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Los no pilares

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Foto Cartel Ayuntamiento Pilar 2020

“El Ebro guarda silencio / al pasar por el Pilar”. 62 años hace que la Pilarica ha venido recibiendo su ofrenda presencial de flores, desde su camarín al muro lateral de la basílica o la plataforma exenta en mitad de la plaza, de Bigas Luna, en el 98. Generaciones desfilando ante una imagen que los aragoneses, y cada vez más latinos e hispanos, llevamos tan adentro.

La ofrenda de frutos es del 64, en unas fiestas cuya primera manifestación parece de 1723, con procesión, mojigangas, pasacalles y toros. Hasta principios del siglo XIX –1807– no se consolidarían, tomando mayor auge, curiosamente, en la I República.

Hasta la Guerra Civil crecieron y se diversificaron los festejos: espectáculos taurinos, demostraciones deportivas y desfiles alegóricos, como el del Canal Imperial en el 34. Solo el enfrentamiento entre las dos Españas canceló las fiestas un par de otoños. Recuerdo todavía el tacto cálido del libro del Ayuntamiento, que traía el tío como trabajador de unos viveros municipales, buscando entre sus páginas a la Reina de Fiestas o los actos de ese año. O el paso de gigantes y cabezudos bajo el balcón azul de la calle Delicias, abriéndose paso entre coches en ambas direcciones y el autobús.

Con la democracia, en el 79, comenzó a cambiar el rostro de nuestros festejos patronales: teatros, conciertos de todo tipo, animaciones infantiles, espectáculos de adultos, luz y sonido en el Parque Grande, Interpeñas, música para jóvenes…

Solo el año del atentado yihadista en Barcelona se blindó la plaza con bolardos y grandes maceteros, que ahí están. Hasta este dichoso 2020 no se había vuelto a clausurar la ilusión de todo un pueblo, y sus hermanos visitantes, desde el 36. ¿Puede más un microorganismo que las bombas o la sangre derramadda?

Claro, está el Principal, el Auditorio, las Esquinas, Salesianos, el teatro Arbolé, centros cívicos y teatros de barrio… y por encima de todo una ofrenda virtual. Pero falta el sabor del ternasco de Aragón y las croquetas, pasear a nuestras anchas por el centro o degustar el más genuino folklore junto a la Virgen.

“Pa’ el Pilar ya no sale lo mejor, como canta la jota emblemática de la cinta de Florián Rey –“Nobleza baturra”. Aunque sabemos que María del Pilar no está dormida, por mucho que reduzcan el aforo de su casa y la nuestra. La llevamos puesta.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 9 de octubre de 2020).

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