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La lampara encendida

Balance y perspectiva

Balance y perspectiva

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Comenzaba el año con una trilogía de sueños nunca imaginados: terminaba de volver de la Tierra Santa de las tres grandes religiones; me entregaban el Premio Moisés Calvo, del Centro Soriano de Zaragoza, a la trayectoria humana y profesional; publicaba mi primera novela, El ramito de azahar, durante tantos años concebida, escrita y esperada.

Soria, Madrid, ferias del libro… Nuevas amistades y lectores, junto a amigos de siempre y, cosa curiosa, distintas generaciones del pueblo de mis padres, Velamazán, que se reunían bajo un tácito acuerdo para mostrarme su callada admiración, ¿cuándo antes soñada?

Ana Alcolea, D. Vicente Jiménez Zamora, Antón Castro, José Luis Gracia Mosteo, Rosa Montero, César Ibáñez París… serían solo algunos de los maestros de ceremonia, reseñistas, compañeros en viajes tan hermosos. Junto a Verbum Ediciones y el Club de Lectura del Grupo Social Once, donde presentamos la versión en braille.

Profesores de Auxilia y del Imbad; amigos de esos que siempre permanecen, pese a la distancia y las diferencias; coperegrinos de las hospitalidades de Jesús de Nazaret y de Lourdes; universidad, parroquia, diversos grupos de trabajo… Y los encuentros inesperados, como esa señora que cocina y sirve las comidas en el restaurante de Almazán. ¿Y tú qué tienes?, me preguntó de pronto. Ella, familia numerosa y un hermano con síndrome de Down y parálisis cerebral.

Luego vendría la meseta, o casi. Si no hubiera por la Medalla de Oro, junto a mi pareja, en la peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Lourdes; el reencuentro con Ignacio Cendoya, el cura que me dio la primera comunión; la escapada con los amigos al valle del Baztan (monte Irati, señorío de Bertiz, Zugaramundi, pueblitos del sur de Francia); la celebración del III Certamen de Relatos Breves Villa de Velamazán tras la pandemia; la Ofrenda de Frutos vestida de piñorra; la comida familiar de alubias en una bodega de Tolosa, “txistularis” pasando, y la visita nocturna a la Concha.

Vendrían valles y descensos: las barreras que hay que sortear todos los días, las lacras de mis padres, nonagenarios, la desesperanza. En Navidad nos reunimos todos, padres, hermanos y sobrinos, se iluminó la casa y las guerras parecían tener final.

Este año, Cada otoño migran las golondrinas, mi segunda novela, y algo de poesía, para nutrir el alma y la esperanza. ¿Sueños en perspectiva o realidad tangible? No es polarizar.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 31 de diciembre de 2023).

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