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Turismo accesible

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Foto Jesús Alba Enatarriaga

“El Turismo Accesible o Turismo para Todos no se limita a la eliminación de barreras físicas, sensoriales o de la comunicación, sino que tiene por finalidad lograr que los entornos, productos y servicios turísticos puedan ser disfrutados en igualdad de condiciones por cualquier persona con o sin discapacidad” (Plataforma Representativa Estatal de Personas con Discapacidad Física).

Cada vez más organismos y asociaciones nos van dando noticia de recursos y lugares al alcance de una silla, un bastón o una visión o movilidad reducidas. Prefiero mirar la cruz de la moneda y dar fe de mi yincana veraniega.

Entregábamos los premios del II Certamen de Relato Breve Villa de Velamazán. El Ayuntamiento del pequeño pueblecito soriano no dispone de ascensor, ni el salón de actos, como tampoco la hermosa casa rural sita en el palacio de los marqueses de González de Castejón. En estos casos, la tracción humana de los compañeros de camino suple solidariamente todo artilugio elevador.

Segunda escala del verano, el encantador San Sebastián. La magia de la playa de La Concha, el puerto o el Antiguo; los tres montes al fondo de Ondarreta, el Peine de los Vientos, las vistas desde Igueldo o Miramar. Una pena no poder acceder a la isla de Santa Clara, ni a los barcos que acercan a los turistas o el funicular; no tener forma humana de ir al baño en el parque de atracciones ni de ducharse en la alta bañera del hotel. Hasta a Woody Allen le subiría la ansiedad. ¿Será accesible el metro?

De jóvenes, mis amigos y yo podríamos subir en góndola en Venecia, extasiarnos en Florencia con Santa María del Fiore o la Galería Uffizi; visitar en Roma el Moisés o la Piedad, las Termas de Caracalla –días antes del concierto de los tres tenores–, Castellgandolfo o San Pablo Extramuros, u hospedarnos en la casa de San Camilo del siglo XVI. Ahora, con la peregrinación de la parroquia, lo recordaba.

El ocio es un derecho recogido en la legislación española y universal. Los Estados Partes se comprometen a “Asegurar que las personas con discapacidad tengan  acceso  a  los  servicios  de  quienes  participan  en  la  organización  de  actividades  recreativas,  turísticas,  de  esparcimiento y deportivas” (“Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, art. 30.e). ¿Para cuándo una ley que regule el sentido común?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 13 de septiembre de 2019).

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