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Cecilia

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Foto: vigoalminuto.com

Si Max Estrella levantase la cabeza… El espejo esperpéntico del Callejón del Gato está a la orden del día. No hay más que ir a Borja; o asomarse a cualquier página de Facebook, y ahí está el Ecce Homo de Cecilia, la pintora que ha hecho tan célebre el Santuario. ¿Quién sacó a la luz un pequeño mural comido del olvido y la humedad? Solo estaba “manchado”, cubierto de una primera capa de pintura para ir restaurándolo poco a poco. Tan atroz como que el pueblo llano admirase en eso una obra de arte; o que después de la movida de los medios y de darle al lugar la ocasión de ser mundialmente conocido, se le entregue la obra a una empresa y volvamos a cubrir a esa buena mujer de olvido y desconchados interiores.

Pero nada de extraño. En la apertura de los juegos olímpicos, con todo su boato y su loa a lo británico, desde los autores de cuentos infantiles a los Beatles, desfilaron unas cuantas atletas con velo. Todo un logro que algunos países dejen participar a la mujer. ¿Pero cómo entender que se suprimiese todo crucifijo y signo religioso por respeto? O la pequeña anécdota de que dos deportistas, matrimonio, no pudiesen alojarse en el mismo pabellón. ¿Pareja homosexual? Entonces sin problemas.

Pregunta de mi sobri: ¿No es verdad que en los juegos paralímpicos ganamos más medallas? Iba a responderle: “Cuando estamos al límite, hay una fuerza que nos empuja, nos dejamos de las tonterías y vemos las cosas cómo son”. Solo le dije: “Es que valemos”.

Sí, valemos. Por eso a veces una tampoco entiende que los recortes vengan a los de abajo; que se nos suba el IVA en cines y teatros y se supriman espacios culturales; que sigan existiendo tantos cargos –Senado, autonomías…–, y no llegue para desempleados, dependientes, mayores con recetas precisas como el pan. Una no entiende.

Que haya tantos incendios por descuido o altas temperaturas. Que a un preso terrorista se le den privilegios. Que a más alumnos con el nuevo curso se resten profesores –¿y el apoyo en casos de capacidades especiales?--. Valle-Inclán rebosaría de creatividad ante las deformidades que se hacen patentes, cóncavas o convexas, en cualquier callejón. La pintora de Borja lo interpretó a su modo, nuestro mayor respeto. Todos somos Cecilia.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El meridiano", domingo 16 de septiembe de 2012).

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