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La lampara encendida

María del Pilar

María del Pilar

Foto José Miguel Marco / Heraldo

Existen palabras y expresiones que, de lexicalizarlas, pierden su sentido original. A mí, como a tantas, me bautizaron con el nombre de la Virgen, hija y descendiente de sorianos recién afincados en Zaragoza.

Pilar. Pili, Pilares, Pilica, Pilica. Pililica, Piluca, Pilarica, tía Pi, como me llamaban mis sobrinos de pequeña. ¿Por eso en mis primeros poemarios decidí firmar María P, por resaltar el nombre de María?

Una pequeña talla en madera dorada de María con el niño Jesús, sobre una columna de jaspe, bronce y plata, vestida con el manto que, tras de la pandemia, se sigue renovando cada día. Patrona de la ciudad desde 1642, de todo Aragón treinta años después, de la Hispanidad y de diversos cuerpos, como el de Correos y Telégrafos, donde siempre trabajó mi padre.

La solemne corona, bajo el pontificado de Pío XII y el reinado de María Cristina, nunca me despintó a la Virgencica humilde con su Niño, a los que tantos adoramos. Y, quitando apellidos y advocaciones, me gusta más centrarme en la María de Nazaret en cuerpo y alma, que visitó a Santiago y los siete primeros convertidos zaragozanos, y en aquella entrañable capilla de adobe que hubieron de levantar a orillas del Ebro.

Desde ahí sí comprendo, y me conmueve, y me postro. El homenaje a la jota, los conciertos, las  actividades para niños y la fiesta joven, las vaquillas, los toros, las casetas regionales reabiertas, el teatro, las ferias, los chiringuitos. Todo cobra sentido y recobra alegrías tras más de dos años de casi encierro y nostalgia.

Pero también tienen significado las ausencias. Aquellos que no han podido volver a celebrar y acompañarnos, los duelos amputados, sin cercanía, las lágrimas sofocadas en medio de tantísimo dolor. María hacía siete años que había descorrido la losa del sepulcro cuando nos visitó.

Cuando el pasado día 12 pasé, vestida con mi traje de piñorra y mi sencillo ramico de claveles, hasta la Virgen sentí algo especial. ¿Las raíces profundas bajo mis ruedas? ¿La pasión de más de dos mil años por la vida? ¿La emoción por un logro conseguido? María del Pilar de Nazaret, hermoso nombre de pila para tantas que seguimos soñando con encender la luz en esta noche adversa.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 16 de octubre de 2022).

Querido Antón

Querido Antón

Foto José Miguel Marco / Heraldo

Todos hemos pasado por tus manos. Bien jovencitos éramos cuando viniste por primera vez a casa para aquella reseña de Epifanía de la luz: “Palomas de silencio para habitar la memoria”. Llevabas apenas 10 años con nosotros.

Habías dado ya a la luz Mitologías y estabas a punto de editar Los pasajeros del estío y El corazón desbordado, de Julio Antonio Gómez. No tardarías mucho en comentarme sobre un proyecto ilusionante que iba a remover los cimientos culturales de Aragón: “Imán”, suplemento de El Día. ¡Mi primera nómina como colaboradora periodística! –aún guardo los recibos en mi mesilla de noche–.

Bestiario aragonés, Aragoneses ilustres, Veneno en la boca, El testamento de amor de Patricio Julve, El álbum del solitario… “Deberíamos estar siempre ebrios, eso es todo. Para no sentir la terrible carga del Tiempo, que nos destroza la espalda, es necesario embriagarnos sin tregua” (Vino del mar). Solo un caminante de tu altura, de Santa Mariña de Lañas-Arteixo (La Coruña) a nuestro cierzo, puede seguir andando en otros pies.

“Rayuela” o “La Cultura” en El Periódico de Aragón, “Borradores” en Aragón tv… Aquella entrevista con Ana Catalá sería inolvidable. Y es que tú no solo transparentas esa red de inter conexiones culturales que bulle en tu cerebro, sino que donas vida y vas creando lazos de amistad de persona a persona.

De Flor de agua a Se está muy bien aquí, mis estudios de Manuel Pinillos o La manzana o el vértigo, me fuiste conociendo muy por dentro. Acaso porque mi ansiedad y mis momentos de paz rozando casi el éxtasis eran también los tuyos. “Sé dónde estás y qué ves. / Puedo imaginarlo muy bien: / ese océano verde, ahogado por un cielo / gris y melancólico, el campo abierto / hacia un horizonte interminable” (Cazador de Ángeles).

En “Artes y Letras” de Heraldo de Aragón fui juez y parte muchas veces, llevada de tu mano generosa. Antonio Colinas, Rosa Montero, Antonio Gamoneda, Olvido García Valdés… ¿Recuerdas cuando, en otra de tus entrevistas, describiste la relación de amor-ausencia con mi padre?

Maestro, amigo… siempre estuviste ahí. “Es la ciudad de mi vida, de mi memoria, de mi formación. Me gusta hasta la locura del cierzo”. Antón querido, hijo adoptivo ya para siempre de Zaragoza, y de nuestro corazón.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 9 de octubre de 2022).

El invierno que viene

El invierno que viene

Foto Pixabay / Heraldo

En menos de lo que canta un gallo hemos pasado del más tórrido y desértico calor a las primeras nieves, como suele suceder en nuestra tierra, y la semana pasada la tuvimos fina. Con la caída de la hoja comienzan a salir del armario camisetas más gruesas, jerséis y cazadoras. Y hay quien pronostica lo peor.

Se habla de retrasar la calefacción, de bajarla a mínimos, prescindir del sistema central y poner radiadores individuales. En la ciudad se trabaja ya en un proyecto de redes de calor y energías renovables para climatización y agua caliente en las viviendas. Pero no hay nada nuevo bajo el sol ni los carámbanos.

Antes sí hacía frío de narices, cuando éramos pequeños. La piña de la estufa eléctrica podía hacerte ampollas en la mano, y si salías del cuarto te congelabas. Y antaño, cuando nuestros abuelos, el ladrillo en la cama y un brasero, la manta y unos buenos cobertores.

Adaptarse es sobrevivir. Más en tiempos de guerra. Cuentan que si Alemania la perdió fue en parte por el frío. ¿Cómo ha de avanzar en estos meses el desafío ruso? ¿Nos tendrá a toda Europa a raya? ¿Habrá al final explosión que caliente los ánimos y haga volar por los aires los cimientos más sólidos?

Si pienso en las familias ucranianas que han resistido en lo que fue su cuna y pueden perder su patria, se me hiela la sangre. Donetsk, Lugansk, Jersón, Zaporiyia, ¿acabarán siendo rusas? ¿Y todos esos hijos, padres, esposos, enamorados, de uno u otro lado, a los que arrancan de los suyos para alistarlos a la muerte?

¿En las guerras se encienden luces de Navidad? Me temo que este año todas nuestras ciudades van a ser más oscuras, con menos alegría en las calles y a flor de corazón. Y no es solo el conflicto ni la carestía de la vida. Busquemos más adentro.

Lo peor no es el frío de la piel. Los mayores tenían de golosina los chupones de hielo, y en la nieve disfrutamos de lo lindo, nos despereza el alma. Ha de ser otro el motivo de la eterna tristeza del invierno.

Por lo menos, el clima nos ha dado unos días de respiro, han vuelto a subir las temperaturas. Mientras, preparemos la vuelta a la rutina del hogar o el trabajo, a las noches más cortas de la estación. Y confiemos que este invierno no sea tan crudo como seco el verano, que el frío también quema y produce heridas que tardan en sanar.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", jueves 6 de octubre de 2022).

Reina después de muerta

Reina después de muerta

Foto https://nationalgeografic.com

Joe Biden, Naruhito y Masako de Japón, Úrsula von der Leyen, Emmanuel Macron, el rey Abdulá II de Jordania y todos los soberanos de las casas reales europeas. Isabel Segunda, por la Gracia de Dios, reina del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, y de sus otros Reinos y Territorios, jefa de la Mancomunidad de Naciones (Commonwealth), defensora de la Fe. La semana pasada presenciábamos un funeral que ha marcado historia.

Dicen que el más multitudinario desde el de Winston Churchill. Nieta de Jorge V, instaurador de la dinastía Windsor, a quien adoraba, la abdicación de su tío Eduardo y la muerte de su padre, la subieron al trono con 26 años. Siete décadas de reinado equivaldrían a catorce presidentes de EE. UU., un giro completo en el Reino Unido, del Imperio al Brexit, y la relación con personalidades como The Beatles, Spice Girls, Jennifer López o el papa Francisco.

“Ha muerto en su residencia de Balmoral, en paz y rodeada de sus seres queridos”, fue el anuncio oficial, el jueves 8 de septiembre. Dos días antes la veíamos recibiendo a Lyz Truss, nueva primera ministra, junto a la chimenea, apoyada en un bastón y con un marcado hematoma en su mano derecha.

Del castillo de Balmoral, en Escocia, a Londres; el palacio de Buckingham, el de Westminster –sede del Parlamento, donde la velarían impertérritos sus ocho nietos–, el oficio en la abadía de Westminster, el paseo por las calles, hasta el emblemático arco de Wellington, y el viaje definitivo de la monarca a la capilla de San Jorge, en el castillo de Windsor.

Cautivaban los desfiles pautados, la calma de sus hijos junto al féretro, el estandarte, el cetro, la corona y el orbe con la cruz custodiando el cadáver, las gentes en las calles y ante grandes pantallas, cada gesto aparentemente sencillo y tan medido. Pero si algo nos conmovió fue el progresivo despojo, la Lamentación interpretada por el Gaitero del Soberano, el silencio cada vez más denso que venía del claustro, las lágrimas del rey.

Todo lo había dispuesto Isabel: los lugares, los cantos, la despedida, el encuentro de reyes reinantes con sus padres. “Dedicaré toda mi vida, ya sea corta o larga, a vuestro servicio”. Una mujer que supo reinar, ser buena madre, envejecer y morir con dignidad. To be, or not to be, esa es la cuestión.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", miércoles 28 de septiembre de 2022).

Javier Marías

Javier Marías

Foto J. P. Gandul / Efe

Hijo del inolvidable Julián Marías –de discípulo de Ortega a padre de la Constitución– y de Dolores Franco, el joven Javier se educaría entre libros y una educación sentimental anglo española. De Los dominios del lobo, parodia-homenaje del cine americanos híbrido de diversos géneros, a Tomás Nevinson, “quizás la mejor novela de Javier María” según José-Carlos Mainer, ha pasado la friolera de medio siglo.

Novelista, traductor, escritor de cuentos infantiles, articulista, académico, ensayista, editor… Tradujo a Robert Louis Stevenson, Joseph Conrad, Thomas Browne o William Faulkner. Entre sus títulos, El Quijote de Wellesley y Seré amado cuando falte.

“… he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola…”. Corazón tan blanco, Mañana en la batalla piensa en mí, Negra espalda del tiempo, Tu rostro mañana. Una imaginación desbordante, un estilo cuidado y exquisito, cinematográfico a veces, el cruce entre realidad y ficción.

No es fácil encajar en tendencias a un autor tan prolífico, que iba a los institutos sin cobrar y rehusó el Premio Nacional de Narrativa: “Estoy siendo coherente con lo que siempre he dicho, que nunca recibiría un premio institucional”. Su editorial, Reino de Redondo, que regentaba junto a Carme López Mercader, su compañera eterna y reciente esposa, no sabía de gastos ni de números rojos; sí de calidad.

María de Los enamoramientos, Berta Isla o las protagonistas de los cuentos dan la voz femenina al relato, en una partitura que el autor nunca sabe si va a tener continuación. Cada libro escrito e idolatrado podría ser el último.

En realidad, narrar es un arduo esfuerzo de puro ilusionismo infantil: imposible retratar las cosas como son. Traducir, cualquier palabra o concepto de un idioma a otro, el más difícil todavía. “Sigan pensando en algo más universal de lo que todos tenemos conciencia y a lo que nadie podemos escapar. Y enseguida aparecía la muerte, de la que nadie se ha librado y que a todos aguarda pacientemente” (Discurso de ingreso en la RAE de Javier Marías).

“Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con una muerta entre los brazos y que ya no verá más su rostro cuyo nombre recuerda” (Mañana en la batalla piensa en mí). A Javier lo seguiremos viendo en su obra.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 18 de septiembre de 2022).

Volver sin máscaras

Volver sin máscaras

Foto Rafael Gobantes / Heraldo

Mascarillas para alumnos vulnerables, en el transporte, ventilación… El pasado día 8 se inauguraba el curso para los más pequeños, con nuevas perspectivas de normalidad.

Ya no son necesarios los grupos burbuja, entrar por un lado del pasillo y salir por otro, compartimentar el recreo con horarios para cada clase. Las ventanas abiertas por momentos se irán equilibrando por una más baja calefacción, por eso del ahorro energético.

Y es que a las alumnas y los alumnos hay que ir enseñándoles desde niños. Cambio en el currículo, organización y objetivos; menos memoria y más resolución de problemas de la vida real.

No hay recuperaciones en septiembre (Lomloe 2021). Se podrá pasar de curso con una asignatura no aprobada o si el profesorado lo estima conveniente. Más vacaciones trimestrales, al estilo europeo.

Educación para la salud, incluida la afectivo-sexual, igualdad entre hombres y mujeres, respeto entre iguales e inclusión de la diversidad. Educación en Valores Cívicos y Éticos de 10 a 12 años e incentivación a la lectura. La nueva FP, que va a priorizarse, tendrá puentes a la Universidad.

Está fenomenal. Que los chicos aprendan, se preparen, compartan… Que haya oportunidades para todos. Aunque nunca lo cortés ha quitado lo valiente. ¿Acaso está reñido memorizar o leerse el Quijote con crecer con los pies en la tierra?

José Ángel Valente trataba ya, en Las palabras de la tribu, el enfrentamiento entre ideología y literatura o entre el discurso institucional y la palabra creadora. Escuelas rurales, más o menos número de estudiantes por aula, atención a las capacidades diferentes… La educación de género debe ser transversal, lo mismo que la educación en sí.

Un nuevo curso, ilusionante y esperanzador. “El impacto de la subida de libros de texto, comedor y transporte lo está asumiendo la Administración”, afirmaba Felipe Faci, nuestro consejero de Educación. Las restricciones energéticas pueden acercar a  los alumnos a sus compañeros ucranianos y de otras culturas, hacernos a todos solidarios. Pero vayamos un poco más allá. Ahora que estrenamos curso ya sin mascarillas, dejemos también caer la venda de los ojos: enseñan no es inculcar una tendencia.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 11 de septiembre de 2022).

Sequía

Sequía

Foto Verónica Lacasa / Heraldo

Troncos, barcos de guerra, cadáveres, necrópolis, termas, ciudades y civilizaciones antiguas… La brutal escasez de agua de este verano, con no más del 25 al 43% de pantanos y embalses, ha dejado al descubierto la belleza de la Tiermas romana en Yesa, el dolmen prehistórico de Guadalperal en Cáceres o “Stonehenge” español –de hacia 5000 años a. C.--, o los buques de guerra nazis hundidos en el Danubio hace ocho décadas cuando huían de la tropa soviética.

Es la otra cara de la moneda de esta bestial sequía que nos está asolando el planeta entero. La situación se agrava en muchos embalses aragoneses. Yesa, Mediano… Algunos cubren solo el 11% de su capacidad y otros aparecen muertos. El cauce Gállego-Cinca está al límite, Huesca apuesta por restringir el agua, Teruel parece algo más optimista. La gravedad extrema llega a Andalucía y el parque natural de Doñana se seca por completo.

Más de la mitad de Europa, de sur a norte, sufre sequía y agrava la crisis económica. Pero es que el mundo está convulso: temperatura extrema, falta de lluvias, cambio climático incorporado. China lleva dos meses con 40º C. y sensaciones térmicas de 50º C.; en el cuerno de África tampoco llueve, la mortandad no sabe ya de cifras.

“Este verano probablemente sea el más fresco de lo que nos quede de vida” (Fernando Valladares, ecólogo del CSIC). No será para tanto, piensan otros; se alternarán veranos más y menos cálidos. Y hay quienes vaticinan que de aquí a 2036 vamos a ir de mal en peor.

Lo cierto es que hasta la fecha no ha sido muy habitual hallarse en una terraza de Soria a 45º C. el mes de julio, que casi me da un yu yu de calor. Y los rastrojos y hasta los girasoles más resecos que nunca. ¿Qué sería de un mundo sin gaviotas, con los últimos peces disecados?

Las llamaron las “piedras del hambre” (hungersteine en alemán), y en los ríos checos y en el Elba han resurgido algunas con los míseros cauces de este año. “Si me ves, llora” reza una de las más célebres, aludiendo a la hambruna, secuela histórica de sequías extremas. Y a una le vienen las palabras parafraseadas de Jesús: “Llorad por vosotras, mujeres de Jerusalén”. Porque si esta de 2022 se cuenta como la peor sequía de la Historia, los augurios no son que digamos muy favorables. ¿Qué han de ver nuestros hijos?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", jueves 8 de septiembre de 2022).

Ceñirse el cinturón

Ceñirse el cinturón

Foto www.heraldo.es

El Ayuntamiento, la Diputación, La Seo, el Pilar, El Corte Inglés, los grandes almacenes y pequeños comercios. Todo apagado. ¿Otra vez una ciudad fantasma? Ahora por la pandemia económica y las consecuencias de una guerra a todas luces, valga la paradoja, de lo más absurdo.

Con la que ha caído y está cayendo, entras a un bar y apenas te refrescas ni se te quita la sed. Claro, mayor consumición, aparte del ahorro energético. Lo mismo en el cine, sudas la gota gorda. Aunque el abaratamiento en las piscinas suponga un mayor bien para el ciudadano que para el concejo. Y es que con el cambio climático que se nos avecina, y que ya está aquí –secarrales, incendios…–, 27º C no son nada ni añaden el menor alivio.

¿Cómo será el otoño? ¿Y este próximo invierno? Vaticinan que vendrán especialmente crudos, inhóspitos y heladores, y deberemos agachar las orejas ante el sátrapa Putin. ¿Habremos de cambiar las mascarillas por camisetas térmicas, jerséis de cuello alto, abrigos, gorros y bufandas? ¿Una nueva Siberia en pleno centro y sur de Europa? ¿Y si es otra forma de anexionar territorios y conciencias?

Ya me imagino, en casa, el trabajo o la escuela, las grandes superficies, espectáculos o si vas a comer, a 19º C. Será sin duda el invierno de los edredones. ¿Habrá un baby boom bajo las mantas? Y pienso en los niños pequeños, en los mayores, en las personas afectadas de asma u otras patologías respiratorias. ¿Pandemia tras pandemia sin final?

De todas formas, sin obviar los cambios inminentes ni la catástrofe que puede conllevar para esta casa que llamamos tierra, calores extremados y fríos heladores existieron siempre. “Tengo frío junto a los manantiales. He subido hasta cansar mi corazón” (Antonio Gamoneda, Libro del frío, 1982). El verano de mi Selectividad fue especialmente tórrido; y aún recuerdo las camisas cristos en los tendederos de pequeña.

Pensamos que nunca hubo estos incendios. Creemos que estas temperaturas, esta sequía… Fantaseamos con el final de todo. ¿Anticipo de la era posnuclear? “El ciego sol, la sed y la fatiga. / Por la terrible estepa castellana, / al destierro, con doce de los suyos / –polvo, sudor y hierro– el Cid cabalga” (Manuel Machado, Castilla).

Nada nuevo bajo el sol ni sobre el hielo. Y mejor que el Señor, llámese Naturaleza o Sociedad, nos encuentre con la túnica ceñida y encendida la lámpara del sentido común.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 28 de agosto de 2022).

El fuego de la razón

El fuego de la razón

Foto www.wikipedia.org

Añón y Vera del Moncayo, El Buste, Trasmoz, Litago, Borja, Santuario de la Misericordia, Tarazona… En cada clave de la crucería confluyen un montón de nervaturas de mi educación sentimental. Y en el centro de todas, el Monasterio de Veruela, emblema y punto de encuentro con familia, amigos, artistas y escritores célebres de dentro y fuera de Aragón.

Hará ya cuatro décadas de nuestras excursiones con la parroquia de Begoña. El claustro, la sala capitular, el refectorio, la misa ante la imagen románica de Santa María, al fondo la girola, la comida de picnic en los jardines. Todo nos sorprendía con el encanto de la primera juventud.

Me recuerdo allí, en el bellísimo enclave del Moncayo, mi familia al completo. Mis padres todavía jóvenes, pequeños mis hermanos, luego los tíos, años más tarde mi pareja, los sobrinos –Juan se reconocía muy bebé en el bar del Santuario–. De Veruela a Añón, era una aventura explorar con el coche por aquellos hermosos y solitarios andurriales.

Entre una y otra edad, el Santuario de la Misericordia me marcó muy entrañablemente. Era mi tiempo de Hora 3 y las Pascuas Juveniles, organizadas por dos hermanas Anas y el sacerdote José Luis Sofín. Sentados en el suelo, yo en mi silla, recreábamos personajes y escenas de la Pasión; celebrábamos cada uno de los tiempos de la Vigilia: Luz, Palabra, Agua, Pan. “Hacía niebla, y frío, y honda noche / ribera del Moncayo. Allí, en la plaza, / el viento iba rizando estrellas tibias / del fondo de la fuente. Se prendiera / el corazón hirsuto de unos leños / y el aire, de repente, se hizo llama, / silencio en las miradas, brisa lenta, / reposo allá en el centro de los árboles” (En luna llena). Cecilia no había retocado todavía el Eccehomo.

Pero fuimos creciendo, y la pasión intelectual fue tomando más fuerza. De nuevo en el Monasterio de Veruela junto a los Bécquer, rehabilitado ya por la DPZ, los Festivales de Poesía del Moncayo, gracias a nuestra querida Trini –Trinidad Ruiz Marcellán– y Marcelo Reyes. De B Vocal a Luis Alberto de Cuenca, Ángel Guinda, Manuel Vilas… Al fondo siempre la Casa del Traductor de Tarazona, o la Casa del Poeta de Trasmoz y la magia de sus brujas. Di voz a Manuel Pinillos; Blanca Langa la pondría a mis versos.

Si el sueño de la razón produce monstruos, que el fuego que prenda el Moncayo, y otros paraísos naturales, sea a partir de ahora siempre interior.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 21 de agosto de 2022).

Pinchazos

Pinchazos

Foto V. M. / Heraldo

Pinchazo, “acción y efecto de pinchar”. Pinchar: “Clavar algo punzante en alguien o algo”. O también: “Poner una inyección a alguien” (Diccionario de la lengua española). Para quienes siempre sufrimos tripanofobia, pavor o temor excesivo a las agujas, nunca dejó de ser una incomodidad exacerbada. Ahora ha cobrado una connotación dramáticamente diferente.

Se ha dado en Gran Bretaña y Francia, y entre nosotros van más de 60 denuncias. Por si la violencia de género no fuera suficiente, o controlar a la novieta por el móvil, el whatsapp o las redes sociales, esta moda reciente de pinchar a las jóvenes que asisten a la disco, un concierto o evento lúdico de masas carece de toda congruencia. “Enojar, zaherir a alguien”.

¿Qué hay detrás de estas agresiones? Moda, broma pesada, deseo de meterse con las chicas, de mantenerlas a raya y a distancia… “Mi amiga me dijo que le habían pinchado, nos volvimos rápidamente y vimos a un chico que salía con una jeringuilla”. No cabe siquiera el estupor. “Dicho de una parte del cuerpo: Producir un dolor agudo semejante a un pinchazo”. Solo que no es semejanza, alucinación ni paranoia; sino drásticamente real.

Puede ir de los mareos a la pérdida de la voluntad y la conciencia. De la inoculación de éxtasis y otras drogas líquidas, a la transmisión, por jeringas infectadas, de VIH o hepatitis. Antaño se pinchaban discos, “poner un disco en un equipo reproductor de sonido”. Últimamente los teléfonos, “intervenir una línea o una comunicación telefónica”. Vamos de mal en peor.

Pincharse es también “inyectarse droga”. Los médicos y expertos ven muy difícil que con un mete y saca de aguja se inyecte realmente una sustancia de sumisión química o alucinógena, para lo que se necesitan unos minutos y el asentimiento de la víctima (sin perder la forma pronominal).

Los nuevos pinchazos connotan amenazas y efectos más oscuros, como un coche que ha de cambiar de pronto de sentido. “Dicho de una rueda neumática y, por extensión, del vehículo o de sus ocupantes: Tener un pinchazo”. O hundimiento de personas, empresas y futuros en común. “Dicho de un proyecto o empresa, o de una persona o equipo: Fracasar en el desempeño de su función o actividad”.

Y aquí todos somos responsables.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribina", domingo 14 de agosto de 2022).

Olena

Olena

Foto Annie Leibovitz / www.vogue.es

Mujer de nuestro tiempo, arquitecta, guionista de cine y televisión, comprometida con las personas con diversidad funcional. “Han sido los meses más horribles de mi vida, y de las vidas de todos los ucranianos”.

Así declaraba Olena Zelenska, esposa del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en controvertida entrevista a la revista Vogue. “Francamente, no creo que nadie sea consciente de cómo lo hemos manejado emocionalmente. Anhelamos la victoria. No tenemos ninguna duda de que venceremos. Y esto es lo que nos hace seguir adelante”, continúa.

Olena Kiyashko nació en Kryvyi Rih, ciudad centro ucrania, en 1978. Coincidiría en la escuela con su esposo, aunque no sería hasta sus estudios en la Facultad de Ingeniería Civil –ella Arquitectura, él Derecho– cuando se trataran personalmente. Ocho años de noviazgo dan para mucho. “Por supuesto que es la persona a quien amo. Pero también es mi gran amiga. Olena es en realidad mi mejor amiga”, afirma Volodímir. Le sedujeron sus ojos, su boca y su inteligencia.

Crecieron en las postrimerías de la Unión Soviética y al ritmo de The Beatles, en sus planes no entraba la política, sí la comedia. Primero sería una productora, Kvartal 95, después la serie televisiva “Servidor del pueblo”, en la que Zelenzki se preconizaba presidente, como finalmente sucedió. El destino cercano iba a ser un drama universal.

Las campanas de Santa Sofía de Kiev lloran por cada niño muerto. Volodimir, por sus hijos: “Sufre mucho. Y mis hijos también, porque no pueden verse”. ¿Amoral posar a la última moda europeo ucraniana, mientras se lanzan bombas día y noche?

Nueve millones de expatriados, madres que huyen con sus niños todavía vivos, miles de civiles muerto; ciudades, casas, colegios para siempre derruidos. Ya no es necesario llevar aliento a las escuelas. Hoy Olena se centra en poner audioguías en países que acogen a refugiados; en pequeños con necesidades especiales, o en la salud mental de Ucrania de aquí a un futuro próximo. Se trata de salvar Occidente.

“…pido armas, no armas que se vayan a utilizar para librar una guerra en tierra ajena, sino para proteger el propio hogar y el derecho a despertarse vivo en ese hogar”. Olena y Volodimir representan el antídoto a un Putin solitario; o a Hitler y Eva Braun. Que 1984, del novelista George Orwell, no vuelva a encarnarse entre nosotros.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 7 de agosto de 2022).

Mar y trigo

Mar y trigo

La playa Pita (Soria). Foto Jesús Alba Enatarriaga

Monte Igeldo, isla de Santa Clara, Pico del Loro, Monte Urgull… Llegamos a San Sebastián con 39 grados, aunque la galerna nos salvó. Nos gusta contemplar desde la playa de Ondarreta el mar interminable y sus veleros, los montecitos verdes, la casa de Chillida y un poco más allá el mágico Peine de los Vientos. Al otro lado, La Concha, el Antiguo, el puerto en el extremo de la bahía… La vista es aún más bella si cabe desde la Villa San Martín, antiguo restaurante de la tía Milagros –Milagros Enatarriaga–, junto al Funicular, que a tantos célebres albergó. De San Telmo a Miramar, la ciudad nos cautiva.

Cruzamos hacia Navarra, el azul inabarcable en cada rincón de la memoria. Todavía, unos entrañables “txokos” guipuzcoanos: Izaskun o la ermita de Aldaba, con el Txindoki al fondo. Y un poco más allá, Estella y Puente la Reina, Nuestra Señora de Eunate y su hermoso románico o el monasterio de Irache, con sus dos claustros y su “fuente” del vino –la acepción no se recoge por la RAE–, para calmar la sed del peregrino. Belleza tristemente oscurecida por tantos montes chamuscados.

No llegamos a Burgos, pero Castilla, sus mieses, ya rastrojos, y sus castillos, están todos resecos, a punto de prender. La provincia de Soria, cereales, judías, pinares, álamos machadianos y cada vez más frecuentes los girasoles. La capital, con Gerardo Diego junto al Casino bajo 45 grados; Almazán, lugar de residencia de Tirso de Molina y don Enrique Moliner, médico rural y padre de María Moliner; la ermita de San Baudelio, Barca y su museo etnográfico, o Velamazán, cuna de mis abuelos y mis padres.

Si algún día me pierdo, buscadme en El Burgo de Osma, la ciudad celtíbera, la Uxama visigoda, romana y después cristianizada, mezcolanza y cruce de culturas que se muestran en su concatedral. Soportales y casas solariegas, el Ayuntamiento y la plaza Mayor, el paseo nocturno junto a las murallas iluminadas, que no conocen restricciones, y la Universidad renacentista de Santa Catalina –Filosofía, Medicina, Derecho y Teología–, hoy nuestro hotel.

Productos gastronómicos de siempre, mantequilla, torreznos, paciencias, yemas y el nuevo chocorrezno, de diferentes sabores. De regreso, en la linde de Ateca con Alhama, infinitas extensiones calcinadas. Mar y trigo, trigo y cielo. Europa y la bandera ucraniana están que arden. El futuro aún nos pertenece.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 31 de julio de 2022).

Buena cosecha

Buena cosecha

Foto Reuters - www.publico.es

Desde niña, estoy habituada a las grandes extensiones amarillas de los campos de Castilla machadianos, de la Soria de mis padres y abuelos. Dorado para el trigo, un poco más tostada la cebada, despintada la avena. Allí, que se cosechaba algo más tarde, dicen que con un año me subieron al trillo con la tía María, por apartar el grano de la parva. Todavía muy chica, donde ahora vivimos en Zaragoza se plantaban campos de maíz, con el que el tío Fermín y el primo Isidoro me hacían chiflos o silbatos.

Lo de los girasoles en el pueblo fue algo después, con el tallo girando siempre hacia la luz. La hoz y las antiguas segadoras se fueron sustituyendo por máquinas más modernas y sinfines, para subir el grano a la cámara. Lo de las cosechadoras es ya de penúltima generación, y lo de los tractores con GPS ni te cuento.

No siempre fue así. Cuentan que hubo una guerra y una dura posquerra, que el Somatén requisaba hasta la harina, y en casa del abuelo tenían un molinillo de estraperlo. “Si el grano de trigo no muere no dará fruto”. Duras metáforas para una gente ruda y trabajada, como la misma tierra y el adobe. Esperando del cielo, cuando nadie aseguraba la cosecha ni podía elegirse el número de hijos.

Y, sin embargo, se daba una continuidad casi sagrada generación tras generación. Desde antes de la Edad Media, Numancia la sacrificada o los judíos. La cultura mediterránea se basó siempre en los cereales y el olivo. Algo ancestral, como los propios ritos de la vida y la muerte.

Vivimos sin duda un tiempo de revoluciones, de la digital a la alimenticia. Tan pronto se nos habla de conquistar el espacio o los exoplanetas, o una proteína que pudiera hacernos casi inmortales, como un virus paraliza el universo. Ora el cambio climático, ora volcanes, ora una guerra en el centro de nuestra civilización.

Nos hemos quedado sin granero. Sin trigo, sin maíz –el pariente rico en época de escasez–, sin aceite. Ni España ni Europa son lo que fueron, y el pan nuestro de cada día se ha convertido en un hecho político, un arma más de guerra y amenaza.

Ucrania versus Rusia, la ONU frente a Turquía. Y la luz y la cesta de la compra, la leche y los productos básicos por las nubes. El sorgo ya no es solo forraje para los animales ni fermento de bebidas alcohólicas, que sustituye al trigo. A falta de pan buenas son tortas. ¿Cuál va a ser la siguiente?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 24 de julio de 2022).

Verano covid 22

Verano covid 22

Foto José Marco / Heraldo

Tercer verano. Tras el confinamiento, el paseo de un kilómetro, las tímidas salidas, mascarillas obligatorias a partir de 6 años, el verano de 2020 nos atrevimos con Cantabria hacia la linde de Asturias. Suances, Fontibre, Santander, Covadonga, Santo Toribio de Liébana, San Vicente de la Barquera… Las primeras vacunas para pacientes de riesgo no llegarían hasta principios de año, y habría de llover hasta la segunda dosis española universal. Aun así, llegamos a La Manga, todavía con peces, y al Ciudad del Turia. Bonitas vacaciones.

Pasaría el verano, el otoño, el invierno, una nueva primavera. Tercera dosis y en un primer momento pasaporte covid para poder viajar, asistir al teatro o a un concierto. Paulatinamente, fueron cayendo las mascarillas y desapareciendo los aforos. Por desgracia, la pandemia dejó de ser noticia para serlo una guerra en plena Europa –como aquella, podía extenderse a todo el mundo–.

No obstante, teníamos asegurada la salida a las fiestas del pueblo, a la montaña o a la playa, siempre que no nos apretasen mucho el cinturón. Que hasta los cereales y el alimento para el ganado escaseaban tras la crisis. Y mira por dónde… “Aragón suma más de 900 contagios por covid en una jornada, el dato más alto desde mediados de febrero”. “Los epidemiólogos instan a usar las mascarillas en interiores para frenar el avance del covid”. “España suma 71.818 casos y 148 muertes, mientras la incidencia en mayores crece 139 puntos”.

Una, que es de letras y no de números,  tampoco entendía eso de Delta  < o > que Ómicron BA.4 o BA.5. ¿Qué quería decir? Fatiga, dolor muscular, cansancio, síncopes o desmayos, dolor de cabeza y garganta, fiebre alta, tos, visión borrosa, pérdida del apetito, diarreas, elevación del ritmo cardiaco, afonía. Todavía “mí no entender”.

No iba a morirse tanta gente, y los difuntos no iban a estar tan solos. Aunque en el caso de no estar vacunados, o con la pauta completa, el riesgo seguía estando ahí. Periodo de incubación: cuatro días; tiempo de poder transmitir contagio: una semana. Caliente caliente… “Parece que me pica la garganta. Me mareo. Se me va la  voz”.

Mi unidad familiar había sido contagiada sin ton ni son. Episodios leves. Al final podríamos viajar a San Sebastián y Soria, esas dos cunas de la infancia.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", 17 de julio de 2022).

Que la nieve ardía

Que la nieve ardía

Foto @AT_Brif

Nonaspe, Castejón de Tornos, Mequinenza, Sierra de la Culebra en Zamora… Los incendios de todavía finales  de primavera se sosegaron de momento. Pero la catástrofe quedó en la memoria de Castilla-León, Aragón, Navarra, Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía. Igual que en la mirada canosa y con arrugas de los ancianos de Burbáguena.

Ayuntamiento y vecinos de Laspaúles en Huesca prefieren no hacer fuego a las afueras del pueblo este año. Aunque otras veces es el viento el que destroza las calles de Alcañiz, el granizo bolitas de ping-pong el que arrasa los melocotones de Calanda, o la tormenta quien suspende a Rozalén en las Fiestas del Ángel de Teruel. ¿Descuido? ¿Provocación intencionada? ¿Desastre natural?

No perdamos de vista el calentamiento global de la tierra y su atmósfera, que, aunque más preocupante día a día, venimos arrastrando según diversos autores desde hace dos siglos. Las causas, las emisiones de gases de efecto invernadero, que caldean y recalientan nuestra casa común mucho más que en cualquier otro momento de la Historia. Consecuencias, un aumento de temperaturas cada vez más rápido y  destructivo, el daño irreversible de los seres humanos y otras especies, la pérdida de los polos y mucha vida submarina, el más drástico cambio en nuestra forma de vivir.

Y no es jugar con fuego, o dejar encendido un cigarrillo. Si queremos que los hijos de nuestros pequeños disfruten haciendo volar una cometa, visitando una granja, subiendo una montaña o columpiándose en el parque, habremos de dejarles en herencia actitudes más sanas, inteligentes y sostenibles.

¿Seguir tirando mascarillas en plena calle? ¿Qué hacemos con los plásticos? ¿De verdad la bici y el transporte público antes que nuestro coche? Y una piensa que el próximo invierno, y no solo por la guerra, habremos de bajar unos grados la calefacción.

Si no, corremos el riesgo que la jota de origen navarrico se quede solo en su primera parte: “Soñé que la nieve ardía. / Soñé que el fuego se helaba. / Soñé que la nieve ardía, / soñé cosas imposibles. / Soñé… soñé, que tú me querías”. Paradójica antítesis que lleva a la distopía, y no a la consecución de un mundo, personal y colectivamente, más feliz. ¿Seremos capaces de reciclar nuestro comportamiento?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 10 de julio de 2022).

Tiempos históricos

Tiempos históricos

Foto Chema Moya / EFE

Puede que en los años 80 no tuviésemos perspectiva. Los jóvenes universitarios, y no tan jóvenes, íbamos contra todo aquello que oliera a armas o energía nuclear, era lo progre del momento. El referéndum de entrada de España en la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), en marzo del 86, venía fraguándose desde que mi promoción iniciamos la carrera, y aun antes. Ser inteligentes y comprometidos parece estar reñido con ciertas instituciones, en según qué momentos de la historia.

No era así en el 49, tras la Segunda Guerra Mundial y en plena Guerra Fría, cuando lo que importaba era salvar el pellejo y protegerse unos a otros mutuamente. Diversos avatares, a nivel europeo y mundial, fueron haciendo de vaivén y a veces de tsunami en las conciencias individuales y colectivas. Los atentados del 11-S a las Torres Gemelas fueron sin duda un punto de inflexión. Ahora estamos bajo un prisma totalmente diferente.

Tampoco hoy tenemos suficiente perspectiva todavía para asegurar, con la mano en el fuego, que la OTAN fue el último detonante de la barbarie Putin; que la amenaza del ingreso de Ucrania fue lo que desequilibró, definitivamente, a quien se soñaba zar. Pero bien que la montó y viró el rumbo de la Historia. Los jóvenes ucranianos sí apuestan, contra viento y marea, por la inclusión en la Alianza.

Y ahora, ante el inesperado ataque de misiles, la escabrosa subida de luz, la ausencia de cereales y de aceite, vemos con buenos ojos a Finlandia, Suecia y otros países prójimos. ¿Nos sentimos más solidarios y humanos ante el síndrome de la inseguridad?

Sin embargo, la amenaza migrante, la pérdida posible de los últimos bastiones –llámense por ejemplo Ceuta y Melilla–, podrían convertirnos en auténticos lobos en menos de lo que canta un gallo. Acá y allá sigue imperando la ley del “Sálvese quien pueda”.

Sea como fuere, supone un orgullo y un honor haberse constituido como sede, ofrecer lo mejor de nuestra gastronomía y nuestro arte, mostrarnos poderosos y defender un “Concepto Estratégico de Madrid”. Sentirnos anfitriones y ombligo del mundo por tres días. ¿Algo más poderoso que la seguridad?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 3 de julio de 2022).

Ildefonso-Manuel Gil

Ildefonso-Manuel Gil

Foto https://xordica.com

“Un écrivain de la République espagnole. C’est ainsi qu’Ildefonso-Manuel Gil amait se définir. Ses debouuts se placent en tant que poète dans une époque pleine d’espoir, de foi et d’enthousiasme vital, politique et culturel”. Esta semana se presentaban los dos tomos de Mémoires del patriarca de las letras aragonesas, Un petit cheval en carton (1915-1925) y Vivants, morts et autres apparitions (1926-2000), a cargo de las Prensas de la Universidad de Pau et Pays de l’Adour y dentro del Proyecto Transfronterizo Aquitaine / Aragon.

En el primer volumen, Un caballito de cartón, los primeros juguetes, las travesuras infantiles, Paniza, los Escolapios, Teatro Cervantes, los amigos de infancia y adolescencia… y aquel piano cerrado para siempre con la muerte de Victoria, la idolatrada hermana: “… ahora vuelvo a ser aquel niño asustado, / aquel adolescente que descubrió la segura presencia de la muerte” (edición de Xórdica, 1996).

Carlos Forcadell, actual director de la Institución "Fernando el Católico", Dolores Thion-Soriano Mollá y María Antonia Martín Zorraquino, responsable y coordinadora de la traducción, las profesoras Oliwia Baginska y Audrey Berniard, y Vicky Gil Carasol, hija de Ildefonso, glosaron asimismo la estancia en Madrid, las tertulias y revistas literarias, las relaciones con Jarnés, Gullón, Alberti, Sánchez Mejías o García Lorca, una Guerra Civil, la cárcel en Teruel, los primeros libros, el exilo voluntario y su profesorado en New Jersey –tras diez años en la Universidad de Zaragoza–, la dedicación a la familia, el retorno.

“En la vida, vuelvo a decir que la vejez puede ser también hermosa” (Vivos, muertos y otras apariciones, Xórdica, 2000). Amigo de sus amigos, desde el Niké a personalidades de la cultura internacional, el autor de La moneda en el suelo o Poemaciones, ha inspirado a su vez L’espagnol de spécialité en Première et Terminale (Orbis Tertius, 2020), un atractivo corpus didáctico para alumnos franceses de Bachillerato.

Director de la Institución “Fernando el Católico”, miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y correspondiente de la RAE, Medalla de Oro de Zaragoza, Medalla de Santa Isabel de Portugal, Aragonés de Honor, Medalla de Honor de la Institución. Nunca olvidaré su prólogo a Flor de agua, su buen consejo y cercanía. Memoria para ser más humanos, como Ildefonso-Manuel Gil.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 26 de junio de 2022).

Cincuenta de mayo

Cincuenta de mayo

Foto Jaime Villanueva / www.elpais.com

Por mucho que lo diga la sabiduría popular: “Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”, estos últimos años parece no cumplirse. ¡Menuda semanita! Y predicen un verano bastante cálido, rozando con lo tórrido. Abundante agua, no salir a la calle a pleno sol, bajar las persianas durante el día –ese invento tan nuestro–, refrescar la casa al atardecer, pasar horas en la piscina o a la sombra de un libro…

¿La mayor ola de calor en los últimos veinte años? ¿Desde 1982? No tenemos certeza, pero sí recuerdo. Aquellos veranos en la playa de la Malvarrosa, en Valencia, con mi madre y mi tía, tostándonos la piel y el interior. Y el estribillo pegadizo aliviando la sed: “Eva maría se fue buscando el sol en la playa. / Con su maleta de piel, y su biquini de rayas”.

La canción del verano y el calor que nos abruma, lo mismo que el amor y el desamor, se han venido repitiendo desde entonces, principios de los 70. Y recuerdo otro verano en Zaragoza, cuando nos visitaron unos amigos de mis padres y sus niños, que me rompieron sin querer las figuritas de cartón de Los músicos de Bremen, el cuento de los hermanos Grimm. ¡Cómo sudábamos!

“Podéis decir a gritos que es la capital de Europa. / Podéis ganar la Liga (podéis ganar la Copa). / Pero al llegar agosto, ¡vaya, vaya! / Aquí no hay playa”. Finales ya de los 80, finalizada mi carrera, a años luz interiormente de la Selectividad aquel agobiante mes de junio. ¡Pero qué agobio!

De “Tractor amarillo”, a la “Macarena” o las “Aserejé”, en los años 90 seguía haciendo calor. Y me acuerdo de Málaga y Jaén, o aquella sobremesa insoportable en Córdoba, donde hubimos de subirnos deprisa al autobús de Disminuidos Físicos de Aragón rumbo al albergue, el termómetro llegaba a los 52 grados centígrados. ¡Madre mía! “Mira lo que se avecina a la vuelta de la esquina. / Viene Diego rumbeando. / Con la luna en las pupilas y su traje agua marina / van restos de contrabando”.

¿El cambio climático? ¿El anticiclón Álex junto al aire cálido proveniente de África? ¿Un meteorito o incluso los efectos de la explosión de algún exoplaneta? “Despacito, / quiero desnudarte a besos despacito, / firmo en las paredes de tu laberinto  / y hacer de tu cuerpo todo un manuscrito”. Estamos más fresquitos en Huesca, destino de nuestros últimos veranos. Siempre que no salte la amenaza nuclear ni una nueva pandemia.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 19 de junio de 2022).

Libros de ida y vuelta

Libros de ida y vuelta

Foto Heraldo

Han estado casi todos. Prames. Prensas de la Universidad de Zaragoza, Pregunta Ediciones, Apila, Malavida, Libros del Inombrable, Xórdica, Libros del Gato Negro, Pirineo, Olifante, Onagro, La Fagua del Trovador, Edelvives… Una Feria del Libro en la que han alternado el calor anticipado, alguna tormenta aislada y un viento suave. Librería París, Central, Albareda, FNAC, El Corte Inglés, Casa del Libro; y junto a las casetas del Gobierno de Aragón o del Ayuntamiento, la del Ministerio de Defensa.

Cincuenta expositores y nueve días no son nada si miramos a la Feria de Madrid. ¿Y por qué compararnos con el vecino? Cada uno con sus cadaunadas tenemos nuestra propia riqueza. Ahí es nada, en el Parque Labordeta, sin mascarillas, sin tener que pasar los túneles anti covid y alambradas del año pasado. Encontrarte con firmas como Ana Alcolea, Magdalena Lasala, José Luis Corral, Miguel Mena, Irene Vallejo, David Guirao… Saludar a los amigos, autores, editores y libreros, algunos ya de décadas. Entablar nuevas relaciones.

Presentaciones, encuentros y lecturas, actividades infantiles, conciertos, talleres, fallos literarios… Todos los géneros inventados, inquietudes y anhelos desde que el mundo es mundo. No podía faltar la poesía en mi carrito de la compra: El buen instante, de Emilio Pedro Gómez –“Veo en lo alto / minúsculas personas. / Una era yo”–; Palabras rotas de José Antonio Conde, o Los niños no ven féretros, del jovencísimo Omar Fonollosa –Premio de Poesía Hiperión--.

Ni iban a estar ausentes la novela rural de Elena Laseca, El pulso de mi sangre; la última aportación de Fernando Arrabal a Golpe de Dados, o Viaje a Estocolmo de Raúl Herrero. ¿De qué está hecho el universo? Anna Parisi en La historia de la ciencia contada a los niños tiene la respuesta.

“El mundo está paralizado, y la humanidad, en cuarentena. Es una extraña simetría que yo naciera en una pandemia y me vaya a morir en otra. Vi en televisión que las calles de las ciudades están vacías, hay eco entre los rascacielos de Nueva York y mariposas entre los monumentos de París” (Violeta, Isabel Allende).

Todo casi perfecto, renovadamente luminoso. Excepto la accesibilidad. Lo estrecho de la entrada a las casetas, o el emblemático Quiosco de la Música han hecho de la Feria, para autores como Salvador Berlanga o servidora, una yincana imposible. Por lo demás, espléndida.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 12 de junio de 2022).

Fútbol y humanidad

Fútbol y humanidad

Foto Heraldo

Mis rudimentos futbolísticos no superan el interés por España en la Champions, la Liga de las Naciones o el deseo de que el Real Zaragoza remonte de una vez. Mi curiosidad por los Magníficos –la hija de uno de aquellos grandes fue monitora de Auxilia en nuestros años de integración–; o un poema de Manuel Pinillos cantando a la Romareda. Solo una vez fui al estadio cuando estaba en Primera. Me lo pasé bien, sin más.

Jugador en Elche, Almansa, Alicante, Melilla o Torrevieja. Entrenador del Cartagena, Alcoyano, Salamanca, Albacete y otra decena de equipos. “Una vez finalizada la temporada, ha llegado el momento de decir adiós. Que más que un adiós quiero que sea un hasta luego, porque jamás voy a renunciar a esta tierra ni a todos vosotros” (escribía JIM en su carta a los medios).

Juan Ignacio Martínez llegaba al Zaragoza en diciembre de 2020, en plena pandemia y una situación como equipo desastrosa, con dos entrenadores incapaces de continuar. Una primera victoria al Torrelavega prometía. “En varias ocasiones me he disculpado por no haber sabido guiar esta nave a buen puerto; que es mi verdadera pena. Porque el Real Zaragoza lo merece por su historia y por su afición”.

Fueron 71 partidos, distribuidos casi a partes iguales entre triunfos, empares y derrotas. No subir, no bajar, mantenerse contra marea y viento. Su verdadero reto en esta lucha.

Profesional, volcado a sus jugadores, apasionado. “Este tiempo va a ser muy difícil de superar en lo profesional, e imposible en lo personal. Conservaré por siempre el recuerdo cariñoso de todos cuantos trabajan en ese club, (…) Y guardaré en un hueco de mi corazón, el amor a nuestra Virgen del Pilar, que siempre me ha arropado”.

Algo ha cambiado y cambia, sin marcha atrás. Un equipo que sigue superándose, un estadio donde juegan los youtubers, un club de fútbol en manos extranjeras. ¿El final de una era conocida?

El pasado domingo venía a la parroquia Juan Ignacio, a dar su testimonio de personaje público, ser humano y creyente. Alicantino, de familia humilde –cinco hermanos–, que trabajó siempre desde abajo. Su estrategia de juego, agarrarse a la fe. Una Iglesia de todos, un deporte inclusivo. Estamos en proceso de esperanza. Subiremos.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 5 de junio de 2022).