Blogia
La lampara encendida

Javier Marías

Javier Marías

Foto J. P. Gandul / Efe

Hijo del inolvidable Julián Marías –de discípulo de Ortega a padre de la Constitución– y de Dolores Franco, el joven Javier se educaría entre libros y una educación sentimental anglo española. De Los dominios del lobo, parodia-homenaje del cine americanos híbrido de diversos géneros, a Tomás Nevinson, “quizás la mejor novela de Javier María” según José-Carlos Mainer, ha pasado la friolera de medio siglo.

Novelista, traductor, escritor de cuentos infantiles, articulista, académico, ensayista, editor… Tradujo a Robert Louis Stevenson, Joseph Conrad, Thomas Browne o William Faulkner. Entre sus títulos, El Quijote de Wellesley y Seré amado cuando falte.

“… he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola…”. Corazón tan blanco, Mañana en la batalla piensa en mí, Negra espalda del tiempo, Tu rostro mañana. Una imaginación desbordante, un estilo cuidado y exquisito, cinematográfico a veces, el cruce entre realidad y ficción.

No es fácil encajar en tendencias a un autor tan prolífico, que iba a los institutos sin cobrar y rehusó el Premio Nacional de Narrativa: “Estoy siendo coherente con lo que siempre he dicho, que nunca recibiría un premio institucional”. Su editorial, Reino de Redondo, que regentaba junto a Carme López Mercader, su compañera eterna y reciente esposa, no sabía de gastos ni de números rojos; sí de calidad.

María de Los enamoramientos, Berta Isla o las protagonistas de los cuentos dan la voz femenina al relato, en una partitura que el autor nunca sabe si va a tener continuación. Cada libro escrito e idolatrado podría ser el último.

En realidad, narrar es un arduo esfuerzo de puro ilusionismo infantil: imposible retratar las cosas como son. Traducir, cualquier palabra o concepto de un idioma a otro, el más difícil todavía. “Sigan pensando en algo más universal de lo que todos tenemos conciencia y a lo que nadie podemos escapar. Y enseguida aparecía la muerte, de la que nadie se ha librado y que a todos aguarda pacientemente” (Discurso de ingreso en la RAE de Javier Marías).

“Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con una muerta entre los brazos y que ya no verá más su rostro cuyo nombre recuerda” (Mañana en la batalla piensa en mí). A Javier lo seguiremos viendo en su obra.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 18 de septiembre de 2022).

0 comentarios