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La lampara encendida

Pueblos que no pueden morir

Pueblos que no pueden morir

Foto cartel de la película

“Muchas veces me he preguntado si los seres humanos tenemos el derecho a vivir donde queramos. Los lugares donde se asentaron nuestros antepasados no fueron elegidos por sus recursos; sino porque sus depredadores, sus enemigos, no podían llegar hasta allí” (Eike, hija de Wilmes Rudolf). El escritor visitó Nerín, Boltaña y Valle del Vió en 1930, con vistas a realizar sus estudios filológicos de campo y su tesis doctoral.

Wilmes se enamoró para siempre de este trocito de Pirineo aragonés, su paisaje y sus gentes, sus objetos y utensilios cotidianos y el nombre de estos. “Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas” (juan Ramón Jiménez). La película documental de Fernando Vera, “Con la tierra en los pies”, producida por Rafael Latre y con música de Juanjo Javierre, sencillamente emociona.

Pero hay mucho más. Aparte de los actores que encarnan a los personajes principales, el matrimonio que acoge al estudioso y su hija Carmen, el propio Wilmes Rudolf y la hija de este, un grupo extenso de habitantes del desaparecido valle, profesores y profesionales de diversas disciplinas, ilustran y enriquecen la parte documental.

El periodista Manuel Campo Vidal, el escritor Severino Pallaruelo, Sandra Araguás, José María Satué, Oscar Latas, Elena Puértolas, Maribel Clemente o mi compañera de estudios, la doctora María Pilar Benítez, dan testimonio de lo que fue, la dolorosa diáspora, el presente de unos espacios devastados por la despoblación y los pantanos y una mirada esperanzadora hacia el futuro.

Las dos escuelas filológicas alemanas del momento, enfrentadas entre sí, inauguraron el método lingüístico de identificar el nombre con la cosa, con el objeto concreto que define. Y una, salvando la pequeña distancia entre la alta montaña aragonesa y la meseta castellana, se siente identificada con la romana de pesar, la lechera, los recipientes de medida, el botijo, el porrón, la hoz, los utensilios del esquilo, las alpacas o fardos de paja… Queda memoria y esperanza, todavía.

La tesis de Rudolf quedaría póstuma, se editó a los dos años de fallecer. Nuestra guerra civil, la segunda mundial y el enfrentamiento con su director, no permitieron editarla en vida. Sí conoció al otro amor de su existencia, su hija Eike, que décadas después se reencuentra con Carmen en la película, ya muertos sus padres y el propio Nerín, el pueblo que le vio nacer. Y, sin embargo, la vida, como la misma tierra, no termina nunca de girar y renacer.

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora.

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 10 de mayo de 2026).

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