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La lampara encendida

Réquiem por la cultura

Réquiem por la cultura

La estatua del poeta Grigory Skovoroda fue lo único que quedó en pie de su casa museo. Foto www.bbc.com

El teatro de Mariúpol, el de la Ópera y el Ballet en Odesa, la catedral, el Monumento al Holocausto o la Academia de Cultura de Jérkov, el Museo Nacional de Leóolis o el de Antigüedades de Chernígov; el museo de Historia Local de Ivankiv, la casa museo del poeta Grigory Skovoroda. Misiles indiscriminados y expolios en edificios civiles y religiosos, escuelas bibliotecas… El esqueleto de tanta cultura destruida muestra imágenes atroces,

Debajo, entre los costillares y los cascotes rotos, el drama cotidiano de dos pueblos que un día se creyeron uno. De un lado, refugios masacrados, cargas contra niños que intentaban salvarse escondidos, funcionarios a los que se persigue y se mata en su propia casa. Del otro, olvido, sanciones e ignominia de una cultura de milenios, la rusa, por pertenecer al otro bando –se salvan algunos autores clásicos–.

¿Cuándo al saber universal se le puso puertas? Claro, siempre que ha habido una guerra fratricida, por mucho que los gerifaltes y algunos combatientes no vean al hermano y sí al enemigo. Mientras, los menores, débiles, desvalidos, irán perdiendo todas sus referencias, llámense madre y padre, lugar de origen, cultura o dignidad.

Sucedió en la Alemania nazi, en la Unión Soviética, en las dictaduras latinoamericanas, en los regímenes totalitarios y retrógrados de los talibanes… Belchite, las ruinas de Palmira y tantos templos del arte y la literatura tragados por el odio serán simples ejemplos. Si lacerar el corazón de la piedra es en sí un magnicidio, ¿cuánto más el de carne?

“El director de la Filarmónica de Jersón, el músico ucraniano Yuri Kerpatenko, habría sido ejecutado por soldados rusos en su domicilio al negarse a colaborar con los ocupantes”. Se negó a dar un concierto en su ciudad, ocupada por las tropas rusas. Se volcó la comunidad artística internacional, Finlandia, Francia, Europa, pero nadie le devolvió la vida.

“La guerra está destruyendo bibliotecas, colegios, música, museos, ciencia, arte. Pero la guerra jamás va a destruir la cultura; ni los valores que representa; como tampoco la libertad y la dignidad de los seres humanos” (Felipe VI). Por apoyar globalmente los valores, no creo que nadie pulse el botón.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 6 de noviembre de 2022).

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