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La lampara encendida

No perder las raíces

No perder las raíces

 

 

El Domingo de Ramos se siguen llenando las iglesias. Aunque algunas madres se pasen la misa comentando problemas de sus hijos, o lo ricos que crecen; y más de un padre ponga cara de “esto no va conmigo”. ¿Por lucir ese día las mejores galas? ¿Por comprar a los peques chuchees para la palma? ¿Por seguir a Cristo en su borrico? Por lo que sea, la tradición continúa arraigada y vigente.

Pese a quien pese, y a las merecidas vacaciones que todos ansiamos estos días de fiesta, las calles de Andalucía y Castilla, Valencia o Aragón, se nos llenan de imágenes del Jesús ajusticiado, flagelado, moribundo, yacente; y de su Madre Dolorosa, con lágrimas de cera, escayola o madera, que le embellecen más un rostro prematuramente envejecido. Y se apelotonan los fieles y devotos, visitantes, turistas y algún que otro niño despistado que pregunta qué quiere decir Credo –nunca lo había oído–.

La noche y la tronada retumban en los tambores muy dentro de nosotros, en cada cual con ecos diferentes, tantos como colores llevan los capirotes y los hábitos. Cuando era pequeña, había una curiela o curandera –se le llamaba así– que en estos días santos quedaba como muerta, sin comer ni beber ni respirar casi. Y antes, en ambientes rurales como el de mis padres y mis abuelos, se celebraban las tinieblas: cánticos en latín, apagadas lámparas  y velas, y un tronar tremebundo de zapatos en el suelo del coro de la iglesia. Años preconciliares de fe y temor de carbonero, hambre y oscuridad.

La de mi generación fue una espiritualidad bien diferente: de pascuas juveniles compartidas en mitad de algún monte o en una ermita aislada, de alegría sincera, de vivir a flor de piel el Fuego, el Agua, la Palabra y el Pan –las partes fundamentales de la Vigilia Pascual–. Años de transición personal y social, en los que las tildes se ponían en sílabas de vida, y no de muerte.

¿Con qué forma preferimos quedarnos? Algo tan personal como el color mismo de los ojos, o la propia fe. El Papa Francisco recomendaba el examen de conciencia; o quitar importancia a los ritos alimenticios cuaresmales y hacer más hincapié en acortar los puentes con el prójimo. Se puede en una iglesia, o recitando el Rosario; pero también, como Antonio Machado, cantando al Jesús humano que sigue andando en el mar.

Santa Teresa hablaba de compartir la cruz y la alegría con el Esposo. Personalmente, me quedo con los capirotes verdes, con la losa corrida, con la blancura del Encuentro. Con la Resurrección.

María Pilar Martínez Barca

 

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", viernes 18 de abril de 2014).

Pobres o ricos

Pobres o ricos

 

 

Foto: Luisa Roco.

 

“Hombre rico, hombre pobre”, así se titulaba una exitosa serie de televisión, estrenada en Estados Unidos en 1976 y traída a nuestra caja tonta, ya en colorines, pocos años más tarde. Me la recordaba el otro día la representación de un clásico de Miguel Mihura, “Ni pobre ni rico, sino todo lo contrario”, estrenado en el Teatro María Guerrero de Madrid el 17 de diciembre de 1943.

Abelardo, un opulento millonario, está dispuesto a perder su fortuna por amor a Margarita, una joven de clase media. Convertido en mendigo, esta lo rechaza de nuevo por demasiado pobre. Emprendedor como es, organiza a los mendigos en la Pobre Trust Company y finalmente recupera sus millones, para terminar renunciando a todo en aras de la libertad”.

¿Historias de la abuela Cebolleta? La obra era representada por la Compañía de teatro Montearagón, bajo la dirección de José Enrique López, en beneficio de ARAPRODE (Asociación Prodesarrollo Psicomotor del Niño). Doce profesionales como la copa de un pino que trabajan altruistamente. ¿Por amor al arte?

Los niños de ARAPRODE son niños con capacidades especiales, de diversidades funcionales muy distintas. En los diez años que llevan caminando, casi desde que nuestros caminos se cruzaron por esas causalidades nunca fortuitas de la vida, la Asociación ha venido desarrollando una labor inmensa. Desde el simple encuentro o la reinserción en el entorno –las familias con hijos diferentes pueden verse aisladas del círculo de amigos–, pasando por terapias específicas –hidro e hipterapia, logopedia…–, a las salidas de los fines de semana, el campamento de verano en la montaña o el apoyo entre los padres.

Ah, y la concienciación en los colegios, esencial cara a una educación realmente inclusiva. “No os imaginaríais de lo que son capaces. Están acostumbrados a las dificultades y tienen una voluntad y unas ganas de vivir impresionantes”, afirma Luisa, maestra de ceremonias y madre de Javier, un adolescente super inteligente e inquieto a quien recuerdo tan apenas un bebé.

¿Una Compañía de teatro que actúa gratis donde se le necesita? Alucinas a cuadros. Como ante tantos voluntarios, en estos tiempos, que regalan su ocio a cambio de ser felices con estos jóvenes, que tanto tienen que enseñarnos. Y vuelvo a mis años casi niños, cuando empecé a salir con otros voluntarios y jóvenes diversos. Y compruebo que una buena obra literaria, como la cualidad humana, son atemporales. ¿Pobres niños? ¿O niños que enriquecen?

María Pilar Martínez Barca

 

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El meridiano", lunes 14 de abril de 2014).

Un cielo bajo el brazo

A Estrella Gil, en su maternidad.

Nací con parálisis cerebral. Pero desde mi silla y mi lenguaje oscuro he podido viajar, entablar relaciones, doctorarme en Filología Hispánica, publicar varios libros, hacerme periodista, enamorarme. Siempre me pregunté: ¿Qué color tiene el alba cuando se pare a un hijo?

***

–Mamá, cuando nacen los niños, ¿dónde estaban?

–Aquí, en la tripita. ¿No lo sabes?

–No, quiero decir las almas. ¿De dónde viene el alma de los niños?

Mi madre me miró y guardó silencio. Demasiadas preguntas. Mucho tiempo para pensar tan alto, tan pequeña, mientras las otras niñas saltaban a la comba, jugaban a pillarse…

Los días de la infancia fueron llenos de luz; y de mar al abrigo de mi madre; y de largo pasillo interminable de unos primeros pasos inseguros; de papilla y comidas por la túrmix; de cartilla. No te levantarás de ese sillón si no lees la página. Y las noches, noches de fantasías y pequeños insomnios. De dejarle lo mejor de la cama a mi hijita Maribel, la muñeca querida. Pero a la vez de sueños y preguntas, de indagar a los astros de qué cielo lejano vendría mi hermanito a la tripa de mamá.

Escuché, a hurtadillas, que a mi madre esta vez le hicieron la cesárea. Y fui  aprendiendo a callar, yo también, a partir de esa noche de la sábana con las manchitas rojas. El tiempo comenzó a pasar más rápido, y el cuarto de los juegos y la lectura a hacerse más estrecho. Y hasta la luz se volvió distraída, o me costaba más acariciarla.

Llevaba ya unos años estudiando en mi casa, pero la Universidad me deslumbró. Cristina se ofreció a trasladarme de aula, y Ana a pasarme apuntes, y también Nacho, aunque los primeros días me lo grababa todo en la cabeza. Sucedió muy despacio, al ritmo de las clases, los exámenes, aquel viaje hasta Viena. Nos bastó una mirada, y todo cambió.

No recuerdo muy bien quién se lanzó. ¿O quizá nos dejamos arrastrar? Vale, pero de amigos. El cine, una excursión, un comentario de texto. Tenía casi pánico a los chicos. Podemos intentarlo, repetía, no seremos los únicos.

El paraíso existe. Conocer poco a poco a la persona amada es descorrer cortinas que velaban la luz. “Te deseo, indefensa, como desea el niño / la piel cálida y tersa de la madre, / la leche de su luna, una caricia”. Cuando el cielo ha llegado a estremecernos, no es posible el retorno. Y una vez más nos sorprendió la vida.

¿Qué harán con este niño?, le preguntó a mi madre la enfermera, que debía pensarse que yo era muda y tonta. Serían las semanas más oscuras. ¿Y si venía enfermo? Pero ya le quería, con la inmensa ternura incomprensible que sentía por Nacho; con la entrega sin límites que ahora más que nunca descubría en los míos. ¿Y si no era capaz? ¿Y si abortaba?

Cada noche, la horrible pesadilla de terminar con todo: Me echaba yo a la orilla, dejándole el rincón a Maribel, por que no se cayera. Nos íbamos durmiendo. Y al pronto un llanto que desgarraba el alma. Allí estaba mi niña, inmóvil, pálida como nunca de cera o de ceniza. En la sábana unas gotas, un reguero, un borbotón de sangre. Me volvía a cogerla y se me despedazaba, y yo gritaba y gritaba… Pero hija, ¿otra vez? Mi madre junto a mí, como de chiquitina: Esto no puede ser, habrá que echarle arrestos.

Nunca ha estado de moda, confesarse; pero a veces es bueno desnudarse ante otro, vaciar la papelera, soltar lastre. Me quedé como nueva y tomé la decisión.

Las alas siempre crecen de dentro para fuera. Mi pancita pesaba cada vez más, me costaba moverme de rodillas. Dejé por unos meses el periódico y me dediqué a leer, a pasear, a contemplar la espera. Y a prepararlo todo: un cochecito que pudiera empalmárseme a la silla, la cunita más baja, un biberón con mango…

–Mira, ¿a quién se parece? Tiene tus mismos ojos.

–No, mamá, es el reflejo del cielo, que aún recuerda.

¿Dónde lo había visto? Ah, sí: cuando el abuelo… Seguro que bendice a su biznieto, y nos bendice.

Ahora, mientras duerme, vuelve el sol a posarse en los peluches.

María Pilar Martínez Barca

(Historias de la vida. De amor, ilusión, humor, nostalgia. Y siempre verdaderas, Madrid, J de J Editores, 2009. Del programa radiofónico “Historias de la vida”, Cadena COPE, a beneficio de Manos Unidas).

Trenzas largas

Trenzas largas

 

 

Ilustración: Mari Carmen Remacha

Como a Pinocho le crecía la nariz, a Mita le crecían los cabellos. Y el motivo era el mismo: la mentira.

–Mami, Carlitos me ha pegado –se quejaba la niña. Su hermano tenía solo cuatro años.

–¿Seguro? ¿No le habrás dado tú? –quería saber mami–. Entonces, ¿por qué está llorando él?

En realidad, Mita le había quitado un caramelo. Se había acostumbrado a mentir igual que a llevar gafas, a la piel pecosa de su rostro o al color pelirrojo de su pelo, que crecía y crecía y crecía cada vez que decía una mentira. Era así: una niña mentirosa.

–¿No os daban hoy las notas? –preguntaba papá.

–No, todavía no. La semana que viene, ha dicho la señorita.

La verdad es que Mita había sacado un 3 en Matemáticas. Y claro, no quería enseñarlas.

Pero Mita tenía otro problema. Cada vez que decía una mentira más gorda, un poco seria, sus trenzas, que con tanto cuidado le peinaba mamá, se le ponían tiesas: una a un lado, la otra al otro. Y empezó a sentir vergüenza.

En clase, levantaba la mano solo cuando sabía la respuesta. En casa, intentaba no engañar a los mayores –aunque algún gazapo siempre se le escapaba–, ni quitarle las chuches a Carlitos. Lo peor, o mejor, estaba por llegar.

Un día, en el recreo, Adrián le cogió la mano y, sin querer, le dio un besito.

–¿Me quieres? –le preguntó su compañero Adrián.

Mita se quedó como muda. Negó con la cabeza. ¡Horror! Las pecas de su rostro se volvieron como moscas negras, en su piel enrojecida. Bajó los ojos al suelo avergonzada. Y las coletas… parecían volar de su cabeza. ¡Qué fea! Se tapó la cara y se echó a llorar.

–¿No me quieres? ¿No? ¿No? –insistía el niño.

Su compañera, Mita, le miró de reojo, le sonrió y, como sin querer, le devolvió su beso.

–¡Sí, te quiero! –soltó al fin la pequeña.

Y desde entonces, sus trenzas ya no estaban tiesas. Su bonito cabello pelirrojo, que empezó a soltarse por la espalda, crecía lo justito, pero no exagerado, como antes. Se sentía querida, ya no tenía que mentir.

María Pilar Martínez Barca

(Cuentos para compartir, Zaragoza, edición de los autores –en beneficio de ASPANOA–, 1.ª edición, diciembre 2013).

 

La Transición sobre ruedas

La Transición sobre ruedas

Foto: Heraldo

Puedo prometer y prometo que no viví en la era de los dinosaurios. Es más, ni los estudiábamos en nuestra EGB particular. Porque los niños minus-válidos no íbamos a la escuela. Los teléfonos eran de esos de rueda tan difíciles de marcar, acabábamos de estrenar la tele de color, no había alternancia de partidos ni divorcio; no existían sillas motorizadas, aceras rebajadas, aparcamientos reservados ni una red organizada de ferrocarril.

En el 76, con catorce años, yo era una cría que jugaba con muñecas. Supimos por primera vez de una asociación que ayudaba a sacar y validar sus estudios a personas con discapacidad. Tuve los primeros profes que no fueron mis padres; y comencé a salir las tardes de los sábados y, de lunes a viernes, a asistir a un aula colectiva improvisada con otros seis compañeros también en silla –dos de ellos recibían clase de alfabetización–.

Íbamos a colonias de verano, mi primera odisea fuera de casa –tenía ya los quince–. Y junto a la enorme pizarra y los Estudios Primarios, la música y la letra pegadizas de Libertad sin ira, del grupo Jarcha, entremezclada con las melacólico reivindicativas de Silvio Rodríguez, la apología de la hoz y el martillo de uno de nuestros compis –Jesús fue el primer comunista de la Historia, comentaba–, nuestras charlas tímidas o soeces sobre el sexo, éramos solo dos chicas, unos primeros besos… Yo alucinaba a cuadros. Fueron mis despertares, mi primera educación sentimental.

Por la calle, carteles y nuevas melodías en los altavoces de los coches. Se convocaron elecciones después de décadas –no tenía yo aún edad de voto–. En la televisión, manifestaciones ilusionantes de estudiantes y obreros, expresiones vetadas desde una vieja guerra, personajes políticos que volvían a España. Integración social  con otros jóvenes, un BUP a distancia. La noche en la que los tanques salieron a las calles de Valencia yo estaba enfrascada en mis estudios. Pero se me quedó grabado en la memoria el rostro de aquel joven presidente, algo canoso ya, y sus palabras: “Conviene más para el bien de España que yo me marche”.

La Universidad, unos primeros libros, todo un largo camino sobre ruedas. Y vas atando cabos: ¿posibles las autonomías y la propia autonomía personal sin un primer consenso democrático? Fueron remodelando el campo de la Uni y la ciudad; las personas con limitaciones importantes comenzamos también a salir del armario; se creó una Ley de Dependencia. Y comprendes: la pérdida del amor de tu vida puede robarte los recuerdos. Cuando entré en el Foro de Vida Independiente, la fotografía de Adolfo Suárez con el Rey nos sirvió de eslogan: “Todos somos Suárez. Todos somos diversos”.

Y añoras. Volverán las oscuras golondrinas… Porque somos globales, con la sabiduría y la memoria históricas al alcance de un clic. Pero ese ser humano y presidente, tan leal a sí mismo y a sus prójimos, que conjuraba a un tiempo crisis y terrorismo, con sólidas raíces en el Ávila mística, ese, no volverá. ¿Seguirán algún día sus sucesores el hermoso camino que inició?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El reflejo", miércoles 26 de marzo de 2014).

San Valentín de viento

San Valentín de viento

 

Foto: Jesús Alba.

Pensábamos celebrarlo en el circo, que está frente a mi casa, cuando mira por dónde empezaron a desmontar la gigantesca lona que alberga tantos sueños e ilusiones, y miradas de asombro de niños y de grandes. Nuestro querido cierzo, entrañable y traidor, amenazaba con hacer de las suyas.

Otra parte de las semillas cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra y brotó pronto por no ser hondo el suelo; pero al salir el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz” (Mateo 13, 5-6). Así es a veces el amor. Las relaciones interpersonales, de uno u otro sexo, se dan a todas luces con más precocidad –si bien una digamos tía tatarabuela contrajo matrimonio a los doce años–. Ahora el wasap, la tablet e Internet les hace conocer a los jóvenes, en el sentido bíblico, a edades más tempranas.

Sin duda con la crisis, las separaciones han disminuido, no sé si en paralelo al precio de la vivienda. Pero el amor eterno se quedó en el limbo de los cuentos, el cine y la literatura. Nadie duda de las buenas intenciones ni de las promesas de los tórtolos, pero el día a día es cuestión aparte. Y excepciones las hay que lo confirman.

¿Un médico sacerdote que casaba en secreto a los soldados? ¿Un obispo italiano? ¿O aquel otro mártir de la provincia romana de África? Todo apunta a que San Valentín vivió y fue sacrificado en el siglo III de nuestra era, cuando el emperador Claudio II perseguía el enlace cristiano del amor. La Iglesia dejó de celebrar su patronazgo por tratarse de un santo más legendario que documentado en la Historia. Hoy se intenta volver a las raíces.

“Hoy nadie nos aguantamos”, se escucha en la calle. Y un poco sí es verdad. La lupercales romanas, fiestas paganas iniciático eróticas –algún atisbo queda por Galicia– se han sustituido por las ventas, los juguetes sexuales y las cenas románticas con velitas y champán. Aunque en los últimos años las hagamos domésticas, con pizzas anticrisis compradas en el híper. Y nos quedamos inflados y vacíos, como buñuelos de viento.

¿No será que construimos sobre arena y el cierzo amenazante nos derriba la casa de los tres cerditos? Nos falta pasar como pareja por el crisol que purifica; crecer y envejecer cogidos de la mano y la mirada atenta y encendida. Nos falta corazón.

Menos mal, fue una falsa alarma: la carpa volvió a levantarse, descomunal e íntima. ¡Podemos ir al circo! Y disfrutar, como niños, y volver a enamorarnos. El amor, de adobe y de estrellas, sigue siendo real.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Día a día",  viernes 14 de febrero de 2014).

De res publica

 

 

En latín, cosa pública, asunto de interés común. De ahí el romance república, “cuerpo político de una sociedad”, o “causa pública, el común o su utilidad”, dos de las acepciones del castellano de hoy. ¡Cómo van cambiando y transfigurándose las palabras! Véase por ejemplo matrimonio, opuesto a patrimonio –de raíz y connotación femenina y masculina respectivamente–.

Pero no nos vayamos por los cerros de Úbeda. Viene todo esto a colación de que de la “politeia” griega a la política actual va un abismo de siglos y de mentalidades. O quizá no tanto, que ya a Platón le preocupaba la ética, la moral y la justicia de ese animal político que es el “homo sapiens” en sociedad. ¿Habrán elaborado un tratado a conciencia de la “polis” esos nuevos partidos que quieren presentarse a las elecciones europeas?

La marca se ha cambiado por el producto en sí, igual que en las farmacias los genéricos a raíz de la crisis –“mutación importante en el desarrollo de otros procesos, ya de orden físico, ya históricos o espirituales”, frente a recesión, “acción y efecto de retirarse y retroceder”–. A los ciudadanos de a pie o sobre ruedas no nos convencen ya las siglas.

Que nos bajen la luz, no nos suban el pan de cada día y creen más puestos de trabajo –“ocupación retribuida”–. Ese sí es un lenguaje de accesibilidad universal, que lo entendemos todos. Que cuentas y presupuestos se ajusten a números y necesidades reales, la justicia sea igualitaria, se construyan colegios en los barrios nuevos y los octogenarios dependientes –“persona que sirve a otra o es subalterna de una autoridad”– no deban esperar dos años para optar a una residencia. O muchos nos conceden plaza residencial cuando lo que pedimos es poder disfrutar de nuestras capacidades diferentes en nuestro propio entorno.

¿Juego con las palabras? ¿Y quién no? Veía el otro día la película “La ladrona de libros”, inspirada en el libro de Markus Zusak: la palabra como hálito de vida y poder en pleno imperio nazi. De eso nuestros políticos y lingüistas siguen sabiendo un rato. Aunque más que el poder es la necesidad de sentirnos queridos: “Mi vida ha recomenzado varias veces. El día que perdí las piernas, el día que retomé el deporte, el día que conocí a Juan Pablo, que hoy es mi marido, el día que nacieron mis sobrinos y, por supuesto, el más especial y determinante. (…) ¡Íbamos a ser papás!” (Nunca es demasiado tarde, princesa, Irene Villa).

Volvamos a Platón: Vemos solo las sombras en la Caverna, nunca la realidad. ¿Es así la política?

 

María Pilar Martínez Barca

("Sobre la cosa pública", Heraldo de Aragón, "Tribuna", "La opinión", martes 28 de enero de 2014).

Buenos días, alegría

Buenos días, alegría

Fuente imagen: google.es.

Cuentan que empieza a verse la luz dentro del túnel; que vamos a comenzar a remontar y a olvidar ciertas palabras –recesión, crisis, paro–. Se comenta que va a crearse y no destruirse más empleo. Dicen que la Historia es un péndulo y el fiel se inclina ya del lado positivo. Cuentan… ¿Cuentos?

Todavía alimentos y productos básicos parece que van a triplicarse. El monstruo de las siete colas las sigue alargando ante las oficinas del Inaem, los comedores sociales y muchos contenedores de los híper. Entre sus lenguas de fuego y la noche oscura de sus fauces nos ha nacido, sin embargo, una nueva criatura: 2014.

Zamora no se gana en una hora; y las cosas no suceden en un abrir y cerrar de ojos, ni de la noche a la mañana. Mientras hay vida, queda siempre esperanza. Y el amor no se mantiene en un punto, sino que crece o decrece, como decía Teresa, la santa de Ávila. Nacer: empezar a salir de su semilla, aparecer, dejarse ver en el horizonte, prorrumpir, brotar, originarse, iniciar una nueva actividad, abrirse… ¿Habrá tantas posibilidades como sinónimos?

Frontera, puente, paso. No es casual que al cambiar de año expresemos los mejores deseos; va más allá del rito. Salud para los niños y los mayores, que ahora los abuelos mantienen muchas veces a la familia; trabajo para todos, o para muchos; euros en el bolsillo para poder llegar a fin de mes. Y un poco más allá, la mejor asistencia sanitaria, formación con mayúsculas, enseñanza inclusiva que no disgregue a nadie por razón de sexo, origen, o diferencia física o intelectual.

Ya puestos a soñar, que empiecen a dotarse económicamente los recursos para la Dependencia, ya sea ayuda a domicilio o asistencia personal. Que podamos decidir sobre nuestra propia vida, las mujeres con y sin diversidad funcional, la pareja, los niños. Que nos dejen crecer en libertad.

“Buenos días, tristeza”, un verso de Paul Eluard que inspiró la célebre novela de Françoise Sagan y posteriormente la película. Antes me sucedía al caer una hoja más del calendario, y más por estas fechas; pero también en eso se madura. “Suena, guitarrico mío; / suena, guitarrico, suena, / y no te importe que el viento / vaya barriendo tus quejas”, como reza la jota. Bienvenida, esperanza.

María Pilar Martínez Barca

 

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Día a día", sábado 4 de enero de 2014).

Nace Dios

Nace Dios

Foto: Heraldo.

“Entre un buey y una mula / Dios ha nacido…”. Parte de un célebre villancico popular cantado por los siglos de los siglos, que pasó a formar parte de nuestra educación sentimental de la más tierna infancia. Y nos quedamos tan anchos.

Veía la otra noche por televisión un interesante reportaje sobre un campo de refugiados en Burkina Faso. Me recordó un belén de aquel país, hace dos o tres años, en la exposición Belenes del mundo del Joaquín Roncal. Y es que los niños, morenitos, parecían figuritas de aquel otro Nacimiento africano de madera, raquíticas y esquemáticas. Solo que esta vez los muñecos tenían movimiento y vida propia –es un decir lo último–.

Escenas más que conmovedoras: los papás que acompañan a sus niñas, enfermas de malaria y desnutrición, durante varios días en el hospital prácticamente improvisado; la sala de colchones que hace de paritorio, o la balanza –una romana con plato– para pesar a los pequeños. Acceder a la escuela prefabricada es todo un lujo; pero pasar la frontera del parto y los primeros meses de existencia no lo es menos en muchas ocasiones. El dulce proteínico que Acnur reparte por aquellos países, y cuya sobras lamen otros niños como sabrosas chuches, es un buen paliativo. Las mujeres allí no se plantean aborto sí o no: les sale espontáneo. ¿Cómo sobreviven los bebés que vienen a este mundo con una limitación algo severa?

“Para ponernos en la piel de un refugiado, hay que pensar que lo hemos perdido absolutamente todo”, afirmaba la presentadora. Mientras, aquí volvía a caldearse la polémica: “Nosotras parimos, nosotras decidimos”, frente al “Hay que defender la vida y la dignidad humana por encima de todo”. ¿Retroceso retrógrado? ¿Dónde el avance socio sanitario universal si volvemos al modelo espartano del monte Tageito? Malformaciones no, gracias.

¿Volveremos a ver a más niños con síndrome da Down en nuestra escuela inclusiva? ¿O, por el contrario, habrá más viajes a países lejanos para desencargar bebés? El rostro de la reportera lo decía todo: ¡Qué ricos! ¡Qué ternura! ¡Qué impotencia! Muchos niños no tienen ni una tienda donde guarecerse, pero sus padres se vinieron para salvar la vida. “Ay del Chiquirritín, / Chiquirriquitín, / metidito entre pajas; / ay, Chiquirritín, / Chiquirriquitín, / queridín queridito del alma”.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Día a día", martes 31 de diciembre de 2013).

Bendita inocencia

Bendita inocencia

Hace días que El Corte Inglés encendió sus estrellas y que en los escaparates brilla el espumillón y el abeto de turno, pese a esta crisis pertinaz que no termina de despedirse ni al acabar el año. Eso sí, reconozco que Papá Noel les toma la revancha a los Magos de Oriente –tan ancianos– y al Niño Jesús; y que las Monster Hight ya no son como  aquella muñeca que me trajeron de pequeña y a la que hacía sitio en mi cama. Y aun con todo vuelvo a sentirme niña.

Pero no siempre reina la ternura, el sabor a mazapán ni el reencuentro. Junto a los grandes almacenes y muchos abrigos de visones, un señor sin piernas, sin marketing ni corbata, o una abuela de pañuelo oscuro, piden por el amor de Dios. ¡Si parecen pastores o pobres anacrónicos de un belén desfasado! Si te descuidas, a la vuelta de la esquina un joven o una madre con niños buscan en un cubo de basura. ¿No se habrán confundido de tiempo y de escenario?

Mejor volver a casa, sorteando todavía conciertos callejeros de inmigrantes que vienen de lejanos países, con cajas o gorras por bandeja –nada que ver con villacicos–. Y en la televisión, no todo son noticias halagüeñas: otro caso de violencia doméstica, u otra familia que se apea del tren por no poder pagar. Al menos, este año no va a ser de hospital, aunque sigan subiendo la luz, el gas y el agua; que dicen que en algunos hospitales conviven niños y mayores en una misma habitación. ¿Será por compartir fechas tan entrañables?

Recuerdo cuando en casa tocábamos panderetas, botella –de esas de Anís del Mono– y almirez; y aquella Navidad en la que me puse triste porque le vi a papá los cabellos más canos. Luego cumples diciembres y ya sabes: unos kilos de más, sillas vacías, alguna que otra arruga en el corazón. Menos mal que los peques nos van regenerando: otra vez los regalos, y hasta los Reyes Magos y las chuches. Todo casi perfecto, si el puñetero crío nos dejara dormir; que mañana él no va a la oficina ni a la fábrica. Y mejor así.

Yo pensaba todavía, ¡ay, bendita inocencia!, que todo se trataba de un Niño que nacía, con mayúsculas, para dar dignidad a la mujer y al hombre. ¿En qué cajón perdido de la infancia guardamos aquella otra Navidad?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Día a día", martes 24 de diciembre de 2013).

Derchos inhumanos

Derchos inhumanos

Del pueblo siempre me han contado casos chuscos, o curiosos –en román paladino–: la criada que se quedaba preñada del señor, los hermanos que dejaban de hablarse o el cura y los guardias civiles que perseguían a quienes merodeaban el pedazo sembrado en fiesta de guardar. La parienta obedecía a su hombre y paría con las orejas bajas, como una hembra más; y el tonto del pueblo era el hazmereír de todos, por acuerdo tácito y consuetudinario. Haylos siempre los hubo. Pero los medios de comunicación y el raciocinio de algo nos han servido, creo yo.

Puede ser el motivo por el que nos estremecemos de pavor cuando un matrimonio prepara, con premeditación y alevosía, los abusos sexuales a sesenta empleadas de hogar. O cuando vemos por televisión los tajos que se hacen innumerables inmigrantes en potencia que quisieran salir de su esclavitud. Barbaries existieron  siempre, solo que antes ponían los dos rombos –ante actos mucho más naturales– y ahora no.

Leía en la página web del Foro de Vida Independiente: “En la diversidad funcional se difumina el género, se soslaya el género del individuo para ubicarlo en una identidad mayor desde la que definirle más fácilmente: la discapacidad. […] El concepto de igualdad de género parece no tenerse en cuenta” (Marita Iglesias). Y a continuación: “Escribiendo este artículo tiene el lugar el fallecimiento de Beatriz Egea, una mujer con ELA, víctima de malos tratos presuntamente por parte de su pareja e hijo”. Un caso extremo. Pero una profesional amiga me comentaba cómo muchos discapacitados se lesionan voluntariamente para abstraerse del “otro dolor”.

Es aquí donde me quedo a cuadros ante hechos como que San Juan de la Cruz escribiese en la cárcel de Toledo el Cántico espiritual; que Viktor Frankl apostase por la vida en el campo de Auschwitz, o que Nelson Mandela hiciese germinar una nueva Sudáfrica desde una celda miserable. “Vivimos la vida que elegimos. La vida no es muy larga, tú decides sufrir o disfrutar”, escuchaba el otro día a Irene Villa. ¿Solo cuestión de voluntad?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El meridiano", martes 10 de diciembre de 2013).

Se hace camino

Se hace camino

No hablaré de polémicas ni leyes, pese a tratar de la nueva Ley General de derechos de las personas con discapacidad y de su inclusión social (Ley General de Discapacidad): refundición de otras tres normativas anteriores: Ley de Integración Social de Personas con Discapacidad (LISMI, 1982); Ley de Igualdad de Oportunidades, no Discriminación y Accesibilidad Universal (LIONDAU, 2003), y Ley por la que se establece el régimen de infracciones y sanciones en materia de igualdad de oportunidades, no discriminación y accesibilidad universal (2007). El texto, sazonado con sabrosas especias de la Convención de la ONU de 2006, lo aprobaba el Gobierno el pasado 29 de noviembre.

Según dice un amigo, hemos ido abriendo sucesivas esferas: la de salir de casa, la de la formación, la del empleo. Y es un gozo leer en el Artículo 2 de la nueva Ley Definiciones como estas: “Discapacidad: es una situación que resulta de la interacción entre las personas con deficiencias previsiblemente permanentes y cualquier tipo de barreras que limiten o impidan su participación plena y efectiva en la sociedad”. “Igualdad de oportunidades: es la ausencia de toda discriminación, directa o indirecta, por motivo de o por razón de discapacidad”. “Vida independiente: es la situación en la que la persona con discapacidad ejerce el poder de decisión sobre su propia existencia y participa activamente en la vida de su comunidad, conforme al derecho al libre desarrollo de la personalidad”.

Se contempla la atención sanitaria y el sistema médico-preventivo-rehabilitador; el respeto a la autonomía y la dignidad; la educación inclusiva; el empleo –ordinario, protegido, autónomo–; diversas formas de discriminación, directa o indirecta, por asociación o por acoso… Pero se obvia por elemental uno de los ejes de la Convención: “Las personas con discapacidad tengan acceso a una variedad de servicios de asistencia domiciliaria, residencial y otros servicios de apoyo de la comunidad, incluida la asistencia personal que sea necesaria para facilitar su existencia y su inclusión en la comunidad y para evitar su aislamiento o separación de ésta” (Art. 19.b). ¿Cuándo se caerá del guindo? Resulta más barato que residencia.

“Al andar se hace camino, / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca / se ha de volver a pisar” (Antonio Machado). Ojalá que los niños no vuelvan a ser privados de la escuela en común con otros niños; ni que vuelvan a darse tantos tratos vejatorios por motivos de discapacidad, más frecuentes de lo que sale en las noticias. ¿Hasta cuándo remiendos en odres nuevos?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "La columna", miércoles 4 de diciembre de 2013).

No llueve a gusto...

Dicen que quien soporta nuestro clima es capaz de soportarlo todo. Y debe ser verdad. Ya bien entrado junio hacía un frío que pelaba, y a los dos días nos vino un calor que se freían los huevos en la acera. Por Pilares seguíamos sorprendiéndonos de que la temperatura no era la habitual –pese a que fue de agradecer para los feriantes y la ofrenda–; lo mismo que en los Santos. Y ahora, de repente, se ha echado encima el aguacero, un frío invernal y este cierzo traidor. Otros años en esta época ha hecho mejor tiempo. ¿Alguien nos dará gusto?

A mis sobris supongo que les supone cierto esfuerzo madrugar para ir al colegio o, ya, al instituto; pero disfrutan superándose. Y de algo tan sencillo los adultos empezamos a hacer cábalas, análisis poliédricos, comparativas, conclusiones hiper-surrealistas… ¿Educación para la diversidad o sobrevaloración de los talentos? ¿Español para todos o lenguas autóctonas y extranjeras? ¿Principado, corona o república catalano-aragonesa? ¿LOE o LOMCE? Tenía la otra noche la suerte de asistir a la Gala de ASPANOA (Asociación de Padres de Niños Oncológicos de Aragón) en su 25 aniversario. El humorista Javier Segarra, conductor de la misma junto a la periodista Mayte Salvador, invitó a participar a una niña feliz: no sabía nada de Urdangarín, Rajoy ni Don Juan Carlos; pero sí la canción del ratón de Susanita. ¿No tendrán más sentido común nuestros locos bajitos?

Escuchaba a Juan Goytisolo, flamante y merecido Premio Nacional de las Letras Españolas, cómo la Transición fue solo política, no ideológica ni mucho menos cultural. Y Javier Marías escribía recientemente en El País: “Van a cumplirse dos años desde las últimas elecciones. Sí, solo dos años, aunque parezca que Rajoy, Sáenz de Santamaría, Montoro, Mato, Wert y demás conmilitones lleven burlándonos una eternidad. […] Las partidas presupuestarias han caído en todos los ámbitos: los enfermos “copagan” sus medicamentos (es decir, los pagan dos veces); los “dependientes” se han quedado sin asistencia y algunos pacientes crónicos han de contribuir a sufragar las ambulancias que los transportan para sus tratamientos…” –y dale con mezclar churras con merinas, pero bueno–. ¿Sanidad pública o privada? ¿Tarjeta sanitaria para los inmigrantes, si o no? ¿Hasta cuándo seguir rizando el rizo? ¿Y los pacientes…? “Muerto el burro, la cebada al rabo”, decía el dicho popular.

Solo unos ejemplos. Porque entre “No hacen más que mentir” y “Estamos al final del túnel” va más de un trecho. Quizá la culpa, de Esos días raros de lluvia, de la autora María Pérez Heredia: “Solo es la historia de cómo nos convertimos en sombras sobre el asfalto y todo ese rollo. Nada más”. Habrá que aprender a sonreír. Rosa Montero habla de cómo una fiel lectora le envía una fotografía de Madame Curie sonriendo, ya cercana a la fecha de su muere, algo inhabitual en la científica. Y añadirá: “En las Navidades de 1928, Marie Curie le mandó una carta a su hija Irene para felicitarle las fiestas. Y escribió: “Os deseo un año de salud, de satisfacciones, de buen trabajo, un año durante el cual tengáis cada día el gusto de vivir, sin esperar que los días hayan tenido que pasar para encontrar su satisfacción y sin tener necesidad de tener esperanzas de felicidad en los días que hayan de venir””.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Día a día", lunes 25 de noviembre de 2013).

La discapacidad y la ley

Hay cuestiones enrevesadamente complicadas. Como persona, sin etiqueta alguna, siento un enorme alivio al recordar palabras como las pronunciadas el pasado julio por Alberto Ruiz Gallardón, ministro de justicia: “La malformación del feto no será ya un supuesto para abortar”. Nada que ver con ser casposo o progre, de izquierdas o de derechas, católico o contrario a toda creencia religiosa. Libertad por encima de todo. “No solo debe tener la mujer el derecho a decidir sobre un embarazo no deseado, sino que también es necesario que las condiciones socio-económicas y laborales permitan que las mujeres que quieran ser madres puedan serlo” (Elfriede Harth, socióloga e integrante de Católicas por el Derecho a Decidir).

Simplemente, cuando vi la primera ecografía de mi sobrino mayor –un puntito apenas– supe que ya era tía. Y numerosos colectivos se han felicitado por  la decisión del señor Ruiz Gallardón, que malformación no es sinónimo de sufrimiento, y no solo de economía y modelo médico viven las mujeres y los hombres. Javier Romañach, del Foro de Vida Independiente y Divertad, afirmaba hace poco: “Sin embargo, desde "el otro lado del espejo" las cosas se ven de otra manera. Antes de mi accidente, es decir antes de 1991, yo pensaba igual. Ahora, con 21 años de experiencia en la diversidad funcional, me parece irrisorio afirmar que una persona está condenada al sufrimiento si tiene: parálisis de ambas piernas, incontinencia de heces y orina, deformaciones en piernas y espalda, atrofia en los músculos. Y me parece irrisorio porque es como soy y vivo todos los días desde hace 21 años, y no sufro, vivo”.

Pero las mujeres sí hemos retrocedido, con menos libertad y capacidad de decisión que nunca. El señor Gallardón, en su compulsión irrefrenable de cambiar el Código Penal, se saca otro articulito de la manga: “El Ministerio de Justicia descarta eliminar el artículo 156.2 del Código Penal que despenaliza la esterilización forzosa de personas con discapacidad declaradas incapaces judicialmente porque considera que no se trata de una vulneración de sus derechos”. Las chispas saltaron enseguida. “Hay muchas formas de evitar embarazos, no podemos usar mutilaciones”, denunció Ana Peláez, comisionada del CERMI en la ONU. Aunque la violación de derechos no es privativa de personas con diversidad funcional del sexo “débil”: “Gallardón permite el internamiento perpetuo de enfermos mentales. […] El nuevo reglamento permitirá que una persona permanezca encerrada incluso por delitos que no ha cometido, en previsión de los que pueda cometer”.

Quien hace la ley, hace la trampa. “Curiosamente el rocambolesco suicidio de Ramón Sampedro fue visto, me atrevería a decir, con naturalidad por una buena mayoría de personas. […] Pero el hilo conductor de este breve apunte hace referencia a lo normal que vio la gente ese suicidio  y lo anormal que ven, por ejemplo, la vida de Stephen Hawking”, escribía Jesús García en su blog. Somos tremendamente humanos y contradictorios.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "La opinión", miércoles 13 de noviembre de 2013).

Santos del siglo XXI

Santos del siglo XXI

Imagen: www.rtve.es

Santo, “en el mundo cristiano, persona a la que la Iglesia declara tal, y manda que se le dé culto universalmente”. Me quedo con una acepción más de andar en zapatillas: “Dicho de una persona: De especial virtud y ejemplo”. Y es que a mí me enseñaron a diferenciar el día 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, del día 2, festividad de los fieles difuntos. Santos en potencia somos todos, y muchas veces en acto.

Lo que pasa es que solo reconocemos las bondades del prójimo después de muerto, pero hailos los hay. Más allá de las madres abnegadas, la pareja que sigue dando su vida por amor –literalmente con frecuencia por desgracia–, quien cumple su trabajo con pasión y gozo; mi amiga Elena por ejemplo consulta al corazón y a las estrellas ante cada pequeña decisión. Me recuerda Amparo Portilla, mujer lanzada, enamorada y madre en proceso de beatificación. Así, con y griega, vino Loly a mi vida aquel agosto en unas colonias de la Frater. “Mira, como el Señor sabe que estoy débil me han tocado dos formas. No se le escapa una”. Se ha marchado en silencio, como vino.

Y he conocido a muchos buenos curas, compañeros de viaje y psicólogos. Aunque esto de la santidad tiene su aquel. ¿Hay también jerarquías? En el pueblo hay tres santos: San Roque, su patrón; el beato Antonio Rodrigo, joven mártir franciscano en la guerra civil, y Petra “la chaparrita”, humilde y trabajadora –llevaba las faenas más pesadas– que, de tan pobre, no tuvo ni conocidos que testificasen en su posible proceso. Una lápida sin nombre en la iglesia selló para siempre su cuerpo incorrupto. Solo tres letras: R.I.P.

Mártir, “persona que padece muerte por amor de Jesucristo y en defensa de la religión cristiana”. Pero también, “persona que muere o padece mucho en defensa de otras creencias, convicciones o causas”. ¿En nombre de qué credo tantos niños no llegan a nacer? ¿Por qué murió Asunta, supuestamente en manos de sus padres adoptivos? “Hay que morir alguna vez en la vida. Con solo 16 años es un icono global contra el integrismo. Los talibanes le arrebataron su infancia a balazos. Sin miedo. Sin rencores. Esta es su historia”, así comienza Rosa Montero su entrevista a Malala en El País.

Juan Pablo II, pronto oficialmente santo y mártir él mismo en su natal Polonia, comienza ya a llamarse “el Papa de los mártires del siglo XX” –7000 en España, 200.000 en la Unión Soviética–, como el papa Dámaso lo fue en el siglo IV. Uno de mis santos y mártires favoritos, el Hermano Roger, de la comunidad protestante-ecuménica de Taizé (al sur de Francia).

Y están los ángeles, “en la tradición cristiana, espíritus celestes criados por Dios para su ministerio”. Según la tanatóloga Elisabeth Kübler-Ross, muchos pequeños que fallecen ven inmediatamente antes a sus abuelos o familiares cercanos que ya no están aquí. ¿Peco de heterodoxia si digo que mis ángeles son mis tíos? Mario Vargas Llosa escribe sobre el héroe discreto. El papa Francisco habla de esa clase media de la santidad a la que todos pertenecemos.

María Pilar Martínez Barca

(“Santos del siglo XXI”, Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Día a día",  viernes 1 de noviembre de 2013).

Conde, cifra y signo

Conde, cifra y signo

El “arjé” en José Antonio Conde es la palabra. ¡Cómo me recuerda a Fernando Ferreró! Según apuntaba ya Rosendo Tello, entre la línea onírica que bebe de César Vallejo –los Labordeta, Ciordia, Julio Antonio Gómez, el propio Tello o Emilio Gastón–, y el realismo más comprometido de Manuel Pinillos, Luciano Gracia, Gúdel, Blancas o Luesma Castán, “Ferreró se adentra por cauces más intelectualistas y puros, al modo de un Salinas o un Guillén” (OPI-Niké. Cultura y arte independientes en una época difícil). Y a esta tercera vía se suma el autor del “signo impreciso”, en apariencia.

 ¿En qué espejos se mira el poeta inspirado? ¿Qué principio le mueve a entrelazar los números del sortilegio órfico? El lector iniciático encuentra siempre una pista: “La palabra se llena de principio”. Que a su vez nos enlaza con la cita inicial del poemario: “Todo está lleno de Ser” (Parménides). Porque Conde vuelve a loa presocráticos para buscar más allá de la “phisys” el principio y el fin de todo cuanto vive en el poema.

“Lo contrario del decir / es otro decir impalpable”. Los juegos de contrarios de Anaximandro o Heráclito cobran en nuestro autor un movimiento peculiar, del verbo creador a la mudez, alba de luz e incertidumbre, signos imprecisos que acechan a la palabra. “Nutrir la imagen de silencio, / mejor aún, / de lo que hubo antes del silencio”. ¿No oímos entre los blancos de la página el balbuceo de San Juan de la Cruz? Un nuevo eslabón de la cadena: la poética del silencio, tan bien estudiada por Aurora Egido, de José Ángel Valente a Edmond Jabés.

“Contracción del verbo. // Materia luminosa / a la espera de señales”. La visión imperceptible sostiene al Ser uno (Parménides de nuevo), más allá de la herida, el vértigo o la congoja. Desconocerse lleva a la ceniza, a la afección al claroscuro. Estamos a las puertas del logos, que inaugura otro orden espiritual y cósmico: “Y dar voluntad al órgano / que domina el consuelo / humanizar el laberinto / desde  el gozo hasta la razón”. Hay guiños indelebles a Manuel Esteban –“la mirada alberga una decepción”–, Amado Nervo –“dentro de ti cabe el universo”– o Alfredo Saldaña al pasar de largo como el humus. ¿Quién dijo que la lírica pura no lleva al compromiso? “Humillado el ombligo, / crece la realidad transitiva”. O a  la crítica social certera y acerada: “A estas alturas, / no cabe la imposición / de un pensamiento consanguíneo”.

Palabra, conocimiento, silencio, logos, compromiso, sátira social, principio y fin en el último poema, escalas “in crescendo” de un mismo movimiento. Un libro circular. Y mientras tanto, curiosas sinestesias, antítesis y dualismos, juegos de palabras, adjetivación minuciosamente colocada. “Movimiento y oído, / oscuridad y cruce”. Se siente que José Antonio Conde ha disfrutad con la génesis del libro, del número pitagórico o el agua de Tales de Mileto a un filósofo ultra postmoderno como Francisco de Jarauta –“tras la niebla, / comprobamos la luz / ha sido inútil”–; sin olvidar a Horacio. Nada en el microuniverso del poema ha respondido al azar.

María Pilar Martínez Barca

(“Poesía. Conde, cifra y signo” –comentario a El signo impreciso, de José Antonio Conde, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, Colección La Gruta de las Palabras, 2013, 60 páginas–, Heraldo de Aragón, «Artes y Letras», jueves 31 de octubre de 2013).

Rafael Navarro

Rafael Navarro

Fotografía: de la exposición "A destiempo", Paraninfo de Zaragoza, 2011, de Rafael Navarro.

A Teresa de Jesús le hacía gracia el descomunal despiste de Fray Pedro de Alcántara. Tan buen mozo como confesor, más de un descalabro se llevó en los dinteles de las puertas. Y es que los creadores, salvando las distancias, somos un poco así

“Hola, Pilar. ¿Te acuerdas de mí? Estudiamos juntas. Soy Maite”. Fue en una de las presentaciones de Ángel Guinda. Su rostro comenzó a representárseme cercano. Empezamos a hablar, a conquistar de nuevo la eterna juventud… Traspapelé su email. Hasta que a los pocos días coincidimos en una exposición, la de Rafael Navarro. “Sí, yo soy su mujer”. Se me abría la puerta a un universo mágico, para siempre.

Quedamos con la pareja en el Paraninfo. “La Colección”, fotografías de los grandes autores atesoradas a lo largo de una vida, era fantástica: la escalera que lleva al otro lado del espejo, “El desnudo provenzal”, “La buena fama durmiendo” de Manuel Álvarez Bravo, “Stravinsky” de Arnold Newman, Willy Ronis, García-Alix… Pero Rafael prefirió centrarse en su obra “A destiempo”, y nos fue revelando con mimo y paciencia exquisitos cada nimio detalle, ángulo, recoveco. Uno a uno, minuciosamente.

“¿Cuál te gusta más?”. La hoja entrevista a través de una gota de cristal; la paloma manchada por unos vidrios rotos o un río macilento; el túnel de luces sin final; la espléndida fachada decimonónica superpuesta a un papel arrugado y sepia; la llamita a punto de extinguirse o encenderse para la eternidad… “Son motivos de la naturaleza o sacados de la vida cotidiana, pero desenfocados por el sueño”. Después, en Internet, he comprendido: “Para mí la fotografía es un medio que me permite crear objetos que contengan valores sutiles inteligibles para otros”.

Comenzaron a hablarnos de sus hijos, de sus viajes. Dentro de poco tomarían el Transiberiano. “Mira, esta la hice de un gato pintado en la esquina de una pared”. Comentamos sobre la diversidad funcional; de una vecina suya con problemas físicos… ¿En qué otro repliegue o rincón del tiempo habíamos convivido anteriormente?

Antes fueron “Testigos”, “Elipsis”, más de sesenta exposiciones en solitario; el desnudo y el paisaje más íntimo. Reciente académico de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis; museos en toda España, Italia, Francia, San Marino, Bélgica, Croacia, Cuba, México, Argentina o Japón; pionero de la fotografía artística desde los setenta. Me prendó su mirada interior, paraíso abierto para muchos.

“Estableció una correspondencia entre lo que le palpitaba dentro, lo que le estremecía, y lo que detectaba fuera. Sometió esa realidad inventada al rigor de la belleza” (Antón Castro). Premio Aragón Goya por su "rigor y la perfección técnica de un escrupuloso investigador en constante renovación artística”. Quizá los despistados solo apreciemos la gran textura humana de unas fotografías evocadoramente sugerentes.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Día a día", viernes 25 de octubre de 2013).

Maria Pilar

Maria Pilar

Foto: Heraldo.

Mis padres no tenían Google, pero eligieron el significado que recogen muchos buscadores de nombres de bebé. María, “actualización del nombre hebreo Miryam. Procede de mir, ‘gota’, y yam, ‘mar’. Por eso María quiere decir ‘gota de mar’”. Pilar, “del latín pila, ‘pilastra, columna’, viene de la advocación mariana a Nuestra Señora del Pilar”.

Pero ellos no sabían, igual que otros papás de ahora, que lenguas romances como el español ramificaron y enriquecieron los significados. Según el Diccionario de la RAE no es lo mismo pilar “especie de pilastra, sin proporción fija entre su grueso y altura, que se pone aislada en los edificios”, que pilastra, “columna de sección cuadrangular”, o columna, “soporte vertical de gran altura respecto a su sección transversal” –puede estar adosada al muro u otro cuerpo de la edificación, o aislada y exenta–.

Y no se trata de rizar el rizo, sino de ir a lo esencial. El soporte sobre el que se apoya nuestra Virgen es una columna adosada al muro de la capilla, aunque María se le apareciese al apóstol Santiago sobre una columna aislada en la Caesar Augusta de aquel tiempo. Jesús de la Columna es habitual en la iconografía religiosa, ¿pero María?

Y aun con todo a veces soñaba con llamarme Columna, como la célebre fotógrafa aragonesa Columna Villarroya. Porque María, simplemente María, la señora María, me sonaba a telenovela y a Maruja en zapatillas. Hasta que en el glosario de mi Biblia leí por casualidad: “María. Forma grecolatina del término hebreo Miryam, de significado incierto, acaso ‘la vidente’ o ‘la que hace versos’”. Mis primeros poemarios los firmé como María P.

Pilar, Pili, Pilita, Piluca, Piluchi, Mari Pili… Hoy me da igual el nombre, lo importante es la esencia, la mía y la de cada cual que leéis estas líneas. Sin embargo, me sigo fijando en el detalle, como el niño que ante el cartel publicitario de la película King Kong preguntó: “Papá, ¿qué hace esa señora ahí arriba en su mano?”.

Y nuestra Pilarica me sigue pareciendo diminuta, se me pierde entre sus joyas y sus mantos, como a vista de pájaro, desde lo alto de una noria gigante. Pregón con Oregón Televisión, Macaco. Interpeñas, Trofeos Ciudad de Zaragoza, espectáculo de luces y sonido en el parque Labordeta, los leones del Puente de Piedra… Se nos pierde María, la mujer que dio a luz a Jesús, que lo vio crecer, guardando en su corazón cada nimio detalle, que siguió a su Hijo hasta la Cruz y creó en Pentecostés una nueva Iglesia. Nos perdemos, mientras madres y padres piden que se sirva a sus hijos en los comedores escolares carne sacrificada por el rito musulmán. Pilar, “persona que sirve de apoyo, ayuda y protección”.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", viernes 13 de octubre de 2013).

Antón Castro

Antón Castro

Foto. Rogelio Allepuz (Los pasajeros del estío, Olifante, 1991 --2.ª edición). Mi primera imagen de Antón.

“Pájaros de silencio para habitar la memoria”. Fue mi primer contacto con Antón: la reseña de mi primer poemario, Epifanía de la luz. Deliciosa, como todo lo suyo. Un rey Midas de los siglos XX y XXI que transforma en oro cuanto toca con su palabra escrita, oral o digital.  Acababa de venir de su amada terruña –bueno, llevaba ya diez años con nosotros–: “De niño, allá en Santa Mariña de Lañas (Areixo, A Coruña) me internaba en un bosque sombrío de pinos y robles, de helechos inmensos que olían a humedad” (Fotografías veladas).

Me ofreció generoso una entrañable relación de magisterio. El Día, El Periódico, Heraldo de  Aragón. De Ildefonso-Manuel Gil a Rosendo Tello; José-Carlos Mainer, Aurora Egido o José Manuel Blecua; Puértolas, Montero, Gamoneda, Juan Eduardo Cirlot, Clara Janés… Entre el tacto de seda y el rigor científico, sus puntualizaciones y consejos te hacían desvelar el porqué de cada obra y su autor. “Lo que más le gustaba en el mundo era escribir. […] Para él escribir era como pintar o fundar un mundo intacto, y a medida que inundaba el papel percibía una fuerza interior, una certidumbre de fuego” (Los seres imposibles).

Algunas presentaciones de mis libros, más reseñas, un afecto mutuo. Conocí de su mano a la Premio Nacional de Poesía Olvido García Valdés; a su colaboradora en “Borradores” –antes habían sido “El viaje a la luna” y “El paseo”– Ana Catalá Roca. El trato fue tornándose confidencia. “Vivir, a veces, es abandonarse, prescindir de la impostura, despojarse de la ambición y del vértigo, dejarse ir, hacia la inalcanzable montaña de nieve, con las manos en los bolsillos…” (Vivir del aire). ¿Por qué los grandes genios son de lo más humilde?

Colmo de la gratitud, me prologó La manzana o el vértigo. Y una se siente niña, muy pequeña a su lado, “en un temblor / de pájaro desnudo en el invierno”. Solo en un parrafito de su Epílogo a El testamento de amor de Patricio Julve –segunda edición– leemos: “Durante esos años, era un enfermo de la literatura de Álvaro Cunqueiro, de Miguel Torga y José Saramago, de Mercè Rodoreda, de Joan Perucho, de Rafael Dieste, de Ramón José Sender, de Isak Dinesen, autores que se sumaban a devociones anteriores como Méndez Ferrín, Otero Pedrayo, García Márquez, García Lorca, Jorge Luis Borges, Poe, Horacio Quiroga y Gustavo Adolfo Bécquer”. Sencillamente apabullante.

Y aún así, en su blog y sus redes sociales, pletóricas a rebosar de nombres, obras, citas literarias y de todas las artes que puedas imaginar, una única referencia a su reciente Premio Nacional de Periodismo Cultural. La opción de Antón Castro es la de esos “… dos desconocidos amantes con la certeza de que  ahí, en ese silencio, se encontrarán los dominios de su felicidad” (Los pasajeros del estío). Maestro, ¡enhorabuena!

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Día a día", jueves 3 de octubre de 2013).

Tras los cristales

Tras los cristales

Ilustración: Muchacha en la ventana, Joan Miró.

Podrían ser mis hijos y, según qué cultura y país de origen, hasta mis nietos. Sin embargo, siempre que comienza el curso veo a aquella niña ausente y solitaria que miraba por el ventanal del cuarto de la fisio a otras niñas, con faldita de cuadros y jersey gris, que entraban al colegio. El deseo distorsiona la percepión, según el test de Rorschach. Pero no, del sepia al blanco y negro y a la diversa gama de colores, desde entonces ha llovido mucho. “En los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos”, sentenció Heráclito.

Delicias se ha cambiado por Valdespartera; al francés le supera el inglés, que convive en muchas aulas con el castellano –cuando no se impone el catalán–, y en lugar del castigo del maestro puede tener más peso la denuncia de chavales y padres al docente. El mundo del revés del “Vamos a contar mentiras”, donde la gallina es un mamífero, el caracol un crustáceo y el Pisuerga pasa por “Madriz” –respuestas reales en los exámenes de aptitud para profesores–.

Pero hemos avanzado cantidad. El Donuts y la cartera se han reemplazado por mochilas con ruedas y móviles con Wassap. Mi sobrino menor es capaz de comunicarse con su madre del salón a la cocina a través de la tablet. Donde hay inteligencia hay esperanza. ¿Qué importan las faltas ortográficas si con las abreviaturas y el corrector todos nos entendemos?

Pero en serio, nuestros jóvenes prometen. “Papi, yo nunca seré corrupto. ¡Menuda la ha montado Barcenas!”. Política, deporte, catástrofes naturales, guerras… nada se les escapa. En cierto certamen literario, de cuyo nombre no conviene acordarme, los alumnos escriben sobre el desempleo, las separaciones de los padres, su futuro incierto, la enfermedad –mientras prefieren la hamburguesa a las frutas--. “Mira, colócate ahí, que está reservado. Luego yo te toco el pulsador para que bajes”, comentaba un chiquillo de no más de ocho años en el autobús a una compañera que utiliza silla.

Otro cantar es la Lengua, el Cono, las Mates. Los terapeutas escolares no van a tener paro en unos años. Más escasez hay de cuidadores y profesores de apoyo para alumnos con otras necesidades especiales. ¿Crisis solo económica? En el fondo, ni el cauce de los ríos ni el alma humana ha cambiado tanto desde Antonio Machado: “Una tarde parda y fría / de invierno. Los colegiales / estudian. Monotonía / de lluvia tras los cristales”.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Día a día", martes 17 de de septiembre de 2013).