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La lampara encendida

Maestros

Maestros

Foto Asociación Aragones de Escritores

Comenzar un acto de homenaje con “Imgine” de John Lennon no está nada mal, y más cuando el homenajeado es tan polifacético como José Verón Gormaz (Calatayud, 6 de septiembre de 1946). La Asociación Aragonesa de Escritores homenajeaba estas dos últimas semanas, en el Salón de Columnas de Caja Rural de Aragón, al poeta bilbilitano y a Ángel Guinda, ambos Premio de las Letras Aragonesas.

Tras la presentación de Fernando Sarría, José Antonio Conde haría la semblanza: Ingeniería Técnica (1970-76), Administración y Planificación de Empresas en la Politécnica de Madrid; Hijo Predilecto de Calatayud, Medalla de las Cortes de Aragón… Miembro de la Real Academia de San Luis, 100 exposiciones, 300 premios de fotografía. Dijo el poeta árabe: “La mejor descripción es la que hace del oído un ojo”. Desde Legajo incorde (1980), 24 de poesía, 8 de narrativa, 5 de inspirada fotografía, cientos de artículos.

“Si deseas cruzar a la otra orilla, / imprégnate primero del lugar que abandonas”. Compromiso luz-palabra. Pasión y memoria, incorporación todas las realidades.  Yo sé que tus labios me nombran esta tarde, / porque el viento ha parado y duerme la tormenta”. Javier Fernández, presidente de la Asociación, expresó el afecto y la admiración de todos.

A Ángel Guinda (Zaragoza, 1948), despertó a la poesía gracias a la escultura de la pareja de enamorados bajo la lluvia, de Manuel López. De Vida ávida (1980) a Los deslumbramientos (2020). 26 libros de poemas, 2 ensayos sobre poesía, 3 libros de género fronterizo, 6 manifiestos poéticos, 8 traducciones, 448 artículos… Un dvd y dos cd, más la película “La diferencia”, de David Francisco, Coautor del himno de Aragón.

 “Liaba el cigarrillo / como enrollando su vida en una alfombra, / con lentitud y minuciosidad, / dispuesto a la mudanza decisiva”. Su poesía es objeto de belleza y sujeto de conducta. “La casa estaba en orden / frente al caos del mundo. / Un libro abierto / sobre la mesa / me miraba”. ¿Toda la luz del mundo o “un acto de destrucción”? “Lo diría una indígena y tendría razón: / Ustedes tienen la vida organizada en cajas”. Siempre entre Rimbaud y San Juan de la Cruz. “Me he fumado la vida / y la vida me ha fumado a mí”.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 30 de mayo de 2021).

Tragedias de hoy

Tragedias de hoy

Foto Mohamed Sial / Heraldo de Aragón

“Ya somos el olvido que seremos. / El polvo elemental que nos ignora / y que fue el rojo Adán y que es ahora / todos los hombres, y que no veremos”. El soneto, prácticamente inédito de Borges, da título al libro, El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince, y a la película, premio Goya 2021 a la “Mejor película iberoamericana”. Entrañable historia del médico colombiano Héctor Abad Gómez, padre de familia numerosa, a la que educa en la libertad, pro Derechos Humanos hasta el final. Un cordón filial que solo empieza a resquebrajarse con la muerte de Marta, la hija artista. Asesinado en Medellín el 28 de agosto de 1987.

“Un libro que desborda de amor confeso, un amor impúdico del que el lector se avergonzará” (Sergio Ramírez). La historia se repite en Colombia, El Salvador, Nicaragua, Venezuela… Hace unos días conmemorábamos el 20 aniversario de la muerte por ETA de Giménez Abad. “¿Cómo pueden matar a un hombre tan bueno?”, en palabras de Cecilia Faciolince, la esposa.

Muchos niños no tienen un recuerdo feliz al que aferrarse. ¿Lo tendrán esos 47.000 palestinos refugiados en escuelas de Gaza, sin suministro eléctrico, y en riesgo máximo de miseria y de covid? ¿Y los jóvenes israelíes? ¿Quién impulsa a lanzarse a las aguas a 8000 inmigrantes, ancianos, mujeres y hombres, adolescentes y mamás con bebés? Con un flotador de plástico que no es ningún moisés salvífico.

No mueve la esperanza, sino la desesperación. “En este momento dramático del mundo, el artista debe llorar y reír con su pueblo” (Federico García Lorca). La casa de Bernarda Alba, dirigida por José Carlos Plaza, es el drama de la madre viuda, que impone un luto de 8 años a sus cinco hijas y a su propia madre –Luisa Gavasa–. Es, Poncia, la criada, quien lo ve venir: Angustias, la hermanastra, se promete con Pepe el Romano, mientras Adela, la pequeña, vive y muere por amor. Honra y malos tratos se entremezclan.

“Las violaciones de mi tío y padrino se convirtieron en algo rutinario”. “Un hombre mata a su pareja y se suicida”. “Se confirman tres asesinatos machistas en 24 horas” –el último de un niño de 7 años–. El ditirambo clásico y las máscaras nos siguen ocultando dobles rostros.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", viernes 21 de mayo de 2021).

Caballero Bonald

Caballero Bonald

Foto Paco Campos / Efe

Conforme avanza la década de los 50, se iría superando el realismo social. Brines, Barral, Valente, Goytisolo o Gil de Biedma. Entre nosotros, la Zaragoza del café Niké. Nacidos entre 1925 y 1935, publicarían a partir de 1952. Una generación capaz de transformar la historia personal en bellísima lírica, tras unas ilusiones infantiles truncadas por la guerra y una juventud sin apenas acceso a la cultura. “Por las ventanas, por los ojos / de cerraduras y raíces, / por orificios y rendijas / y por debajo de las puertas, / entra la noche” (Las adivinaciones, 1952).

Afirmaba José Manuel Caballero Bonald en “Conversaciones en la Aljafería” (2002): “Yo no creo en La Generación de los 50, pero sí en un grupo de amigos con muchas diferencias literarias evidentes. Lo que sí nos unía era muchas cosas en común: éramos noctámbulos, desobedientes, insumisos y luego la actitud antifranquista, que nos unía a todos”, La maestría de José Ángel Valente y Carlos Barral impregnará su verso y su prosa poética: “Aquella impávida, bellísima harapienta que merodeaba por el mercado de Sanlúcar, tenía que ser sin duda la última portadora aborigen del talismán” (Laberinto de Fortuna, 1984).

No sería Espronceda ni marino. Poesía, novela, memorias, ensayo y artículo periodístico, la vocación y el tiempo lo convertirían en minucioso orfebre de la metáfora: “Me fui acercando hasta la lúgubre / frontera de la llama, todavía / reciente el maleficio” (Anteo, 1956).

Premio Platero, Boscán, Premio de la Crítica, Plaza & Janés, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, Cervantes, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española… “Las prisas en literatura son como la actividad de la carcoma”. Capaz de enfermar buscando un adjetivo, escribía: “Musgo mefítico, adherencia / matinal de lo inerte, día / a día arrastrándome / hacia un fondo de esponjas / oxidadas, broncas burbujas / balbucientes…” (Pliegos de cordel, 1963).

Cultura no asistió a su sepelio, y en la noticia de su óbito confundieron su fotografía. “Atroz historia venidera, / ¿en qué manos estamos, cuántas trampas / tendrá que urdir la vida para seguir viviendo?” (Diario de Argónida, 1997).

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", viernes 14 de mayo de 2021).

Divino tesoro

Divino tesoro

Foto www.elperiodico.com

El pasado fin de semana, 1 y 2 de mayo, se clausuraba la exposición “Como si presente me hallase”, en el Alma Mater Museum. Un total de 34 esculturas, de autores aragoneses –Antonio Palao, Félix Burriel o los hermanos Albareda– y españoles, recrean cuatro escenas principales de la religiosidad tradicional: la Última Cena, la Oración en el Huerto, la Crucifixión y la Resurrección. Me quedé con la Cena, grupo escultórico integrado por el “Señor de la Cena” y “Apostolado y perrillo”, ambos del sevillano José Antonio Navarro Arteaga. Figuras a tamaño natural y el Padre Nuestro en arameo de fondo, entras en la celebración como una comensal más, sin restricciones.

El vídeo sobre la Semana Santa aragonesa y el tambor, en la voz de Luisa Gavasa, te eleva al paraíso sin probar un solo éxtasis. Y sales a la plaza del Pilar y encuentras a grupitos de jóvenes gritando, y riendo, y fumando, y divirtiéndose, sin mascarillas. A una semana de levantar el Estado de Alarma. Seguramente es otra forma de religarse con la vida, de celebrar. Me vinieron los dos versos sin duda más citados del nicaragüense Rubén Darío: “Juventud, divino tesoro, / ¡ya te vas para no volver!”.

Unas primeras letras a cargo de mis padres, la asociación Auxilia, la parroquia, el Bachillerato a Distancia, colonias de verano, la Universidad presencial, amigos que crecen como racimos, una progresiva normalidad, el eterno enamorarse del amor… Cada generación y etapa trae sus dificultades, y este último año despertar como joven no ha sido sencillo. Confinamiento severo, clases on line o semipresenciales, interminables restricciones, relaciones por smarphone o tablet.

Y el virus y las sanciones continúan: mascarillas, bebidas en la calle, distancias en interiores, fumar a menos de dos metros, no confinamiento domiciliario, fiestas ilegales… Y además, las pruebas después de varios días contagiados, test poco fiables, bajo porcentaje de vacunación.

Educación sentimental más ansia de aire libre. El autor de Azul y Cantos de vida y esperanza escribía a su amor de madurez: “… lazarillo de Dios en mi sendero, / Francisca Sánchez, acompáñame”. Siempre le urgieron el abrazo y el beso, “síntesis de eternidad”.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", viernes 7 de mayo de 2021).

Derechos de autor

Derechos de autor

Foto Ayuntamiento de Zaragoza - Asociación Aragonesa de Escritores

Durante diez años consecutivos se ha homenajeado, en el Salón de Recepciones del Ayuntamiento de Zaragoza, la obra de un autor zaragozano, por el Día Mundial del Libro y del Derecho del Autor. Organizada por el Patronato Municipal de Educación y Bibliotecas y la Asociación Aragonesa de Escritores. En 2020, se sustituyó por la lectura on line de Benito Pérez Galdós, en el centenario de su muerte.

Fue el pasado día 22, víspera de San Jorge, cuando mis compañeros de Asociación, miembros del Patronato y del Concejo municipal, autoridades y ciudadanos de a pie comprometidos con la pandemia, me rindieron un inmerecido homenaje. Nuestro alcalde, Jorge Azcón –que amablemente adaptó el micrófono a mi altura–, la vicealcaldesa Sara Fernández y Javier Fernández, presidente de la AAE y con una larga trayectoria en el servicio de la mejor política. No faltarían Javier Peiró y María Uriol, gerentes saliente y actual del Patronato.

Solo cuatro familiares, dado el aforo restringido. Llevaba a todos mis amigos y demás familia, presente o ausente, en el corazón –muchos me seguirían por Youtube–. Juan José Badiola, asesor técnico del Consistorio, Asociación Víctimas Covid-19 y su presidenta, Mar Martín, Prevención y Salud Laboral, Bomberos, Voluntariado, Cementerio de Torrero, Limpieza Pública…

Se destacó mi libro La fuerza de los límites, Premio Tiflos 2008, y sus columnas de Heraldo de Aragón sobre la Expo y las personas con diversidad funcional. La concejala Inés Ayala Sender rompió una lanza a favor de mi poesía: “Aquí han resaltado tus artículos, pero es en los poemas donde brillas, por tu manejo del Diccionario y por todo lo que te enseñó mi madre”.

La manzana o el vértigo, Pájaros de silencio, En luna llena… Tres autoras eligieron uno de mis microrrelatos incluidos en Relatos en 90 segundos. “Han sido tus compañeros quienes de forma unánime han ensalzado tu obra”, subrayaría Paloma Espinosa Gabasa, concejala del área de Cultura. Y Julio Calvo: “Yo no soy yo, soy un compendio de lo que he leído”.

Es el primer año que se me abonan los derechos de autora por mis últimos libros. También en la pandemia la literatura ha salvado vidas, y sobre todo mentes.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", viernes 30 de abril de 2021).

Libros en femenino

Libros en femenino

Foto libro de Magdalena Lasala, Ayuntamiento de Zaragoza

El infinito sigue teniendo cabida en un papiro, una hoja o un microchip. Y es que desde el Nilo de hace 5.000 años la literatura continúa teniendo un poderoso don de gestación y vida.

Irene Vallejo sería una de las autoras más leídas en 2020. No se quedan muy atrás María Dueñas y Dolores Redondo, las dos creadoras que han respondido, en el programa ‘Reloj de Arena’ de RNE, a un sinfín de preguntas de lectores y lectoras reunidos en torno a la Biblioteca Digital de la ONCE.

El libro y la lectura parecen haber recobrado fuerza en la pandemia. El viernes, fiesta de San Jorge, volvía a celebrarse el Día del Libro en el parque José Antonio Labordeta –con el debido aforo reducido–. Es posible que las medidas profilácticas hayan venido a quedarse, como los grupos ‘on line’. Sin ir más lejos, en Facebook se ha creado el grupo ‘La Historia de Aragón contada por Urraca’, vida ya novelada antes por María Teresa Álvarez y Lourdes Ortiz.

Una vida de reina nada grata la de Urraca de Castilla junto a Alfonso I de Aragón. Desavenencias conyugales, impotencia y rabia, deseo de divorcio. Los insultos no son parcos en las crónicas y testimonios: celtíbero cruel, feroz aragonés, lobo aragonés, impío, tirano, maligno o reyezuelo cruel. No solo llegarían las palabras agraces, sino las manos a las mejillas.

Ella casaría con el conde Pedro González de Lara y tendrían dos hijos; el rey moría sin descendencia. Del siguiente capítulo se encarga José Luis Corral en ‘La reina olvidada’, en primera persona y a mitad de camino entre la ficción y la documentación histórica. Muerto sin hijos Alfonso I, su hermano Ramiro II el Monje le sucedería, dejando el convento para ser rey y procrear. De su unión con Inés de Poitiers nacería Petronila, extraordinariamente inteligente desde niña y futura Condesa de Barcelona.

El salto en el tiempo no siempre es paralelo al de las actitudes. Nuestro Ayuntamiento ha iniciado la edición de cuatro espléndidos volúmenes sobre mujeres de los siglos XIX y XX. Al frente del primero, Magdalena Lasala: «Son mujeres precursoras e inspiradoras, y al mismo tiempo protagonistas calladas o activas de la época que les tocó vivir». Josefa Amar y Borbón, Dolores Cabrera, Pilar Sinués… Y Ana Alcolea publica ‘Manuela Sancho’, nuestra heroína de Los Sitios, con ilustraciones de Coco Escribano.

«No va a pasarle nada, no hay que preocuparse, se dice, al fin en paz: ya sabemos que Raluca tiene buena suerte» (Rosa Montero).

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 25 de abril de 2021).

Desde mi sillón

Desde mi sillón

Foto facebook de Yolanda Benito Utrillas

Utilizo un epígrafe homónimo a una de mis columnas en la revista Humanizar, porque desde la pequeña atalaya de mi silla, que no se eleva a la altura del poder ni el orgullo, como la de mi ex compañero de fatigas Pablo Echenique, observo, vislumbro y comprendo muchas cosas.

Tras la vacunación de mayores de 80, dependientes, trabajadores de residencias y personal sanitario, se empezó en febrero con los grandes dependientes que vivíamos en casa. Pasaría febrero, y también marzo. No llamaban. ¿Perdida en el limbo? Entre MUFACE (Mutualidad General de Funcionarios Civiles del Estado) –mi padre es mutualista– y los reconocidos con Grado III en el Instituto Aragonés de Servicios Sociales.

Se comentaba que unos 34 000 dependientes españoles no iban a ser inoculadas, al no estar todavía valorados; así como más de 130 000 cuidadores no profesionales. Me debatía entre el desconcierto y la incertidumbre: ¿sí quiero, o lo pospongo para más adelante?

San Valentín, Cincomarzada –aniversario del confinamiento–, Semana Santa. Nadie llamaba. ¿Podría vacunarse mi cuidador conmigo? Solo en el domicilio, no en el centro de salud. Mutualistas y beneficiarios no teníamos asignado ningún centro.

La semana pasada, octava de Pascua, me citaron el sábado: en el Inocencio Jiménez a primera hora de la tarde. Me tocaba Moderna, esa que puede dar dolores de cabeza y musculares, fiebre, vómitos y diarrea, fatiga, insomnio.

Fue todo rápido y sencillo. Fui con mi hermano; y en el centro un viejo conocido: “Son 5 segundos”. Mientras explicaba a la enfermera en qué brazo, me inyectó sin sentirlo. Luego 15 minutos de espera. Para evitar posibles efectos secundarios, una buena obra teatral: “Galdós enamorado”. Dormí profundamente esa noche, y a la siguiente ya se había pasado la levísima molestia del brazo.

Comienza mi nueva libertad. Mis sistemas anímico e inmune se van equilibrando y enviándome energía. Y desde mi atalaya continúo observando mentiras, intereses, guerras entre farmacéuticas y poderosos. Mañana se estrena el documental “Amanece en Calcuta”; María de Himalaya nos exhorta: “Somos testigos en un mundo de mentiras. Tú eres hija mía, y como tal compórtate”.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", viernes 16 de abril de 2021).

Tiempo de luz

Tiempo de luz

Foto www.desdesoria.es

La cultura popular recoge alegrías y tristuras, como el romance anónimo: “Que por mayo era, por mayo, / cuando hace la calor, / cuando los trigos encañan / y están los campos en flor, / cuando canta la calandria / y responde el ruiseñor, / (…) / sino yo, triste, cuitado, / que vivo en esta prisión; / que ni sé cuándo es de día / ni cuándo las noches son”. En esta primavera o Pascua florida –recogida por la RAE y por el antiguo catecismo–, vamos de la quinta ola a la esperanza de que en ocho semanas hayamos superado lo más grave, según Margarita del Val.

Nunca estuve en una ECM (Experiencia Cercana a la Muerte), pero muchos vivimos el final del túnel. La inmunización va a ir in crescendo, y ojalá para julio o agosto lleguemos al 70%, como aseguran los políticos –pese a los reveses de la AstraZeneca y la Janssen–. Que la hostelería vaya recuperándose, y los psiquiatras no se forren con tantas afecciones neuromentales. “Ha despertado la rama / y el almendro ha florecido / y en el campo se escuchaba / el gri gri del grillo” (Antonio Machado). No sé si Elizabeth Kühler-Ross (1926-2004) estaría de acuerdo.

Quizá estemos de vuelta, o tocados; cuando no recorriendo el camino de retorno, como líricamente describe Cristina Cerezales el deterioro de su madre, Carmen Laforet –Premio Nadal 1944 con Nada–: “Y ahora, en que todos los que se mezclan conmigo me miran con lástima y conmiseración, ahora, en que los que no saben, me juzgan acabada y muda, anclada en una silla de ruedas, (…) ahora ya puedo, ya siento al fin, libre de toda trampa mental, (…) libre del terror de lo que podía acontecer con las vidas de mis hijos, ahora siento con plenitud de parte de todos ellos el mar de su cariño” (Música callada).

“Lo lógico es que el coronavirus en abril y mayo prácticamente desaparezca”, afirma el doctor Francisco Botía, jefe del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Universitario de Murcia. Pese a las posibles mutaciones, la mortalidad de mayores de 80 se desploma.

En Soria vuelve a pingarse el Mayo; y el olmo seco de Machado se renueva, como cada vida: “Mi corazón espera / también, hacia la luz y hacia la vida, / otro milagro de la primavera”

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 11 de abril de 2021).

Tiempo de esperanza

Tiempo de esperanza

Foto www.omo.es

De pequeña, me ponía nerviosa el Domingo de Ramos, cuando leían la Pasión de Cristo. Cerca de casa, vivía una curiela que dicen se quedaba muerta, sin comer ni beber, durante el triduo pascual. Mucho llovió desde mis imaginaciones infantiles a la formación adulta, pero era cierto: jamás ningún artista pudo representar el sufrimiento atroz de Jesús, único reo humano torturado y crucificado después. “Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos” (Isaías 52, 14-15).

Ninguna sanadora o niña fantasiosa podría vislumbrar lo que iba a venir pasadas décadas. Calles sin procesiones, vaciadas de pronto por un virus maléfico que envenenaba el aire. Los niños encerrados en su casa, sin jugar al balón ni columpiarse, sin colegio; sin ver a los abuelos más que por videollamada, solos en un cuarto de la resi, y eso si no desaparecían convertidos en cenizas, para siempre. Los papás trabajando en el salón, sin poder abrazarnos ni besarnos, solo de ventana a ventana. Un tiempo de mucha enfermedad, y mucho sufrimiento, y mucha muerte.

La Semana Santa inspiraría a multitud de creadores. Nos comparte Ana Alcolea: “Cuando pasamos la Semana Santa en esta cabaña, nuestra tradición es escuchar la ópera Parsifal, de Wagner. (…) Un recordatorio de la Santa Cena del Jueves Santo, de la Pasión y de la Resurrección, con una música en la que se siente lo sagrado, sea uno creyente o agnóstico”. Literatura, música, cine… Yo misma poemaría escenas evangélicas: “Los juncos de la orilla te hablaban de lo oscuro, / las púas de los cactus laceraban la sombra. / Corría por tu cuerpo un sudor frío” (Flor de agua).

Y aun así, pese a tanta belleza, las mujeres y los hombres seguimos enfermando de covid, de accidentes cardiovasculares, de miseria. Y el Mesías, inocente, padeciendo un escarnio inhumano: “Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura” (Juan 19, 2).

Primavera, más luz, las vacunas. “Duele. Duele un montón. Pero va a pasar. Y cuando sane, más alto vas a brillar…” (El Principito). Es la losa corrida.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aeagón, "Tribuna")., viernes 2 de abril de 2021).

Tiempo de pasión

Tiempo de pasión

Foto www.heraldo.es

Hoy, Domingo de Ramos, seguimos celebrando mucho más la sombra de la Cruz  que el Hosanna a la vida. Y en este tiempo de pandemia, de ausencias sin duelo y “cortes de los milagros” del siglo XXI, van colándosenos por lo bajinis leyes en torno a la educación y la vida, o su reverso.

Hace apenas unos días se aprobaba, en el pleno del Congreso, la Ley Orgánica que despenaliza la Eutanasia, por 202 a 141 goles, digo, votos. En principio, para “padecimiento grave, crónico e imposibilitante o enfermedad grave e incurable, causantes de un sufrimiento intolerable”. Por “una sociedad más humana y más justa”, y en aras de un progreso que no ha de tener freno y marcha atrás.

Ser español y estar empadronado, mayor de dieciocho, estar enfermo, sentirse morir hasta el infinito o padecer una discapacidad sin solución de cura. ¿Cuántos de nosotros no ha sufrido alguna vez momentos especialmente bajos? ¿Quién no tiraría la toalla? ¿Todos los santos subidos a los altares no tuvieron en su vida tentaciones? Y el propio Jesucristo: “… aparta de mí este cáliz”.

No quiero mezclar churras con merina, pero en la misma esencia del ser humano está evitar el sufrimiento. ¿Cuántos pequeños en situación de violencia no desearían terminar? ¿Y ancianos en la más absoluta soledad? Todavía, muchos grandes dependientes no tienen quien les levante y lave dignamente cada día –aún se debate si Ramón Sampedro no sería uno de ellos–.

No es el mejor momento, en cualquier caso. Decidir en libertad e igualdad de oportunidades, sí. Pero cuando ha habido más de 50.000 diversos funcionales abandonados, tantos mayores a los que se denegaba un respirador… ¿Sacarse de la manga una ley de eutanasia a la carta y a domicilio?

Claro, hay un comité de expertos que puede estudiar cada caso durante tres meses –¡como si alguien fuese experto en mi vida!--. Se puede solicitar hasta cuatro veces. “¿Cuáles son los porcentajes de los fallecidos “por eutanasia” que fueron inducidos a pedirla?” (José Carlos Bermejo, director del Centro de Humanización de la Salud). ¿Dónde la asistencia personal? ¿Y los cuidados paliativos? Un atajo a la muerte, las cosas por su nombre. La verdad nos hará libres.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón "Tribuna", domingo 28 de marzo de 2021).

365 días

365 días

Foto www.heraldo.es

Este martes cumplíamos un año. El tiempo suficiente para que un bebé apague su primera vela con ayuda de papá y mamá. O para recordar a nuestro ser querido ya con cierto consuelo, pasado el trago duro. Ahora es diferente.

La edición de La danza de la muerte, con Natalio Bayo, Cinco horas con Mario con Lola Herrera o El funeral de Concha Velasco, en el Teatro de las Esquinas, el homenaje a Trinidad Ruiz Marcellán en el 50 aniversario de Olifante, el ciclo de Introducción a la Música en el Auditorio, la habitual torreznada anual en el Centro Soriano antes de la Cincomarzada, o “La llamada a lo salvaje”, la última película, con el perrito Buck, en la Alaska de la fiebre del oro del XIX, y Harrison Ford de protagonista. Parece que ha pasado un milenio.

Todavía incrédulos, nos reuníamos en la cafetería del hotel Reina Petronila; o comentábamos con el fotógrafo Rafael Navarro y una compañera: “Poco más que un catarro”. El 15 de marzo fue mi última escapada, al Parque Grande –un señor con su cachorro– y a ver a mi pareja. Un bicho insospechado vació las calles, frías, fantasmagóricas, surrealistas.

La tristeza se adueñó de todos. Nombres de conocidos de a los que no podíamos despedirnos. Mis hermanos convivían con los niños y su teletrabajo. Mis padres de 87 años y yo, unidad familiar. Las relaciones restringidas, el Skype, las celebraciones religiosas al Streaming. ¿Era el inicio de Un mundo feliz del ya clásico Huxley?

Obviamos aniversarios como los de Baroja, los Bécquer o Delibes. La esperanza lidiaba con la distopía y teorías conspiranoides. Tras dos meses, volvía a encontrarme con mi pareja en un súper con mascarilla y guantes. Los hospitales seguían colapsados, enfermos hacinados por el suelo. Reestrenamos el noviazgo y tardamos un mes más en que entrase en casa de mis padres.

Mi silla percibió mayor limitación social. Aun así, disfrutamos de unas breves vacaciones y de tres nuevos libros: De la noche al Ángelus, En luna llena y En cuentos con Rosa, con Rosa Montero gracias a Facebook. No todo ha sido negativo. Ahora la esperanza es la vacuna. Ojalá los ancianos y los jóvenes no hayan perdido el paraíso en este largo año de pandemia.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", viernes 19 de marzo de 2021).

¿Vida más allá?

¿Vida más allá?

Foto Twitter @pflis

Ya Stephen Hawking prefijo que el futuro de la humanidad estará fuera de la tierra. Y la Greta, intentando aminorar la tragedia del cambio climático, nos dejó sorprendidos estupefactos. Pero no podíamos sospechar que Nostradamus, ¿médico y astrólogo? (Michel de Nötre-Dame, 1503-1556, boticario de profesión) augurase en sus cuartetas crípticas la pandemia de 2020 en Pau, Verona, Vicenza y Zaragoza: “Y en el año de los gemelos / surgirá una reina (corona-virus) / desde el oriente / que extenderá su plaga/de los seres de la noche (murciélagos) / a la Tierra de las siete colinas (Italia)  / transformando en polvo/a los hombres del crepúsculo (ancianos), / para culminar en la sombra de la ruina (crisis económica)”.

Fórmulas poético-exotéricas de un iluminado del XVI, no exentas de belleza, se mezclan, en mentes fatigadas por la pandemia, con otras en principio más científicas. ¿Habrá más olas? ¿Qué cepa no respetará vacuna alguna? Bill Gates anuncia una epidemia gripal devastadora como la de 1918. La doctora Del Val habla de insectos…

¿Ha llegado la hora de la diáspora? Perseverance amartiza en el cráter Jezero y abrimos los ojos y los oídos como platos. Vida microbiana a una distancia infinito-infinitesimal –tiempo y espacio se mezclan en mi mente relativa–, rocas y regolitos, ¿llevaría un río misterioso al lago del edén? El medio ambiente marciano ha podido conservar seguramente signos de vida afianzada hace miles de millones de años”.

Un vehículo o rover espacial toma fotos y sonidos de Marte, no solo de los siete minutos de emoción y terror a su llegada, sino también de la inversión magnética o rotura temporal que provocó miles de extinciones, como en la Tierra: “A los primeros seres humanos que tuvieron que vivir aquel momento les debió de parecer el fin de los días” (Alan Cooper). Muerte de los neandertales, arte figurativo en las cuevas, glaciares de Norteamérica, desaparición masiva de la fauna de Australia y Tasmania…

¿Hay vida más allá? ¿La hubo en un tiempo? La cara de la Luna sí conserva las huellas de los primeros astronautas. ¿Viajaremos al planeta rojo antes de la próxima pandemia, o asteroide? Mientras, que nos dejen soñando.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Áragón, "Tribuna", viernes 12 de marzo de 2021).

Sender, la guerra y la mujer

Sender, la guerra y la mujer

Foto www.españaescultura.es

Desde hace 110 años celebramos el Día Internacional de la Mujer en Europa. Tampoco hemos podido celebrarlo en las calles, como nuestra cincomarzada, a los 185 años de nuestro levantamiento frente al ejército carlista. Aunque no falte la fiesta, la memoria ni los grandes autores, Galdós o Valle-Inclán.

En un tiempo de pandemia, las desgracias humanas no están ausentes. Disfrutábamos a finales de febrero, en el teatro Principal, Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender –en el 120 aniversario de su nacimiento–; bajo la magistral dirección de Marian Pueo y la sublime adaptación teatral de Alfonso Plou. El aforo permitido lleno, la admiración del público.

Me llegaba un escrito casi inédito del autor de Imán, Mr. Witt en el cantón o Crónicas del alba. El artículo se publica en El Telegrama del Rif –que ha cumplido 110 años de su creación–, el 6 de septiembre de 1923, siendo Ramón José sargento de complemento del Regimiento Ceriñola 42, en Kandussi (Melilla), donde estaría cuatro meses.

“Antes de llegar a Segangan, veíamos las alturas de San Juan de las Minas y tomábamos como punto de referencia un blocaus que existe en la cúspide del penacho más pronunciado. Calculamos el tiempo que tardaríamos en llegar a la base: una hora” (“Psicología de la marcha”, en la sección “Arabescos”).

Topónimos, anécdotas, descansos… “El momento más interesante es este en que la aguja carraspea sobre el disco antes de iniciar la música” (“El gramófono”). Diez Arabescos entre 1922 y 1924, tras el desastre de Annual del 21.

Coetáneo a la génesis de Imán (1930), que termina en copla de cuplé: “El corazón de las mujeres / y las trompetas de la Fama / al ver pasar a los soldados, / repiten siempre: ¡Viva España!”.

José Marqués, mi cortés informante, citado a su vez por Juan Domínguez Lasierra en algunas páginas de HERALDO DE ARAGÓN, deudores ambos del escritor de Chalamera. Y Viance, precursor y compañero literario de Paco el del Molino. “Trata de contar la tragedia de Marruecos como pudo verla un soldado cualquiera de los que conmigo compartieron la campaña (Iman, nota a la primera edición).

”Conquista de la dignidad, guerra y pandemia, ¿tienen algo en común?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", lunes 8 de marzo de 2021).

Joan Margarit

Joan Margarit

Foto José Jiménez. Ceremonia íntima en el palacete Albéniz (Barcelona).

Vivió y escribió entre dos dolores, de la guerra civil a la pandemia. No le quitó la vida, pero le robó como a tantos la ilusión, para él de festejar como se merecía el Premio Cervantes 2019. Aunque estaba de vuelta: “La libertad es una librería. / Ir indocumentado. / Las canciones prohibidas”.

Sus más de treinta poemarios, su Cristóbal Colón, el estadio y anillo olímpico de Montjuic o la Sagrada Familia, no desdoran su cátedra de Cálculo de Estructuras en la Escola Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona. “Albañiles al alba encienden fuego / con restos de encofrados”.

Joan Margarit es de esos poetas “que no suelen abanderarse en la espontaneidad sino en la densidad” (José-Carlos Mainer). Estación de Francia, Cálculo de estructuras o Casa de misericordia retrotraen al pasado, pero la belleza se encarna en Joanna, la hija con síndrome de Rubinstein-Taybe que sintió perder en ocho meses: “La he cambiado por la seducción / de la ternura iluminando el hueco / que la razón dejó en tu rostro”.

Nacido inmigrante en Sanaüja (Lleida), por esas cosas de la vida y la guerra. Sus primeras palabras son castellanas, para saberse pronto cómodo en el catalán. Un adolescente que ama a Góngora y Quevedo, Machado y Juan Ramón, Josep Pla, Martí i Pol, Salvador Espriu, pero también a Paul Celan o Rilke; todo un símbolo de consenso. “Es el niño callado que jugaba solo. / Permanece detrás de estos ojos de viejo, / resiste la embestida brutal del mediodía / oyendo los confusos versículos del mar”.

Hombre comprometido con el tiempo y sus circunstancias, desde lo cotidiano: “Cuando veníamos de noche / a tirar la basura, / nos quedábamos a ver el firmamento”. Un niño grande que ve pasar irremisiblemente la vida, y se duele, y se extraña: “Y hay tanta oscuridad en cada manga / que las manos, artríticas y frías, / son un olvido o una despedida”.

Un demiurgo que sana desde la experiencia en este oscuro año para olvidar. “Solo sé que me marcho con mis muertos”. Un poeta que supo construir un edificio sólido y confortable. La semana pasada nos dejaba. “Cavar entre las piedras, los terrones, / las raíces que nunca arrancarás”. Y habitamos su obra, para siempre.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 26 de febrero de 2021).

Vacunas y vulnerabilidad

Vacunas y vulnerabilidad

Foto www.freepik.es

Según la Estrategia de vacunación COVID-19 –Consejo Interterritorial, Sistema Nacional de Salud–, “evaluando  los  riesgos  de  exposición,  transmisión,  morbilidad  grave  y  mortalidad”, se han considerado unos primeros grupos susceptibles de inmunización: residentes y trabajadores en residencias, personal sanitario y socionanitario de primera línea y otro personal sanitario, personas consideradas grandes dependientes y mayores de 80 años.

Aunque no sea exactamente igual un varón o mujer de 81, que no se valen por sí mismos, que mi tía de 94, que sigue viviendo sola y completamente lúcida en su casa. Las defensas bajan con la edad, eso es cierto.

El grupo cuarto sería el de “grandes dependientes,  es  decir,  con  necesidad  de  intensas  medidas  de  apoyo”, no institucionalizados. Y yo haría dos subgrupos: grandes dependientes vulnerables y no vulnerables. Vulnerable, ‘que puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente’ (Diccionario de la lengua española).

Personalmente, yo no me he sentido nunca especialmente vulnerable. Desde que con un añito, en el tacatá, unía mis manitas mimetizando a las señoras, a la Primera Comunión, cuando quería levantarme y cantar como los otros niños, a mis Estudios Primarios, el Bachillerato a Distancia –Carmen Sender, Rosa Palacios–, la Universidad presencial, salidas con amigos, o un amor y una sexualidad sin diferencias.

Claro, necesitamos mucho apoyo, lo que casi siempre se obvia o se olvida. Una asistencia personalizada, que los gobiernos y la administración siguen negándonos. Me llegaba esta nota: “32.000 (grandes dependientes) no podrán ser vacunados. Al no haber sido valorados, no están localizables. También se excluye a las 134.000 cuidadoras no profesionales que deberían ser vacunadas por estar cuidando a las personas grandes dependientes” (Foro de Vida Independiente).

Siempre hay discriminación. Esperemos que no se repita el triaje de la primera ola: “Cualquier persona con deterioro cognitivo, (…) no será subsidiaria de ventilación mecánica intensiva” (Grupo de Trabajo de Bioética de la SEMICYUD, Madrid).

Hay miles de diversidades funcionales, y de enfermedades que invalidan. ¿Es mucho pedir diferenciar? “…en su opinión, el camino correcto es vacunar al "100% de los grupos vulnerables y seguir con las medidas restrictivas” (Margarita del Val). ¿Quiénes más vulnerables?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Foco", viernes 19 de febrero de 2021).

Nuevas formas de amar

Nuevas formas de amar

Foto www.infobae.com

Cada edad, etapa de la vida y de la historia, impasse de sosiego o tiempo turbulento –guerra, hambruna, dictadura, epidemia--, va marcando unos modos de relacionarnos, cortejar, festejar, ligar, atraer, seducir a la pareja. Nada que ver cómo se enamoraban nuestras abuelas, con tímidos acercamientos antes del desposorio, a la libertad pre-sida o pre-covid o este último año. ¿Siguen las mariposas en los estómagos y un canto de ruiseñor en la cabeza?

Escribe Antón Castro en “Los amantes de Teruel”: “Empecé a amarte por la letra redonda de aquella primera carta. / Me llamabas “Madrina, Isabel”. Y luego me hablabas de la nieve, / de la soledad de los campos bajo los bombardeos…” (La danza de la muerte).  Catástrofe y amor están presentes en el Decamerón de Bocaccio, o La peste de Camus: “Amar o morir juntos, no hay otra solución”. La realidad supera a la ficción siempre.

Ligar es más difícil con mascarillas y distancia, y pone a prueba la imaginación: palabras que seducen, encuentros y cenas por Skype, intimidad a uno y otro lado, juguetes sexuales que interactúan mediante una aplicación… Vuelven a preferirse las parejas estables frente a la promiscuidad, aunque las que ya lo eran o han fructificado o se han roto de por vida.

Lo de Florencia y Graig, argentina y norteamericano, fue un auténtico flechazo por Instagram, mientras cubrían las protestas anti racistas por el asesinato de George Floyd. “Poco a poco los gritos y las explosiones se alejaron. Permanecimos ocultos más de una hora, para estar seguros de que no nos cogerían si salíamos antes. En ese rato sucedió todo” (Jordi Sierra y Fabra, Las palabra heridas).

Este domingo volvemos a celebrar San Valentín, como en el siglo V, uno de los tres mártires romanos con ese nombre. Posiblemente, el médico y sacerdote que casaba a escondidas a los soldados. Según la ley romana, era incompatible con las armas, y sería decapitado por Claudio II “el Gótico”.

Me impactó el titular: “Una pareja contrae matrimonio en la UCI, justo antes de ser sedados e intubados”. Un amor reposado, como el de la película “Deseando amor”, del chino Wong Kar-Wai. O el de Fermina Daza y Florentino Ariza: “Era como si se hubieran saltado el arduo calvario de la vida conyugal, y hubieran ido sin más vueltas al grano del amor” (El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez). ¡Feliz Día del Amor!

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Foco", viernes 12 de febrero de 2021).

Santas mujeres

Santas mujeres

Foto: Santa Águeda, de Zurbarán. https://commons.wikimedia.org

Mujeres que siguieron a Jesús hasta el Calvario, y las que han hecho de la cruz su palma y su victoria. De Santa Águeda de Catania y Santa Lucía, las heroínas de los Sitios –Agustina Zaragoza, Casta Álvarez, Manuela Sancho– o María Rafols, a este convulso XXI. El varón, si no el racismo más recalcitrante, nos ha hecho invisibles y más enérgicas.

¿Tenían alma las mujeres? Hildegard von Bingen, música, científica y mística alemana (siglo XII), aporta el estudio de las enfermedades, desde una perspectiva global, y del cuerpo femenino. Y Claricia, joven con vestido secular, ilumina su página, en la abadía benedictina de los santos Ulrico y Afra (Augsburgo), y se atreve a retratarse columpiándose, colgada de su Q capital.

Rompieron con el silencio impuesto. Isabel la Católica se rodeó de doctas en su Corte: Beatriz de Bobadilla, Beatriz Galindo, Lucía de Medrano, Beatriz de Silva, Catalina de Aragón –reina de Inglaterra–, María de Pacheco… Cariz renacentista y culto presente en Teresa de Jesús, por mucho que hubiese de disimular ante sus confesores. Ya en el XVII, Ana Abarca de Bolea resalta en la poesía aragonesa, según Aurora Egido o Manuel Alvar.

La España ilustrada gira entre la misoginia más atroz y una progresiva apertura, sobre todo en la prensa, preconizando en los dos siglos siguientes figuras como Concepción Arenal y Clara Campoamor. En narrativa, de Cecilia Böhl de Faber –Fernán Caballero– a Emilia Pardo Bazán la escritura de autora dio un giro completo.

Están las escritoras del 98: Carmen de Burgos, María Lejárraga –quien escribía la obra de su esposo, Gregorio Martínez Sierra–, María de Maeztu, Concha Espina, Carmen Baroja… Y las “Sinsombrero” o autoras de la generación del 27, de María Teresa León, consorte de Rafael Alberti, a Rosa Chacel o María Zambrano. Y entre nosotros Lola Mejías, esposa del profesor Eugenio Frutos.

La vida universitaria tampoco fue sencilla del XIX al XX. María Moliner sería depurada por un régimen varonil. María Antonia Martín Zorraquino nos recuerda a su madre, María Antonia Zorraquino Zorraquino, doctora en Ciencias químicas (1929): “Pocas mujeres eran universitarias; fueron pioneras ejemplares. La vida de la casada solía reducirse al ámbito doméstico”. Podríamos seguir.

Sabias y santas madres que han ido dejándonos su herencia: “Soy deudora de mi pasado, de mi abuela, que no sabía escribir” (Ana Alcolea).

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Foco", viernes 5 de febrero de 2021).

Valero y otros santos

Valero y otros santos

El prefecto Daciano juzga a los santos Valero y Vicente. Reproducción en la Catedral de Alcalá de Henares, parte del Frontal de finales del S XIII.

No hay roscón este año en la plaza del Pilar, ni en las celebraciones familiares de más de cuatro comensales, fuera de convivientes. Lo que no es óbice para olvidar a Valero, que con su acólito y asistente Vicente, preside el Concilio de Elvira (Granada, 306); y en su postreros días encuentran en Valencia martirio y destierro a Roda de Isábena. No importa tanto devolver la mitra en Zaragoza con Alfonso I, o el busto-relicario que regala Benedicto XII a la Seo (siglo XV), como la intercesión de un santo tartamudo.

Se ha perdido la voz, o se sufren parestesias, y otro santo cercano, es San Blas de Sebaste. Ermitaño en el monte Argeus (Armenia, siglo IV), donde instaló su sede episcopal, sanaba milagrosamente la garganta de humanos y animales. Martirizado y decapitado, es patrono de los otorrinolaringólogos y las enfermedades de garganta, zona nasofaríngea, hoy paso de la covid.

Puestos a sacrificios y penurias, Santa Águeda de Catania, que por honestidad rechazó al procónsul Quintianus, recuperó los senos seccionados gracias a San Pedro y fue incinerada viva, provocando la erupción del Etna. Tampoco va a poder convocarnos el próximo 5 de febrero a las mujeres, pero su estela sanadora queda. Como la de Santa Genoveva Torres, amputada, leprosa y “Ángel de la Soledad”; Teresa de Jesús o Teresa de Lisieux.

Si hay santos sanadores de llagas y epidemias, son San Juan de Dios (1495-1550), San Camilo de Lelis (1550-1614) y San Roque. Soldados y hospitalarios los primeros, Juan de Dios muere de pulmonía tras salvar a un joven del Genil. Camilo se gradúa en sufrimiento: una herida, defectuosas las piernas y los pies… El hospital de Los Incurables parece uno actual: “Se veían tullidos con muletas, paralíticos arrastrados en los típicos carrillos que se arremolinaban junto a la estacada no sin altercados y con algún desorden” (Alessandro Pronzato). Pleuritis, asma, empiema, esputos de sangre, viruelas… sus hijos, los Camilos, cuidan a infectados durante siglos.

Abogado de la peste es San Roque, un noble occitano que peregrina a Roma. Le sorprende la peste europea del siglo XIII en Placenza; un manantial calmará su sed, un perro su hambre de pan. La Iglesia de la Santa Cruz de Velamazán se dedica a San Roque, por salvar al pueblo de la peste (1686).

Creyentes o no creyentes, los santos interceden y nos recuerdan.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 29 de enero de 2021).

Vacunas

Vacunas

Isabel Zendal. Foto www.thisistherealspain.com

El nuevo hospital para enfermedades infecciosas Isabel Zendal de Madrid es un bello homenaje a esta enfermera, primera en la historia en misión internacional, mujer y madre, que moriría en la más absoluta indigencia en Puebla de los Ángeles, Nueva España. Cuidaría a los pequeños que llevaron en su propio cuerpo la vacuna de la viruela a América y Filipinas, al mando del médico militar Francisco Javier Balmis, reinando Carlos IV.

Somos cortos de memoria. Olvidamos que epidemias, catástrofes naturales y luchas de poder existen desde siempre. Obviamos la labor de Louis Pasteur, pionero de la Edad de Oro de la Microbiología, impulsor de las vacunas, los antibióticos, la esterilización y la higiene. Ignoramos el trabajo paciente de Robert Koch, uno de los fundadores de la bacteriología, descubridor del bacilo de la tuberculosis y del cólera. Hoy, aun sin sabernos ya todopoderosos e inmortales, seguimos teniendo mucha prisa.

Pfizer, Moderna, AstraZeneca, Oxford, Sputnik… Las de Jenner y Balmis contra la viruela se llevaron siete años (1796-1803), y la última de la gripe ha tenido variantes; pero nunca tantas farmacéuticas tras de un mismo virus. Es la mejor opción a corto y medio plazo, aunque las dudas continúan latentes. ¿Evitan los contagios? ¿Inoculan el virus? ¿Inmunes para siempre?

Inmunodepresivos, alérgicos, pacientes de cáncer, niños, embarazadas… no pueden vacunarse. ¿Compatible con todos las discapacidades? Habría que estudiar a la persona, cada tipo genético. ¿Mutaciones? “Aquí, en Europa y el mundo occidental, ya no es posible erradicar el coronavirus” (Margarita del Val). Quiero creer en el ARN mensajero, capaz de terminar con varias enfermedades infecciosas. En la combinación AstraZeneca-Sputnik, válida por dos años. En esa terapia de anticuerpos, en prueba en el Reino Unido, que crea inmunidad instantánea y duradera. ¿Años, décadas?

Las primeras vacunas se echaron a perder, el receptáculo debía ser humano. “La obsesión de Balmis porque entregásemos un manual de la vacuna de Jacques Louis Moreau de la Sarthe a cada uno de los médicos que conocimos era evidente. Con ello pretendíamos que la práctica de la antigua variolización quedase por completo prohibida en un futuro, y a partir de entonces sólo podrían vacunar los médicos debidamente facultados para ello” (Almudena de Arteaga, Ángeles custodios). A erradicarla se tardó siglos.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 22 de enero de 2021).

El tiempo en las manos de un artista

El tiempo en las manos de un artista

Foto Jorge Gay

Jorge Gay Molins, pintor, poeta, humanista

El tiempo en las manos del artista

Partiendo del paisaje de la infancia, a través de los tiempos que se borran y a la vez permanecen en su pupila, la herida de la sombra y, sobre todo, la luz, que da vida a cuanto contempla, sueña o ama, el pintor nos descifrando sus enigmas creadores, sencillos como el agua o los humanos.

María Pilar Martínez Barca

Lo descubrí en la exposición La ciudad, el amor y los sueños (la Lonja, Zaragoza, 2002). Me cautivó. Nace en la ciudad en 1950 y se forma en Barcelona y Madrid, París, Roma y Venecia. Miembro de Número de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis e Hijo Predilecto de Zaragoza, ha trabajado en diversos edificios públicos y murales religiosos. Flores que semejan pájaros, manos como árboles, peces que terminan conformando la figura humana. Viene exponiendo desde los veinte años.

Ahora, en Los párpados fugaces (Paraninfo de la Universidad de Zaragoza), une su maestría en el dibujo y la pintura a su generosa colaboración con otras artes. El catálogo de la exposición es un excelente poemario, verso e imagen unidos.

Pintura y vida

P. ¿A qué edad comenzó a pintar?

R. Comencé a pintar de niño. La exposición que en la actualidad realizo en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza comienza con un texto que escribí hace ya bastantes años y que explica mi relación con la pintura: “… Uno de aquellos días de verano y  vacaciones, en un pueblo color almendra y teja desgastada, una mañana transparente viendo con embeleso como mi padre perfilaba en acuarela los cuervos que revoloteaban la torre de la iglesia, se me reveló la pintura; la capacidad de misterio que tiene el gesto de pintar.

”Aquel ademán preciso que retenía el aleteo de los pájaros, me produjo un vuelco en el corazón, un deslumbramiento.  Era un estado entre la impotencia por lo inabarcable de su comprensión y el misterio de ver en un instante el vuelo parado, parado el tiempo, detenidos los pájaros, la hora, la luz… La existencia toda en un trazo. Algo así puede invitarte a pintar toda la vida”.

Mi padre era maestro y un pintor aficionado muy entusiasta. Él, de modo cariñoso y sagaz, me invitaba a acompañarle cuando, por las mañanas, salía al campo a pintar acuarelas. Así empecé a pintar. El lugar al que me refiero era La Codoñera, un pequeño pueblo del Bajo Aragón, en la provincia de Teruel. Allí descubrí la pintura: la luz, el paisaje. Cada cual es del lugar donde descubre esa luz. Entonces  se te revela  el mundo. El mundo entero se resume en el paisaje que descubres de niño y que latirá en tu corazón cada vez que  te pongas  a pintar.

P. “Ese gesto remoto es pintura. / Ese mirar antiguo es pintar”. ¿Qué significa este texto al principio de otra de las salas de su exposición?

R. Ese latir de la luz, ese frágil momento de la revelación y de la magia es el que llega a ti preservando la belleza. Nos llega desde “el siempre”, desde la antigüedad. Es el mismo gesto que tiembla en las cuevas de Lascaux o de Altamira. El que atrapa el fulgor de la vida. Por eso el gesto de pintar se remite a aquel momento remoto y  mágico que quiso preservar lo eterno.  Por eso la pintura es una manera antigua de mirar como digo en el primer poema del libro.

P. ¿Es fugaz la mirada y la obra del pintor? ¿Como el mito de Eurídice?

R. En mi obra suelo hacer narraciones  pintadas que ocurren en paisajes imaginados donde rescato el mundo. Ese gesto, esa mirada busca perpetuarse, pero es fugaz el momento, huidizo. Como Eurídice, de ahí la metáfora, puede desaparecer cuando lo miras, cuando intentas atrapar el resplandor del mundo.

El tiempo en los pinceles

P. “Pinto como el de ayer”. ¿Ha evolucionado mucho su pintura a lo largo de los años? ¿Pintaría distintas “Las estaciones” en las diferentes ciudades en las que ha vivido?

R. En mi opinión, el pintor debe ir cargando pasado y, cuando pinta, proponerlo como futuro. Nos construimos desde el pasado, aquel que nos impulsa hacia adelante. Como decía la poeta Ida Vitale, Premio Cervantes 2018: ”No se pierde sin castigo el pasado. / No se pisa en el aire”.  Pinto como el de ayer, procurando crecer en cada cuadro, ensanchando el mirar. Pinto para contar la vida, para cantar la vida y celebrarla y hacer con ello un tiempo sin horas ni minutos. Mis paisajes crecen desde ese pasado pero son nuevos: no han existido jamás. En todos ellos siempre conviven el dolor y la luz.

En cuanto a tu pregunta sobre la serie de obras titulada “Las estaciones”, decir que, como toda la exposición, tiene vocación de sinfonía musical. La construyo como un músico hace crecer una sinfonía: con sus adagios, allegros el largo, o presto… Como un paisaje musical donde ocurre de todo, donde pasa la vida, con alegría o quebranto, y donde lo que debe prevalecer es la intensidad; que ese gesto concentrado e intenso conmueva. Esa sinfonía debería ser la suma de todo lo vivido que procuré alimentar en tantas cuantas ciudades viví a lo largo de los años: Venecia, Roma, París; Barcelona, Madrid…Al final todo se hace presente acumulado para hacerlo pintura y darle nueva luz. “Que nunca sea ceniza la luz que nos enamoró”.

P. ¿Es diferente el tiempo de la pintura y de la lírica (escrita)? ¿Cuándo nació la segunda en usted? ¿Ha escrito otros libros?

R. Para mí es un tiempo muy similar: construyo imágenes en pintura y relato imágenes cuando escribo. Siento las dos del mismo modo.

Escribo desde hace muchos años, aunque lo haga de modo algo escondido. “Los fugaces párpados” es mi primer poemario publicado.

P. ¿Y el tiempo del teatro, la danza, el cine, la publicidad…? Una de la sala expone sus colaboraciones con estas otras artes.

R. El trabajo del pintor es esencialmente solitario. Por eso es una alegría, un gozo, que desde distintas disciplinas te inviten a compartir el trabajo de otros y a sumar su obra con la  tuya. Es una experiencia muy importante y gratificadora.

Significa romper la soledad y  salir del estudio. La danza, el teatro, la música, el diseño: hacer el trabajo en compañía de otros. Sumar esfuerzos y deslumbrarte con su talento. Sumarte para conseguir un fin común es una experiencia hermosa y muy muy enriquecedora, que además te permite hacer amigos cómplices y duraderos.

En busca de la bondad

P. ¿Cómo ve y expresa en pintura el dolor, la fragilidad, la enfermedad, la muerte?

¿Humaniza la pintura?

R. Para calmar el quebranto de los días, el dolor, la fragilidad, el bocado que nos da la sombra, creo que pintar, que ver la pintura, es también un modo posible de entender el mundo, una manera de amar, de cuidar, de guarecer, de ir a buscar el corazón de los humanos y poder apaciguarlo y hasta alegrarlo.

En el poemario, editado con motivo de esta exposición, escribo: ”… suficiente misterio inabarcable es contemplar el infinito océano de estrellas navegando la noche y oír fluir la sangre cabalgando subiendo hasta la almohada, inundando el cerebro mientras tiembla el desconcierto y la cama”.

Para mí ya es prodigio
la llegada de la voz al teléfono.
Colgado en los ojos de la luna:
mientras vivo sueño,
cuando sueño vuelo,
cuando vuelo imagino,
cuando imagino veo,
cuando veo pinto,
cuando pinto vivo,
cuanto pinto amo.

P. todos hemos vivido un tiempo muy duro con la pandemia. ¿Para usted ha significado un parón, o un acicate para continuar? ¿Qué pinta ahora mismo? Háblenos de su próxima exposición.

R. La pandemia es un dolor; un dolor grande que crece, se extiende y multiplica. Ojalá llegue pronto la vacuna. Hoy, creo, todavía no hay distancia para poder abarcarla y describirla. No sé como seré capaz, si es que lo hiciera, de poder reflejarla en un futuro ni si tendré deseo o necesidad de hacerlo.

Mientras, salvo los meses de confinamiento, he seguido trabajando en el estudio, terminando la exposición que ahora presento y preparando las que en un futuro y, si nada lo impide, tengo programadas en Barcelona y Bilbao.

Sigo pintando, y aunque “mugree” el día, como invito en otro poema del libro, procuro no olvidar los sueños que me hicieron fuerte ni el brillo que iluminó la infancia. Aunque cada día parezca más difícil.

SUMARIOS

“El mundo se resume en el paisaje que descubres de niño”

“Que nunca sea ceniza la luz que nos enamoró”

“Para calmar el quebranto, el dolor, la fragilidad, el bocado de la sombra, pintar es también una manera de amar”

(“Jorge Gay Molins_ pintor, poeta, humanista. el tiempo en las manos del artista”, Humanizar, N.º 174 --Madrid, enero-febrero 2021--).