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La lampara encendida

La luna de Belén

La luna de Belén

Mamá siempre cuidó los reyes. Siempre había regalos en el balcón. Aun cuando papá y ella se separaron.

Jaime y yo éramos muy pequeños. Cuando nos acostaba, mamá se quedaba sollozando, en un silencio interminable. Solo la noche de Reyes se escuchaban pisadas: un balón, una muñeca, el maquillaje de la Señorita Pepis, el Scalextric.

Así fuimos creciendo, haciéndonos adultos, descubriendo el amor. A mamá nunca le dolieron prendas para sacarnos adelante. Limpiadora de casas, peluquera, modista. Hasta que conseguimos nuestra primera beca, aprobamos las carreras, llevamos el primer sueldo a nuestro hogar.

Jaime encontró a Inés; yo, a Alberto. Ellos tuvieron niño y niña, como mamá y papá. Nosotros preferimos esperar, luego ya no podíamos.

¿Por qué aquel fatídico accidente? Jaime dejó viuda y dos huérfanos, huérfana también a su hermana, y a una madre herida para siempre. ¿Por qué Luisito, tan aficionado a mirar las estrellas, me regaló el telescopio de su padre?

Fue el principio. Mamá cayó enferma. Primero, esos pequeños despistes que tan bien disimulaba. Luego, pérdidas de nombres, de objetos, de recuerdos durante tantos años compartidos. Decidí cuidarla, ser su hija, su madre, su memoria. Cuando el maldito alzhéimer fue comiéndosela por dentro, tuvimos que ingresarla.

Hubiéramos sido felices algunos meses, unos años… pero un extraño virus se interpuso, no pude visitarla. Una fría llamada notificó su muerte.

Alberto, que tantas ausencias soportó mientras cuidaba de mamá, no sobrellevó unos meses de encierro. Nos separamos.

Sola con un pequeño telescopio. Me cautivó la conjunción de los planetas y decidí salir, aquella fría noche de diciembre. La luna me condujo al barrio de mi infancia, a la iglesia, a un confesonario encendido. Comprendí la ruptura, la muerte de mamá, su olvido, el accidente… Una paz insondable me conmovió, y lloré de alegría.

María Pilar Martínez Barca

(! Concurso de Relato Breve Centro Piganatelli, Zaragoza, 18 de enero de 2021).

Filomena

Filomena

Foto Lola Martínez. Velamazán.

Parece que se marcha. Pero nos ha dejado idílicas imágenes, postales navideñas con valor retroactivo, líricos rincones de poeta. No en vano, filomena, del latín filomela, heredado del griego, significa tanto ‘ruiseñor’ como ‘la que ama la música’, o princesa, maltratada por la furia libidinosa de un dios finalmente transformada en ave canora.

Mis sobrinos pequeños, como todos los niños del planeta, disfrutaron descubriendo la nieve. La menor no la había visto nunca. La infancia es esa edad de paraíso, en la que el hielo no duele, y los riesgos, si los hay, permanecen ocultos por el tamiz de la ilusión. El parque de aquí abajo apareció habitado por bolas enormes y por muñecos.

Pero la nieve es también barrera, frontera infranqueable, dique de contención para tareas cotidianas y deseos. No podía pasar, mi silla electrónica no podía pisar unos centímetros de nieve que estaban ya cuajando, y dejé, empujando y arrastrándola, las huellas indelebles de mis ruedas, que la pala levantó de cuajo. Mi silla no tiene prestaciones de trineo.

Es peor salir a la carretera. El coche se bloquea, la nieve cubre techo, capot y parabrisas. ¿La ceguera blanca de Saramago? Y no te digo si te espera la familia o mandado urgente de la empresa. La paciencia termina congelándose y la UME no asoma ni por milagro.

Pueblos enteros confinados, tejados que se caen, apagones de luz por varios días –¡como si fuera poco con la subida!--. Cultivos echados a perder. ¿De nuevo la pandemia económica? Y por si fueran pocos, más muertos, en el hielo o un río, que   arrastra inmisericorde vehículo y cuerpos. Los hospitales colapsados, esta vez por las nieves, y sanitarios haciendo horas extras y recorriendo kilómetros con los palos de esquí. Sin acceso a la diálisis ni a las vacunas.

Aeropuertos cerrados; sin tranvías, autobuses ni AVE. Autores volcados en la carretera, como el de Huesca-Zaragoza. Los chavales sin volver a la escuela. ¿Hasta cuándo ahora, papá? Y anécdotas trágico entrañables. La actriz María Galiana, para ir a la presentación de un “Cuéntame” centrado en el covid, cogida en volandas por militares. O el rescate por bomberos y Guardia Civil de una familia aislada: “Llevaban entre cuatro o cinco horas aislados. Cuando nos vieron llegar con la quitanieves, la madre de la criatura rompió a llorar”.

¿Recordará ese niño su primera nevada?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 15 de enero de 2021).

¿Un año con estrella?

¿Un año con estrella?

Foto www.eltiempo.com

Fue hacia el 16 cuando la vi tan grande y luminosa, como pocas veces. Entendí un buen presagio en aquella luna, todavía creciente, reflejo de la unión de Júpiter y Saturno, tan anunciada.

El 21 de diciembre, solsticio de invierno, nos regalaba el cielo el culmen de un espectáculo especial: la conjunción de los dos planetas y una luna creciente en todo su esplendor. Según parece, es la misma luz de la estrella que guió a los Magos de Oriente desde Tarsis a Belén. Johannes Kepler (1571-1630) fue el primero en recoger el dato. Según fuentes históricas, el fenómeno se produciría el año 7 a. de C. Saturno representaría a Israel; Júpiter, al Rey de Reyes (Joseph Ratzinger, La infancia de Jesús).

“Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino” (Mateo 2, 9-12). Siempre me he sentido heredera de los Magos. Mi primer poemario, Epifanía de la luz, rememora las sombras de los cuentos que vislumbré en la infancia.

Un paraíso que añoramos y creemos clausurado en la frontera de la primera niñez a la pubertad. Sin embargo, obviamos que Jesús pertenece a una humilde familia de refugiados, que tuvo que emigrar para salvar la vida. Conoció la penuria desde niño; también la cercanía de la tierra y sus gentes: “Jesús nació probablemente en Nazaret. Solo en los evangelios de la infancia de Mateo y Lucas se nos habla de su nacimiento en Belén, lo hacen seguramente por razones teológicas, como cumplimiento de las palabras de Miqueas (Siglo VIII a. C,); “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá” (MIqueas 5,1)” (José Antonio Pagola).

Por eso, pedí a Sus Majestades el oro de la prosperidad para todos, el incienso de unas más altas miras y la mirra de la buena muerte. Y que Jesús nos limpie de la lepra. Tantos ancianos solos; familias que han vivido un duelo robado; pequeños que han sufrido y se han sentido culpables; parejas rotas para siempre; mujeres maltratadas en un confinamiento atroz; personas con discapacidad sin asistencia. Son su pesebre.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 8 de enero de 2021).

Primera Navidad

Primera Navidad

Foto pixabay. Foto de archivo de los pies de una bebé.

Este año, por primera vez, los niños no besarán a sus abuelos, ni cenarán con todos los tíos y primitos, y montarán el nacimiento solo con papi y mami. ¿Cantarán villancicos en el cole? Y los mayores tendrán más huecos en la mesa, y añoranza. Si no mucho duelo tierno todavía.

Puede ser un buen año para mirar las cosas con los ojos del alma, y volver al origen, cada uno a su centro. Vemos a una joven pareja, ella embarazada, en un pesado viaje de Nazaret –Galilea– a Belén –en Judea–, en la ciudad y tierra de David, reinando el sanguinario Herodes el Grande. Conflictos humanos y políticos que hoy se repiten, sin ir mucho más lejos, en el puerto canario de Arguineguín: hombres, mujeres, mamás embarazadas y pequeños huyendo de la guerra, la miseria, la enfermedad en grado superlativo.

Ya seamos cristianos –una gran mayoría en España–, o festejemos derivaciones lúdico civiles del solsticio de invierno, podemos ejercitar sanamente la memoria. Recordar aquellas navidades, lejanas e irrepetibles o recientes, con los seres queridos. La primera que celebramos en pareja. O esa otra en la que unos angelitos, hijos, nietos, sobrinos, descendieron del cielo a nuestro hogar.

Puede ser un tiempo perfecto de compartir, a través de las redes, la videollamada, el smartphone, el teléfono. De contactar con el centro del otro, mirándonos sin máscaras, sintiéndonos. Y también de recobrar una amistad perdida entre prisas y agobios, antes de la pandemia; la última oportunidad para reencontrarnos.

Es un tiempo propicio para estar y disfrutar con la familia, la unidad familiar de convivencia, más ese ser querido que no habremos visto en meses. Para exprimir esos nimios detalles que en la nunca saboreamos. Y unos días preciosos para el encuentro auténtico con uno mismos: el silencio, la espera esperanzada, la creatividad.

Podríamos tomarnos a toda prisa las uvas, a campanadas virtuales y caseras, y expulsar tanta fobia acumulada; despedir el 2020 a la carrera, o intentar borrar la realidad con la Matte Painting, herramienta de efectos especiales para el cine. Pero nos perderíamos la magia.

Del pasado miércoles 16 al próximo 25, podremos ver de nuevo la estrella polar, o conjunción de Júpiter y Saturno, tras ochocientos años. Y en un Hospital de Granada, una bebé prematura sobrevivió a su madre, que fallecía de covid al poco de parir. Será su primera Navidad.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 18 de diciembre de 2020).

Inhumano

Inhumano

Foto www.es.amnesty.org

De la edición de Alcalá de Henares (1505) o el Diccionario de Autoridades (1734), al actual Diccionario de la lengua española, viene a significar ‘cruel, riguroso, fiero, falto de piedad y misericordia’, ‘cosa sin caridad’, ‘falto de humanidad’. Y si ayer, 10 de diciembre, celebrábamos el Día Internacional de los Derechos Humanos (ONU, 1950), la pandemia ha traído acarreado muchas veces el prefijo in-.

Amnistía Internacional denunciaba el pasado 3 de diciembre, Día de las Personas con Discapacidad, la violación de cinco derechos básicos en España: “En las residencias se ha violado el derecho a la salud, a la vida y a la no discriminación de las personas mayores. Además, las decisiones de las autoridades han impactado también en el derecho a la vida privada y familiar y en el derecho a tener una muerte digna”. Pobreza asistencial, desprotección, prohibición de visitas familiares y atención hospitalaria. El 70% de los fallecidos por covid, ancianos institucionalizados. ¿Casualidad?

Y están los otros residentes, jóvenes y adultos. El CERMI y los órganos oficiales subrayan el apoyo asistencial en centros, hospitales y ayuda domiciliaria; acompañamiento, rehabilitación y atención médica. De soslayo, las políticas transversales, el derecho a la sexualidad, la formación y el empleo. A pie de calle se insiste en la Convención de la ONU, que “Las personas con discapacidad tengan la oportunidad de elegir su lugar de residencia y dónde y con quién vivir” (art. 19). Un giro en la atención al ciudadano con diversidad funcional.

Un sano equilibrio entre la inclusión y el poder elegir libremente el colegio sería otra conquista: “…lo incuestionable es el derecho de cada niño o cada niña para estar allí, junto al resto de su generación en el vecindario donde vive” (Ignacio Calderón Almendros, profesor de Teoría de la Educación). Peor, el confinamiento de las personas con diversidad intelectual, y enfermedad mental. Desde la Federación de Salud Mental de Aragón se apuesta por la asistencia personal.

Los profesionales del cuidado están quemados. El modelo residencial al uso ya no sirve. “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros” (Declaración Universal de Derechos Humanos, art. 1). ¿Lograremos quitarnos la máscara interior?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 11 de diciembre de 2020).

Un café, por favor

Un café, por favor

Café Pombo. Foto www.abc.es

Dicen que el café despierta el intelecto. Y un café como lugar de encuentro da vida a la tertulia, el intercambio, la creatividad. El café-botillería de Pombo, Ramón Gómez de la Serna y sus insignes contertulios; Rafael C. Asséns en el Colonial, Valle-Inclán en el de Levante, Marañón y el Roma; Ortega y  Gasset y la génesis de Revista de Occidente en la Granja del Henar… Dieron también origen a curiosos grupos y triángulos inseparables: Unamuno, Salamanca y el Novelty, junto a Juan Benet, Laín Entralgo, Umbral, Martín Gaite o Torrente Ballester; el Riconcillo en la Granada lorquiana. ¿Qué luchas intestinas y sociales, qué amenazas y sombras, cuánta muerte, recordarían sus paredes?

En el Fornos se sentarían Azorín, Pío Baroja, Menéndez Pelayo y Manuel Machado. Borges le debió mucho a La Perla, confitería; Heminguay al Harry’s Bar; Sartre a sus colegas y discípulos del Flore de París. Y en el célebre madrileño Café Gijón harían sus pinitos Umbral, Capote, Cela, D’Ors, Fernán-Gómez, García Nieto o Jardiel Poncela. ¿Quién ignora que las primeras líneas de Harry Potter se escribieron en The Elephant House?

En los años cincuenta –por cierto, por el 52 asoló España otra pandemia apenas recogida en los medios– se dieron cita en nuestro Café Niké Miguel Labordeta, Manuel Pinillos, Julio Antonio Gómez, Ferreró, Ciordia, Gúdel, Salas, y José Antonio Labordeta y Rey del Corral, Luciano Gracia, Rosendo Tello, Emilio Gastón… amén de cineastas, pintores, fotógrafos, políticos. Café Madrid, Las Vegas, Ambos Mundos, Levante, Casa Emilio, sostén de la clase obrera, la transición y la cultura, marcan también la historia de nuestra ciudad.

Se irían sucediendo los locus amoenos donde tomar algo y compartir: El ángel azul, el hotel Goya, El pájaro Azul, La campana de los perdidos, El sótano mágico, la Bóveda del Albergue… Y están los otros, los bares y cafés no estrictamente literarios, pero que a los creadores nos dan vida y aliento: Rogegio’s, Espumosos de Cinco de marzo, Pájaros en la cabeza… establecimiento de empleo inclusivo, por excelencia.

Se ha cerrado todo por seguridad. Traigo a colación una cita entrañable: “Mira, aquí hay pajarillos, me voy a parar a tomar un refresco. No, te invito al mejor restaurante de la plaza de Aínsa, en Huesca” (José Carlos Bermejo y León, compañeros en la planta covid de La Paz). Necesitamos respirar.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", sábado 5 de diciembre de 2020).

Educación pandémica

Educación pandémica

Foto Pixabay

La nueva Ley Orgánica de Modificación de la LOE garantiza la “La calidad de la educación para todo el alumnado, sin que exista discriminación alguna por razón de nacimiento, sexo, origen racial o étnico, discapacidad, edad, enfermedad, religión…”. Equidad y términos obsoletos.

Madres, padres o tutores conservan el derecho “A [sus hijos] que reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”; aunque la religión no pase de “maría”. Fra Angélico, Miguel Ángel, Velázquez, Zurbarán… El Cantar de los Cantares, Fray Luis de León, nuestros místicos universales; poesía, teatro y novela de los Siglos de Oro; de Unamuno a Colinas, tantos autores del XIX, XX y XXI de mirar trascendente. ¿Cómo entender los valores cívicos y éticos, humanos y de la infancia, la igualdad entre hombres y mujeres, si obviamos el judeocristianismo que ha nutrido Europa?

El currículo escolar marcado por el Ministerio; pasa palabra o curso con varias pendientes; una única prueba en Selectividad. Y la enseñanza concertada: “Las Administraciones educativas regularán la admisión de alumnos y alumnas en centros públicos y privados”. Hermanos, cercanía, renta o problemas familiares… son las prioridades. ¿Qué se hizo de la libre elección de los papás?

¿La educación especial? “El Gobierno, en colaboración con las Administraciones educativas, desarrollará un plan para que, en el plazo de diez años, de acuerdo con el artículo 24.2.e) de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (…), los centros ordinarios cuenten con los recursos necesarios para poder atender en las mejores condiciones al alumnado con discapacidad”. ¡Manda narices que aquí sí se recuerde la Convención y no en cuanto a la asistencia personal! Siempre habrá estudiantes que, sin ser extremadamente especiales, necesiten un centro a su medida.

Lo que ya clama al cielo, o al averno, es la equiparación del castellano y otras lenguas cooficiales. “Al finalizar la educación básica, todos los alumnos y alumnas deberán alcanzar el dominio pleno y equivalente en la lengua castellana y, en su caso, en la lengua cooficial correspondiente”. ¿Se podría trabajar en Alemania con la lengua de Villaconejo de Arriba? De “idiotez sin límites” lo tacha Vargas Llosa.

Pandemia sanitaria, económica, psicológica, social, educativa. Enfermos estamos todos, a este paso.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 27 de noviembre de 2020).

Francisco Brines

Francisco Brines

Foto El País

Andaba estudiando los poetas del Café Niké, de Miguel Labordeta y Manuel Pinillos, pasando por Julio Antonio Gómez, Rosendo Tello o Fernando Ferreró, a los casi impúberes asistentes a la tertulia, cuando tan gratamente me encontré con la Generación del 50 o segunda de posguerra. Nacidos entre 1925 y 1935 comenzarían a publicar en el 52. J. M. Caballero Bonald, C. Rodríguez, J. A. Goytisolo, A. González, E. Cabañero, C. Barral, J. Gil de Biedma, F. Grande, J. Hierro, J. A. Valente: “Cruzo un desierto y su secreta / desolación sin nombre” (A modo de esperanza).

Superado el compromiso de los poetas precedentes, Gabriel Celaya o Blas de Otero, y buenos discípulos de Vicente Aleixandre, optan por la poesía como conocimiento frente a la poesía como comunicación. Entre todos, un nombre señero, Francisco Brines: “Recuerda una ciudad, de altas paredes, / donde millones de hombres viven juntos, / desconocidos, solitarios; sabe / que una mirada allí es como un beso” (Las brasas).

Heredero a su vez de Cernuda, Cavafis, Juan Ramón o Machado… Qué actual este poema y, sin embargo, todavía de su ópera prima, cuyo inicio nos desmenuzaría Rosendo Tello y que luego cité en algunos de mis versos: “Está en penumbra el cuarto, lo ha invadido / la inclinación del sol”. Aunque nada como El otoño de las rosas, preconizando esta noche que habitamos: “Todas las noches de mi vida, envejeciendo, / son una infame rosa negra, / son una rosa negra y solitaria, / una encantada y desvalida rosa”,

Pérdida del paraíso de la infancia, a su vez tan aleixandriano, solo recuperado a través de la belleza: “Un niño, / debajo de las nubes radiantes, / contempla el mar” (Palabras a lo oscuro). Poeta del amor y la nostalgia, hacia una muerte serena: “Donde muere la muerte, / porque en la vida tiene tan solo su existencia” (Yo descanso en la luz). Coetáneo y maestro de autores como Antonio Gamoneda, María Victoria Atencia, Julia Uceda o Antonio Colinas.

¿Y por qué me recuerda otros versos adsorbidos hasta la saciedad? “La muerte, lo sabéis, es el más largo viaje / y lo hacemos tendidos en el suelo, quietamente tendidos, / mientras la luz se alarga dorando lo distante” (Manuel Pinillos, Sentado sobre el suelo). Comentaba el Premio Cervantes 2020 cómo la poesía ha de servir en un momento tan difícil de “refugio” y “sanación” del alma. ¡Qué verdad tus palabras, apreciado maestro!

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 13 de noviembre de 2020).

Vejez y soledad en tiempos de pandemia

Vejez y soledad en tiempos de pandemia

Foto Humanizar

Vejez y soledad en tiempos de pandemia

Cuando la humanidad ilumina la esperanza

Rosario, Teresa, María Jesús, Mari, Rosa y Benito, han vivido el confinamiento y los meses posteriores desde diversos ángulos: la residencia, la soledad de su propio hogar, el servicio y la entrega a los seres queridos. Son muestra, ejemplo y acicate, para seguir luchando por la vida y la ilusión, cada día renovada. Un libro abierto y bellísimo.

María Pilar Martínez Barca

Institucionalizados

“Mi suegra se llama Rosario –nos cuenta Teresa– y tiene 87 años. Nació en La Puebla de Segura (Jaén), pero lleva toda su vida en Monzón, desde que se casó. Lo peor de estos meses ha sido no poder ver a sus nietos y a su bisnieto (solo en vídeos y videollamadas)”.

Rosario tiene dos hijos: Pedro (con una hija y un nieto) y Ricardo (padre de tres hijos). “Ha trabajado mucho toda su vida. Era muy buena cocinera y sus nietos la adoran, pero estos meses han tenido que estar separados y para ella es muy duro”. Ahora tiene en España a su nieta mayor, Virginia, y su bisnieto Nahuel, a los que no contaba ya ver mucho dada su edad, viven en Perú. Y teniéndolos tan cerca desde marzo, no pueda verlos. “Eso lo lleva muy mal. Lo intentamos compensar con las pocas visitas que la situación ha permitido, pero no es lo mismo: no puede abrazar ni besar a su pequeño de 19 meses”. Su delicado estado de salud no le permite plantearse poder vivir fuera de la residencia.

Una generación de luchadores, más siendo mujeres. “Yo intento ponerme en su lugar –continúa Teresa– y me pregunto de dónde sacan esa fortaleza mental. Por las circunstancias en que vivieron su infancia y adolescencia, en plena guerra y posguerra, y siendo de familias humildes, tampoco aprendieron a leer bien como para que la lectura pudiera ser ahora un desahogo. Yo siempre pienso que, en su lugar, solo la lectura podría animarme. Tienen, eso sí, una fe más allá incluso de lo religioso”.

Teresa tiene una tía, de su mismo nombre. “Cumplió 95 años durante el confinamiento. Le encantaba salir a hacer recados para otros compañeros de la residencia, a la farmacia, etc. Pese a su edad mantenía una movilidad y autonomía envidiables; con la pandemia es lo que más echa de menos”.

Teresa tía nació en Cortalaviña, en la montaña de Tella, una zona de la comarca de Sobrarbe muy próxima a Francia. Al quedarse viuda y sin hijos, decidió allí irse desde Zaragoza, donde vivió los últimos veinticinco años, a la residencia de Aínsa. “Figúrate, con 95 años y desde marzo viviendo solo para recordar”.

Ambas son muy responsables. Se quejan solo lo justo, saben que está en juego su salud y la de los cuidadores y sus familiares, y que es mejor no tener contacto con personas de fuera de la residencia. “Estos últimos rebrotes de la pandemia las han desanimado bastante”.

Noelia nos habla de María Jesús, su madre. “Tiene 91 años y nació un 25 de diciembre. Ella y Miguel, mi padre, tuvieron cinco hijas: Mirentxu, Camino, Blanca, Inmaculada y yo”.

Entró en la residencia privada Amavir de Pamplona en 2017 a consecuencia de una caída en casa, quedó en silla de ruedas. Vivía sola con escaleras. Las hijas iban todas las tardes a verla pendientes de cuanto necesitara.

“Siempre la recuerdo cantando en casa, y en el coro parroquial, le gustaba ir todos los días a misa.

”Ha sido una mujer de su casa, y cuando ha hecho falta salir a trabajar lo ha hecho: limpiando, al cuidado de ancianos… Nunca le ha importado, sobre todo cuando la economía no iba muy bien.

”Es una buena madre, y abuela ejemplar y cariñosa con sus nietos: Mikel, Erika, Aritz, Aitor, y Andrea, su orgullo. La recuerdo haciendo punto o cosiendo en un cuarto al sol, y escuchando la radio”.

Cuando entró en la residencia estaba bastante bien cognitivamente, por lo que le costó adaptarse. Con las muchas actividades durante todo el día y sus hijas, que no dejaron de ir ni una tarde, se iría acomodando. “Con el tiempo, le detectaron alzhéimer, así que confundía su casa del barrio, con la natal del pueblo (Puente la Reina, Navarra), pero ella estaba contenta y entretenida. Hasta que llego el dichoso coronavirus, con el que, como en todos los centros, cerraron y solo nos dejaban llamarle por teléfono. Durante el confinamiento lo ha pasado muy mal, porque no entendía por qué no podíamos ir a visitarla, y por qué los chinos habían traído este bicho”.

Continúa Noelia: “Según pasaba los días y la situación empeoraba, a mi madre la aislaron en su cuarto, individual, durante todo el día (lo pasó asintomática); la levantaban y la ponían en el sillón. Hasta que un día se levantó para ir al baño y se cayó. La pasaron a otra planta para estar más vigilada.

”Nosotras también lo hemos pasado mal, con la incertidumbre de lo que llegara a pasar. En el centro ha habido muchos fallecidos de la covid, y los que no, se morían de pena y pocas ganas de vivir.

Hogar, solitario hogar

Otros lo han pasado en casa, recibiendo la compra de manos de los hijos, recordando, doliéndose, disfrutando los primeros paseos de una hora, refugiándose en la lectura o el estudio, esperando en el futuro de los nietos, esperanzándose.

Mari, madre de mi cuñada, me contaba: “Estuve casi tres meses sin salir. Me traían la comida mis yernos, turnándose cada semana uno. Ya me aburría. Hasta que pudimos empezar a salir. Primero una vueltica, con Carmen, Marta o Elena, poco a poco. Hasta que un día nos juntamos todos en la plaza”. Sus dos apoyos, la lectura y el recuerdo de Antonio, su esposo ausente tan presente. ¡Tantos años convividos!

“Y en julio me dijo un día Carmen: Mañana nos vamos a Jaca. Se está muy bien en el jardín. Y quiero mucho a mis nietos: Juan y Jorge, tus sobrinos, Daniel, Víctor y Laura. Los mayores se vestían bien y se peinaban y se iban a dar una vuelta por ahí; o se echaban su partido de fútbol. La niña se quedaba con nosotros, estaba bien en casa. Y jugábamos mucho: a las cartas, al bingo… Y nos volvimos a Zaragoza. Ahora a ver el invierno”.

Rosa, profesora jubilada de Historia e Historia del Arte en mi querido Inbad. Conferenciante apasionada, gran amiga y conocedora de la obra de Isabel Guerra. Su madre cuidaría de los hijos y la casa mientras daba clases; ella y José Luis, su marido, la mimarían de mayor, hasta los 104 años; ahora reconoce y acepta su propia vejez.

“Tengo cuatro hijos: Ana, María José, José Luis y Jesús, el único en Zaragoza, todos unos cerebritos. Y cinco nietos como cinco soles. José Luis, “Chelis”, es químicos de Análisis Atmosféricos en la universidad de Colorado y uno de los mayores expertos del mundo en aerosoles; lo llaman de aquí de allá y su equipo ha convencido a la OMS de que el virus está en el aire. No me deja ir a misa, a la peluquería ni a un lugar cerrado. “Mamá, si quedas con una mejor al aire, y si es terraza que esté bien ventilada”.

”Así que lo pasé en casa, con la chica que me cuida. Y en cuanto se pudo salir, un paseo de una hora, arriba y abajo, con mascarilla y gafas. Soy de alto riesgo por las dos operaciones. No dejo de estudiar inglés. ¡Echo de menos a José Luis!”.

Rosa confía en la vacuna, y en salimos pronto de esta.

En familia

A Benito, profesor jubilado de Lengua y Literatura, padre de dos hijos, Andrés y Carmen, y abuelo de cuatro hermosos nietos (Andrés y Julia, Ibai y Cora), miembro activo del Teléfono de la Esperanza o la Asociación Aragonesa del Camino de Santiago… el confinamiento le cogió en Ansó, un pueblecito oscense.

“Me cuesta poner palabras a los meses de confinamiento: En esa dificultad para la reflexión noto que he envejecido.

”La declaración del estado de alarma me pilló en un momento en el que estaba fuera de mi domicilio habitual, en casa de mis hijos. La finalidad era atender a uno de ellos, que había tenido una intervención quirúrgica y necesitaba ayuda. Lo que iba a ser una estancia de unas semanas resultó ser de tres meses. Con el cierre del colegio se complicó la vida familiar, con la presencia de los niños las veinticuatro horas: lo que iba a ser un cuidado en un ambiente de tranquilidad, terminó añadiendo a la convalecencia la atención a unos niños a los que, de pronto, se les priva de la expansión y relación natural con profesores y con otros niños.

”Indudablemente, ha sido una experiencia dura. El balance es positivo, a pesar de los momentos más difíciles. Hubiera deseado tener diez años menos: quizá hubiera sentido menor cansancio, mayor paciencia y humor.

”Tras el levantamiento del estado de alarma, volví a mi domicilio: Y lo primero que me saltó a la vista, desde el privilegiado lugar en el que observo la vida de la calle, fue la grave incidencia de la falta de movimiento en la mayoría de la población, al no disponer de espacios al aire libre.

“Si comenzaba diciendo que, a nivel personal, había envejecido, también a nivel colectivo observo muchas más manifiestas las dificultades de muchos mayores para moverse con soltura, y sin ayudas de bastones u otros instrumentos. Incluso se observa en el conjunto corporal un peso, un agobio, resultado de ese parón locomotor, psicológico y social que ha supuesto el confinamiento”.

El pensador Guy Sorman, en uno de sus artículos, defendía que los gobiernos deberían haberse decidido por compatibilizar la bolsa y la vida, en lugar primar solo una de ellas, confinándonos.

SUMARIOS

“Tienen una fe más allá incluso de lo religioso”

“Los que no, se morían de pena y pocas ganas de vivir”

“Se observa un peso, un agobio, resultado de ese parón locomotor, psicológico y social”

(Humanizar, Nº 173 --Madrid, noviembre-diciembre 2020--).

Irene

Irene

Foto José Manuel Marco

Del griego Eyrene, significa “paz”, como en su traducción romana, que también heredamos. El infinito en un junco, de Irene Vallejo, Premio Nacional de Ensayo 2020, además de adentrarnos en el maravilloso misterio de los libros, nos ha hecho más llevadera la pandemia: desde los enfermos hospitalizados en Ifema, pasando por Mario Vargas Llosa o Rosa Montero, a sus múltiples seguidores anónimos. “Nos gusta imaginarlos peligrosos, asesinos, importantes, pero los libros son, sobre todo, frágiles”.

Estamos enigmáticamente enlazados: “En realidad, somos bastante extraños y (…) fueron los griegos quienes empezaron a ser tan extraños como nosotros”. Griegos y romanos explican muchas cosas que no entenderíamos, como el imperioso anhelo de sobrevivir a las cenizas: “Los autores deseaban ser recordados, vencer la muerte con la fuerza de sus relatos”. O el “Resistiré” del Dúo Dinámico: “Según el código del honor, había que aguantar la posición en el campo de batalla, sin retroceder ni huir”.

De Alejandría a los campos de concentración nazis, bibliotecas y mágicos elixires de palabras salvaron innumerables veces de la quema, la epidemia, la muerte. Como Sherezade, Marco Antonio seduciendo a Cleopatra, Herodoto o los protagonistas del Decamerón. Autora de El pasado que te espera, La luz sepultada, El inventor de viajes, La leyenda de las mareas mansas, Alguien habló de nosotros o El futuro recordado, Irene Vallejo es también maestra de la palabra en los medios de comunicación.

“Fantaseamos con remedios eficacísimos, veloces, que curen todos nuestros males. Los griegos llamaban a este medicamento infalible ‘panacea’, nombre de la diosa de la sanación universal” (Heraldo de Aragón). “Resuena en nuestros oídos, una y otra vez, la letanía de cifras (…) La Iliada se detiene con emoción y temblor ante cada muerte” (El País).

Su discurso se acerca al de Virgilio en El silbido del arquero. Irene: “He intentado, en una ambiente donde ha habido tanta alarma, tanto dolor y polarización, utilizar las palabras de la manera más sanadores posible”. Su mentor latino: “Compondré para Augusto el poema que tanto desea, daré vida con mis versos a sus antepasados, pero les insuflaré mis esperanzas y no su sed de poder”.

Me siento orgullosa de ser su amiga. También de mi sobrina Irene, de tres añitos. Que la luz la acompañe toda su larga vida.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 13 de noviembre de 200).

Jorge Gay

Jorge Gay

Foto 6 litografías para el proyecto publicitario Agua de Lunares, Paraninfo.

Me cautivó hace años en la Lonja. Pero “Los fugaces párpados” que pude contemplar en el Paraninfo me llagaron sabrosamente el alma, en un éxtasis artístico místico creador. Entramos en la sala Goya, “sala de máquinas”, a la derecha. Murales, carteles publicitarios de teatro, danza o películas. Cuadros con cabezas de colores que parecen lunas, círculos, peces o aves. Una pantera negra esmaltada en matices para el café homónimo. Y el poema relato con seis litografías para Agua de Lunares, un prefacio precioso: “Luna me beberé tu agua / Agua me viviré tu luz”.

El artista no olvida a sus amigos: Paco Ortega, Rafa Campos, Miguel Ángel Berna, Javier Delgado y su Zaragoza marina. Flores que semejan pájaros, manos como árboles, peces que terminan conformando la figura humana. El centro de todos los paisajes creados para el alma, que observa y se entusiasma en cada rincón de las figuras. Y la gran mesa de dibujo; y el recuerdo del padre, perfilando la silueta de la torre con unos cuervos; y la presencia del abuelo, en la primera exposición a su regreso de París.

Un poema detiene el paso del viajero y le habla al corazón: “Abrígate, amor mío, / hoy hace frío. / No trae pétalos la aurora / ni la mañana música, / pero vente conmigo / a ver la luz quebrada / y el lado oscuro e íntimo de la lluvia”.

Y pasamos a la sala Saura, a la izquierda. Dibujo y pintura más propiamente dicha, salidos de las largas horas de soledad gustosa en el taller. Las series “Los oficios”, “Pescadores” y todas esas expresiones, a pulso de emoción y carboncillo, de la más genuina humanidad. En la pared del fondo, los óleos de las cuatro estaciones; contrapuesto, un mural símbolo de la bondad y de la luz, con solo alguna pincelada del lado oscuro de la vida. Y el reconocimiento a los maestros: Fermín Aguayo, Luis Berdejo, Marín Bagüés, Martínez Díaz, y la gran pintura española del XIX.

Catálogo poemario dividido en tres tiempos medidos por un mismo diapasón: la pintura el homenaje a los pintores, el creador. “La pintura es para mí es crecer, darle forma al misterio del universo, y divertirme, y vivir intensamente. (…) Y eso viene unido desde las cuevas de Altamira, desde las iglesias románicas, desde los palacios, y yo pongo mi pequeño recuerdo”. Todavía nos quedan los museos, los libros y los clásicos. “En los clásicos encontramos ideas para reconstruir el futuro” (Irene Vallejo, Premio Nacional de Ensayo). Son la savia del alma, la sangre nuestra para no morir.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 6 de noviembre de 2020).

Ars moriendi

Ars moriendi

Foto Getty / El Pais

¡Como si no hubiésemos tenido suficiente muerte! Este Halloween, Día de Todos los Santos y Día de Difuntos, también van a ser diferentes; como lo han sido el no despedir a nuestros seres queridos y el duelo in absentia o virtual. Porque, aparte, hemos muerto de muchas formas en estos meses: de  falta de ilusión, económicamente, de trauma post confinamiento o depresión.

Y en medio de semejante barahúnda un gobierno de coalición progresista se atreve a plantear la anticipación de la eutanasia a toda costa. “Intervención deliberada para poner fin a la vida de un paciente sin perspectiva de cura” (Diccionario de la lengua española).

Por falta de definiciones no será. “Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas” (Catecismo de la Iglesia Católica). “A la vez que hemos conquistado mayor conciencia de responsabilidad en el inicio de la vida, hemos de conquistar mayor conciencia de responsabilidad en el final de la vida” (Hans Kúng, teólogo). “El objetivo de la medicina es reducir la violencia de las enfermedades y evitar el sufrimiento a los enfermos, absteniéndose de tocar a aquellos en quienes el mal es más fuerte y están situados más allá de los recursos” (Hipócrates).

A estas alturas de la historia, nadie nos rasgamos las vestiduras. El propio Comité de Bioética de España observa en la práctica de la eutanasia “la  provocación intencionada  de  la  muerte  de  una  persona  que  padece  una  enfermedad  avanzada  o terminal, a petición expresa de ésta, y en un contexto médico”; con cierta impunidad en los últimos años. Apoya medios como la sedación en pacientes terminales.

Lo que de ningún modo acepta es un café exprés con cianuro para todos. Acelerar procesos y rebajar requisitos para el derecho a morir. No serán necesarios 15 días entre la primera y la segunda solicitud por parte del enfermo, y si queda inconsciente podrá firmar su última voluntad otra persona. Enfermo o discapacitado incurable, se le servirá la “prestación” a domicilio.

Falta de asistencia, malos tratos, una depresión hasta las cejas… se obvian los cuidados paliativos. “No muere dignamente sólo el que decide cuándo” (José Carlos Bermejo). Pensar es menos rentable, como poner medidores de CO2 o filtros en lugar de cerrar bares.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 30 de octubre de 2020).

Sietemesinos

Sietemesinos

Foto Auditorio de Zaragoza

Siete meses y siete días sin ir al Auditorio, del 8 de marzo al 15 de octubre con la Antológíca Zarzuela. El tiempo suficiente para haber dado a luz a una criaturita prematura y frágil, como esta sociedad que nos está dejando la pandemia. Beatriz Gimeno, Montserrat Martí Caballé, Nacho del Río y Luis Santana, harían nuestras delicias, junto a las actuaciones estelares de Miguel Ángel Berna o Raíces de Aragón. Cuadros como el de Nacho y Miguel Ángel, o nuestras jotas de siempre, nos conmovieron.

Mascarillas, distancia y emoción aparentemente contenida, volvimos a tentar a la diosa Fortuna del Buen Humor el pasado domingo 18, con B Vocal. “25 años a capela Contigo” recopila estilos y temas de este último cuarto de siglo, de los Pecos a Massiel o Serrat, a autores más universales, como Queen. Con guiños a la obligada solidaridad: “No tengo miedo ninguno, / ninguno que sea humano, / solo pido que tú vuelvas, / y puedas sentir mi mano”. La llamada a la concordia del rey Felipe. Supervivientes somos todos.

Y es que todo es lo mismo y diferente. “Un año después, todo ha cambiado mucho”, diría la princesa Leonor. Y aun así, la belleza se impuso a la distancia en la entrega de los Premios Princesa de Asturias. El galardón a la Concordia a los miles de sanitarios que han cuidado y cuidan de nosotros; el recuerdo emocionado de Ennio Morricone a través de las notas de su hijo Andrea; la Feria Internacional del Libro de Guadalajara o el Hay Festival of Literature & Arts; Carlos Sainz y sus coches; el juego interactivo de la escritora Anne Carson; los datos matemáticos para la computación o GAVI, alianza internacional para las vacunas.

Cultura y solidaridad se dan la mano, porque necesitamos respirar, física, económica y espiritualmente. Buena iniciativa la del Ayuntamiento de Zaragoza de invertir el millón de las no fiestas en centros cívicos, música, humor, teatro y diversos eventos. ¿Lo permitirán las nuevas restricciones?

En nada deslucieron las ausencias a la entrega del Premio de las Letras Aragonesas a Ana Alcolea, profesora, especialista en literatura infantil y juvenil, analista como nadie de la psique adulta a través de sus personajes. La palabra nos une y nos salva.

“Luna me beberé tu agua. / Agua me viviré tu luz”. Versos de Jorge Gay que hacen crecer a nuestra bella criatura interior.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Foco", lunes 26 de octubre de 2020).

Rafa Nadal

Rafa Nadal

Foto Agencias

Campeón de 20 torneos de Grand Slam, acaba de conseguir el décimo tercer Torneo de Roland Garros –el primero en 2005–; el Campeonato de Wimbledon en dos ocasiones, el Abierto de Australia y el Abierto de Estados Unidos cuatro veces. Ha logrado con España la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Pekín en modalidad individual y la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 en modalidad de dobles junto a Marc López.

Sus ágiles y seguros movimientos volvieron a provocarnos un placer inexpresable el pasado día 11 en la pista parisina. Su decimotercer Roland Garros le ha valido el vigésimo título del Grand Slam, con el que empata con el suizo Roger Federer en este año tan difícil. “Bueno, estoy contento, claro, pero a la vez triste por toda la gente que está sufriendo”, declaraba a televisión.

Su mismo contrincante, serbio Novak Djokovic, lo reconoce: “Eres el rey de la tierra y lo he sufrido en mis carnes”. Ni las condiciones atmosféricas ni la pandemia parecen derrotarlo. Y sin embargo, es un hombre que sufre, se enamora y al que le gusta celebrar con amigos. “Somos latinos, propensos a reunirnos y a los abrazos, y en estos largos meses no ha podido ser. Se echa de menos”.

Lo llaman “soberano de los cielo”, pero está con los pies en la tierra, batida o no. “Bueno, me hacen halagos, pero cuando estás en esto sabes que hoy pueden alzarte y mañana hundirte por los suelos. Lo importante es seguir tu camino”. Trabajo, inteligencia, constancia, y un apostar por un más difícil todavía. ¿Las claves de su éxito?

Y también medir las distancias, sobrellevar lesiones y obstáculos externos, calcular. “¿El Australia? Este año es más complicado. Si hay que guardar cuarentena para ser un ciudadano y un deportista más, hay que pensárselo”.

Jugador internacional del Equipo de Copa Davis de España desde 2004, habiéndose alzado con el triunfo en cinco ocasiones. En otras cinco terminó el año siendo el tenista número 1 del mundo en el ranking ATP. Se encuentra en el segundo lugar histórico en títulos de Masters 1000 en modalidad individual… Nada comparable a su labor y la de su esposa en la Fundación: atender a jóvenes discapacitados, integrar a menores vulnerables, promocionar el talento deportivo.

En las culturas clásicas, los dioses son superiores a los hombres. En la nuestra, se encarna, se humaniza.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 16 de octubre de 2020).

Los no pilares

Los no pilares

Foto Cartel Ayuntamiento Pilar 2020

“El Ebro guarda silencio / al pasar por el Pilar”. 62 años hace que la Pilarica ha venido recibiendo su ofrenda presencial de flores, desde su camarín al muro lateral de la basílica o la plataforma exenta en mitad de la plaza, de Bigas Luna, en el 98. Generaciones desfilando ante una imagen que los aragoneses, y cada vez más latinos e hispanos, llevamos tan adentro.

La ofrenda de frutos es del 64, en unas fiestas cuya primera manifestación parece de 1723, con procesión, mojigangas, pasacalles y toros. Hasta principios del siglo XIX –1807– no se consolidarían, tomando mayor auge, curiosamente, en la I República.

Hasta la Guerra Civil crecieron y se diversificaron los festejos: espectáculos taurinos, demostraciones deportivas y desfiles alegóricos, como el del Canal Imperial en el 34. Solo el enfrentamiento entre las dos Españas canceló las fiestas un par de otoños. Recuerdo todavía el tacto cálido del libro del Ayuntamiento, que traía el tío como trabajador de unos viveros municipales, buscando entre sus páginas a la Reina de Fiestas o los actos de ese año. O el paso de gigantes y cabezudos bajo el balcón azul de la calle Delicias, abriéndose paso entre coches en ambas direcciones y el autobús.

Con la democracia, en el 79, comenzó a cambiar el rostro de nuestros festejos patronales: teatros, conciertos de todo tipo, animaciones infantiles, espectáculos de adultos, luz y sonido en el Parque Grande, Interpeñas, música para jóvenes…

Solo el año del atentado yihadista en Barcelona se blindó la plaza con bolardos y grandes maceteros, que ahí están. Hasta este dichoso 2020 no se había vuelto a clausurar la ilusión de todo un pueblo, y sus hermanos visitantes, desde el 36. ¿Puede más un microorganismo que las bombas o la sangre derramadda?

Claro, está el Principal, el Auditorio, las Esquinas, Salesianos, el teatro Arbolé, centros cívicos y teatros de barrio… y por encima de todo una ofrenda virtual. Pero falta el sabor del ternasco de Aragón y las croquetas, pasear a nuestras anchas por el centro o degustar el más genuino folklore junto a la Virgen.

“Pa’ el Pilar ya no sale lo mejor, como canta la jota emblemática de la cinta de Florián Rey –“Nobleza baturra”. Aunque sabemos que María del Pilar no está dormida, por mucho que reduzcan el aforo de su casa y la nuestra. La llevamos puesta.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 9 de octubre de 2020).

La buena suerte

La buena suerte

Foto Portada La buena suerte

“Un granjero vivía en una pequeña y pobre aldea. Sus vecinos le consideraban afortunado porque tenía un caballo con el que podía arar su campo. Un día el caballo se escapó a las montañas. Al enterarse los vecinos acudieron a consolar al granjero por su pérdida. “Qué mala suerte”, le decían. El granjero les respondía: “mala suerte, buena suerte, quién sabe”” (Anthony de Mello).

Comienza la novela observando en el AVE a un curioso viajero. Pero lo observamos desde un segundo o tercer piso de una vieja vivienda junto a la estación. ¿Despistado? ¿Indigente? No levanta la vista del portátil. ¿Un rico aburrido de la vida? ¿Qué busca o desea olvidar en un pueblito perdido en el universo?

Rosa Montero acaba de sacar su última novela, La buena suerte, que tanto recuerda en diversos aspectos a La carne, Lágrimas en la lluvia, La ridícula idea de no volver a verte y otras. Raluca insiste en su buena suerte, pese a su nimio defecto físico, su locura o el haber sido abandonada. Y es Pablo, Raluca, son supervivientes, como todos nosotros.

Es fácil identificarse con la trama, y más en estos tiempos que corren. “Una mano de maldad recubre el mundo”. No se trata de ser inteligentes o idiotas, ricos o pobres, sino buenas o malas personas. “Y tú, ¿de cuáles eres?”, pregunta Felipe, un anciano vecino de la pareja.

Una intriga terrible detrás de cada línea, y a la vez increíblemente real. Desde los neonazis y el maltrato a inmigrantes, menores y mujeres, a la ternura. Violaciones y quema de personas sacadas del periódico se entremezclan con la cotidianeidad agridulce de un rincón de la España vaciada. “Aunque también miedo a sentir. A dejar de ser una rama, un corcho, una piedra. A fallar otra vez. Y sufrir”.

Fue escrita antes, y, sin embargo, hay continuas alusiones a la desinfección higiénica, a aprovechar el instante, a la incertidumbre. “Quien quiera estar contento que lo esté, / del mañana no hay certeza” (Lorenzo de Medici).

La buena suerte consiste en buscarla, y saberla descubrir. “La quiere, ha dicho, y esa felicidad tan absoluta es capaz no solo de borrar cualquier temor, sino también el dolor del mundo para ella”.

“A fin de cuentas la humanidad no es más que un sándwich entre el cielo y la tierra” (Mafalda). “Dios creó al hombre porque tenía necesidad de escuchar historias” (Rosa Montero). El subconsciente colectivo.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 2 de octubre de 2020).

Otoño

Otoño

Foto Jesús Alba Enatarriaga

“Me siento bien dentro de mi corteza, / con algunas hojas amarillas / y el corazón en sepia, por ese polvo de oro / que nos dejan la vida y sus crisoles”. Salía hace tres otoños en Ahora que calienta el corazón, antología de la Feria Internacional de Poesía de Madrid, a raíz del Premio Juan Alcaide por Pájaros de silencio (Editorial Verbum).

Hoy seguramente no escribiría lo mismo. ¿Quién nos secuestró la primavera? Más aulas en cuarentena y colegios cerrados, la atención primaria al borde de la saturación, ¿confirman los expertos una segunda ola del tsumami? A más de eso, tras unas semi vacaciones en las que algunos nos aventuramos por el contorno o a lugares más o menos seguros, el ocre de este otoño se ha transformado en negro, por eso de la moda en mascarillas esta temporada.

Dicen que son más recias y anti-covid, imitación portuguesa, en las que el virus revota y va al aire. El caso es que la edad de los contagios ha bajado, y ya no solo hay niños y jóvenes asintomáticos, como decían antes. ¿O edulcoraban la píldora?

Las articulaciones se resisten, tras el confinamiento y lo que vino después; la mirada, sin máscara, deja entrever un vaho de tristeza; y el alma nos duele como nunca. ¿Hemos envejecido prematuramente? “Presiento la estación de los despojos, / de los ocres penúltimos, antes de que la lluvia nos transfigure en tierra y humus cálido”.

Se vuelve a la cultura con un hambre insólita, al cine y al teatro; se reabren algunos restaurantes. Rosa Montero, Ignacio Martínez de Pisón, Ángel Guinda, Manuel Vilas, Miguel Mena, Margarita Barbachano, Sergi Allepuz, Pilar Aguarón, Ana Alcolea… la Bella Durmiente de la Literatura parece despertar. Y una lluvia de oro cae sobre la frente de Luisa Gavasa en forma de merecido galardón.

El martes presentábamos De la noche al Ángelus; y el jueves día 1 será En luna llena, Premio Acordes de Poesía, en la Fnac. Agradecimiento, emotividad, una bocanada de aire fresco. Ahora la alegría es más caduca que nunca: un día moriremos, como el último ocre de la hoja.

“Pero antes / de reposar eterna en otro círculo, / han de seguir creciendo mis raíces / hacia un cielo más hondo, más auténtico”. Parafraseando a Carbonell: el poeta no es un hombre que hace poemas bellos, sino quien se compromete el hombre, desde su noche oscura a un último destino en esperanza.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 25 de septiembre de 2020).

Adiós a los que se quedan

Adiós a los que se quedan

Foto Antón Castro / Julio Sánchez Millán.

“¿Qué me dice si le digo que la poesía es una actividad inútil, dado el comportamiento de la sociedad?”. 29 de enero de 1995, al día siguiente presentaba Flor de agua en la Biblioteca de Aragón, Joaquín Carbonell vino a hacerme una entrevista a casa. Su ironía y cercanía se dejaban sentir.

Más de veinte años desde aquel recital histórico en el Teatro Principal, junto a José Antonio Labordeta, La Bullonera, Renaxer… Sería en los 80 cuando con mis amigos despertaría al mundo, a las reivindicaciones, a la canción popular aragonesa. Atrás quedaba el colegio San Pablo de Teruel, con Federico Jiménez Losantos, Manuel Pizarro, Carmen Magallón o Pilar Navarrete, y Labordeta, Eloy Fernández Clemente y José Sanchís Sinisterra como profesores. Y mucho más atrás, la España vaciada de su Alloza natal. “Esta es la historia, señores, / de las minas de carbón. / El carbón es todo negro. / Y rojo mi corazón”.

Camarero en Sitges en los veranos, molinero de aceite en los duros inviernos turolenses… “Ordeña la oliva desde la escalera, / con los dedos rotos de la ventolera, / con los dedos rotos de la llegadera”. Cantautor, periodista, botones de hotel, vendedor de cursos de idiomas, empaquetador de best sellers, ¿poeta?, ¿novelista?, entrevistador, mozo de bolera…

“Me gustaría darte el mar, / todo ese mar que no conoces, / todo ese mar que no has bebido, / y hace más seco tu camino / de piedras sordas y de espinos”. No le costaría saltar a la canción, desde su armónica de los nueve años a la gloriosa etapa de instituto, la Zaragoza de final de los 60, los festivales de cine de La Seo, la radio. Más de 200 canciones.

Sus maestros, su padre, los tebeos y Brassens. Entre sus 15 libros, El Pastor de Andorra, Pongamos que hablo de Joaquín o Querido Labordeta. “Yo nací en un parto sin doctor / una noche de vendaval. / Cuando abrí los ojos me iluminó / un asombro mineral”. Medalla al Mérito Cultural 2019. Medalla de oro en reconocimiento a una trayectoria profesional 2020.

El sábado comenzábamos la temporada del Teatro Principal con Miguel Ángel Berna. Al final, la voz en off del amigo ido, recordando a otro amigo: “Esta es la albada del viento, / la albada del que se fue. / Que quiso volver un día, / pero eso no pudo ser”. Me emocione. “Todos los poetas están tocados del coco, señorita”. Nos reímos.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 18 de septiembre de 2020).

¿Evolución?

¿Evolución?

Foto José Manuel Zabakza

¿Cómo se extinguieron los dinosaurios? Según Charles R. Darwin –junto a Rusell Wallace–, todas las especies de seres vivos han evolucionado, a partir de un antepasado común, mediante selección natural. Depredación enfermedades… sobrevivieron los más fuertes. Su desaparición a principios del Terciario (Cretácico-Paleógeno) pudo deberse a los volcanes, el cambio climático o un meteorito.

Sesenta y tres millones de años después, apareció el género Homo sobre la tierra. Evolucionó y se diversificó: Australopithecus, Homo habilis, Homo ergaster; y a partir de ahí más divisiones: erectus y antecessor, paralelos, y sus descendientes el heidelbergensis y el hombre de Neandertal. Creación y manejo de útiles, posible expresión artística, estructura social, cuidado de los enfermos. ¿Qué le hizo desaparecer?

Rama colateral, nuestro verdadero padre, el Homo sapiens, hijo a su vez del antecessor a través de una especie intermedia, el Homo rhodesiensis. Siempre el eslabón perdido: “En latín humänus estaba emparentado con hömo, aunque no derivado directamente, y la forma en que ambos proceden de un antepasado de hümus ‘tierra’ es una de las cuestiones oscuras de la lingüística indoeuropea” (Joan Corominas y José A. Pascual, Diccionario crítico etimológico castellano e hispano).

Los sapiens paleolíticos pintarían bisontes, ciervos, caballos, cazadores… en las cuevas cantábricas, y en la de Altamira; modelando la roca, fabricando utensilios y estatuillas artísticas para los enterramientos. Supervivientes a las glaciaciones, la violencia y las enfermedades infecciosas, llegaron a más ancianos, experimentados y sabios.

¿Expresión ritual? ¿Comunitaria? ¿Religiosa? Altamira la descubren el pastor Modesto Cubillas y el estudioso Marcelino Sanz de Sautuola en 1868. Nueve años después de El origen de las especies, de Darwin; a los doce años del natalicio de Marcelino, Menéndez Pelayo, padre antecesor de historiadores y filólogos.

Hemos superado varias pandemias. “Durante la Edad de Hierro se participaba del ritual de la incineración (…) Sin embargo, cuando se trataba de enterramientos infantiles, (…) de pocos meses de vida, la costumbre era enterrarlos mediante el rito de la inhumación, dentro de las casas, próximos al hogar” (exposición permanente en la catedral de Pamplona). ¿Selección natural o involución?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 11 de septiembre de 2020).

Viejos y nuevos valores educativos

Viejos y nuevos valores educativos

Foto Humanizar

Viejos y nuevos valores educativos

Pasión por enseñar y gusto por escribir. Fuerza en la fragilidad

Alumna abnegada y profesora por vocación, Carmen nos va compartiendo sus orígenes, los nuevos retos y modos de enseñar, sus sólidas raíces en la escritura, su acertado análisis de cada circunstancia. No se termina nunca de aprender.

María Pilar Martínez Barca

Carmen Romeo Pemán (El Frago –Zaragoza–,1948). Licenciada en Lenguas Románicas, catedrática de Lengua y literatura. Ha sido profesora en la Universidad de Zaragoza, del Instituto Francés de Aranda de Teruel y del Instituto Goya de Zaragoza. Ha participado en programas de investigación y educativos, conferenciante, congresista y autora de numerosas publicaciones. Premio nacional “Bernardo Zapater Marconell” 1977.

Coautora entre otros de María Zambrano y sor Juana Inés de la Cruz. La pasión por el conocimiento (PUZ, 2010).

Pasión por enseñar

P. Como profesora, siempre sintió debilidad por los alumnos con fragilidad. ¿Por qué?

R. Por varias razones. La primera, entendí mi profesión como una entrega amorosa a mis alumnos, el medio para que consiguieran una formación integral. Yo tenía la oportunidad de estar en su camino y ayudarles a desarrollar sus capacidades. Era fundamental que pasaran con éxito de la adolescencia al mundo de los adultos. Los que más me necesitaban eran los frágiles. Los fuertes podían apañárselas solos mucho antes, pero nunca los descuidé. Además, los aparentemente frágiles me atraían por su gran fuerza interior, yo los llamaba “mis ángeles de luz”.

Me influyó la educación de mis padres, los dos maestros rurales, y mis vivencias de niña en un pueblo pequeño. Me resultaba natural tener una compañera tartamuda, otra ciega, otra con cojera por poliomielitis y otra con discapacidades cerebrales. En mi escuela todas trabajábamos juntas.

P. Alguna experiencia especial.

R. Mi propia salud. Una niña debilucha. Superé la tosferina a los ocho días de nacer. Contraje enfermedades que me retuvieron en la cama, como el sarampión y un soplo de válvula mitral. Y, a los pocos años de empezar a trabajar, una enfermedad ocular me amenazó con una ceguera de la que he salido fortalecida gracias a los avances de la cirugía. Recuerdo la víspera de mi primer trasplante de córnea. Un amigo ciego por meningitis infantil, al que había grabado los apuntes de la carrera, me llamó para animarme. Nos dio la risa.

P. ¿En qué años ejerció la docencia? ¿Era más difícil que ahora?

R. Desde 1972 hasta 2009. Ha cambiado el contexto, pero los alumnos siempre son los mismos. He llegado a tener tres generaciones en mis manos. Los profesores tenemos que adaptarnos a las circunstancias y obtener siempre los mejores frutos posibles.

P. Háblenos de su taller de lectura en el instituto Goya, de su blog…

R. ¡Cuántas cosas! El actual taller de lectura, “Leer juntos en el instituto Goya” es fruto de los nuevos grupos de lectura organizados en las bibliotecas. Participamos profesores, padres y alumnos. Es una experiencia enriquecedora. Me recuerdan mi infancia. Tras la clase de la tarde, venían las mujeres del pueblo a aprender a coser con la maestra. Mientras cosían, una leía en voz alta cuentos que ella les había escrito. De esas sesiones de lecto-costura salió un grupo de teatro, participaba todo el pueblo y duró muchos años.

Mi blog, Letras desde Mocade, lo comparto con otras tres escritoras. Lo iniciamos cuando yo a estaba jubilada. La escritura creativa me atraía, pero sentía vergüenza.

P. ¿Recuerda algún texto que exprese de forma bella la fragilidad humana?

R. El cuerpo en el que nací, de Guadalupe Nettel (Narrativas Hispánicas, 2011): “Nací con un lunar blanco, o lo que otros llaman una mancha de nacimiento, sobre la córnea de mi ojo derecho. […] … la mácula en cuestión estaba en pleno centro del iris, es decir, justo sobre la pupila por la que debe entrar la luz hasta el fondo del cerebro”.

Nuevos retos

P. ¿Ve bien cómo se han impartido las clases este curso?

R. Me dio mucha rabia que me pillara jubilada. Pensé que era un momento muy importante. Que era una oportunidad para estar al lado de los alumnos. Los niños y adolescentes han sido los grandes perdedores. Y encima culpabilizados.

¿Las clases? No estaban preparadas las plataformas educativas. Pero los profesores han echado el resto y los resultados han sido mejores de lo que se esperaban.

P. Siempre le ha gustado dialogar con sus alumnos. ¿Se ve profesora on line?

R. Antes de profesora fui alumna on line. Este formato me permitió realizar muchos cursos de formación, como los de español para extranjeros. Como profesora con las nuevas tecnologías, tengo experiencia desde que llegaron los primeros ordenadores al instituto. Tuve claro que llegaba la era del chip, y era la nueva revolución que iba a cambiar el mundo. Conforme mis alumnos iban teniendo acceso al email, lo convertí en una herramienta imprescindible para las clases de lengua. He dedicado muchas horas de sueño a contestarles. Poco a poco me fui formando, a la vez que mis alumnos. Pero, ojo, las clases on line no pueden sustituir a la enseñanza en el aula. A mí se me han aclarado muchas ideas con la tiza.

P. ¿Qué valores se pueden transmitir a través de una pantalla?

R. Ver la cara de un alumno es impagable. Si no puedes tenerlo delante, aprendes a comprender cómo está su ánimo a través de la pantalla. La imagen tiene muchas posibilidades de expresión y creación.

P. ¿Un nuevo sistema educativo?

R. Quizá unos nuevos retos a los que se tienen que ir adaptando los profesores, como han hecho siempre.

P. ¿Cómo ven los jóvenes la fragilidad?

R. Se sorprenden cuando les hablas de estos temas o les llevas al aula algún ejemplo de persona enferma o discapacitada. Les hemos dado un mensaje falso. Les hemos hecho creer que el mundo es de los fuertes y que la juventud es inmortal. Esto, en un mundo en el que se sobrevalora el materialismo y carente de valores, ha hecho que los jóvenes no se fijen en la enfermedad, en la muerte.

P.  ¿Cómo mejorar a partir de ahora la educación?

R. La solución es siempre la misma. Unos profesores entusiastas, bien formados, en conocimientos y en valores.

P. ¿No será que les transmitimos mucha teoría y poca vida?

R. No se puede enseñar sin conocimientos. Necesitamos pilares en los que apoyar nuestro edificio y formar ciudadanos responsables. Pero, si nos quedamos en eso, estamos educando robots.

P. Políticos, docentes, padres…

R. La educación la regulan los políticos, pero la concretan los docentes en las aulas. Y funciona mucho mejor si se cuenta con la colaboración de las familias.

P. Acostumbrados a la globalización y a la interculturalidad, ¿puede ser una marcha atrás?

R. En cierto modo, sí. El cierre de fronteras, el miedo al diferente, la nueva crisis económica.

P. ¿Cómo ayudar a los jóvenes a vivir estos momentos como crecimiento personal?

R. Eso es lo que tenemos que aprender y no descuidar. Que el cambio de normalidad sea un avance hacia valores más humanos y hacia un crecimiento personal.

P. Un libro que les recomendaría.

R. El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon (2003). Me cautiva esa forma de enfrentarse al mundo un niño de quince años con un trastorno del espectro del autismo. Y además, de propina, todos los artículos y relatos de Letras desde Mocade en los que Adela Castañón Baquera, médica, escritora y madre de un niño autista.

Evaluación continua

P. ¿Cómo ha vivido su propia fragilidad en estos meses?

R. Sin miedo. Eso sí, cumpliendo a rajatabla las órdenes del Gobierno.

P. ¿Y el confinamiento?

R. Como unos meses de libertad que me han permitido encontrarme conmigo misma. A la vez que, a través de las redes sociales, he estado más conectada que nunca. Ha sido una experiencia muy rica.

P.  ¿Hay siempre motivos para dar gracias a Dios?

R. Soy creyente. Pero de una religiosidad poco madura. Tiendo a la meditación, pero también me gustan los rituales que me enlazan con las creencias de las personas de mi pasado. Sí, siempre hay un motivo importante para dar gracias a Dios y para estar contenta.

P. ¿Cabe el enfado?

R. Nunca.

P. ¿Y la confianza en los seres humanos?

R. En principio siempre confío. Aprecio a la mayoría silenciosa que tiende una mano.

P. Una obra que nos hable de esperanza.

R. La Biblia.

P. ¿Cómo ve el futuro?

R. Siempre con optimismo. Estamos en un momento de cambio. Tenemos que sacar los mejor. Se hablará de una generación postcovid y creo que será una generación mejor.

SUMARIOS

“Los aparentemente frágiles me atraían por su gran fuerza interior”

“Las clases on line no pueden sustituir a la enseñanza en el aula”

“Se hablará de la generación postcovid, y creo que será una generación mejor”

(Humanizar, N.º 172 --Madrid, septimbre-octubre 2020).