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La lampara encendida

Odiseo

Odiseo

Foto cartel de la película

Un hombre, una historia, una guerra, un engaño. El canto del bardo ciego de color introduce el relato fílmico, basado en el poema homérico La Odisea (siglo VIII a. de C.). En hexámetros dactílicos, dividido en tres partes y veinticuatro cantos, las letras del alfabeto griego. Si La Ilada, se piensa que contemporánea, narra los últimos meses de la Guerra de Troya, y La Eneida (siglo I antes de Cristo) es la versión latina de Virgilio del regreso del héroe, Odiseo representa una visión de conjunto.

No era de esperar que la superproducción de Christipher Nolan, director de “Oppenheimer”, fuese una obra lineal. Si bien respeta el esquema tripartito –la situación de Ítaca, Penélope y su hijo Telémaco, el trabajoso regreso de Odiseo tras la Guerra y la venganza–, echa mano del flash back, los efectos especiales y una relectura eminentemente personal.

Nuestro héroe se encuentra en la isla de Ogigia, al amparo de la diosa Atenea y la ninfa Calipso, que con la flor de loto va haciéndole recordar. Mientras, en Ítaca los ancianos aconsejan a Penélope matrimonio, en tanto los pretendientes, con el noble Antinoo a la cabeza, infringen la ley de Zeus, maltratando al viejo y ciego Eumeo, fiel servidor del rey, y a su perro Argos. Telémaco parte a Pilos en busca de Menelao, antiguo soldado de su padre y hoy rey de Esparta, tras la muerte a traición de Agamenón.

“¿No comprendéis un hermoso atardecer, el nacimiento de un niño o el sufrimiento de un anciano?”, le responde Atenea. Tras el triunfo en Troya, algo pasó. El cíclope Polifemo pastorea su rebaño, y en un acertado cruce con Saturno devora a los marineros. Hijo de Poseidón, el mar se encoleriza al dejarlo ciego. Eea, la isla de los gigantes lestrigones; la hechicera Circe, que transforma a los hombres en animales, e invita a visitar al espíritu de Tiresias y el Hades. Escila y Caribdis y el canto de las Sirenas. “Es lo deseas. Y luego lo que hubieras deseado no desear, porque ya no existe”.

La isla de Trinacia o del Sol, y la prohibición de alimentarse del ganado de Helios. El fruto prohibido, que los hace perecer. “No luches ya, déjate llevar”. Solo Odiseo era capaz de tensar el arco. “Los lazos humanos son tan frágiles, que ahora lo único que queda es el canto de las Troyas del mundo”.

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora.

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 2 de agosto de 2026).

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