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La lampara encendida

En carne viva

En carne viva

Foto https://conela.org

“Quizás este detalle nos ayude a comprender que las barreras más difíciles de derribar no son siempre de piedra. A veces están en la mirada, o en el miedo o en la indiferencia” (Encuentro con las realidades de integración de los migrantes, discurso del Santo Padre, plaza del Cristo de La Laguna, viernes 12 de junio).

Es la dura realidad de la migración proveniente del norte de África, ya sea en cayucos o pateras, de esos niños y mujeres embarazadas que se quedan en mitad del mar; de esos cientos de menores sin hogar, formación ni trabajo a que acogerse. Es el común destino de tantos refugiados de las guerras; de mujeres latinas, generalmente sin pareja, obligadas a dejar a los hijos con la tía o la abuela en su país de origen; de inmigrantes del Este.

Y acá, allende del océano, estamos nosotros, los necesitados de su ayuda y asistencia. “La observación número 5 del artículo 19 de la Convención Internacional de los Derechos Humanos de las Personas con Discapacidad define la Asistencia Personal como: ‘El apoyo humano, dirigido por el interesado o el usuario, que se pone en disposición de una persona con discapacidad para permitir la vida independiente’” (Luis Miguel Bascones, representante de la asociación SOLCOM para la Solidaridad Comunitaria de las personas con diversidad funcional y de la Oficina de Vida Independiente de Madrid, intervención ante la Comisión para las Políticas Integrales de la Discapacidad).

La Convención, aprobada en Nueva York el 13 de diciembre de 2006 y ratificada por nuestro país un año más tarde, inspiraría el homónimo artículo 19 de la mal llamada Ley de Dependencia: “La prestación económica de asistencia personal tiene como finalidad la promoción de la autonomía de las personas en situación de dependencia”. Sin embargo…

Imaginemos a alguien como yo, sin necesidades extraordinariamente especiales, sin respirador, sin cambios posturales en la noche… El Salario Mínimo Interprofesional son unos 1200 €, más la Seguridad Social, más los fines de semana, más la sustitución por baja. Prestación no contributiva más ayuda en el entorno familiar rozan los 1000 €. Y está la atención asistencial domiciliaria, la mayoría trabajadoras inmigrantes sin formación previa. Nada extraño si muchos enfermos de ELA, con la necesidad de tres SMI, opten por una muerte digna. ¿Dónde están las barreras?

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora.

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 28 de junio de 2026).

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