo), mientras que los seres vivos tienen sexo (y no género)” (Diccionario panhispánico de dudas de la RAE, 2005). Violencia de género, expresión anglicista técnico sociológico feminista de los años setenta del pasado siglo, presenta en español sinónimos mucho más precisos: violencia por razón de sexo, contra las mujeres, doméstica o de pareja.

Me temo que la cuestión es otra. No se trata de obviar los sustantivos neutros, comunes –de una única forma en ambos géneros-, epicenos –de forma femenina o masculina indistintamente- o masculinos genéricos. Ya para Primo Levi, tan grave como expoliar las ropas, los zapatos, la casa o los cabellos era cambiar los nombres.

Hace nada asistíamos a una nueva defensa “pro mulieribus” (o a favor de las damas): Doña Eva Almunia increpaba a la señora Rudi no citar en su discurso de investidura la igualdad de los sexos. ¿Pesan más las palabras o una imagen de portada de Vogue que los hechos?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, «Opinión», “La columna”, martes 19 de julio de 2011).

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