Perder a un hijo
Foto www.huffingtonpost.es
Carmen Navas, de 82 años, venezolana de nacimiento y residencia, llevaba más de un año buscando a su hijo, preso político según el régimen de Nicolás Maduro. El vía crucis de cárceles recorrido por esa madre durante meses, dadas las condiciones del país, tuvo que ser horrible. Me recuerda un poco la primera de las cuatro historias de la película china “Resurrección”, actualmente en cartelera en los Palafox y los Aragonia. Rejas, martirio inhumano, muertes sanguinolentas… Todo en clave de delirantes que intentan sobrevivir.
El 3 de enero de 2025 arrestaban a Víctor Hugo Quero, de 41 años, como a otros muchos presos por ideas contrarias al dictador. En julio fallecía por una “insuficiencia respiratoria aguda, secundada de trombo embolismo pulmonar", según notificaba hace unos días el Ministerio de Servicios Penitenciarios. La Plataforma Unitaria Democrática (PUD), el Comité de Derechos Humanos del partido Vente Venezuela (VV), la nobel María Corina Machado, numerosas organizaciones internacionales y el sentido común, han denunciado el secretismo y los crímenes de lesa humanidad contra tantos apresados sin motivo.
Venezuela, Cuba, México, Argentina, la mara y la violencia callejera en Nicaragua y El Salvados… Los hijos también se pierden en la guerra¸ en la de Rusia-Ucrania, la de Israel y Estados Unidos contra Gaza e Irán; en todas esas luchas intestinas silenciadas en África, o en las de los países árabes, frente a la mujer y a quien se arriesga a ser valiente y defender la verdad. Como denominador común, la madre y el padre quedan huérfanos de hijo para siempre.
Y existe otra pérdida mucho más subrepticia y no menos dolorosa. No se trata de un derecho conquistado ni de la libertad de la mujer. El aborto, espontáneo o no, es pérdida inexorable. Esa madre lo será de un hijo muerto, ya para siempre. Y en el óbito provocado del no nacido, además de la sangre a borbotones, entran los utensilios de tortura más cruentos, como cuando el primer o el último reo inocente de la historia.
El duelo por un hijo o una hija es de los más difíciles. No queramos contra natura por órdenes gubernamentales, guerras, violencia o nuestra propia confusión. Habrá una ley siempre inviolable: la dignidad humana y la defensa a ultranza de la vida.
María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora.
(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 17 de mayo de 2026).
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