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¿Existe Dios?

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Galilea o el lago Tiberiades, Getsemaní o Caná fueron siempre topónimos de una geografía interior aprendida en la infancia –no había que estudiarlos-. Hasta que, adolescente, me planteé completamente en serio: ¿Qué camino es más recto?

La vida no es sino un sucederse de pequeños instantes. Somos ríos fluyendo hacia un mar sin retorno. Y entre tanto el amor, y esa luz intimísima que todos presentimos pero no siempre vemos. La misma levadura y credos tan diversos como hijos de Dios o estrellas en la noche.

Respetar no conlleva hacerlo todo nuestro. Nunca podré aceptar la muerte en un quirófano porque las transfusiones son impuras. Ni adorar a los dioses, infinitos, que alientan en las plantas del balcón. No me creo que después de esta vida, en ese edén azul que siempre nos pintaron, me reencarne en el cuerpo de un antípoda. Ni veo imprescindible preservar cada sábado por ley.

Ni yihad ni cruzadas. Que el arcángel Gabriel compartiera escenarios del Corán y la Biblia no me lleva a aceptar la ablación como norma. Ni cristos con misiles ni mahomas con alfanjes en alto. Yavé, al igual que Alá, nos hizo a semejanza de la Luz. Newton lo confirmó.

Varios siglos después, Darwin descubrió que las especies no fueron engendradas de la mano de Dios, sino evolucionando milenio tras milenio. “Creo que la Evolución va ha hacia el Espíritu”, afirmaría su contemporáneo Teilhard de Chardin. Y en pleno holocausto nazi, una mujer judía se atrevió a escribir: “Quien busca la verdad, sea o no conciente de ello busca a Dios” (Edith Stein).

Pero de la mística a la razón, de cada criatura al multiuniverso se abre un abismo. “La Tierra fue cuidadosamente diseñada por Dios para solaz de los humanos” (Stephen Hawking). Y hay quien piensa, como César Nombela, catedrático de Microbiología y presidente del CSIC, que “La existencia de Dios es un tema intratable para la Ciencia”.

¿El camino más recto? “Un silencio sin fondo / nos horada por dentro, como rocas / que esperan albergar la desnudez”. Sólo sé que el Amor tomó múltiples rostros que religan culturas, religiones, creencias.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, «Opinión», “El meridiano”, martes 30 de agosto de 2011).

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