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¡Feliz Navidad!

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Foto: www.garabuxada.com

Prohibido invitar a la tristeza. Lo litúrgicamente correcto es poner sonrisas profident. La publicidad y el mundo de la imagen nos siguen dibujando lucecitas, burbujas color oro, estrellitas de nieve, Papás Noeles rojos por mimetización de Coca Cola –no el verde original–, abrazos al volver a casa… Y, sin embargo, debemos dar permiso a la añoranza de los seres queridos que no ocupan su lugar de siempre en la mesa. Que nadie nos prive del derecho a expresar el dolor, la impotencia, la rabia, también por Navidad.

“Los talibanes masacran a más de cien niños en una escuela militar paquistaní”, leíamos en la prensa. Y los titulares continúan: en Francia, se atropella a simples peatones al grito de “Alá es el más grande”; miles de alemanes se revelan contra la islamización, y en la ciudad de Bouchi, en Nigeria, siguen los atentados por querer imponerla. Dos rombos, no apto para menores ni para el Niño Jesús.

Irak, Siria, el mismo Belén… cuna de las tres grandes religiones. “Ya no hay cristianos en Irak. La persecución del Estado Islámico a todos los que no son musulmanes suníes ha obligado a miles de cristianos a huir de sus hogares”, declaraba monseñor Amel Nona, arzobispo católico-caldeo de Mosul. Pura contradicción humana.

“El Corán es un libro de paz”, escribe el papa Francisco a sus correligionarios de Oriente Medio. Y una vuelve a aquellas navidades entrañables, de muñecas de plástico que no saben hablar y villancicos al son del almirez y la botella, mucho antes de la era digital. Navidad es entonces “remover el reflejo clausurado // de la infancia feliz, la primavera, // la edad de la ternura y de la hoguera; // volver al paraíso abandonado”.

Y te sientes mayor, en esta Europa envejecida que celebra el solsticio de invierno con luces de colores en las calles –en estas últimas navidades de la crisis–, y champán y turrones de todas las fragancias imaginadas, y otras suculentas ambrosías ideadas para MasterChef. Y lloras la muerte de un tierno borriquito en un belén de Lucena (Córdoba). Mientras otros cristianos, orientales, africanos, latinos, viven en carne propia la ternura. “El Niño tiene frío // en mitad de la noche sin estrellas”.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Con DNI", viernes 26 de diciembre de 2014).

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