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La lampara encendida

La columna dominical

Dis-fruta

Dis-fruta

Foto de Biel

Es una marca creativa que une el valor nutritivo de la fruta y su belleza –arreglos frutales, complementos…--. Quizá consista en eso, en ser imaginativos y creadores, en darle la vuelta a la tortilla y sorprendernos a nosotros mismos.

Los cines Palafox y Aragonia abrieron ya sus salas, sin palomitas y con las obligadas medidas sanitarias. Para ligar, se ha cambiado la discoteca por la piscina, el besuqueo por el juego de miradas, la cita por la app, las prisas por el conocerse a fuego lento. ¿Y para qué ir a Londres, si en Biel se da historia y leyenda, la cuna de Alfonso el Batallador y una de las torres más bellas de España?

Sin salir de Zaragoza, contemplamos sus puertas transformadas en murales: de Toledo, el Duque de la Victoria –hoy en restauración–, Valencia, Sol, Sancho y la Torre Nueva. Y Alfamén y su museo permanente. O Fuendetodos, con la casa de Goya, el Museo del Grabado y su entorno, con rutas tan variadas; o la curiosa iniciativa de llevar al pintor por hospitales.

Huesca, de Los Monegros al Pirineo: deporte y aventura, diversión y arte. Y el valle de Benasque, con sus tres miles y sus praderas paradisiacas. Senderismo, ibones, tirolinas… en la Selva de Oza. Y aunque sin San Lorenzo, la semana pasada contemplábamos sus Lágrimas o Perseidas más hermosas que nunca.

Y Teruel, Javalambre, sus olivos centenarios y sus minas. O el Torico, hoy también representado en un mural compuesto por 1800 fotografías. Pero nada como Albarracín, paisaje, gastronomía, patrimonio artístico y cultural, desde la catedral a la casa azul, presente imperecedero de un noble a su amada.

Muchas páginas web describen los lugares más seguros a nivel nacional. De Asturias y Cantabria, pasando por Madrid, a las playas del sur. Desde el Camino de Santiago, lugar físico o itinerario de música antigua, a la Mesa de los Tres Reyes, el pico más elevado de Navarra. Aunque sean nuestros pueblos pequeños, esos rincones de la España vaciada los que mayores tesoros nos reserven.

Disfrutar, a ser posible en familia, o con amigos de siempre; descubrir la esencia, lo importante. “Lo que la pandemia me ha enseñado es a soltar cosas, a darme cuenta de lo poco que necesito. No necesito comprar, no necesito más ropa, no necesito ir a ninguna parte, ni viajar. Me parece que tengo demasiado” (Isabel Aliende). La llave que reinventa el futuro.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 21 de agosto de 2020).

Superar los miedos

Superar los miedos

Salvador Dalí se inspiraría en el Cristo de San Juan de la Cruz (dibujado en un pequeño papel tras una visión del místico), y así se titula el cuadro. Foto www.todocuadros.es

De pequeña, tenía miedo a dormirme sin luz, como tantos niños; a que los mayores hablasen de la muerte; a que mis papás no fueran a buscarme al colegio –jamás me separé de ellos y lo segundo nunca sucedió–. Luego, empiezas a soñar con el amor y temes no encontrarlo; no lograr un empleo dadas tus circunstancias especiales. Según vamos creciendo, nos preocupamos por nuestros mayores, tenerlos con nosotros el mayor tiempo posible, con calidad de vida. Son temores abstractos, nacidos de anticipar una realidad que quizá no llegue a existir.

En estos meses, parecen haberse solidificado todos nuestros pánicos infantiles. ¿La noche oscura de San Juan? Los mayores no solo se morían, sino que desaparecían sin sentirlo, sin poder despedirnos ni ver tan siquiera sus cenizas. El peor cuento de terror se volvió realidad en apenas unos días. En la calle habitaba un enemigo invisible, y a enfermedad y muerte se uniría una miseria extrema.

Los niños comenzaron a tener pesadillas, ahora reales. No iban al colegio. La costumbre del beso se confinó y los adolescentes y los jóvenes tuvieron que reinventar sus relaciones digitalmente. Millones se quedaron sin empleo y miles de parejas sin amor. Jamás lo hubiésemos imaginado.

Seguimos todavía en ese tiempo. ¿Hasta cuándo? Dicen que el miedo es libre, pero cuando los positivos siguen multiplicándose, se rebaja la edad, vuelve a afectar a las residencias… ¿Y si es un familiar? ¿Y si salta el bichito tomando un helado o un café? ¿Y si cualquiera somos igualmente susceptibles de contagio? Sea como fuere, este verano es harto atípico y las vacaciones se eligen con lupa, quien se atreve a salir, en espera de un curso no menos incierto.

Temor a que la vacuna ni sea a corto plazo la panacea universal? ¿Y para todos? ¿Y si tuviese efectos secundarios? Tendremos que convivir con la vulnerabilidad y la incertidumbre, y confiar.

Este agosto, mañana, tampoco va a celebrarse la fiesta de la Virgen en tantos pueblos. Hasta la religiosidad y las celebraciones hemos tenido que reinventarlas. Aunque la esencia queda, y la humanidad, el ser humano, hemos sobrevivido a muchas.

¿En quién podemos confiar? “Quizá la mayor confianza para fray Juan de la Cruz sea la de ser esperado, ser amado” (José Carlos Bermejo, La esperanza en tiempos de coronavirus). Puede ser una clave.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 14 de agosto de 2020).

¿Exilio?

¿Exilio?

Foto EFE / Casa del Rey

“Separación de una persona de la tierra en que vive” (Diccionario de la lengua española). La segunda acepción es más cercana a nuestra tradición histórica: “Expatriación, generalmente por motivos políticos”. Hay matices.

Destino fatalmente compartido por los monarcas españoles en los dos últimos siglos. Desde Carlos IV, contra quien se confabularon populacho y nobleza –el motín de Aranjuez–, las ansias de poder de los Bonaparte y la prisa por reinar de su propio hijo, Fernando VII.

Si hubiéramos de poner un rostro creativo a tanto sinsabor, sería el de Francisco de Goya. De La familia de Carlos IV, a El dos de mayo en Madrid o los fusilamientos de El tres de mayo, olas Pinturas negras. ¿Y una voz? Benito Pérez Galdós en Episodios nacionales.

Fernando VII, preso durante la Guerra de la Independencia, cargó contra los enemigos del Absolutismo, y, ya enfermo, abdicó a favor de su cuarta esposa, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, madre de la futura Isabel II. Las luces y sombras del reinado, la Gloriosa, el exilio y, sobre todo, los enfrentamientos con su tío Carlos, aparecen en dos escritores antitéticos: Ramón María del Valle-Inclán, en la serie “La Guerra Carlista”, y Pío Baroja, en novelas como Zalacaín el aventurero.

No volvería a España. Fue testigo a distancia de la monarquía parlamentaría de un extraño, Amadeo de Saboya, la I República, el regreso y breve reinado de su hijo, Alfonso XII –once años, enfermo de tuberculosis–, la regencia de su segunda esposa, María Cristina de Habsburgo-Lorena, todavía en estado de buena esperanza de Alfonso XIII.

Rey con 17 años, viajero infatigable –asistió al homenaje a Ramón y Cajal–, no consciente de que venía la II República, abdicó en el exilio en su hijo don Juan. Cronista fidedigno, don Miguel de Unamuno.

Una guerra civil, una larga dictadura… “Majestad, por España. Todo por España. ¡Viva España! ¡Viva el rey!”. Aquellas palabras de don Juan, abdicando en su hijo don Juan Carlos I, nos emocionaron. Una constitución, la consolidación del progreso universal… “… te comunico mi meditada decisión de trasladarme, en estos momentos, fuera de España”. Tres autoras encarnan este tiempo: Rosa Montero, Anne Carson, Premio Princesa de Asturias, e Irene Vallejo, estudiosas de la esencia humana a través de los clásicos y el subconsciente colectivo.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 8 de agosto de 2020).

Las Delicias

Las Delicias

Foto www.heraldo.es

En los años 60 del pasado siglo, mis padres, como tantos otros, emigraron del pueblo a la ciudad. Venían de una guerra y una triste posguerra, y la oligarquía franquista no ayudaba mucho. Los míos aún tuvieron suerte y, con los cuatro ahorros de los abuelos, a fuerza de una vida de entregarse a la tierra, como el grano de trigo, se compraron un piso. Dos sillas, una mesa donde poder comer y un sencillo colchón, era todo su ajuar.

Los muebles fueron llegando despacito, y cuando yo nací, allí en una cuarta planta de la calle Delicias, no faltaron la cuna, los primeros juguetes y una sillita, imitación de anea azul y blanca, donde aprendí a leer. La gimnasia, a la que debíamos acudir todos los días debido a las secuelas de la parálisis cerebral de nacimiento –un error médico–, corría toda a cargo del sueldo de funcionario de mi padre, no tenía seguro.

Hacía mucho frío en los inviernos, con solo una estufa para toda la casa de esas de piña eléctrica. Y yo cogía angina tras angina, y muchas inyecciones, que aún me duelen; un “virus” permanente que el sarampión terminó de completar. Leía y estudiaba en la máquina de coser.

Llegó la transición, la democracia, mis primeras salidas con otros compañeros sentaditos, colonias de verano, el título de Primaria, el Bachillerato a Distancia, luego la Universidad. Nos hicimos más universales, mucho menos egocéntricos. Llegaron los primeros inmigrantes, y otros para quedarse, y muchos más.

La globalización se hizo dueña del mundo, o de la tierra. Y olvidamos reciclar las caseras; vasos, platos, pajitas y envases de cartón los cambiamos por plásticos. Fueron llegando los ordenadores, los viajes a gran escala, las pateras. Nuestros padres y nosotros nos fuimos trasladando a pisos y urbanizaciones más modernas, con ascensores y calefacción. Y aquellas viejas casas las dejamos para los nuevos inmigrantes, apiñados, subarrendados tantas veces, que venían a cuidar de los mayores.

Trece años tenía cuando dejé Delicias. Los mismos que esa niña inmigrante, hija mayor de una familia cuyos padres han debido ser aislados por la covid. No se sabe muy bien de qué hemos abusado. ¿De la naturaleza? ¿De nuestros prójimos? Se nos ha muerto casi toda la generación que nos cuidó. ¿Qué va a ser de la que ahora ha venido a cuidarnos? ¿Y de los jóvenes?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 31 de julio de 2020).

Vulnerables

Vulnerables

Foto Los enamorados, de Natalio Bayo, en La danza de la muerte.

“Rezo en la ducha, señora. Y ante el piano. / Mirando las vueltas del centrifugado. / Haciendo punto, joven del huso. / Por lo que sé hoy. Lo que sabré mañana. / Lo que no podré prever más. // Tras el abandono, rezo cada hora”. Lo escribe Pilar Adón en su nuevo poemario, Da dolor.

Nunca supuso un riesgo celebrar colectivamente el triunfo del equipo favorito, bailar pegados o subirse a un avión. Algo nos trastocó la vida de un día para otro, y van ya más de cien. Cada cual se refugia en sus manes, sus raíces, su religión particular.

El ambiente está enrarecido. Un extraño microorganismo se interpuso en nuestras relaciones y nos robó la primavera. No nos apetece ir de rebajas, planear un crucero este verano ni aplicarnos el tratamiento anticelulítico de siempre cara a la operación bikini. Lo peor, no sabemos todavía el origen de tales mutaciones ni intuimos el futuro a corto plazo.

Dicen que a un 40% nos ha tocado, psicológica, emocionalmente, en el bolsillo. Bueno, a todos no. Algunos de nuestros jóvenes se sienten invulnerables, intocables, eternos. Libres de esa amenaza global y planetaria que puede recortarnos la edad y el bienestar. ¿Habremos de llegar a octogenarios, como la generación que nos precede?

¿Volverán las golondrinas del amor? No pensábamos que íbamos a morir tan prematuramente, a despedir sin besos ni apretones de manos a los seres queridos, a no decir adiós. Claro, eran mayores, muy mayores. ¿Hacerles sufrir más? Ya vivieron lo suyo. Si se hubiera cebado en los niños hubiese sido diferente. ¿Y los adolescentes? ¿Y los trabajadores temporeros? ¿Y los jóvenes?

Una neblina oscura, como máscara, nos ciega el porvenir, de momento hasta otoño. Lo vamos transformando en pesadillas, o temores ocultos, subterráneos. ¿Y el inicio de curso? ¿Llegará a tiempo una vacuna eficaz? ¿Tendrá contraindicaciones? Las preguntas retóricas, o no tanto, pueden llevarnos a un dédalo sin final, más intricado que el de Minos, en la Grecia legendaria.

No nos sale de adentro la alegría. Pero si nos paramos, quizá tengamos la respuesta. “La esperanza es el presente del futuro. Y sana y predispone saludablemente porque refuerza biológicamente, psicológicamente, emocionalmente, espiritualmente. La esperanza refuerza el sistema inmunitario” (José Carlos Bermejo, La esperanza en tiempos de coronavirus).

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 17 de julio de 2020).

Menudos héroes

Menudos héroes

Foto www.sjdhospitalbarcelona.org

Nos hemos centrado en los adultos, en los ancianos vulnerables, también en los discapacitados, en las mujeres que han tenido que convivir con su maltratador. ¿Pero y los niños? Esos locos bajitos a los que cantaba Serrat. ¿Es que no va con ellos?

Lo vemos en nuestros hijos, sobrinos, hijos de compañeros. “Mami, un niño”, señalan con el dedo sin atreverse a subir a los columpios. Esto hasta el pasado marzo era inimaginable. Nuestros peques eran de lo más social: intercambiaban el balón y el carrito de la muñeca, el cubo de la arena por los coches. Ha habido que explicarles que se nos ha metido en todo el mundo un virus o bichito microscópico; primero, había que estar en casita, y ahora el contacto con más niños y mayores puede hacernos enfermar.

La realidad supera a cualquier ficción, fantasía o cuento de maléficos ogros. Llevan meses sin asistir al colegio presencial, pero lo entienden todo. Me recuerdan, salvando las distancias, mi propia educación, también sentimental: las primeras letras y los cursos iniciales de EGB –actual Primaria– en casa, con mis padres; Certificado de Estudios Primarios y Graduado Escolar en el aula colectiva de Auxilia, para cinco discapacitados, y luego en el Instituto Nacional de Bachillerato a Distancia –con sede en el Goya–. No se había inventado la enseñanza on line.

¿Y cómo explicarles lo inexplicable, eso de lo que aún no tenemos respuestas? “…enseñar a los niños cómo tolerar la incertidumbre es clave para reducir la ansiedad y ayudarlos a desarrollar resiliencia”, afirma Janine Domingues (psicóloga infantil del Child Mind Institute). ¿Está bien la abuelita? ¿Podré tomar mis helados favoritos? ¿Habrá vacuna para todos los niños, ricos y pobres? Quizá el próximo diciembre, cuando les toque hacer de diputados, acerquen al Congreso a los miles y millones de pequeños que no tengan qué comer.

–Papi, tengo sed. –Pero niño, quítate la mascarilla. Hasta en eso responsables. “Los niños se sienten seguros cuando saben qué hacer para protegerse”, explica la profesional. “A menudo los hijos se nos parecen, / así nos dan la primera satisfacción”, interpreta nuestro cantante divo de tantas generaciones, Joan Manuel. “Mamá, si me pongo malito no me dejes solo”. Los niños son esponjas, por fortuna. Ojalá, superado este trago, les espere un futuro feliz.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 10 de julio de 2020).

Ángeles custodios

Ángeles custodios

Foto portada libro

“En la España de aquel momento, la miseria, las enfermedades y el hambre daban al traste con cuatro siglos de gloria”. Así comienza la novela histórica de Almudena de Arteaga, en la que se relata la expedición del doctor Fco. J. Balmis, Isabel Cendal, regenta de un orfanato coruñés, y una veintena de pequeños que portaron la primera vacuna efectiva contra la viruela a América del Sur. Principios del siglo XIX, inspiradora de la película “22 ángeles”, de Miguel Bardem. El “virus variola” (‘pequeña pústula’ en latín) ya existía entre los egipcios (siglo III a. C.), se cebó en la Europa del XVII y no se erradicaría hasta 1980.

Pocos ancianos pueden recordar los 50 millones de muertos en la segunda oleada de la gripe de 1918; y solo los mayores muestran la cicatriz de la antigua vacuna. “Vacunándoos de niños y revacunándoos cada siete años, os libraréis de la viruela” (Eduardo Castañer, Museo Pedagógico de Aragón, Huesca). Y ahora, cuando estábamos seguros y todo parecía controlado, llegó un extraño SARS-CoV-2, aún no sabemos si para quedarse definitivamente, pero sí para cambiarnos la vida de raíz. También los sanitarios han sido nuestros ángeles de la guarda: “Ángeles son aquellos profesionales de la salud (…) que se dejan la vida en los procesos de cuidado y que mantienen el firme propósito de la salud y del confort de cada uno de los pacientes” (José Carlos Bermejo, Centro de Humanización de la Salud).

La historia colectiva y nuestro organismo tienen memoria. Sin embargo, olvidamos con frecuencia. La Litera, Bajo y Medio Cinca y la zona de Caspe. Castilla-La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Madrid, País Vasco, La Rioja… La India, EE. UU., Brasil, Perú, El Salvador. Más de 10 millones.

¿Hacinamiento? ¿Jóvenes desaprensivos? ¿Inmigrantes temporeros? Sin buscar culpables, es obvio que la higiene importa. En el hotel donde se hospedaba el Cádiz CF, fui testigo, ascensor exclusivo, agentes de seguridad, la más mínima norma… Los ángeles de la guarda tienen mil rostros.

“En ese conjunto de personas está integrada la dirección de mi residencia, las Hermanas Angélicas, unas mujeres que han renunciado a su vida personal no para atender a su madre o a su padre, sino a docenas de ‘mayores’” (Ana María Cortés Navarro, ex consejera de Sanidad, Bienestar Social y Trabajo del Gobierno de Aragón).

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 3 de julio de 2020).

Hogueras

Hogueras

Foto Francisco Javier Martínez Barca

Anteayer celebrábamos San Juan. La noche de su víspera no hubo hogueras, pese a que el solsticio de verano llegase puntualmente a su cita, ajeno a toda enfermedad de la tierra. En el hemisferio boreal estamos más cercanos al sol. ¿Será por eso que comenzamos a sentirnos algo más seguros?

Las fiestas patronales sorianas, dedicadas al toro y a San Juan, lo mismo que San Fermín y San Lorenzo, tampoco se dan cita. No está el horno para muchos bollos ni hay más cera que la que arde. Y con todo, enseres y simbolismos relacionados con el fuego dan mucho de sí, más en tiempos en los que necesitan una buena antorcha.

El origen no siempre es claro, de epidemias y fogatas. Se dice que si tienen que ver, las segundas, con costumbres paganas y con Zoroastro, el profeta persa de los siglos VII y VI antes de Cristo. Extraña mezcla de creencias, desde la Torre del Silencio, donde son llevados los cadáveres de niños, mujeres y hombres, expuestos a los buitres y calcinados sus huesos por el Sol; al emblema del fuego y de la luz, centro de la entonces nueva religión, que disipa las tinieblas de la ignorancia. El Zaratustra nietzchiano –así habló Zaratustra–: muerte de Dios, voluntad de poder, eterno retorno de lo mismo, nihilismo.

Y está la otra raíz, Zacarías, padre de Juan Bautista, predecesor de Jesús. Cuentan que encendió una hoguera cuando nació el hijo y sanó de la mudez. Y el tronco común vuelve a echar mil ramas diversas: atraer buena suerte, echar malos espíritus, hacerse fértiles las mujeres que desean parir, saltar nueve olas seguidas, siete veces por encima de las brasas, escribir los deseos, quemar los monigotes como símbolo de todo lo viejo que queremos olvidar y superar. Y este año, o los dos años próximos, nos queda mucho por prender y renovar.

Está la luminaria como tributo de buena cosecha, en agosto, relacionada con la Virgen, San Roque y las rogativas por la peste. Y está la otra vertiente, la confabulación de brujas, simples mujeres del pueblo instruidas por la naturaleza, y sus ritos de fuego, sol y agua.

Ritos de sanación y de clarividencia social, como los del profeta cantor: “Y con la resaca a cuestas / vuelve el pobre a su pobreza, / vuelve el rico a su riqueza / y el señor cura a sus misas” (Joan Manuel Serrar). ¿Es la hoguera catártica, mientras dure, de esa otra pandemia que nos viene?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 26 de junio de 2020).

A un paso

A un paso

Foto José Miguel Marco / Heraldo. Terraza café Montal, plaza San Felipe (Zaragoza).

Las terrazas ya pueden ocuparse al 75%, las piscinas ampliarán su aforo la próxima semana; estamos deseando comer fuera, disfrutar los primeros espectáculos, planificar unas vacaciones hasta ahora inviables. Los casos de decesos y contagios son menores. ¿Cerca el final del túnel? El mundo no goza todavía de salud, y si unimos la psicosis anti vacuna de distintas esferas… “Un, dos, tres. / Un pasito pa’lante, María. / Un, dos, tres. / Un pasito pa’ atrás”. Richy Martin no es el único que lo ve.

Hasta lograr el antídoto, todo irá paso a paso. No soy especialista, pero tengo los ojos y oídos bien abiertos. Se habla de Dexametaxona y otros fármacos para afecciones respiratorias, de antivirales combinados, de aplicación de otras vacunas, de tratamientos con plasma y placenta. Y de la GAVI o Alianza para la Vacunación (“The Vaccine Alliance”), donde cooperan la OMS, Unicef, el Banco Mundial, empresas farmacéuticas y gobiernos. Mientras surjan repuntes como en Pekín, o en una industria cárnica alemana, hay que ir “Despacito. / Quiero respirar tu cuello despacito”, como canta el portorriqueño Luis Fonsi.

Hay muchas ganas de salir, también en lo económico. Los alemanes llegaron a Mallorca y Francia tiende puentes por Bielsa y el Portalet. A esta enfermedad colectiva que venimos arrastrando no puede unirse más miseria, falta de empleo, empresas que se van al garete o ertes para la eternidad. Necesitamos respirar, durante dos o tres meses, para seguir pensando y crear entre todos un futuro sin duda diferente. Seguirá acompañándonos el Dúo Dinámico: “Resistiré, para seguir viviendo, / soportaré los golpes y jamás me rendiré”.

Estamos tristes. Las mascarillas, necesarias e higiénicas, no nos permiten broncearnos, mirar con amplitud el horizonte ni la comunicación –menos entre los sordos, que no leen los labios–. Además, venimos soportando un duelo inmenso, ¡a las muertes se unen tantas pérdidas! Más aulas para alumnos. ¿Y las capacidades diferentes? Las residencias no pueden ser lo mismo: una triste antesala. A un paso de tirar la toalla me viene la canción de Diego Torres: “Saber que se puede querer que se pueda, / quitarse los miedos, sacarlos afuera, / pintarse la cara, color esperanza, / Tentar al futuro con el corazón”. Hemos de sobrevivir.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 19 de junio de 2020).

Para normalidad

Para normalidad

Foto Rafael Gobantes / Heraldo

El prefijo para- “significa ’junto a’, ’semejante a’”, según el Diccionario de la lengua española de la RAE. Paranormal, “que no puede ser explicado por los conocimientos científicos actuales, y es objeto de estudio de la parapsicología”. Parapsicología, “estudio de los fenómenos y comportamientos psicológicos, como la telepatía, las premoniciones, la levitación, etc., de cuya naturaleza y efectos no ha dado hasta ahora cuenta la psicología científica”.

Fenómenos, conocimientos, comportamientos paralelos a los más habituales. Y una, desde su ignorancia más galopante cada día, se pregunta si esto de los virus de la covid no tendrá que ver con llevar sayo y abrigo más allá del 40 de mayo; con las bolas de fuego que se ven de madrugada; con yacimientos de oro descubiertos entre Saturno y Marte, antiguos valles fluviales y lagos en este último, o incluso universos paralelos en los que el tiempo parece ir hacia atrás.

No sé si bulos o no, circulan por las redes. Que algo está pasando es evidente, para que aparezcan focas en las playas, los buitres agujereen aviones militares, ataquen en escuadrón a un ternerillo frente al clan matriarcal de la vacada, o cangrejos exóticos desafíen a los nativos de Aragón. Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, un curioso cocodrilo da la nota y se oculta, como algunos políticos.

Mucho tiene que ver esta pandemia con la biodiversidad. Higiene de los aires y las aguas, no tirar mascarillas ni guantes a parques y ríos, más espacios verdes. ¿Cuántos animales y bacterias quedan por infectarnos? ¿Cuántos experimentos? Y la cadena del ser, o del sinsentido, llega hasta las colas del hambre, o las “cortes de los milagros”. Que se anuncia una recesión a la economía del 45, o una vuelta al crack americano del 29.

Carmen Romeo, entrañable profesora del instituto Goya, hoy jubilada, escribía en su blog, “Letras desde Moncade”, su relato “De la peste al coronavirus”: “… se acercó un poco más a mí y me contó que cada vez que un cometa se acerca mucho a la Tierra, su cola deja grandes desgracias. (…) Y que justo antes de llegar el coronavirus pasó un cometa que tenía una cola. Como la estrella que guió a los Reyes Magos que venían de Oriente”.

¿Nueva normalidad? Mejor realidades paralelas. Al menos, mientras llega la vacuna, o la hecatombe, que nos dejen soñar.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 12 de junio de 2020).

Nuevo empleo

Nuevo empleo

Foto B. Alquézar / Heraldo

Expertos inmobiliarios hablan de “regreso al futuro” en el ámbito laboral. Aunque esa sensación seguro que la tiene cualquier trabajador que haya vuelto a su puesto o su oficina en estos días. Tras dos largos meses de teletrabajo, cuidado de los hijos, desocupación total o síndrome de domingo eterno, volver a la rutina ya no es lo mismo. Quizá nunca lo sea.

Tomarse la temperatura al llegar al trabajo. El compañero a dos metros de distancia. La mascarilla a mano siempre por si las moscas. Hidrogel cada 15 minutos… Por mucho que sigamos las normas sanitarias, imprescindibles, a mí que no me digan que esto es muy “normal”. Claro, solo en la fase pre vacuna. Y también me pregunto: mientras se prueba en ratones y humanos, se elige el mejor método de inmunidad, se decide entre este o aquel país, la aprueban gobiernos y farmacéuticas, se comercializa, ¿cuántos meses, años, lustros podrían transcurrir? Seguramente, más de una persona hoy en activo se jubilará sin haber obtenido la respuesta.

Y aun así, quienes trabajamos, teletrabajamos, creamos, escribimos, tenemos una suerte inmensa. Un alto porcentaje de los conciudadanos con los que cohabitábamos en un país “estándar”, de clase media, en un estado de bienestar que nos aseguraba el día a día, se ha quedado, colgado del alambre o del ERTE, de un Ingreso Mínimo Vital o en la cola del hambre.

Bienvenidas las casi 300 medidas de todos los partidos y agentes aragoneses. El consenso político pro Nissan. Los hospitales, públicos o privados, que creen cientos de trabajos. Hosteleros, camareros, comerciantes, el mundo de la cultura o del deporte, creativos, tendremos que reinventarnos. Pero hay muchos yacimientos aún por explotar.

Las residencias que subsistan han de precisar más personal: auxiliares, servicio de limpieza, terapeutas, psicólogos, médicos, enfermeras, animadores socioculturales. La asistencia personal se hace imprescindible para llevar una vida mínimamente saludable en tu propio entorno. A 15 alumnos por aula, más profesores; y más apoyo para chavales con necesidades especiales, en centros inclusivos o especializados. Fondos para investigación, fundamental.

Escribía: “Despedir el pasado de hace apenas un mes. / Anclarnos en el presente, a cal y canto. / Esperar el reverso del futuro”. Se nos ha expoliado la primavera. Que no nos roben el pan.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 4 de junio de 2020).

Duelo

Duelo

Foto www.vidanuevadigital.com

Luto: “Signo exterior de pena y duelo en ropas, adornos y otros objetos, por la muerte de una persona. El color del luto en los pueblos europeos es ahora el negro”. Duelo: “Dolor, lástima, aflicción o sentimiento”. Y también “Demostraciones que se hacen para manifestar el sentimiento que se tiene por la muerte de alguien” (Diccionario de la lengua española).

Es algo más profundo, complejo, intransferible. Duelo es el dolor por una pérdida, relacional, de empleo, de salud o de la misma vida, generalmente de un ser muy querido que ha sido parte íntima de ti. Los hay anticipatorios o retardados, cuando el impacto es tanto que no salen las lágrimas en su momento. O especialmente duros, muy difíciles, como el de una madre por su hijo, un atentado terrorista, una pandemia.

La tía me apretó fuertemente la mano, sabía que marchaba; sería a la madrugada de la noche siguiente. Cuando el tío se fue estábamos de viaje. ¿Sentimiento de culpabilidad? Con mis abuelos conviví mucho menos, pero el gran cariño y las imágenes quedan. “El duelo del coronavirus es inédito. (…) El ser querido “desaparece” en manos de los tanatopractores o profesionales de la gestión de los restos mortales” (José Carlos Bermejo).

Desolación, impotencia, rabia, soledad. Han surgido recursos y oraciones virtuales, el recuerdo de los momentos convividos, el perenne camino del perdón; el poder situar, quizá a posteriori, al padre, abuelo, hermano, en el corazón y seguir viviendo. Pero nada llenará el vacío de una mano no estrechada o el penúltimo brillo de unos ojos  ya ausentes.

Banderas a media asta, minutos de silencio, corbatas y lazos negros en los actos públicos y las autoridades, salva de cañones al final de la desescalada. Un luto nacional necesario, imprescindible, en homenaje más que merecido a miles de víctimas que levantaron España y nos mecieron en la cuna, me da igual célebres –políticos, cantantes, periodistas, actores, hombres de letras– que sencillos y anónimos. ¿Cuántos miles de muertos? ¿Y los millones de deudos? De Velamazán, ese pequeño pueblo ya sin nadie, casi una decena.

“Hoy debemos jugar a la rayuela de la distancia, pero solo volveremos a ser auténticamente humanos, mentes y cuerpos curados, cuando recuperemos lo que los ángeles envidiaron” (Irene Vallejo). Ningún luto acalla el dolor íntimo.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 29 de mayo de 2020).

Máscaras

Máscaras

Foto www.20minutos.es

“Es conveniente pero yo no la uso, me toco mucho la cara con las manos”. “Es obligatoria en sitios públicos cerrados, no al aire libre”. “No tiene sentido que las personas no enfermas lleven mascarilla”. Hoy es mucho más sencillo seguir cualquier hemeroteca por las redes, y no es difícil rastrear estas y otras afirmaciones en boca de líderes políticos y “responsables” de nuestra Sanidad.

¿Qué ha cambiado para que desde ayer sea obligatorio cubrirnos barbilla, boca, nariz y casi ojos en la vía pública y lugares cerrados? “El uso generalizado de mascarillas por parte de la población general para reducir la transmisión comunitaria del SARS-CoV2 está justificado no solo por su alta transmisibilidad, sino también por la capacidad que han demostrado las mascarillas para bloquear la emisión de gotas infectadas” (Orden de Sanidad del 19 de mayo).

Esto hay que superarlo como sea. Pero si de algo ha adolecido esta crisis es de prevención y de concreciones cotidianas, como si los que pretenden regir nuestra salud no saliesen a la calle. Está bien eximir de mascarilla a los menores de 6 años –de 3 a 5 es optativa–, si hay dificultad respiratoria, motivo de salud o causa mayor o es incompatible con la actividad que se realice, como beber o ingerir alimentos. ¿Pero y esas otras minorías?

Ya se denunció en colectivos de personas sordas el uso de mascarillas estándar; deben ser transparentes para leer los labios. Fundación ONCE ha sacado una Guía para el caso de ciudadanos ciegos y sordociegos y quienes a ellos se dirijan; normas de sentido común como dejarse ver –mediante perro, bastón o extendiendo los brazos– para guardar la distancia de 2 metros; o realizar la comunicación táctil o al oído siempre por detrás o lateralmente, nunca de frente.

El de los motóricos es otro mundo. Mascarilla sí o sí, y ya dijo el doctor Simón que no es necesario desinfectar las ruedas de la silla. ¿Pero ha caído alguien en que en general somos más “bajitos”? Y cuando se abran los restaurantes con mamparas, ¿practicarán orificios en las mismas, e inventarán cubiertos de mango extensible, para los que precisen que se le den de comer?

Aquí parecemos todos “un baile de máscaras”, entre realidad y fantasía. ¿Llegamos tarde? Algún día, detrás de tanta máscara, los rostros y porqués verdaderos saldrán a plena luz.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", sábado 23 de mayo de 2020).

Picaresca

Picaresca

Foto: Portada Natalio Bayo. Prames.

A finales de noviembre publicaba Prames La danza de la muerte, de Natalio Bayo et la santa compaña, en la que tuve el honor de ser incluida, entre otras y otros, junto a mi maestro Rosendo Tello. ¿Vanidad de vanidades? “La danza macabra o danza de la muerte ha sido motivo de inspiración, desde la época tardomedieval, para multitud de autores, músicos, literatos y artistas plásticos”, introduce el pintor.

De los emblemas medievales, pasando por Jorge Manrique o los grabados y dibujos del siglo XVI, a la I Guerra Mundial –“Danza macabra europea”, de Alberto Martini–, un río misterioso y una guadaña fueron segando vidas a lo largo de extensas latitudes. Sin respetar a reyes ni políticos ni dignidades eclesiásticas, a ancianos o a impúberes. ¿Quién iba a decírnoslo? Tampoco a profesiones, de siempre o liberales, creativas, bancarias, administrativas; ni aun las básicas. El peor parado, el médico.

La idea de nacer y empezar a morir es muy barroca, como el teatro de la vida –Calderón–. Pero si alguna tradición literaria, humana y socioeconómica, arraigó en España fue la picaresca. La estratagema de Lázaro de Tormes de hurtar a su amo el vino con una pajuela de centeno, o alimentar del vapor del cocido el Licenciado Cabra a sus acólitos –El Buscón de Quevedo–, son pueriles anécdotas. ¿Y si hubiesen birlado material sanitario al cirujano por sacarse unos cuantos escudos? Preservar la imagen ante todo. ¿Qué no criticaría la Pícara Justina ante esta crisis?

Y están los caballeros andantes, desfacedores de entuertos e injusticias sociales; y su espejo o complementario, según se mire, don Alonso Quijano, que confunde molinos con gigantes. Que esos zagalillos callejeros, tan bellamente retratados por Murillo, no vengan a ser trasunto de un nuevo futuro.

Aquí siempre fuimos quijotescos y románticos, no tanto realistas –los Episodios Nacionales de Galdós son otra historia–. Se sigue deformando la realidad en los espejos cóncavos del Callejón del Gato valleinclanescos, arrimando cada cual el ascua a su sardina. Puro esperpento y carnaval, ¡con la que está cayendo!

Sí a la lucha por la vida, pero no a una nueva Corte de los Milagros barojiana. Pese a la mucha farsa y picaresca, hoy tenemos recursos y espíritu solidario. Como en Fuenteovejuna, el poder retornará al pueblo. Ya no tanto indignado, sí responsable.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 15 de mayo de 2020).

Des-escalada

Des-escalada

Foto www.formacionyestudios.com

Escalada, ‘acción y efecto de escalar’, y escalar, ‘subir o trepar por una pendiente a gran altura’, y añade: ‘subir, no siempre por buena artes, a elevadas dignidades’; aunque también ‘aumento rápido y por lo general alarmante de algo, como los precios, los actos delictivos, los gastos, los armamentos’ (Diccionario de la lengua española).

Des-, prefijo que ‘denota negación o inversión del significado de la palabra simple a la que va antepuesto’, y asimismo ‘fuera de’. Es decir, unido a  confinamiento, ‘acción y efecto de confinar’, y este ‘recluir algo o a alguien dentro de límites’, significaría su negación.

Normalidad, ‘cualidad o condición de normal’ –volver a la normalidad–, entendiendo por tal ‘regla que se debe seguir o a que se deben ajustar las conductas, tareas, actividades’…. Nuevo, nueva: ‘que se percibe o se experimenta por primera vez’; ‘repetido o reiterado para renovarlo’; ‘distinto o diferente de lo que antes había o se tenía aprendido’. Regreso, ‘acción y efecto de regresar, y el verbo, ‘volver al lugar de donde se partió’. Así que el regreso a la nueva normalidad sería un verdadero oxímoron, ‘combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido’.

Así podríamos seguir “ad infinitum”, jugando y divirtiéndonos con las palabras, si divertirse no fuera antitético a la tragedia de miles de fallecidos, multiplicados por el número de deudos, la falta de medidas sanitarias, un curso académico perdido, los cientos de miles de empleos y negocios que ya no van a volver, el síndrome de la cabaña, la mísera precariedad económica que se nos viene encima.

Por cierto, confiemos en que el estado de alarma, “estado que se declara para otorgar poderes especiales al Estado e implica una limitación temporal de ciertos derechos cuando se produce una situación de graves consecuencias en la vida pública, como catástrofes, calamidades, epidemias, etc.”, no derive en excepción, “estado que declara el Gobierno en el supuesto de perturbación grave del orden y que implica la suspensión de ciertas garantías constitucionales”, ni sitio, “estado que, ante una agresión a la integridad del Estado, se decreta otorgando poderes excepcionales a la autoridad militar”.

Conocer el lenguaje también nos salva de la quema. Vivir para aprender.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meriadiano", viernes 8 de mayo de 2020).

Agorafobia

Agorafobia

Foto Unsplash / Heraldo

De ágora, ‘espacio público’, más fobia, ‘pavor’. Algunos niños prefirieron salir a la calle el pasado domingo, como a ciertos adultos les sucederá a partir de mañana. Y es que casi cincuenta días confinados dan para muchos pensamientos y muchas noches.

Han sucedido demasiadas cosas durante esta extraña estancias dentro de un cascarón no siempre confortable. Duelos sin despedidas, soledad sobrevenida de la noche a la mañana, mesas de teletrabajo y guardería compartidas, tensiones familiares, aplausos y canciones en el balcón, videollamadas con parientes lejanos, nuestros padres o la propia pareja. Escenarios de lo más inhabitual.

Y ahora que nos invitan a salir nos entra ese recelo comprensible. ¿Miedo a lo desconocido? Pasear con los hijos, la mujer o el marido, ir a la peluquería o pedir una pizza a domicilio, ¿no lo hacíamos antes? Quizá el temor venga de la incertidumbre: ¿Cuándo nos sentaremos a un café? ¿Podremos ir al cine sin que un huésped insano nos perturbe? ¿Y visitar a los abuelos?

Puede que la incomodidad venga del traje que sin duda va a imponerse esta primavera: mascarilla-antifaz más guantes protectores, cuando más aprieta el calor. Y la desinformación contradictoria: No reabrir los colegios, excepto para los niños cuyos padres trabajan. ¡Pero si trabajamos todos! Ya en la primera fase funcionarán hoteles, ¿y que para qué turistas interprovinciales? ¿Con un 30% del aforo pueden pagarse los impuestos?

Aunque no nos engañemos, lo que más nos preocupa es la salud. Una salud perdida –aparte del origen, todavía incierto– por haber llegado tarde, por tomar las prevenciones imprescindibles, porque esto ya parece más una guerra de precios y de poder, que de sanidad pública universal. Y miedo a un futuro que nos va a resultar a todas luces desconocido: desempleo, miseria, falta de abrazos… No, no nos reconocemos.

Y la amenaza, la permanente espada de Damocles sobre nuestra cabeza y la de los seres más queridos. ¿Por qué no las pruebas necesarias? ¿Quién controla? Porque esa es otra: ¿Aprovechando que no se abre la escuela, suprimir los centros especiales?

“Nueva normalidad”, expresión acuñada por el presidente Xi Jinping, que propugna el progreso del país, liderazgo absoluto y control central. No somos todavía China, ni Venezuela.

María Pilar Martínez Barca

(Heralo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 1 de abril de 2020).-

Fierabrás

Fierabrás

Foto http://arroyodellugar.blogspot.com/

“Hecho esto, quiso él mesmo hacer luego la esperiencia de la virtud de aquel precioso bálsamo que él se imaginaba, y, así, se bebió, de lo que no pudo caber en la alcuza y quedaba en la olla donde se había cocido, casi media azumbre…” (Capítulo XVII, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha). Desde entonces, bálsamo de Fierabrás ha venido a ser sinónimo de elixir que todo lo cura.

Y quizá, en este sentido, no anduviesen tan descaminados el caballero y su autor –de no ser porque las novelas de caballerías le acabasen sorbiendo el seso– en que la lectura es un mágico sanatodo, desfacedor de entuertos y capaz de rescatar a doncellas y príncipes confinados en lo alto o en los bajos de un castillo. “…que es considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas” (Castillo interior, Cap. I, Teresa de Jesús).

¿Y si lo consideramos una clausura, o un tiempo propicio para la creación? Gustavo Adolfo Bécquer, del que ya casi hemos olvidado su centenario, escribía en Desde mi celda: “Queridos amigos: Heme aquí transportado de la noche a la mañana a mi escondido valle de Veruela; heme aquí instalado de nuevo en el oscuro rincón del cual salí por un momento para tener el gusto de estrecharos la mano una vez más…”.

No le sería fácil, enfermo y aislado como tantos. ¿Guardarían sus ojos la luz de Andalucía? Seguramente. Un par de meses se nos hacen tremendamente largos, y sin embargo, ¿quién olvida  sus parques y sus plazas? Ayer mismo, autores, editores, librerías, salimos ilusionados como nunca a la calle virtual. Títulos y nombres y novedades no han de faltarnos de aquí al ansiado otoño: Sergio del Molino, Margarita Barbachano, Chesús Yuste, Ángel Guinda. Sergi Allepuz, Miguel Mena, Rosa Montero…

¿Quién iba a decirnos que este 2020 habríamos de esperar con tantas ganas la caída de la hoja? Acaso se trate buscar un sentido nuevo, como Viktor Frankl. “Somos los únicos animales que fabulan, que ahuyentan la oscuridad con cuentos, que gracias a los relatos aprenden a convivir con el caos, que avivan los rescoldos de las hogueras con el aire de sus palabras (…) Y cuando compartimos los mismos relatos, dejamos de ser extraños” (Irene Vallejo, El infinito en un junco).

Son días oscuros, hay que encender la luz.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 24 de abril de 2020).

Arcas de Noé

Arcas de Noé

Capilla Sixtina, Miguel Ángel. www.abc.es

“También harás entrar en el arca una pareja de cada especie de seres vivientes, de todo lo que es carne, para que sobrevivan contigo; deberán ser un macho y una hembra” (Génesis 2, 19-20). La mañana del pasado día 13, Domingo de Resurrección, me llegaba por Facebook el “gif” de una paloma blanca planeando con sus enormes alas, una ramita de olivo en el pico. ¿Será así nuestra nueva salida a la libertad?

Ana Frank estuvo más de dos años confinada y su salida no fue precisamente una victoria. Edmundo Dantés, en ‘El conde de Montecristo’, es condenado a cumplir trece años de presidio. El rey Lear y Macbeth, de Shakespeare, serían escritas en una cuarentena; y Miguel de Cervantes engendró ‘El Quijote’ en la cárcel de Sevilla. Mientras que Emily Dickinson se recluyó voluntariamente. ¿Y La noche oscura de San Juan?

Muchos vivimos este confinamiento como una pesadilla. “La verdad os hará libres”. No entendemos. ¿Dónde el verdadero origen? Un amigo médico me comentaba cómo en una pandemia podría agarrar el virus hasta el 80% de la población. Algunos, síntomas leves; otros, asintomáticos; muchos, mortales. ¿Pero nueve de cada diez en residencias? ¿Quién podría explicarlo objetivamente?

¿Cómo ha de ser esta nueva alianza o pacto inter políticos? Se nos habla de ‘arcas’, que nadie sabe aún cómo se van a concretar. Y una se pregunta, desde su ignorancia, si un gran dependiente, en un casual, diese asintomático positivo, ¿quién le proporcionará la asistencia imprescindible las 24 horas? ¿Habría suficientes guarderías si los padres han de ser aislados?

No estamos todavía en un régimen totalitario, que yo sepa, aunque no todos dispongamos de casa con jardín. ¿Nostradamus? El miedo como la fantasía también son libres, y teorías apocalípticas, más de una. Según Rosa Montero en ‘Lágrimas en la lluvia’, el día del fin del mundo podría ser también un buen día para tomarnos unas copas. Coinciden en la idea los pueblos mesoamericanos de origen precolombino, la humanidad vive ahora una fase denominada ‘el quinto Sol’, la anterior terminó en una gran inundación.

“Regresó al atardecer, trayendo en su pico una rama verde de olivo. Así supo Noé que las aguas habían terminado de bajar” (Génesis 8, 11). Los primeros en salir deberían ser los niños, esos pequeños héroes. Ya lo sé, mucha prudencia.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 17 de abril de 2020).

Semana Santa

Semana Santa

Foto Jesús Alba

Esta Semana Santa no hay procesiones, ni rompida de la hora, ni tráfico en la carretera hacia destinos vacacionales tan esperados. “El silencio es un recurso que tenemos los seres humanos para acceder de una manera especial a la profundidad de nuestro interior y a la profundidad de las personas que buscamos” (José Carlos Bermejo, Residencia San Camilo).

Y sin embargo hay un largo camino por recorrer: “La multitud alfombró el camino con sus manos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada” (Mateo 21). ¡Cuántos viajes, ilusiones y sueños frustrados en esta primavera, y para los creyentes en esta luna de Nisam! “Lamma Sabachtani” es el título de la novela de Luisa Llagostera, Premio San Jorge 1982, de corte apocalíptico; y también las palabras de Cristo en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

Del exilio del pueblo judío en Babilonia, el profeta Ezequiel, al último aliento de Jesús y este 2020 que tanta noche tétrica nos guardaba. “¿Cómo Dios va a negarnos vivir por experiencia lo que ya sabemos por fe, que Dios vino al mundo con oferta de amor incondicional?” (Antonio Mas Arrondo). Pero es terriblemente duro, la pasión recreada a la enésima potencia.

“Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?”” (Juan 13). ¿A cuántos sanitarios, celadores, empleadas de híper, farmacéuticos, personal del orden público, informáticos, periodistas, cuidadores de grandes dependientes nos recuerda? “… muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano” (Isaías 32).

¿Cuántos eccehomos habrán pasado en este mes escaso por nuestras UCIs? “Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha” (Juan 18). La rabia y la ira son inevitables; como la negación. “… pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas”; “¿y qué es la verdad?”. Tuvieron que elegir a quién salvaban.

“Mujer, ahí tienes a tu hijo. (…) Ahí tienes a tu madre”. En la más absoluta soledad. “Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo…” (Juan 19). Ni sepultura.

“En la Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza” (papa Francisco). ¿Quién dijo que no hay Semana Santa?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 10 de abril de 2020).

Valor social

Valor social

Foto Heraldo / DFA

En casa, escucho lamentarse a un perrito y llorar a una niña. Muchos novios esta primavera aplazaron su boda “sine die”; tantos trabajadores sin empleo, las mujeres y los hombres que sufren violencia, mayores confinados en su hogar, inmigrantes sin casa que atender…

Siempre en una pandemia u otras catástrofes sociales hay personas aún más sufridoras. Escribía una amiga: “En las residencias de personas con diversidad intelectual lo están pasando fatal. No tienen material suficiente ni se hacen pruebas, los profesionales están sobrecargados. (…) Los internos no entienden lo que ocurre, y eso incrementa crisis y malestares”.

Hay centros de ocio para físicos que han aplicado un ERTE. “Toda  la  actuación  de  las instituciones  y  profesionales  sanitarios, en  cualquier situación, debe  estar  presidida  por  los  mandatos  imperativos  de  derechos humanos, de no discriminar ni tratar desigualmente” (CERMI). Nada fácil en esta crisis monstruosa.

No se puede exigir una asistencia personalizada como en tiempos normales, pero sí unos servicios básicos, en casa o en el hospital. En algunas comunidades se ha reducido la propia Ayuda a Domicilio al Grado III, sin un mínimo de seguridad, “medidas que pueden provocar un empeoramiento de la situación, deterioro y mayor exposición a la enfermedad” (Foro de Vida Independiente).

Peor si se es enfermo con capacidades diferentes o muy mayor. “La discapacidad de la persona enferma no puede ser nunca por sí misma un motivo que priorice la atención sanitaria de las personas que carecen de discapacidad”, subraya el Comité de Bioética de la SEMICYUC, tras el documento de Madrid: no enviar a hospitales a ancianos de residencias dependientes en la marcha o con deterioro cognitivo –garrafal error subsanado en principio–.

Entrevista Isabel Gemio a cierta responsable de un centro de lesionados medulares. Lo dan todo de sí, faltan recursos. ¿Dónde el valor social?

Riesgo de fallo multiorgánico, esperanza de vida inferior a dos años, ¿no cuenta la edad? “De entre todos los verbos que como sanitario he conjugado a lo largo de mi vida, sin duda el más complejo ha sido el de hacer triaje” (Manuel Cortés Blanco, Proyecto Los Argonauta, contra la discriminación del paciente anciano). Se siguen escuchando ambulancias.

Seguimos en Cuaresma y cuarentena, hay que esperar la luz.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", 3 de abril de 2020).