Y Dios nos creó inteligentes
Foto Heraldo / Associated Press
“Laudato si” fue la encíclica que nos marcó del papa Francisco. El canto a la creación y las criaturas, heredado de San Francisco de Asís; el cuidado de la casa común que es la Tierra, ante el cambio climático y el abuso humano; la erradicación de las diferencias étnicas y sociales. Un legado incuestionable que nos ha quedado ahí, para siempre.
Y es que Dios creó el cosmos, los astros, los planetas con sus satélites, mar y ríos los creó; la flora y la fauna, para que las cuidásemos y disfrutáramos; a la mujer y al hombre, y el descanso. Antes, supongo yo, daría vida a otras especies, como los dinosaurios, algunas de cuyas características perduran según dicen todavía en las aves; y un día llegarían los homínidos, y el “homo sapiens”, el hombre inteligente, capaz de proveerse el alimento y cultivar, de la expresión artística y un pensamiento religioso. Nunca vi contradicción entre la teoría darwinista de la evolución y la narración bíblica.
Pero el ser humano podía confundirse, igual que los antiguos como el becerro de oro, la inseguridad ante el futuro o la falta de tierra y de vivienda; como Adán y Eva, creyéndose súper héroes o casi dioses. Algún Hijo de Hombre habría de enmendarlo.
Hoy, coincidiendo casi con su visita a España, el sucesor de Francisco y de Pedro, a quien Jesús de Nazaret dejaría al cargo de su barca, el 267 Papa de la Iglesia católica, publicaba su primera carta encíclica: “Magnifica humanitas, sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. Cinco densos capítulos, más una introducción y una conclusión, que comienzan así: “La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”.
La verdad frente a la libertad, con sus riesgos y responsabilidades respectivos, alimentando ambas realidades la dignidad humana a través del trabajo. “La libertad, en la era digital, no es solo una cuestión interior; es también un asunto público”. Entronca desde luego con la encíclica “Rerum novarum”, de León XIII (5 de mayo de 1891). Estos días, creyentes e increyentes, religiosos y políticos, inmigrantes, presos, asistidos y agentes sociales, jóvenes y adultos, seremos anunciados y testigos de los nuevos cambios que se avistan en la Iglesia y la sociedad. Oído cocina, si queremos crecer como personas.
María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora.
(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 7 de junio de 2026).
0 comentarios