Blogia

La lampara encendida

Una ciudad amiga, ecológica, accesible

Una ciudad amiga, ecológica, accesible

Foto Ayuntamiento de Zaragoza

Entrevista a D. Jorge Azcón, alcalde de Zaragoza

Una ciudad amiga, ecológica, accesible. Cuando tu propio hábitat se humaniza

Una ciudad amable, amiga y comprometida con el medioambiente, abierta a la tecnología. Un hogar para jóvenes, mayores y personas con diversidad funcional. Un cambio, más que de rostro, de corazón, en sus hospitales, residencias o lugares de ocio. Un retorno al disfrute de siempre, con horizontes nuevos.

María Pilar Martínez Barca

El Ayuntamiento de Zaragoza, al frente de su alcalde, D. Jorge Azcón, ha iniciado unas interesantes reformas urbanísticas, de cara a modelar una nueva ciudad, tras la pandemia de la Covid-19, mucho más acogedora con las personas, abierta a las últimas tecnologías y a los espacios verdes, saludable. Una cuidad de todos.

Nos responde amablemente el propio D. Jorge Azcón (Zaragoza, 1973). Licenciado en Derecho, tiene un Master en Urbanismo por la Universidad de Zaragoza. Ha sido Presidente Provincial y Regional de Nuevas Generaciones del Partido Popular, miembro de los Comités Ejecutivos Regional y Provincial, Concejal de Juventud y Personal en el Ayuntamiento de Zaragoza (2000-2003), concejal y portavoz adjunto (2003-2007), concejal portavoz de Economía y Hacienda (2011-2015).

Su carácter humano y cercano a los ciudadanos le viene de la familia, menor de cinco hermanos, y de  los colegios de su infancia, Teresianas del Pilar y Juan de Lanuza. Casado y padre de dos hijos.

Los cimientos

P. ¿Qué cambios se han pensado respecto a algunas calles de la ciudad tras la pandemia?

R. La pandemia nos ha hecho replantearnos muchas cosas en nuestras vidas cotidianas y también en el diseño de nuestras ciudades. Lo fundamental es conseguir una ciudad más amable para todos, con la introducción de mejoras de todo tipo, gracias a las innovaciones tecnológicas y mediante un urbanismo que se adapte a las personas con necesidades específicas, sobre todo a aquellas que tienen algún tipo de discapacidad, lo que termina ayudando y siendo útil para todo el mundo. Hace falta una ciudad con más espacio para la vida diaria y que esté más cuidado  

P. ¿Y en sus plazas, parques y zonas verdes?

R. Como le decía, esa es una de nuestras preocupaciones fundamentales: conseguir una Zaragoza más amable y mucho más cuidada de lo que nos encontramos al llegar al Gobierno. Por eso hemos destinado recursos extraordinarios en cuidar nuestros árboles y en arreglar nuestras calles y viviendas.

P. Nuevo asfaltado en muchas calzadas, reformas en la plaza Salamero, Santa Engracia, calle Predicadores… Algún ejemplo.

R. Quiero destacar el plan de choque del arbolado y de mejora del estado de aceras que desarrollamos nada más llegar al Gobierno, la Operación Calles, que hemos lanzado este año, con el presupuesto para reformar calles enteras más importante desde la Expo de 2008. También la recuperación de la Operación Asfalto, que había sido abandonada.

Y en una dimensión todavía mayor, hay que resaltar el impulso inédito al plan de rehabilitación, al que hemos destinado catorce millones de euros en dos años, batiendo todos los récords históricos del ayuntamiento, con el objetivo de ayudar a las familias a tener mejores viviendas, más accesibles y adaptadas.

No me olvido tampoco del Bosque de los Zaragozanos, un proyecto para plantar 700.000 árboles en el término municipal en diez años, y que será un legado medioambiental para las próximas generaciones.

Hogares habitables

P. ¿Se está pensando, a nivel de ciudadanos, constructoras, etc., en un tipo diferente de vivienda?

R. Ese es un tema especialmente interesante en estos momentos. Hay un avance muy importante en mejoras tecnológicas para conseguir viviendas más avanzadas y eficientes desde diferentes puntos de vista, que sean energéticamente solventes y que ayuden a resolver las necesidades de sus habitantes. Desde el Área de Urbanismo trabajamos para que esas nuevas realidades se incorporen a nuestras ordenanzas y normativas.

P. Aunque avanzado mucho, los ciudadanos con movilidad reducida seguimos teniendo problemas a la hora desplazarnos y acceder a según qué lugares. ¿También en cuanto a espacios, públicos y privados, para personas mayores y con discapacidad?

R. Es la misma idea: mejorar constantemente en la incorporación de avances que faciliten la accesibilidad a estos colectivos. Tenemos que esforzarnos en ser una ciudad especialmente cuidadosa con las personas con discapacidad y también con los mayores, que es un sector de la población cada vez más numeroso y que se merece que la sociedad los cuide con esmero.

P. ¿Qué otros modelos y medidas de accesibilidad podrían ir planificándose en la ciudad pos-covid?

R. Nuestro deseo es aprender de los países más avanzados, para adoptar las medidas más punteras en ese sentido. Creo que en Zaragoza se ha avanzado bastante desde hace un par de décadas, tanto en sensibilidad como en mejoras concretas, pero nos queda mucho camino por recorrer y hay que esforzarse en ello.

P. Ha sido especialmente duro en algunos centros residenciales. ¿Se ha pensado en otros modelos de hospitales, residencias…?

R. Por supuesto. En eso la crisis sanitaria de la Covid va a ser determinante. Las autoridades sanitarias ya están planificando de otra forma las instalaciones hospitalarias y las residencias. En Zaragoza estoy especialmente satisfecho de haber logrado que el Grupo Quirón nos haya escogido para construir un nuevo y modernísimo hospital que va a ser una referencia en toda España.

Una ciudad de todos

P. Niños, jóvenes, personas con diversidad funcional, mayores. ¿Una ciudad para todos?

R. Ese es el objetivo irrenunciable que nos guía como equipo de Gobierno: que Zaragoza sea una ciudad inclusiva y abierta a todos; que se plantee como una obligación tratar a todos sus vecinos en pie de igualdad y que pueda atender a cada colectivo para darle respuestas a sus necesidades específicas.

P. ¿Cómo hacerlo posible? ¿Se va pensando en proyectos concretos?

R. Por una parte, hay que aplicar políticas generales para los aspectos comunes y, por la otra, hay que destinar recursos a políticas específicas. En ese sentido, un ejemplo claro son las partidas que se destinan a accesibilidad; pero también las que se enfocan a colaborar con entidades sociales de todo tipo; o las que impulsan el cuidado de los mayores o las familias.

P. También han sido unos meses difíciles para la diversión y el encuentro con nuestros amigos y familiares. ¿Qué hacer en cuanto a los lugares de ocio?

R. Ahora mismo, con la pandemia, hemos aprendido que son uno de los lugares que debemos cuidar más, para que sigan siendo puntos de encuentro imprescindibles con nuestros amigos y familias, pero que lo sean siendo seguros desde el punto de vista de la salud.

P. Seguimos con aforos limitados en restaurantes, espectáculos, cultura… ¿Cómo va a ser la vuelta a la normalidad, la ampliación de aforos, etc.?

R. Eso va a depender mucho de las autoridades sanitarias. Es una competencia del Gobierno aragonés que nosotros, como no puede ser de otra manera, acatamos de forma absoluta. Siempre hemos respetado sus directrices y lo seguiremos haciendo. Esperemos que la vacunación siga avanzando rápida y pronto podamos levantar las restricciones, para beneficio de todos.

P. ¿Volveremos a disfrutar de nuestra ciudad como lo hemos hecho siempre?

R. Por supuesto. Es más, la disfrutaremos con muchas más ganas, como se está viendo en estos días en que ha habido algo de apertura. Nosotros estamos trabajando para tener una ciudad más amable, más segura y más bonita, y que los zaragozanos puedan disfrutar de su ciudad a tope una vez que regrese la normalidad, o lo más parecido a ella.

P. ¿Ha podido humanizarnos, a nivel de personas, colectivo y complejo urbanístico, la Covid-19?

R. Sin duda. La Covid es una de esas tragedias históricas que suceden muy de vez en cuando, en este caso es la mayor crisis sanitaria del último siglo, y que nos pone a prueba como individuos y como sociedad. Y creo que la respuesta ha sido buena. Como alcalde, puedo decir que en Zaragoza ha habido una oleada de solidaridad impresionante, y que un número enorme de personas han ofrecido su colaboración para ayudar a quienes peor lo estaban pasando. o para apoyar a los sanitarios en todo lo posible.

Sí, creo sinceramente que la Covid nos va a dejar un saldo terrible de muertes y dolor, pero también es cierto que ha sacado lo mejor de nosotros en muchos casos, y que vamos a extraer lecciones muy importantes para mejorar como ciudad y como sociedad.

SUMARIOS

“La pandemia nos ha hecho replantearnos muchas cosas en nuestras vidas cotidianas y también en el diseño de nuestras ciudades”

“Tenemos que esforzarnos en ser una ciudad especialmente cuidadosa con las personas con discapacidad y también con los mayores”

“Como alcalde, puedo decir que en Zaragoza ha habido una oleada de solidaridad impresionante, y que un número enorme de personas han ofrecido su colaboración”

(Humanizar, Nº 177 -Madrid, julio-agosto 2021-).

Nuevas calles olímpicas

Nuevas calles olímpicas

Foto: https://jacc56.wordpress.com

Junto a los proyectos de poblar de arbolado la nueva Zaragoza pos-pandemia, remodelar su asfalto y ensanchar plazas y vías públicas, se impone revisar la Memoria Democrática de Aragón. Agustina Simón, enfermera de requetés carlistas, o Pedro Lázaro, primer soldado raso del Ejército Nacional muerto en el barrio de Jesús, hijos son de sus circunstancias.

Carteles que los contextualicen en su época, en las que son sus calles, no es tan descabellado. Ejemplos similares, los profesores universitarios Gonzalo Calamita Álvarez y Miguel Allué Salvador, responsable de depuraciones; el militar franquista Santiago Lòriga o el  arzobispo Domenech, por confundir "cruzada" con guerra civil. ¿No cometen erratas algunos catalanes?

Lo que ya suena a hueco es comparar “dictadura” con “otro tipo de democracia” cubana. De ahí cambiar el nombre de la calle Che Guevara por el de Ana María Suárez –víctima del atentado yihadista en Cambrils–, y el parque homónimo por Teresa Perales.

Diputada del PAR en las Cortes de Aragón, 26 medallas paralímpicas, representante en el Comité Paralímpico Internacional, Directora General de  Dependencia, Premio Princesa de Asturias de los Deportes… Teresa sabe ganar los corazones. Y hay otros paralímpicos que honran a Aragón: Javier Hernández, María Delgado, Jorge Cardona… o la pionera, todavía sin calle, Mari Paz Monserrat Blasco.

Voluntariosa y comprometida, amiga de sus amigos, abrió la puerta a muchos. Decenas de medallas, 6 en Barcelona 92, más de 140 títulos. Hija de militar, hermana de 15 hermanos y Dama de la Corte de Honor de la Virgen del Pilar. “La natación se empezó a ver de otra manera y ella fue una de las precursoras. Cuando yo llegué, el camino ya estaba marcado gracias a su labor”, comentaba Teresa.

Memoria y Justicia no saben de creencia. Esto no es Bielorrusia ni Cuba ni la Roma de Nerón, que ganó todos los Juegos a base de zancadillas. Todo menos deporte.

Ana Peleteiro, David Valero, Rayderley Zapata, Maialen Chourraut, Teresa Portela, Adriana Cerezo, Pablo Carreño, Juan Cardona Méndez… aparte de los barceloneses Pau y Marc Gasol, podrían bautizar muchas de nuestras calles. Juguemos deportivamente.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 8 de agosto de 2021).

Sin máscaras

Sin máscaras

Foto www.elmundo.es

Desde que en junio las mascarillas dejaron de ser obligatorias al aire libre, han subido incidencia, contagios y hospitalizaciones. Por contra, hemos descubierto su uso como talismán en muñecas y codos, collares, simples tapabocas…

Nos sorprendía una discoteca de la Malvarrosa, barrio trabajado y marinero del extrarradio valenciano. Y este último sábado, en una Zaragoza vaciada que volvía a los pueblos y al mar, los paseantes del parque José Antonio Labordeta, de todas las edades, se mostraban sin protección alguna. Y además, la pandemia nos afecta a la vista: pasaban a no más de un palmo, cuando no se chocaban con mi silla. Debo ser invisible.

La UE recomendaba que los jóvenes no se la quitasen. Ha bajado a los 40, y la variante Delta afecta a más menores. Pero aquí hay más intríngulis del que transmiten las noticias. Máscara, según el Diccionario de la lengua española, “Figura que representa un rostro humano, de animal o puramente imaginario, con la que una persona puede cubrirse la cara para no ser reconocida…”. O también “Objeto que cubre la cara o parte de ella para protegerla u ocultarla”. El ditirambo era una composición griega en loor de Dioniso, el dios de las dos puertas o que nació dos veces, de las dos caras. El coro ditirámbico no llevaba máscara, ¿símbolo del pueblo?, sí el actor principal.

Y digo yo, ¿por qué algunos presidentes se han quitado ya la mascarilla en los actos públicos, y otros no? ¿Qué ocultará su máscara? ¿El origen de todo? ¿Las “fake news”? inyectar una tercera o una dosis anual, ¿tiene sentido si no han sido efectivas las dos primeras, y la mayoría de migrantes sin recursos no están inoculados?

Y nosotros, ¿nos vemos preparados para salir? ¿Què temores silencian nuestras máscaras de tela, ffp3 o quirúrgicas? ¿A que el ERTE se convierta en ERE y en paro indefinido? ¿Qué incertidumbre? ¿A que el mundo se hunda bajo los pies?

¿Y si el SARS CoV-2 continúa mutando? ¿Y si un nuevo virus nos infecciona el aire? ¿Natural o transgénico? No parece sino un nuevo Ensayo sobre la ceguera, mutación indeleble de Saramago. ¿Caerá algún día la ceniza blanca que nos impide ver? Me permito dudarlo, protegida en mi máscara.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 1 de agosto de 2021).

Crónicas de un pueblo

Crónicas de un pueblo

Archivos RTVE

¿Fue el verano que hice la Comunión? El 17 de junio, un mes después se estrenaba la serie. Aún tengo su melodía en los oídos. Braulio el cartero con su “y digo yo”, D. Antonio el maestro y Rosa su mujer, D. Marcelino el cura, el alcalde D. Pedro, Dionisio el conductor de autobús, Marta la boticaria, Goyo el alguacil… Un tiempo en la España rural no se había vaciado, y Puebla Nueva del Rey Sancho –Santorcaz, Madrid– tenía bar, comercio, Guardia Civil, médico y barrendero. No le faltaba nada en aquella época.

No tanto en el buen tiempo, entre el pueblo y la playa; en cuanto vino el frío nos juntábamos toda la familia. Los tíos subían a nuestra casa, mis padres, mi segundo hermano en la cuna… el pequeño no había nacido todavía. Y enganchaba. ¿Sería que teníamos muy adentro el adobe, la encina y la hornada de pan?

Una España migrante del campo a la ciudad. Una etapa oscura, en la que los gerifaltes de turno intentaron promocionar las bondades del régimen político. Pero las tornas se volvieron, la realidad se impone a la ficción. Con la frescura de Juanito, Manolo, Angelito, María y los otros niños, y el conjunto del pueblo, empiezan a salir problemas, alegrías y realidades sociales de la Castilla profunda de hace cincuenta años.

Doña Domitila, la anciana casi ciega que vive de las tres mil pesetas mensuales de su nieto. El niño dinamitero, huérfano de madre y al cargo de un padre analfabeto. El bar de Joaquín, que precintan por falta de baños o sanitarios. El drama por el robo de dos gallinas… Todo con el trasfondo de una economía agrícola y ganadera, de incipientes servicios y muy lento despegue.

Primera producción televisiva de Antonio Mercero, que puede parecernos lejana prehistoria de la emancipación de la mujer. En 1974 participaba ya mi hermano con sus juegos, y poco a poco, en capítulos como “El último alfarero”, “El abuelo” o “La casa de los viejos escudos”, nos vamos abriendo a una nueva mentalidad, cercanos al final del túnel.

No pongamos etiquetas ni apellidos. Lo social siempre estuvo presente. “Verano azul” o “Farmacia de guardia” remedaban su espíritu, pero no preservaron aquel aroma agreste de la infancia.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", 25 de julio de 2021).

Entre dos mares

Entre dos mares

Foto Jesús Alba Enatarriaga

De la pequeña Venecia, en Valencia, a la castellonense gruta de Vall de Uxó, pasamos unos días paradisíacos de vacaciones inter covid. No faltó la Albufera de Vicente Blasco Ibáñez, con sus cañas y barros, sus moricos, pájaros de ese ecosistema, o su paseo en barca al atardecer. Ni la tierra interior de Lorca u Orihuela: “No puedo olvidar / que no tengo alas, / que no tengo mar…” (Miguel Hernández). Del Mediterráneo al Mar Menor hay solo unos metros. Toda una vida.

Estuvimos en La Manga hará unos veinte años, una Constitución con Fundación DFA. Casi a los 30, menos mal que el albergue – apatahotel tenía aire acondicionado. El submarino de Isaac Peral, en Cartagena, estaba todavía a la intemperie; no recuerdo a Alfonso XIII en ese banco del paseo marítimo, despidiéndose de su querida España. En el teatro romano nadie llevaba mascarilla; ni tan siquiera el Icue, o niño pescador.

Y el poniente se puso en la playita del hotel, y marchamos a otro mar, el Mediterráneo valenciano. Los postes de la luz remembraban mi infancia, los naranjos, el encuentro con mi tía y madrina, Angelines, y noches a la fresca con los vecinos de aquellas parcelitas, con una habitación con derecho a cocina, y los gitanos que hacían canastillos de mimbre –me regalaron uno–. No quería volver.

Los modernos hoteles, los rascacielos, la Ciudad de las Artes y las Ciencias –con su Hemisférico y su Oceanográfico, la ballena y el barco, sus museos, palacios y puentes–, no dejan vislumbrar los mágicos pendientes de la reina de junto a las barracas. No cogimos el antiguo tranvía, como Manuel Vicent, pero en coche pudimos acceder a la nueva Malvarrosa: de una parte, los chiringuitos discoteca con jóvenes incautos, sin mascarillas; de la otra, las inmensas arenas de su playa, el Puerto, con sus tinglados, sus muelles comerciales y el Edificio del Reloj. Y hacia El Cabañal y Nazaret –antiguo lazareto que salvó de la peste a muchos marineros allá por el XVI–, las casas de principios del XX, con azulejos y grandes puertas de madera, a las que salían las vecinas en sus sillas de anea.

Horchata en Alboraya, paella de mariscos en el Pinedo. Y la amistad de años. Y la sal de la vida.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 18 de julio de 2021).

La nueva floración

La nueva floración

Foto cartel Fiestas del Pilar 2021 - Heraldo

Sobre gustos no hay nada escrito, si bien es cierto que todo depende del cristal con que se mira. El refranero sirvió al amigo Sancho para aconsejar a su amo Don Quijote y nos sigue sirviendo hoy, en esta recta final de la pandemia.

Todo comenzó con la plantación de tulipanes; y después el encuentro “Zgz florece”, en el parque José Antonio Labordeta, con cientos de flores formando originales esculturas, música, libros, gastronomía, cultura popular… y zaragozanos, muchos zaragozanos, cuando todavía eran obligatorias las mascarillas en la calle. Ahora, la enorme estructura de petunias, begonias y lantanas, en forma Virgen del Pilar, columna y emblema de nuestra ciudad. ¿Qué mejor broche de oro que el cartel “Un camino de flores”, para los esperados pilares 2021?

“Es un única flor, que representa el símbolo más importante de las fiestas, la ofrende de flores. Y en esa única flor van apareciendo diferentes detalles. Una imagen muy icónica, también pensando en las distintas aplicaciones que tiene el Pilar. A nivel compositivo, hemos trabajdo superponiendo capas de papel. Queríamos hacer una imagen alegre, y en ningún momento discutimos nada de mascarillas. Es como pospandemia total”. Así presentaban su Inés Marco y Miguel Frago, diseñadores y creativos, autores del cartel ganador, en el Salón de Recepciones del Ayuntamiento.

Una flor de mil pétalos de colores: las gentes, el camino, árboles, fuentes, monumentos, las torres del Pilar. Un espacio de espacios y actuaciones diversas, tradicionales y nuevas. Y al frente, una pareja sin mascarilla, mirándose, compartiendo, a punto de besarse, bailando jota. Me gusta contemplar, perderme en los recovecos de una obra de arte.

El actual equipo de gobierno del Ayuntamiento apuesta por las flores y la belleza, por una ciudad más amable y accesible. Y el Bosque de los Zaragozanos, con 700.000 árboles de aquí a poco. Por el Bálsamo de Fierabrás, como dirían los personajes cervantinos, que lo lograrán.

¿Cortina de humo de flores, que oculte la falta de cultura con mayúsculas? Se preguntará más de uno. Solo sé que el colorido ayuda a salir de una crisis, de salud, económica o depresiva. También las flores.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 11 de julio de 2021).

Fernando Ferreró

Fernando Ferreró

Foto Heraldo

Poesía intelectual, elegante, pura, que entronca con la de Pedro Salinas, Juan Ramón Jiménez o Jorge Guillén. Ya en sus primeros poemarios –Acerca de lo oscuro (1959) y Hacia tu llanto ahogado (1960), que se refundirán en 1982 en el volumen titulado De la cuestión y el gesto– se nos muestra lo peculiar de su obra. Según Rosendo Tello, “F. Ferrero se adentra por cauces más intelectualistas y puros, (…) con poemas de corte mentalista y alejados de toda estridencia expresiva” (“Frente al espejo de Niké”, OPI-Niké. Cultura y arte independientes en una época difícil).

Preparaba mi tesina cuando el poeta comenzó a regalarme sus exquisitos libros, recortes de prensa o cartas escritas a Manuel Pinillos, desde Benicarló o Alfaro, donde ejercía como profesor; con saludos a Margarita y a su sobrina Maribel, y en las que siempre nombraba a su amada Pilar Novales.

El nuestro fue un encuentro epistolar. Mi padre se encargaba de recoger los materiales en su casa. Fui metiéndome en su mundo. Sin prisa en editar, La densidad implícita y El texto mínimo (1988), Perfiles (1988), El paisaje continuo (1989), Falacia (1992), Ácromos (1994). En 2002 reseñaba en prensa su Revisión propectiva –tan amigo del juego de palabras–: “Ser capaz de sentir es don universal. Al poeta, además, se le ha otorgado el verbo”. Se reiteraba en sus temas primordiales: el don de conocer el mundo y su esencia, y el dolor, contenido en cada arruga. “Un río serpentea / hacia lo interminable”.

En Secuencias y escenarios (2007) continúa, en el mismo paisaje, hacia la desnudez y el símbolo. En Variaciones sobre un contexto inestable (2011) leemos: “Turbulencia del barro en las hojas tardías”. Y  en Memoria (2013): “El escrito se oxida / en el húmedo lago / del recuerdo”.

En Cadencia (2015), dedicado “Como siempre, a Pilar”, parece vislumbrarse una cierta oscuridad, el ocaso de la vida. “Desearía vivir más. Estoy satisfecho de la vida”. Gracias a su Obra completa –colección Larumbe, de las PUZ– y de sus pinturas y esculturas, recogidas dos de ellas en la exposición “Iluminaciones. Imágenes, objetos y palabras en la estela de Niké” del Paraninfo, Fernando Ferreró se ha quedado en nosotros.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 4 de julio de 2021).

Aragón, el paisaje y lo telúrico en Baladas a dos cuerdas, de Rosendo Tello Aína

Aragón, el paisaje y lo telúrico en Baladas a dos cuerdas, de Rosendo Tello Aína

Foto Asociación Aragonesa de Escritores, dibujo de Pilar Aguarón Ezpeleta

María Pilar Martínez Barca

La obra del poeta se divide en dos partes esenciales. Formada la primera por los libros iniciales –Ese muro secreto, ese silencio y Fábula del tiempo–, con su característico surrealismo lírico y personal, y la trilogía, más abierta a la épica y al compromiso, de Paréntesis de la llama, Libro de las fundaciones y Baladas a dos cuerdas (por orden de composición), que luego se convertiría en pentalogía con Meditaciones de medianoche y Las estancias del Sol. La segunda etapa, a partir de Cárcavas del sentido, como puente, y Más allá de la fábula, se condensaría en un pensamiento más elegiaco: “De la plenitud madura del recorrido solar se accede a la noche oscura de la existencia y a la decadencia del tiempo y de la edad” (Luis Felipe Alegre, Prologo a El vigilante y su fábula, Zaragoza, Prames, 2005). Reflexiones íntimas, metafísicas y metapoéticas, en torno a un mundo nuevo no precisamente esperanzador, pero siempre transido de belleza.

El paisaje de una región va moldeando el alma de sus habitantes, y Aragón no podía ser una excepción. Nuestra tierra, sedienta, produce caracteres toscos, tercos en ocasiones. Pero, frente al paisaje, se levanta la persona y el poeta, comprometido consigo mismo y con su entorno. Una de las constantes en la obra de Rosendo Tello es su gran cuidad y delicadeza en el estilo. Mima al máximo cada poema, cada verso, cada palabra. El poeta profesor, de la altura de altura de Pedro Salinas, Dámaso Alonso o, ya entre nosotros, Miguel Labordeta, Ildefonso-Manuel y Fernando Ferreró, amén de su virtuosismo lingüístico musical, yo diría que innato, tiene todo estudiado.

La estructura del libro

Baladas a dos cuerdas serviría de bisagra entre los primeros poemarios y el siguiente bloque, épico social. En palabras de Luis Felipe Alegre: “Sujeto, objeto y lenguaje han perdido su significación; de ahí la sátira amarga con que se enfoca la realidad fantasmal contemplada”. Pero no nos engañemos: lírica y épica son las dos cuerdas que dan título y sentido al poema.

Comienza el conjunto con los dos últimos versos del Libro de las fundaciones. Esto, que se repite en todos los poemarios, da la idea de obra completa a la que tiende el poeta. De un lado, la balada es una composición poética de tono lírico y melancólico, pero que narra hechos legendarios y tradicionales (como la épica). Las dos cuerdas representan el lado lírico y el épico. Y además esas cuerdas pueden simbolizar la luz y la sombra entre las que oscila el poeta a lo largo del libro; o también el acto de la comunicación, como se ve en los versos finales de “El coro innumerable” (las dos cuerdas, a veces, se convierten en cien).

El conjunto de los poemas se dividen en dos partes: una épica y otra lírica, alternándose una composición en prosa (épica) y otra en verso (lírica), aunque no siempre es fácil la distinción (en un mismo poema pueden aparecer uno y otro estilo). Lo épico se identifica, aunque no siempre, con un descenso a los infiernos, mientras que el lado lírico representa una elevación espiritual. La sombra simboliza, en general, el elemento demoniaco; la luz es la ascensión. La alternancia se rompe en algunos casos: los cinco poemas que hay desde “Ecos de carcajadas” hasta “Los gallos de la aurora” están escritos en verso; y lo mismo sucede con los poemas “Mazmorra lóbrega” y “La luz del alba”. Esa ruptura se debe a que en la tensión entre la forma poética y los sentimientos acaban venciendo estos últimos; la emoción puede más que la perfección de los esquemas estructurales (la simetría no es tan rígida como en Meditaciones de medianoche, aunque aquí también se da).

Las letras iniciales de los poemas van formando, a modo de acróstico, el título de la obra. En los poemas épicos el título se lee normalmente (el que inicia el libro comienza por la letra B); mientras que en los líricos está escrito al revés, empezando por la última letra (la S de cuerdas). Justo en el centro del libro se encuentran dos poemas, “Lluvia en el muladar” y “El lobo Semirabis”, que comienzan por la letra O (de la palabra dos); esa O se encuentra aproximadamente en el centro del título (no hay una simetría totalmente perfecta).

La estructura refleja asimismo una lenta progresión hacia la luz y la esperanza. Las primeras composiciones son oscuras, infernales, como muestra de lo más degradante del hombre y la sociedad en la que vive. A partir de “Hacia la luz del alba” los poemas se hacen místicos; es la “vía unitiva”, la elevación de la persona (hasta ese momento había predominado el descenso, el sufrimiento, la ascesis). Pero en cualquier parte del libro pueden aparecer composiciones de uno u otro tipo. Y la gradación se da también dentro de cada poema; al final se vislumbra la esperanza, un horizonte de luz.

***

Lo telúrico

Centrándonos en el tema que nos ocupa, el elemento paisajístico está presente en todos los poemas: es como un escenario en el que se va desarrollando la obra. Van apareciendo distintos tipos de paisaje según lo que se quiere expresar en cada momento.

Predomina una atmósfera desierta, desolada. Es una “tierra de cal y hueso”, donde falta la vida y la vegetación escasea. Elementos característicos de este paisaje son el polvo, las grietas causadas por la gran sequedad del terreno, un viento violento… y, sobre todo, el sol, un sol abrasador que mata la poca vida que pueda brotar. Porque la naturaleza no es solo un telón de fondo, sino que tiene un importante valor simbólico: la sequedad es reflejo de una sociedad corrompida donde no se tiene en cuenta el amor, ni al ser humano.

Ese paisaje desértico puede referirse a la tierra aragonesa en general, pero también reflejar un lugar concreto de la misma. Como ocurre cuando el poeta recuerda con nostalgia la infancia en su pueblo: “Claros eran tus cielos, sus llamas hontanares, guirnaldas de pausados albores, engalanadas lunas; verano polvoriento ahora por tus plazas roncas como planetas de azufre y de salitre”[1].

El ambiente rural visto desde la niñez y la adolescencia (lleno de alegría y esperanza) es muy distinto al que se contempla en la edad adulta. No interesa tanto resaltar los detalles geográficos de una localidad determinada, sino los aspectos generales del suelo aragonés (se generaliza lo concreto). En poemas como “Lamentación de ciego” se observa de un modo todavía más explícito esa desolación del paisaje, al recordar la infancia perdida.

A veces, como sucede en la obra de Gabriel Miró, Aragón pasa a ser Tierra Santa. Es el caso del poema “Camino de Emaús”: “Un sendero de tobas calcinantes, lunas, gotas / de luna sobre pitas, llameantes minaretes y doradas, / rojizas azoteas, brasas purpúreas en el confín”. Estas referencias al plano religioso reflejan la necesidad de una mayor confraternidad entre los hombres.

La misma sensación de desolación y soledad, pero en un ambiente urbano (y más concretamente en Zaragoza), aparece en “Niké”, o en “Visión en Valdespartera”: “A mi llegada el viento aporreaba las ventanas, aullaba en los veloces corredores de la noche. De Casablanca al Arrabal, del Canal a Delicias, donde pierde su efigie el monte acuchillado por el cielo”.

En el poema “La ciudad fantasmal” aparece Huesca, como “un tenso  fanal metálico”. Y en algunos interiores se refleja también esa sensación de muerte y abandono a la que nos venimos refiriendo. Así sucede en “Niké”, donde la acción se desarrolla en un viejo café, o en “Falaz Pentecostés”, poema en el que se nos sitúa en un cuarto frente al mar.

El tiempo que corresponde a este paisaje extremadamente seco es el verano, cuando el sol es más ardiente que nunca, y el atardecer, símbolo de la decadencia. Esto último se ve claramente en “Como una gota clara y silenciosa”.

Frente a la naturaleza desértica, hay otra fresca, llena de vegetación y de vida. Se trata de pequeños rincones de la tierra aragonesa, expresión de los valores positivos que esta encierra. Son, por ejemplo, los “jardines mudéjares”  en medio de toda la muerte que representa “Concolorcorvo”.

En la composición “Entre los cabrahígos” aparece ese mismo ambiente de frescura, de paz, esta vez en un cementerio. Es como si la muerte fuera una salida, un escape: “Silvestre llanto, risas azoradas por un aire de fiesta, un oriente entrevisto por augures en los claros lunares de unos idus sombríos”. No dejan de estar presentes, con todo, la tristeza y melancolía propias del lugar. En “El Poeta”, poema en homenaje a Miguel Labordeta, el cementerio tendrá un valor aún más negativo.

En esta naturaleza más exuberante, aparecen la luna y la noche como algo positivo, en oposición al ardor solar diurno del terreno desolado.

Hasta ahora hemos visto un paisaje real, geográfico. Pero hay otro paisaje meramente simbólico, fantástico, que solo existe en la mente del poeta. Son espacios terroríficos que se pueden identificar perfectamente con el Infierno cristiano; en ellos son característicos el fuego y las sombras, las tinieblas. Representan estos lugares un descenso del autor de su mundo interior a la sociedad, trasunto metafórico del Infierno. La sociedad está vista aquí en su aspecto más negativo; y esos espacios (pese a ser fantásticos) reflejan esa sociedad que vuelve a identificarse con nuestra tierra.

En “Barranco del Agua Amarga” aparece este tipo de paisaje: “La estridencia salvaje, el alarido de la Loba del Sol que ulula en el Barranco del Agua Amarga. Allí oscuras siluetas talladas por el pánico dan la espalda a la luz, esculpiendo el vacío de la Gruta Fantástica. […] Hora del alboroto zumbante de la luz que repica en batanes de tiniebla con pulso razonado hasta el aullido del silencio”.

Un caso semejante lo encontramos en “La ciudad fantasmal” (aunque aquí el paisaje está un poco más dulcificado), o en el poema titulado “En la candente glera”. Muchos de los elementos simbólicos de este paisaje son los mismos que los de la tierra desolada real. Pese a que en este ambiente la noche tiene un valor negativo.

Por último, dentro también del mundo fantástico y metafórico, se da otra naturaleza fértil, que se corresponde con el paisaje lleno de frescura y vegetación visto anteriormente. Simboliza este espacio una esperanza, la salida de un mundo inhumano; salida que se logra mediante la búsqueda de otra sociedad que tenga más en cuenta al hombre y al poeta, o a través de la interiorización.

El agua (el río, la lluvia…) es aquí símbolo de fecundidad –la lluvia poco abundante y estéril aparece en el paisaje desértico como todo lo contrario–. Otros elementos son el alba, la montaña –símbolo de espiritualidad…–. El paso de la barca en “La ciudad fantasmal” no representa otra cosa que la búsqueda de ese mundo nuevo y puro al que se aspira.

Pero quizá donde más claramente se vea el simbolismo de este paisaje sea en “Hacia la luz del alba”. Este poema supone una ascensión, después del descenso que hemos contemplado al Infierno de la sociedad; esa ascensión no solo constituye el tema de la composición poética, sino que se refleja en la estructura total del libro, pues a partir de aquí los elementos simbólicos representan más lo positivo, la esperanza de algo más: “Arriba, más arriba, más allá de las brasas / que el viento apaga al fondo de las peladas cárcavas, / más allá de los árboles templados como espadas, / marcharás algún día hacia la luz del alba”.

Para llegar al alba es necesario pasar por la noche –vista aquí como esperanza de la luz–, por el bosque –símbolo de la interiorización–, por el alejamiento de la sociedad y la soledad que eso supone… Es curioso observar cómo para subir a la montaña o al bosque –el poema es como un camino hacia allí– es preciso descender a nosotros mismos, ya que “la cumbre se adormece mientras cantando bajas / alto, desnudo y libre hacia la luz del alba”.

Puede suceder que un poema comience por una tierra desértica y termine en un paisaje lleno de vegetación. Al final, es más frecuente este segundo marco natural, ya que el libro va avanzando, in crescendo, hacia una realidad más esperanzada.

Baladas a dos cuerdas está impregnado de un extraordinario amor del poeta a su tierra natal, y del dolor cuando esta enferma. Pero ese teluirismo envuelve a su vez los otros componentes temáticos: lo religioso, lo social, lo metapoético. Ejes temáticos que dan forma y son expresados al mismo tiempo por diversos recursos fonéticos, morfosintácticos, semánticos y múltiples referencias toponímicas, mitológicas, culturales… Elementos cuyo estudio excede este pequeño artículo, y que condensan esa lección de autenticidad poética, existencial y humana, y mimo por el lenguaje que es la obra de Rosendo Tello Aína.

[1] Todos los textos transcritos pertenecen a la primera edición de Baladas a dos cuerdas.

(Revista Imán, Número 24 / Junio 2021, Asociación Aragonesa de Escritores, [en línea], . [Consulta: 22-6-2021]).

Niñas sirenas

Niñas sirenas

Foto Europa Press

El solsticio de verano y San Juan, aun sin hogueras, y empezar a quitarnos las mascarillas, nos llevan a latitudes y leyendas idílicas. Como la Sirenita, de Hans Christian Andersen, capaz de enamorarse y ganar un alma eterna, por cada niña o niño a los que hiciese sonreír, o por la lágrima vertida por un pequeño o adulto que actuase mal. Y llegamos al Puerto de Copenhague la escultura de bronce de Carl Jacobsen, dedicada a la bailarina Ellen Price, que tan bellamente le dio vida en ballet al relato de Andersen.

“Deseo que la muerte de Anna y Olivia no haya sido en vano. Y que aunque ahora sintamos el mayor odio, desesperanza y dolor, no sea para traer más sufrimiento al mundo sino lo contrario”, escribía su madre. Agradecía a quienes se había unido de corazón, y denuncia la barbarie: “Ellos no tienen por qué cargar con esa mochila, y si el amor se acaba lo más importante es el bienestar de los hijos”,

Si perder a un hijo es un duelo difícil, que te roben a tus niñas y arrojarlas al fondo del mar es bestialmente doloroso. Muchos no podríamos perdonarlo. ¿De dónde saca las fuerzas esa madre huérfana?

Para el Código Penal, violencia vicaria es “un tipo de violencia intrafamiliar que incluye toda aquella conducta realizada de manera consciente para generar un daño a otra persona, ejerciéndose de forma secundaria a la principal. Dicha violencia es una forma de maltrato infantil…”. Se utiliza a las hijas y los hijos de forma instrumental para causar un dolor insufrible a la pareja.

Anna y Olivia nos han conmocionado. El sencillo gesto de peinarlas, o reírse con ellas, ya no puede ser. “Deseo que la muerte de las niñas sirva para crear mayor consciencia sobre el amor que entregamos a nuestros hijos, en valorarlo y cuando estamos con ellos no tener la cabeza en otros asuntos sino en ellos. Nos necesitan y nos adoran”.

Ellas son ahora sirenitas para tantos niños buenos que sufren, y para padres enfermos que decidieron un día engendrar: “Olivia y Anna, ahora los angelitos de los niños, piden que les den todo el amor a sus hijos, dedicación, respeto, y que se les inculquen valores para un mundo mejor”. Endurecer las leyes, dejarnos llevar por la ternura.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 27 de junio de 2021).

Los nuevos universitarios

Los nuevos universitarios

Foto José Miguel Marco / Heraldo

No hubiera sido capaz en estos momentos de aprobar el examen de Historia de España de la EVAU (Evaluación de Admisión a la Universidad). No tengo recientes temas como el Neolítico, la invasión musulmana o el Imperio de los Austrias… Menos aún en materias de Ciencias, Ciencias Sociales o Artes aplicadas. Algo más me hubiese defendido en Educación Literaria y Comunicación escrita, dentro de Lengua Castellana y Literatura –con “y” griega–, a través de textos de Irene Vallejo, Mario Vargas Llosa o Luis García Montero.

Mi segundo sobrino y ahijado, Jorge, ha elegido un camino muy diferente al de esta profesora cebolletas en Letras que nunca ejercería: Bachillerato Tecnológico. Las pruebas en las troncales, incluido Inglés, más Matemáticas, Física y Dibujo Técnico, junto a la media, le han valido una buena nota en su ingreso a la Universidad. Un ingeniero más en la familia.

Con la EVAU de su hermano Juan, hace dos años, le unen muchas cosas: una parecida elección; la prohibición de móviles y materiales electrónicos e impresos no propios del examen… Y otras le diferencian: la prueba en el instituto, distancia interpersonal, mascarilla, hidrogel, desinfección del aula. Y, sobre todo, casi un curso completo, el pasado, no presencial.

Ahora que empezamos a salir de una crisis sanitaria atroz, entrar en la Universidad supone garantía de futuro. Carreras humanísticas, sociales y artísticas, aportan un gran servicio; amén de valores, belleza y cultura, no menos imprescindibles. En Ciencias el abanico es amplio, de lo bío-sanitario, pasando por las matemáticas de empresa, la enseñanza o la investigación, a la tecnología.

Hacen falta psicólogos, más atención en las residencias, investigadores excelentes. El campo de la Ingeniería Informática da para mucho: nuevas aplicaciones para las necesidades más actuales, dispositivos adaptados, avances en medicina… “La juventud es consciente de que se enfrenta a un mundo más complejo e inestable. En tiempos difíciles se agudiza el ingenio” (Estanislao Nistal, virólogo y profesor).

De pequeño, Jorge decía: “Inventaré una vacuna para no morirnos nunca”. Al menos, este año lo han celebrado en Salou.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domigo 20 de junio de 2021).

Concierto floral

Concierto floral

Foto Jesús Alba

Libros, gastronomía, cultura, flores. El pasado fin de semana el parque José Antonio Labordeta fue una fiesta. El puente de los Cantautores con los círculos, de Carles Fontanillas, el trabajado busto de Goya, el logo ZGZ Florece. La fuente de Neptuno y la catarata de Myriam Aznar, la escalinata al Batallador y los motivos de Rosa Valls, el ramo tumbado de Parques y Jardines, el Quiosco de la Música y Sefa Tur, los bonsáis junto al Jardín Botánico.

Edelvives, sabores de la tierra, actuaciones musicales… La tarde del sábado tuve el placer de acompañar al cantautor y amigo Karlos Zuazo. Cuenta con un disco hasta la fecha: “Amigo del viento”, junto con el guitarrista Marcelo Pillado y la poeta Ángela Serna, recitando en castellano “Guernicari begira” (“Mirando al Guernica).

“No quiero ser la fuente de tu río / ni el ancho mar hacia el que te encaminas, / deja que sea lluvia que alimente / el caudal cristalino en tu torrente”. Lo amatorio se une a lo reivindicativo. La defensa a ultranza del poeta a la lucha sorda por la libertad.

“Quiero escuchar al monje, / la niña y el borracho, / dejad que el loco grite sus verdades. // Que no calle el cantor, / ¡viva el poeta!”. Se paraban los niños y los perros ante el cantor de la vida. Los peques pedían a mamá y papá unas monedas que echar a la guitarra, porque a la de Karlos se unían las voces de Luis Eduardo Aute, Alberto Cortez, Joan Manuel Serrat entonando “Se equivocó la paloma” de Rafael Alberti, Mercedes Sosa en las manos de su madre, Olga Manzano y Manuel Picón…

Y tantos otros aprehendidos a lo largo de una vasta experiencia. “Para mí es el presente, disfruto viviéndolo”, comentaba el maestro y cantante de la calle. “Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan / para que no las puedas convertir en cristal”, se escuchaba de pronto a Silvio Rodríguez. Y el parque seguía floreciendo entre caléndulas y rosas, mientras sonaba el “Himno a la libertad” de Labordeta.

“Amor se llama el duende / de cabellos dorados, / vestido como el mar, / su piel de trigo, / que viene por la tarde, / que nunca llega tarde”. Acaso el poeta imprescindible es el que convierte en magia cada momento”.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 13 de junio de 2021).

Entre libros

Entre libros

Foto J. F. Losilla / Heraldo de Aragón

Mi infancia y mi educación sentimental fueron algo peculiares. Andersen y los hermanos Grimm, lo típico en los niños de mi generación. El soldadito de plomo, El patito feo, El traje nuevo del emperador, La pequeña cerillera… De origen humilde y no tan inocente como nos parecía, el autor danés contrasta con la tradición folclórica alemana: Blancanieves, La Cenicienta, Hänsel y Gretel, La Bella Durmiente, El Gato con Botas… Junto a historias para niñas aplicadas, como La ratita presumida, adaptación de Cecilia Böhl de Faber (Fernán Caballero).

Soledad infantil y preadolescente, sin escuela, que siguió nutriéndose del género fabulístico: Iriarte, Samaniego, Esopo… Y vidas de jovencitas a mi alcance: Polly, corazón de oro –en la biblioteca tranvía del parque Castillo Palomar–, Mujercitas, Bernadette Soubirous… En mis primeras colonias descubrí a Los Cinco. No había comenzado mi formación intelectual.

Ramón J. Sender, del que Contraseña reedita Míster Witt en el Cantón, iría cautivándome en su hermana Carmen –mi profesora del INBAD–. Antes de empezar Filología, visité el edificio y degusté las páginas de Bécquer, Juan Ramón, Antonio Machado o Rafael Alberti, inoculada la pasión por la poesía a través Rosendo Tello.

Se recreó el mundo en las palabras. No olvidaré el descubrimiento de Guillermo Carnero o La caja de plata, de Luis Alberto de Cuenca, gracias a Aurora Egido –con nuestros exámenes de ocho horas, mañana y tarde–. Ni el gusto por la Tragicomedia de Calisto y Melibea o Gonzalo de Berceo, que nos inspiraba María Dolores Albiac, que aquel año daba Medieval. Los Siglos de Oro, el pensamiento ilustrado, el XIX y las magistrales clases de José-Carlos Mainer, mi luego director de tesis.

Los clásicos despertaron mi intelecto. En el predoctorado me rocé con Borges. Después  La casa de los espíritus o El amor en los tiempos del cólera, el grupo de los 50, los novísimos… Y el placer, Donde el Corazón te lleve, de Susanna Tamaro, o Música blanca, de Cristina Cerezales Laforet. Miguel Labordeta, ya el centenario de su nacimiento, y el Café Niké.

De mis compañeros de caseta, Merche Llop y Sergio Navarro, a Rosa Montero. Los libros son el Alfa y el Omega.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 6 de junio de 2021).

Maestros

Maestros

Foto Asociación Aragones de Escritores

Comenzar un acto de homenaje con “Imgine” de John Lennon no está nada mal, y más cuando el homenajeado es tan polifacético como José Verón Gormaz (Calatayud, 6 de septiembre de 1946). La Asociación Aragonesa de Escritores homenajeaba estas dos últimas semanas, en el Salón de Columnas de Caja Rural de Aragón, al poeta bilbilitano y a Ángel Guinda, ambos Premio de las Letras Aragonesas.

Tras la presentación de Fernando Sarría, José Antonio Conde haría la semblanza: Ingeniería Técnica (1970-76), Administración y Planificación de Empresas en la Politécnica de Madrid; Hijo Predilecto de Calatayud, Medalla de las Cortes de Aragón… Miembro de la Real Academia de San Luis, 100 exposiciones, 300 premios de fotografía. Dijo el poeta árabe: “La mejor descripción es la que hace del oído un ojo”. Desde Legajo incorde (1980), 24 de poesía, 8 de narrativa, 5 de inspirada fotografía, cientos de artículos.

“Si deseas cruzar a la otra orilla, / imprégnate primero del lugar que abandonas”. Compromiso luz-palabra. Pasión y memoria, incorporación todas las realidades.  Yo sé que tus labios me nombran esta tarde, / porque el viento ha parado y duerme la tormenta”. Javier Fernández, presidente de la Asociación, expresó el afecto y la admiración de todos.

A Ángel Guinda (Zaragoza, 1948), despertó a la poesía gracias a la escultura de la pareja de enamorados bajo la lluvia, de Manuel López. De Vida ávida (1980) a Los deslumbramientos (2020). 26 libros de poemas, 2 ensayos sobre poesía, 3 libros de género fronterizo, 6 manifiestos poéticos, 8 traducciones, 448 artículos… Un dvd y dos cd, más la película “La diferencia”, de David Francisco, Coautor del himno de Aragón.

 “Liaba el cigarrillo / como enrollando su vida en una alfombra, / con lentitud y minuciosidad, / dispuesto a la mudanza decisiva”. Su poesía es objeto de belleza y sujeto de conducta. “La casa estaba en orden / frente al caos del mundo. / Un libro abierto / sobre la mesa / me miraba”. ¿Toda la luz del mundo o “un acto de destrucción”? “Lo diría una indígena y tendría razón: / Ustedes tienen la vida organizada en cajas”. Siempre entre Rimbaud y San Juan de la Cruz. “Me he fumado la vida / y la vida me ha fumado a mí”.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 30 de mayo de 2021).

Tragedias de hoy

Tragedias de hoy

Foto Mohamed Sial / Heraldo de Aragón

“Ya somos el olvido que seremos. / El polvo elemental que nos ignora / y que fue el rojo Adán y que es ahora / todos los hombres, y que no veremos”. El soneto, prácticamente inédito de Borges, da título al libro, El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince, y a la película, premio Goya 2021 a la “Mejor película iberoamericana”. Entrañable historia del médico colombiano Héctor Abad Gómez, padre de familia numerosa, a la que educa en la libertad, pro Derechos Humanos hasta el final. Un cordón filial que solo empieza a resquebrajarse con la muerte de Marta, la hija artista. Asesinado en Medellín el 28 de agosto de 1987.

“Un libro que desborda de amor confeso, un amor impúdico del que el lector se avergonzará” (Sergio Ramírez). La historia se repite en Colombia, El Salvador, Nicaragua, Venezuela… Hace unos días conmemorábamos el 20 aniversario de la muerte por ETA de Giménez Abad. “¿Cómo pueden matar a un hombre tan bueno?”, en palabras de Cecilia Faciolince, la esposa.

Muchos niños no tienen un recuerdo feliz al que aferrarse. ¿Lo tendrán esos 47.000 palestinos refugiados en escuelas de Gaza, sin suministro eléctrico, y en riesgo máximo de miseria y de covid? ¿Y los jóvenes israelíes? ¿Quién impulsa a lanzarse a las aguas a 8000 inmigrantes, ancianos, mujeres y hombres, adolescentes y mamás con bebés? Con un flotador de plástico que no es ningún moisés salvífico.

No mueve la esperanza, sino la desesperación. “En este momento dramático del mundo, el artista debe llorar y reír con su pueblo” (Federico García Lorca). La casa de Bernarda Alba, dirigida por José Carlos Plaza, es el drama de la madre viuda, que impone un luto de 8 años a sus cinco hijas y a su propia madre –Luisa Gavasa–. Es, Poncia, la criada, quien lo ve venir: Angustias, la hermanastra, se promete con Pepe el Romano, mientras Adela, la pequeña, vive y muere por amor. Honra y malos tratos se entremezclan.

“Las violaciones de mi tío y padrino se convirtieron en algo rutinario”. “Un hombre mata a su pareja y se suicida”. “Se confirman tres asesinatos machistas en 24 horas” –el último de un niño de 7 años–. El ditirambo clásico y las máscaras nos siguen ocultando dobles rostros.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", viernes 21 de mayo de 2021).

Caballero Bonald

Caballero Bonald

Foto Paco Campos / Efe

Conforme avanza la década de los 50, se iría superando el realismo social. Brines, Barral, Valente, Goytisolo o Gil de Biedma. Entre nosotros, la Zaragoza del café Niké. Nacidos entre 1925 y 1935, publicarían a partir de 1952. Una generación capaz de transformar la historia personal en bellísima lírica, tras unas ilusiones infantiles truncadas por la guerra y una juventud sin apenas acceso a la cultura. “Por las ventanas, por los ojos / de cerraduras y raíces, / por orificios y rendijas / y por debajo de las puertas, / entra la noche” (Las adivinaciones, 1952).

Afirmaba José Manuel Caballero Bonald en “Conversaciones en la Aljafería” (2002): “Yo no creo en La Generación de los 50, pero sí en un grupo de amigos con muchas diferencias literarias evidentes. Lo que sí nos unía era muchas cosas en común: éramos noctámbulos, desobedientes, insumisos y luego la actitud antifranquista, que nos unía a todos”, La maestría de José Ángel Valente y Carlos Barral impregnará su verso y su prosa poética: “Aquella impávida, bellísima harapienta que merodeaba por el mercado de Sanlúcar, tenía que ser sin duda la última portadora aborigen del talismán” (Laberinto de Fortuna, 1984).

No sería Espronceda ni marino. Poesía, novela, memorias, ensayo y artículo periodístico, la vocación y el tiempo lo convertirían en minucioso orfebre de la metáfora: “Me fui acercando hasta la lúgubre / frontera de la llama, todavía / reciente el maleficio” (Anteo, 1956).

Premio Platero, Boscán, Premio de la Crítica, Plaza & Janés, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, Cervantes, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española… “Las prisas en literatura son como la actividad de la carcoma”. Capaz de enfermar buscando un adjetivo, escribía: “Musgo mefítico, adherencia / matinal de lo inerte, día / a día arrastrándome / hacia un fondo de esponjas / oxidadas, broncas burbujas / balbucientes…” (Pliegos de cordel, 1963).

Cultura no asistió a su sepelio, y en la noticia de su óbito confundieron su fotografía. “Atroz historia venidera, / ¿en qué manos estamos, cuántas trampas / tendrá que urdir la vida para seguir viviendo?” (Diario de Argónida, 1997).

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", viernes 14 de mayo de 2021).

Divino tesoro

Divino tesoro

Foto www.elperiodico.com

El pasado fin de semana, 1 y 2 de mayo, se clausuraba la exposición “Como si presente me hallase”, en el Alma Mater Museum. Un total de 34 esculturas, de autores aragoneses –Antonio Palao, Félix Burriel o los hermanos Albareda– y españoles, recrean cuatro escenas principales de la religiosidad tradicional: la Última Cena, la Oración en el Huerto, la Crucifixión y la Resurrección. Me quedé con la Cena, grupo escultórico integrado por el “Señor de la Cena” y “Apostolado y perrillo”, ambos del sevillano José Antonio Navarro Arteaga. Figuras a tamaño natural y el Padre Nuestro en arameo de fondo, entras en la celebración como una comensal más, sin restricciones.

El vídeo sobre la Semana Santa aragonesa y el tambor, en la voz de Luisa Gavasa, te eleva al paraíso sin probar un solo éxtasis. Y sales a la plaza del Pilar y encuentras a grupitos de jóvenes gritando, y riendo, y fumando, y divirtiéndose, sin mascarillas. A una semana de levantar el Estado de Alarma. Seguramente es otra forma de religarse con la vida, de celebrar. Me vinieron los dos versos sin duda más citados del nicaragüense Rubén Darío: “Juventud, divino tesoro, / ¡ya te vas para no volver!”.

Unas primeras letras a cargo de mis padres, la asociación Auxilia, la parroquia, el Bachillerato a Distancia, colonias de verano, la Universidad presencial, amigos que crecen como racimos, una progresiva normalidad, el eterno enamorarse del amor… Cada generación y etapa trae sus dificultades, y este último año despertar como joven no ha sido sencillo. Confinamiento severo, clases on line o semipresenciales, interminables restricciones, relaciones por smarphone o tablet.

Y el virus y las sanciones continúan: mascarillas, bebidas en la calle, distancias en interiores, fumar a menos de dos metros, no confinamiento domiciliario, fiestas ilegales… Y además, las pruebas después de varios días contagiados, test poco fiables, bajo porcentaje de vacunación.

Educación sentimental más ansia de aire libre. El autor de Azul y Cantos de vida y esperanza escribía a su amor de madurez: “… lazarillo de Dios en mi sendero, / Francisca Sánchez, acompáñame”. Siempre le urgieron el abrazo y el beso, “síntesis de eternidad”.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", viernes 7 de mayo de 2021).

Derechos de autor

Derechos de autor

Foto Ayuntamiento de Zaragoza - Asociación Aragonesa de Escritores

Durante diez años consecutivos se ha homenajeado, en el Salón de Recepciones del Ayuntamiento de Zaragoza, la obra de un autor zaragozano, por el Día Mundial del Libro y del Derecho del Autor. Organizada por el Patronato Municipal de Educación y Bibliotecas y la Asociación Aragonesa de Escritores. En 2020, se sustituyó por la lectura on line de Benito Pérez Galdós, en el centenario de su muerte.

Fue el pasado día 22, víspera de San Jorge, cuando mis compañeros de Asociación, miembros del Patronato y del Concejo municipal, autoridades y ciudadanos de a pie comprometidos con la pandemia, me rindieron un inmerecido homenaje. Nuestro alcalde, Jorge Azcón –que amablemente adaptó el micrófono a mi altura–, la vicealcaldesa Sara Fernández y Javier Fernández, presidente de la AAE y con una larga trayectoria en el servicio de la mejor política. No faltarían Javier Peiró y María Uriol, gerentes saliente y actual del Patronato.

Solo cuatro familiares, dado el aforo restringido. Llevaba a todos mis amigos y demás familia, presente o ausente, en el corazón –muchos me seguirían por Youtube–. Juan José Badiola, asesor técnico del Consistorio, Asociación Víctimas Covid-19 y su presidenta, Mar Martín, Prevención y Salud Laboral, Bomberos, Voluntariado, Cementerio de Torrero, Limpieza Pública…

Se destacó mi libro La fuerza de los límites, Premio Tiflos 2008, y sus columnas de Heraldo de Aragón sobre la Expo y las personas con diversidad funcional. La concejala Inés Ayala Sender rompió una lanza a favor de mi poesía: “Aquí han resaltado tus artículos, pero es en los poemas donde brillas, por tu manejo del Diccionario y por todo lo que te enseñó mi madre”.

La manzana o el vértigo, Pájaros de silencio, En luna llena… Tres autoras eligieron uno de mis microrrelatos incluidos en Relatos en 90 segundos. “Han sido tus compañeros quienes de forma unánime han ensalzado tu obra”, subrayaría Paloma Espinosa Gabasa, concejala del área de Cultura. Y Julio Calvo: “Yo no soy yo, soy un compendio de lo que he leído”.

Es el primer año que se me abonan los derechos de autora por mis últimos libros. También en la pandemia la literatura ha salvado vidas, y sobre todo mentes.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", viernes 30 de abril de 2021).

Libros en femenino

Libros en femenino

Foto libro de Magdalena Lasala, Ayuntamiento de Zaragoza

El infinito sigue teniendo cabida en un papiro, una hoja o un microchip. Y es que desde el Nilo de hace 5.000 años la literatura continúa teniendo un poderoso don de gestación y vida.

Irene Vallejo sería una de las autoras más leídas en 2020. No se quedan muy atrás María Dueñas y Dolores Redondo, las dos creadoras que han respondido, en el programa ‘Reloj de Arena’ de RNE, a un sinfín de preguntas de lectores y lectoras reunidos en torno a la Biblioteca Digital de la ONCE.

El libro y la lectura parecen haber recobrado fuerza en la pandemia. El viernes, fiesta de San Jorge, volvía a celebrarse el Día del Libro en el parque José Antonio Labordeta –con el debido aforo reducido–. Es posible que las medidas profilácticas hayan venido a quedarse, como los grupos ‘on line’. Sin ir más lejos, en Facebook se ha creado el grupo ‘La Historia de Aragón contada por Urraca’, vida ya novelada antes por María Teresa Álvarez y Lourdes Ortiz.

Una vida de reina nada grata la de Urraca de Castilla junto a Alfonso I de Aragón. Desavenencias conyugales, impotencia y rabia, deseo de divorcio. Los insultos no son parcos en las crónicas y testimonios: celtíbero cruel, feroz aragonés, lobo aragonés, impío, tirano, maligno o reyezuelo cruel. No solo llegarían las palabras agraces, sino las manos a las mejillas.

Ella casaría con el conde Pedro González de Lara y tendrían dos hijos; el rey moría sin descendencia. Del siguiente capítulo se encarga José Luis Corral en ‘La reina olvidada’, en primera persona y a mitad de camino entre la ficción y la documentación histórica. Muerto sin hijos Alfonso I, su hermano Ramiro II el Monje le sucedería, dejando el convento para ser rey y procrear. De su unión con Inés de Poitiers nacería Petronila, extraordinariamente inteligente desde niña y futura Condesa de Barcelona.

El salto en el tiempo no siempre es paralelo al de las actitudes. Nuestro Ayuntamiento ha iniciado la edición de cuatro espléndidos volúmenes sobre mujeres de los siglos XIX y XX. Al frente del primero, Magdalena Lasala: «Son mujeres precursoras e inspiradoras, y al mismo tiempo protagonistas calladas o activas de la época que les tocó vivir». Josefa Amar y Borbón, Dolores Cabrera, Pilar Sinués… Y Ana Alcolea publica ‘Manuela Sancho’, nuestra heroína de Los Sitios, con ilustraciones de Coco Escribano.

«No va a pasarle nada, no hay que preocuparse, se dice, al fin en paz: ya sabemos que Raluca tiene buena suerte» (Rosa Montero).

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 25 de abril de 2021).

Desde mi sillón

Desde mi sillón

Foto facebook de Yolanda Benito Utrillas

Utilizo un epígrafe homónimo a una de mis columnas en la revista Humanizar, porque desde la pequeña atalaya de mi silla, que no se eleva a la altura del poder ni el orgullo, como la de mi ex compañero de fatigas Pablo Echenique, observo, vislumbro y comprendo muchas cosas.

Tras la vacunación de mayores de 80, dependientes, trabajadores de residencias y personal sanitario, se empezó en febrero con los grandes dependientes que vivíamos en casa. Pasaría febrero, y también marzo. No llamaban. ¿Perdida en el limbo? Entre MUFACE (Mutualidad General de Funcionarios Civiles del Estado) –mi padre es mutualista– y los reconocidos con Grado III en el Instituto Aragonés de Servicios Sociales.

Se comentaba que unos 34 000 dependientes españoles no iban a ser inoculadas, al no estar todavía valorados; así como más de 130 000 cuidadores no profesionales. Me debatía entre el desconcierto y la incertidumbre: ¿sí quiero, o lo pospongo para más adelante?

San Valentín, Cincomarzada –aniversario del confinamiento–, Semana Santa. Nadie llamaba. ¿Podría vacunarse mi cuidador conmigo? Solo en el domicilio, no en el centro de salud. Mutualistas y beneficiarios no teníamos asignado ningún centro.

La semana pasada, octava de Pascua, me citaron el sábado: en el Inocencio Jiménez a primera hora de la tarde. Me tocaba Moderna, esa que puede dar dolores de cabeza y musculares, fiebre, vómitos y diarrea, fatiga, insomnio.

Fue todo rápido y sencillo. Fui con mi hermano; y en el centro un viejo conocido: “Son 5 segundos”. Mientras explicaba a la enfermera en qué brazo, me inyectó sin sentirlo. Luego 15 minutos de espera. Para evitar posibles efectos secundarios, una buena obra teatral: “Galdós enamorado”. Dormí profundamente esa noche, y a la siguiente ya se había pasado la levísima molestia del brazo.

Comienza mi nueva libertad. Mis sistemas anímico e inmune se van equilibrando y enviándome energía. Y desde mi atalaya continúo observando mentiras, intereses, guerras entre farmacéuticas y poderosos. Mañana se estrena el documental “Amanece en Calcuta”; María de Himalaya nos exhorta: “Somos testigos en un mundo de mentiras. Tú eres hija mía, y como tal compórtate”.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", viernes 16 de abril de 2021).

Tiempo de luz

Tiempo de luz

Foto www.desdesoria.es

La cultura popular recoge alegrías y tristuras, como el romance anónimo: “Que por mayo era, por mayo, / cuando hace la calor, / cuando los trigos encañan / y están los campos en flor, / cuando canta la calandria / y responde el ruiseñor, / (…) / sino yo, triste, cuitado, / que vivo en esta prisión; / que ni sé cuándo es de día / ni cuándo las noches son”. En esta primavera o Pascua florida –recogida por la RAE y por el antiguo catecismo–, vamos de la quinta ola a la esperanza de que en ocho semanas hayamos superado lo más grave, según Margarita del Val.

Nunca estuve en una ECM (Experiencia Cercana a la Muerte), pero muchos vivimos el final del túnel. La inmunización va a ir in crescendo, y ojalá para julio o agosto lleguemos al 70%, como aseguran los políticos –pese a los reveses de la AstraZeneca y la Janssen–. Que la hostelería vaya recuperándose, y los psiquiatras no se forren con tantas afecciones neuromentales. “Ha despertado la rama / y el almendro ha florecido / y en el campo se escuchaba / el gri gri del grillo” (Antonio Machado). No sé si Elizabeth Kühler-Ross (1926-2004) estaría de acuerdo.

Quizá estemos de vuelta, o tocados; cuando no recorriendo el camino de retorno, como líricamente describe Cristina Cerezales el deterioro de su madre, Carmen Laforet –Premio Nadal 1944 con Nada–: “Y ahora, en que todos los que se mezclan conmigo me miran con lástima y conmiseración, ahora, en que los que no saben, me juzgan acabada y muda, anclada en una silla de ruedas, (…) ahora ya puedo, ya siento al fin, libre de toda trampa mental, (…) libre del terror de lo que podía acontecer con las vidas de mis hijos, ahora siento con plenitud de parte de todos ellos el mar de su cariño” (Música callada).

“Lo lógico es que el coronavirus en abril y mayo prácticamente desaparezca”, afirma el doctor Francisco Botía, jefe del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario de Murcia. Pese a las posibles mutaciones, la mortalidad de mayores de 80 se desploma.

En Soria vuelve a pingarse el Mayo; y el olmo seco de Machado se renueva, como cada vida: “Mi corazón espera / también, hacia la luz y hacia la vida, / otro milagro de la primavera”

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 11 de abril de 2021).