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La lampara encendida

De cine

De cine

Foto Granada / Antonio L. Juárez

Somos buenos cinéfilos, mi pareja y yo. De la pantalla grande, no nos convence el Netflix. No tomamos coca ni palomitas, pero disfrutamos de la calidad de las buenas pelis, y, cada año, solemos reunirnos en familia para ver la entrega de los premios Goya, el pasado sábado con chocolate

El Palacio de Congresos de Granada se llenó de rostros veteranos y nuevas promesas, con las referencias ineludibles a Lorca y el Albaicín. Curiosamente, la primera película que vimos de las nominadas y la última, La Infiltrada y El 47, han quedado ex aequo como Goya a la Mejor Película en la 39 edición del festival. Historias dolorosas y humanas, la poli camuflada en el comando Donosti, cuyos sentimientos terminan complicándose, o el barrio de inmigrantes interiores, sin agua, electricidad ni transporte público.

¿Y los protagonistas de la acción? Mejor Actor, Eduard Fernández en el farsante Marco, que nunca estuvo en un campo de concentración –otros dos goyas de Peluquería y Maquillaje–; que compartiría otros cuatro premios en El 47 como Manolo Vital. Mejor Actriz, Carolina Yuste como la joven policía, al lado de mi adorado Luis Tosar. Mejor  Reparto, Clara Segura y Salva Reina, también por El 47. Las chicas de Paula Ortiz en La virgen roja no se llevaron goyas, sí su Vestuario y Dirección de Arte.

Y está la Mejor Revelación, Pepe Lorente por La estrella azul, de Javier Macipe –Mejor Dirección Novel–. Una gran alegría, ¿porque quién no hemos conocido en nuestro entorno y barrio a Javier, Pepe o Mauricio Aznar?

Hubo ausencias. Pedro Almódovar, Mejor Guion adaptado por La habitación de al lado, ante su duelo por Trump; Emilia Pérez – Karla Sofía Gascón, Mejor Película Europea, por la polémica incierta o no levantada. ¿Y el imperdonable olvido de Los destellos, de Pilar Palomero, y la libertad de elegir sobre el final? Es como si el mensaje eutanásico de Mar adentro, en su 20 aniversario, se hubiese desleído.

De un Miguel Ríos octogenario, a Antonio Banderas o Amaral. De Aitana Sánchez Gijón, Goya de Honor, a Richard Gere, Goya Internacional, o la añorada Marisa Paredes glosada por si hija. Más allá de críticas, solapamientos e injusticias, la entrega de los Goya bien vale un chocolate.

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domngo 16 de febrero de 2025i).

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