Blogia
La lampara encendida

Guerrera en paz

Guerrera en paz

Foto Europa Press / Contacto / Omar Ashtawy

Hace dos años, no nos creíamos que la guerra estallase en Europa, entre Ucrania y Rusia, poco antes hermanas. Nos conmocionaba cada cuidad, pueblo y edificio derruido, tan cerca de nuestras seguridades. Muchos lograron escapar, a los primeros fuegos, y tuvimos de vecinos a personas refugiadas como Natalia y Eugenia, mientras sus hermanos, maridos, padres, se quedaban obligatoriamente a pie de lucha. Y nos horrorizaba los hospitales y refugios bombardeados, y tantos niños masacrados, muchos de ellos bebés.

Seis meses ya que Hamás atacó una celebración festiva israelí, y mató indiscriminadamente a jóvenes y adultos tras la barra del bar, o en el camino de huida. Fue la gota que colmó el vaso, o la espoleta que disparó el odio de los dirigentes israelís contra el pueblo palestino, la franja de Gaza, el paso fronterizo de Rafah. Maternidades y hospitales como blancos preferidos, bajo la excusa de encontrar los túneles del grupo terrorista. Miles de civiles y niños masacrados. Se cerraron los lugares santos, Nazaret, Belén, Jerusalén. Yo apagaba la televisión. Allí, donde meses atrás, había descubierto el edén, me veía a mí misma muerta.

Guardo una simpática anécdota con Rosa Montero. Cuando la conocí en una de sus presentaciones en Zaragoza, en una de sus dedicatorias –le llevé varios libros– pondría lo siguiente: “A mi querida guerrera…”. ¿Habíamos coincidido en una vida anterior? Porque no se refería a la segunda y tercera acepción del diccionario: “Que guerrea. Que tiene genio marcial y es inclinado a la guerra”. Ni siquiera a sus sinónimos: traviesa, revoltosa, alborotadora, lianta, enredadora. Sino a mujer fuerte, valiente, aguerrida.

Y me sentí emocionada y desnuda, e identificada con Agua Fría de Temblor, Airelai de Bella y oscura, o Bruna Husky, la replicante de su trilogía. Y ahora, esta guerrera no comprende que queden cicatrices en las calles, los cuerpos y las almas; que aun en guerra se mate a quienes piden un poco de comida; que penda sobre nosotros y el planeta la espada de Damocles nuclear. Sería necesario para entenderlo una inteligencia demoniaca.

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 3 de marzo de 2024).

0 comentarios