A la luna de Valencia
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Quedarse o estar en la luna de Valencia, una expresión tan popular y tan nuestra de toda la vida, según la inteligencia artificial significa “quedarse despistado, distraído, o ver las expectativas y deseos de uno frustrados por no llegar a tiempo a algún lugar”. Si tomamos el Diccionario de la lengua española: “Frustradas las esperanzas de lo que se deseaba o pretendía”. No sé lo que se avanzará en investigación espacial de aquí a poco, pero cada vez estamos más en la luna.
Lo percibo al salir a la calle, resulta que ahora me he vuelto invisible. Sí, salgo a la calle con mi silla y tengo que cuidar no atropellar a nadie, porque la gente se te me mete entre las ruedas. El otro día, por ejemplo, en un centro comercial, unos jóvenes que iban hablando de su próxima excursión a la playa se metieron literalmente entre mis reposapiés y la escalera mecánica; giré rápida, o los pillo o se van para abajo.
Y en la calle otro chaval que se venía móvil en mano contra mí, más de lo mismo. Da igual que te subas al tranvía o al bus, con los iconos y el lugar reservado para sillas de ruedas; no nos ceden el puesto, no nos ven. Igual con personas mayores, mujeres embarazadas o mamás con carritos de bebé, si no le echas cara y pides tu lugar y tus derechos. ¿Dónde la educación que nos enseñaron?
No hacen muchos años los pequeños, al vernos en una silla o con bastones, solían preguntarnos: “¿Te has caído?”. Da cierta alegría que ya no te lo pregunten, pero no es solo normalización, es otra cosa.
Si elevamos el asunto al terreno político, ya casi nadie escucha. Además de ciegos o con gafas de eclipse, están sordos. Temas de asistencia a grandes dependientes, a enfermos de ELA, zonas de amplificación del sonido para personas con problemas de audición, lenguajes de lectura fácil… pasan desapercibidos.
Y está el cambio de cultura. No muchas cuidadoras, por supuesto, te comprenden. “El dicho proviene de la época medieval, cuando Valencia estaba rodeada por una muralla. Sus puertas principales (como las históricas Torres de Serranos o Torres de Quart) se cerraban al anochecer”. Estos días, de vacaciones en Valencia, lo recordaré.
María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora.
(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 5 de julio de 2026).
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