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Diario de una noche

Me llamaban María sin miedo. Ahora sí lo tengo. Aquel Erasmus iba a cambiar mi vida, lo intuí desde el principio. Y así fue.

Yakiv rompió mi corazón. Seguimos escribiéndonos durante meses, había feeling. Pero la distancia, las diferencias, la falta de raigambre común…

Volví años después ya como periodista. Ucrania, sus gentes, sus paisajes, me atrajeron siempre. También Yakiv, para qué mentir.

Me fue bien, no me arrepiento. Una tensión latente desde lo de Crimea, pero bien. Volvimos a una vieja amistad, a entablar relaciones. Nadie nunca como él me había hecho el amor. Fuimos casi felices.

Me mandaron a cubrir las primeras noches, y fue a la décima… Desde entonces este oscuro cubil, agua, pan duro, y cada noche…

Hoy no se han oído bombardeos. Ni han entrado con sus metralletas ni sus falos. ¿Va a venir a rescatarme como a las princesas de los viejos cuentos que cada noche, al acotarme, me contaba papá?

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