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La lampara encendida

Volver a empezar

Volver a empezar

Foto Toni Galán / Heraldo

Los tengo de todas las edades: Infantil, Primaria, Bachillerato, Universidad. “Tengo que aprender a conformarme / con lo que la vida me da”. Parece que Pablo Alborán acertó de lleno con su canción, homónima a este artículo, en lo que nos esperaba desde el pasado marzo, también en el curso académico.

La menor de mis cuatro sobrinos comienza este próximo lunes. Le enseñarán a lavarse bien las manos, a compartir juguetes y pinturas solo con niños y niñas de su grupo, a cantar y bailar sin temer a los ogros, con la seño y sus gafas tan grandes y tan chulis. Luego a casa, a comer y a lavarse los dientes, y a la siesta. Su hermano irá al cole el martes, ya a Primaria y sabiendo leer, con mascarilla. Un único recreo y sin jugar al balón, ni con compis de otros grupos burbuja. ¿Podrá asistir a su querida música y al inglés?

Y la tía, que creció alejada de las aulas, se pregunta si en esas cabecitas tan despiertas quedará de por vida la niebla de un par de cursos tan atípicos. ¿Dejarán lastre?

Mi segundo sobrino, para los 17, anda enfrascado en segundo de Bachillerato de Ciencias y Tecnología y se prepara a la EVAU. Mascarilla, distancia, responsabilidad. No sabemos si irá de mañana o de tarde, ni qué días en semana. Aquel pequeño que nos asombraba con sus prontos: “Mami, cuando sea mayor inventaré una vacuna para que no muramos”.

El mayor de los hijos de mis hermanos cursa segundo de Ingeniería Mecánica. Mascarilla, distancia, “streaming” desde casa. Sueña con un futuro más fácil y accesible para todos, relaciones, un empleo, con sacarse el carnet de conducir.

Y la tía, recelosa y un poco autodidacta en su niñez, se cuestiona: ¿Se harán realidad todos los sueños de mis peques, mis jóvenes? Porque teme que enfermen, que cierren los colegios, que se trunque su curso natural de aprendizaje o el río se desborde.

“Cuando creemos que lo sabemos todo, cuando creemos que el tren ya ha pasado… A veces, el tren de la vida te devuelve al punto de origen con todo su bagaje, con las maletas a cuestas…”. Antonio Miguel Albajara y Elena –Antonio Ferrandis y Encarna Paso– vuelven al amor de juventud en “Volver a empezar”, de José Luis Garci. Ojalá que la vida y la pasión por aprender nunca sean en nuestros hijos asignatura pendiente, la otra obra maestra del director, cuando maduren.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 4 de septiembre de 2020).

¿Viajar seguo?

¿Viajar seguo?

Foto https://alfondoalaizquierda.com

Hay lugares que crecen con nosotros. Había terminado COU cuando fuimos a Suances (Cantabria), a una casa para funcionarios de Correos y sus familias. Iríamos en autocar y volvíamos en tren desde Bilbao. Junto a las actividades en grupo que se hacían, en mi imaginativo adolescente quedó la escarpada playa de Los Locos; o las visitas a Comillas y Santander: palacio de La Magdalena, jardines de Pereda, catedral.

A Santander regresamos más de una vez. Y a Santillana del Mar –el pueblo de las tres mentiras–, Comillas, Castro Urdiales, San Vicente de la Barquera… en familia, con Fundación DFA o en pareja. Allí escribí mi primer poema a un nuevo y definitivo amor. Nos quedábamos en la comunidad, o bien continuábamos hacia Galicia. El aire y los abrazos estaban limpios.

Recuerdo las sillas rebotando en las calzadas de piedra de Santillana. Castro Urdiales y San Vicente, pueblos eminentemente marineros; de señoritos adinerados el primero, con su castillo al fondo y su brazo de mar, más sencillo el segundo. La sede de la Universidad Pontificia, trasladada a Madrid, y el monumental e imaginativo Capricho de Gaudí en Comillas. También su zoo y, más al sur, el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, hermoso e infinito. O Noja en la costa este.

Mis sobrinos tenían ya la edad de mis hermanos en nuestro periplo inicial. Y es que vamos creciendo, aunque parezca que nunca vamos a alcanzar algunos sueños íntimos: un curso en La Magdalena o los Picos de Europa, los Lagos de Covadonga, Santo Toribio de Liébana… (en Asturias).

Suances pueblo, el barrio de La Cuba, sus típicas casitas marineras, la Casa de los Polanco en la plaza y la iglesia de Nuestra Señora de las Lindes. La semana pasada viajábamos dos parejas a Suances playa: playas de la Ribera y la Riberiuca, junto a la Ría San Martín, el paseo marítimo y el puerto; y la otra de los Locos, en la Punta del Dichoso, con el Faro y el bellísimo mirador del Torco.

Desde ahí, visitamos algún rincón de los arriba recorridos, y los Picos de Europa. Pero no he podido retornar, el paisaje crece con nosotros. ¿Un viaje seguro? Mascarillas en todo momento, hotel fuera del pueblo, en coche a lugares tranquilos. Quizá crecer implique aceptar la incertidumbre, echarse al mar sin flotador. Al fin al cabo, somos vulnerables, como la naturaleza, de la que tanto dependemos.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 28 de agosto de 2020).

Dis-fruta

Dis-fruta

Foto de Biel

Es una marca creativa que une el valor nutritivo de la fruta y su belleza –arreglos frutales, complementos…--. Quizá consista en eso, en ser imaginativos y creadores, en darle la vuelta a la tortilla y sorprendernos a nosotros mismos.

Los cines Palafox y Aragonia abrieron ya sus salas, sin palomitas y con las obligadas medidas sanitarias. Para ligar, se ha cambiado la discoteca por la piscina, el besuqueo por el juego de miradas, la cita por la app, las prisas por el conocerse a fuego lento. ¿Y para qué ir a Londres, si en Biel se da historia y leyenda, la cuna de Alfonso el Batallador y una de las torres más bellas de España?

Sin salir de Zaragoza, contemplamos sus puertas transformadas en murales: de Toledo, el Duque de la Victoria –hoy en restauración–, Valencia, Sol, Sancho y la Torre Nueva. Y Alfamén y su museo permanente. O Fuendetodos, con la casa de Goya, el Museo del Grabado y su entorno, con rutas tan variadas; o la curiosa iniciativa de llevar al pintor por hospitales.

Huesca, de Los Monegros al Pirineo: deporte y aventura, diversión y arte. Y el valle de Benasque, con sus tres miles y sus praderas paradisiacas. Senderismo, ibones, tirolinas… en la Selva de Oza. Y aunque sin San Lorenzo, la semana pasada contemplábamos sus Lágrimas o Perseidas más hermosas que nunca.

Y Teruel, Javalambre, sus olivos centenarios y sus minas. O el Torico, hoy también representado en un mural compuesto por 1800 fotografías. Pero nada como Albarracín, paisaje, gastronomía, patrimonio artístico y cultural, desde la catedral a la casa azul, presente imperecedero de un noble a su amada.

Muchas páginas web describen los lugares más seguros a nivel nacional. De Asturias y Cantabria, pasando por Madrid, a las playas del sur. Desde el Camino de Santiago, lugar físico o itinerario de música antigua, a la Mesa de los Tres Reyes, el pico más elevado de Navarra. Aunque sean nuestros pueblos pequeños, esos rincones de la España vaciada los que mayores tesoros nos reserven.

Disfrutar, a ser posible en familia, o con amigos de siempre; descubrir la esencia, lo importante. “Lo que la pandemia me ha enseñado es a soltar cosas, a darme cuenta de lo poco que necesito. No necesito comprar, no necesito más ropa, no necesito ir a ninguna parte, ni viajar. Me parece que tengo demasiado” (Isabel Aliende). La llave que reinventa el futuro.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 21 de agosto de 2020).

Superar los miedos

Superar los miedos

Salvador Dalí se inspiraría en el Cristo de San Juan de la Cruz (dibujado en un pequeño papel tras una visión del místico), y así se titula el cuadro. Foto www.todocuadros.es

De pequeña, tenía miedo a dormirme sin luz, como tantos niños; a que los mayores hablasen de la muerte; a que mis papás no fueran a buscarme al colegio –jamás me separé de ellos y lo segundo nunca sucedió–. Luego, empiezas a soñar con el amor y temes no encontrarlo; no lograr un empleo dadas tus circunstancias especiales. Según vamos creciendo, nos preocupamos por nuestros mayores, tenerlos con nosotros el mayor tiempo posible, con calidad de vida. Son temores abstractos, nacidos de anticipar una realidad que quizá no llegue a existir.

En estos meses, parecen haberse solidificado todos nuestros pánicos infantiles. ¿La noche oscura de San Juan? Los mayores no solo se morían, sino que desaparecían sin sentirlo, sin poder despedirnos ni ver tan siquiera sus cenizas. El peor cuento de terror se volvió realidad en apenas unos días. En la calle habitaba un enemigo invisible, y a enfermedad y muerte se uniría una miseria extrema.

Los niños comenzaron a tener pesadillas, ahora reales. No iban al colegio. La costumbre del beso se confinó y los adolescentes y los jóvenes tuvieron que reinventar sus relaciones digitalmente. Millones se quedaron sin empleo y miles de parejas sin amor. Jamás lo hubiésemos imaginado.

Seguimos todavía en ese tiempo. ¿Hasta cuándo? Dicen que el miedo es libre, pero cuando los positivos siguen multiplicándose, se rebaja la edad, vuelve a afectar a las residencias… ¿Y si es un familiar? ¿Y si salta el bichito tomando un helado o un café? ¿Y si cualquiera somos igualmente susceptibles de contagio? Sea como fuere, este verano es harto atípico y las vacaciones se eligen con lupa, quien se atreve a salir, en espera de un curso no menos incierto.

Temor a que la vacuna ni sea a corto plazo la panacea universal? ¿Y para todos? ¿Y si tuviese efectos secundarios? Tendremos que convivir con la vulnerabilidad y la incertidumbre, y confiar.

Este agosto, mañana, tampoco va a celebrarse la fiesta de la Virgen en tantos pueblos. Hasta la religiosidad y las celebraciones hemos tenido que reinventarlas. Aunque la esencia queda, y la humanidad, el ser humano, hemos sobrevivido a muchas.

¿En quién podemos confiar? “Quizá la mayor confianza para fray Juan de la Cruz sea la de ser esperado, ser amado” (José Carlos Bermejo, La esperanza en tiempos de coronavirus). Puede ser una clave.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 14 de agosto de 2020).

¿Exilio?

¿Exilio?

Foto EFE / Casa del Rey

“Separación de una persona de la tierra en que vive” (Diccionario de la lengua española). La segunda acepción es más cercana a nuestra tradición histórica: “Expatriación, generalmente por motivos políticos”. Hay matices.

Destino fatalmente compartido por los monarcas españoles en los dos últimos siglos. Desde Carlos IV, contra quien se confabularon populacho y nobleza –el motín de Aranjuez–, las ansias de poder de los Bonaparte y la prisa por reinar de su propio hijo, Fernando VII.

Si hubiéramos de poner un rostro creativo a tanto sinsabor, sería el de Francisco de Goya. De La familia de Carlos IV, a El dos de mayo en Madrid o los fusilamientos de El tres de mayo, olas Pinturas negras. ¿Y una voz? Benito Pérez Galdós en Episodios nacionales.

Fernando VII, preso durante la Guerra de la Independencia, cargó contra los enemigos del Absolutismo, y, ya enfermo, abdicó a favor de su cuarta esposa, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, madre de la futura Isabel II. Las luces y sombras del reinado, la Gloriosa, el exilio y, sobre todo, los enfrentamientos con su tío Carlos, aparecen en dos escritores antitéticos: Ramón María del Valle-Inclán, en la serie “La Guerra Carlista”, y Pío Baroja, en novelas como Zalacaín el aventurero.

No volvería a España. Fue testigo a distancia de la monarquía parlamentaría de un extraño, Amadeo de Saboya, la I República, el regreso y breve reinado de su hijo, Alfonso XII –once años, enfermo de tuberculosis–, la regencia de su segunda esposa, María Cristina de Habsburgo-Lorena, todavía en estado de buena esperanza de Alfonso XIII.

Rey con 17 años, viajero infatigable –asistió al homenaje a Ramón y Cajal–, no consciente de que venía la II República, abdicó en el exilio en su hijo don Juan. Cronista fidedigno, don Miguel de Unamuno.

Una guerra civil, una larga dictadura… “Majestad, por España. Todo por España. ¡Viva España! ¡Viva el rey!”. Aquellas palabras de don Juan, abdicando en su hijo don Juan Carlos I, nos emocionaron. Una constitución, la consolidación del progreso universal… “… te comunico mi meditada decisión de trasladarme, en estos momentos, fuera de España”. Tres autoras encarnan este tiempo: Rosa Montero, Anne Carson, Premio Princesa de Asturias, e Irene Vallejo, estudiosas de la esencia humana a través de los clásicos y el subconsciente colectivo.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 8 de agosto de 2020).

Las Delicias

Las Delicias

Foto www.heraldo.es

En los años 60 del pasado siglo, mis padres, como tantos otros, emigraron del pueblo a la ciudad. Venían de una guerra y una triste posguerra, y la oligarquía franquista no ayudaba mucho. Los míos aún tuvieron suerte y, con los cuatro ahorros de los abuelos, a fuerza de una vida de entregarse a la tierra, como el grano de trigo, se compraron un piso. Dos sillas, una mesa donde poder comer y un sencillo colchón, era todo su ajuar.

Los muebles fueron llegando despacito, y cuando yo nací, allí en una cuarta planta de la calle Delicias, no faltaron la cuna, los primeros juguetes y una sillita, imitación de anea azul y blanca, donde aprendí a leer. La gimnasia, a la que debíamos acudir todos los días debido a las secuelas de la parálisis cerebral de nacimiento –un error médico–, corría toda a cargo del sueldo de funcionario de mi padre, no tenía seguro.

Hacía mucho frío en los inviernos, con solo una estufa para toda la casa de esas de piña eléctrica. Y yo cogía angina tras angina, y muchas inyecciones, que aún me duelen; un “virus” permanente que el sarampión terminó de completar. Leía y estudiaba en la máquina de coser.

Llegó la transición, la democracia, mis primeras salidas con otros compañeros sentaditos, colonias de verano, el título de Primaria, el Bachillerato a Distancia, luego la Universidad. Nos hicimos más universales, mucho menos egocéntricos. Llegaron los primeros inmigrantes, y otros para quedarse, y muchos más.

La globalización se hizo dueña del mundo, o de la tierra. Y olvidamos reciclar las caseras; vasos, platos, pajitas y envases de cartón los cambiamos por plásticos. Fueron llegando los ordenadores, los viajes a gran escala, las pateras. Nuestros padres y nosotros nos fuimos trasladando a pisos y urbanizaciones más modernas, con ascensores y calefacción. Y aquellas viejas casas las dejamos para los nuevos inmigrantes, apiñados, subarrendados tantas veces, que venían a cuidar de los mayores.

Trece años tenía cuando dejé Delicias. Los mismos que esa niña inmigrante, hija mayor de una familia cuyos padres han debido ser aislados por la covid. No se sabe muy bien de qué hemos abusado. ¿De la naturaleza? ¿De nuestros prójimos? Se nos ha muerto casi toda la generación que nos cuidó. ¿Qué va a ser de la que ahora ha venido a cuidarnos? ¿Y de los jóvenes?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 31 de julio de 2020).

Distopía

Distopía

Árbol de la vida. Foto www.tenvinilo.com

“Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana” (Diccionario de la lengua española). En este caso, el prefijo dis- indicaría ‘negación’ o ‘contrariedad’ respecto a utopía: “Representación imaginativa de una sociedad futura de características favorecedoras del bien humano”. Y también “plan, proyecto, doctrina o sistema deseables que parecen de muy difícil realización”.

En todas las culturas hay un Bien y un Mal, Yin y Yang, infierno y jardín de las vírgenes en la religión musulmana. Y en el subconsciente colectivo, utopía y distopía pueden ir de la mano. Sin tener que acudir a teoría  conspiranoide alguna, la discordancia con la vieja normalidad va a darse en un futuro a corto y medio plazo.

¿Un virus animal? ¿Manipulación en la mutación de especies? En cualquier caso, la biodiversidad de nuestra casa tierra ha sufrido mucho.

Esta Europa unida, tras superar dos guerras, la locura nazi, y tantos y tantos genocidios, que ha de sostenernos económicamente, es también heredera de símbolos antitéticos: el trigo y la cizaña, los hijos de la luz y las tinieblas, ángeles y demonios.

A los jóvenes les hemos ocultado muchas cosas, lo mismo que a Sidharta, futuro Buda, se le impedía ver la enfermedad, la vejez y la muerte. Los hemos protegido demasiado y creen que no va con ellos. Y se han encontrado sin la abuela, de la que no han podido despedirse; con que su profesor ha caído enfermo; sin poder ir a clase, ni a Salou, ni a ese viaje soñado durante meses.

Distopía, porque no conocemos ni el origen ni el final; porque ahora les afecta también a los bebés; y el aire está viciado y no podemos comprar un aire limpio, como Rosa Montero en Lágrimas en la lluvia, a través de Bruna Husky, la detective tecno que investiga el informe de la Tierra sobre el nuevo destino de la Humanidad.

“Me hice escritor porque tengo un desajuste con la realidad que me rodea, mi país, mi ciudad, mi época… Eso me lleva a encontrar en la literatura un mundo de experiencias que no he tenido, pero que he soñado” (Juan Marsé). Soñaremos. No nuevas islas de Utopía. Sí oscuras golondrinas que aprendan nuestros nombres, porque amamos.

Y el siete, del candelabro hebreo, las moradas, los chacras yóguicos o los niveles del cielo musulmán, se impondrá sobre el seis.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 24 de julio de 2020).

Vulnerables

Vulnerables

Foto Los enamorados, de Natalio Bayo, en La danza de la muerte.

“Rezo en la ducha, señora. Y ante el piano. / Mirando las vueltas del centrifugado. / Haciendo punto, joven del huso. / Por lo que sé hoy. Lo que sabré mañana. / Lo que no podré prever más. // Tras el abandono, rezo cada hora”. Lo escribe Pilar Adón en su nuevo poemario, Da dolor.

Nunca supuso un riesgo celebrar colectivamente el triunfo del equipo favorito, bailar pegados o subirse a un avión. Algo nos trastocó la vida de un día para otro, y van ya más de cien. Cada cual se refugia en sus manes, sus raíces, su religión particular.

El ambiente está enrarecido. Un extraño microorganismo se interpuso en nuestras relaciones y nos robó la primavera. No nos apetece ir de rebajas, planear un crucero este verano ni aplicarnos el tratamiento anticelulítico de siempre cara a la operación bikini. Lo peor, no sabemos todavía el origen de tales mutaciones ni intuimos el futuro a corto plazo.

Dicen que a un 40% nos ha tocado, psicológica, emocionalmente, en el bolsillo. Bueno, a todos no. Algunos de nuestros jóvenes se sienten invulnerables, intocables, eternos. Libres de esa amenaza global y planetaria que puede recortarnos la edad y el bienestar. ¿Habremos de llegar a octogenarios, como la generación que nos precede?

¿Volverán las golondrinas del amor? No pensábamos que íbamos a morir tan prematuramente, a despedir sin besos ni apretones de manos a los seres queridos, a no decir adiós. Claro, eran mayores, muy mayores. ¿Hacerles sufrir más? Ya vivieron lo suyo. Si se hubiera cebado en los niños hubiese sido diferente. ¿Y los adolescentes? ¿Y los trabajadores temporeros? ¿Y los jóvenes?

Una neblina oscura, como máscara, nos ciega el porvenir, de momento hasta otoño. Lo vamos transformando en pesadillas, o temores ocultos, subterráneos. ¿Y el inicio de curso? ¿Llegará a tiempo una vacuna eficaz? ¿Tendrá contraindicaciones? Las preguntas retóricas, o no tanto, pueden llevarnos a un dédalo sin final, más intricado que el de Minos, en la Grecia legendaria.

No nos sale de adentro la alegría. Pero si nos paramos, quizá tengamos la respuesta. “La esperanza es el presente del futuro. Y sana y predispone saludablemente porque refuerza biológicamente, psicológicamente, emocionalmente, espiritualmente. La esperanza refuerza el sistema inmunitario” (José Carlos Bermejo, La esperanza en tiempos de coronavirus).

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 17 de julio de 2020).

Si no aprendemos nada de esta crisis, volveremos a caer

Si no aprendemos nada de esta crisis, volveremos a caer

Foto Manuel Cortés Blanco

Manuel Cortés Blanco. Médico, epidemiólogo y escritor

Si no aprendemos nada de esta crisis, volveremos a caer

Si por el día realiza su trabajo como epidemiólogo en primera línea de la lucha contra la COVID-19, cada noche –tras haberles contado algún cuento a sus hijos– encuentra en la Literatura una válvula de escape. Hoy nos comparte a todos su saber y experiencia.

María Pilar Martínez Barca

Manuel Cortés Blanco, zaragozano de nacimiento y afincado en León, es médico, psicólogo, cuentacuentos y escritor. Técnico Médico de la Sección de Epidemiología del Servicio de Sanidad (Servicio Territorial de León) de la Junta de Castilla y León.

Como médico ha trabajado en cuatro de los cinco continentes. Premio Nacional Ulysses 2010 por su labor científica. Vinculado a distintas organizaciones solidarias, es técnico asesor del Proyecto Los Argonautas, dedicado a la inclusión social de las personas mayores más desfavorecidas.

Virología básica

P. ¿Qué son los virus?

R. Son agentes infecciosos microscópicos que, sin alcanzar a constituirse como célula, solo pueden reproducirse dentro de las de otros organismos. En latín significa veneno. Al igual que nosotros, forman parte de la Naturaleza.

P. ¿Y COVID-19?

R. COVID-19 –del inglés Coronavirus Disease 2019- es la enfermedad producida por un nuevo microorganismo. Su denominación correcta sería SARS-CoV-2 –en inglés, Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus 2–, Coronavirus responsable de esta pandemia que vivimos.

P. ¿Se conoce su origen?

R. Aun cuando el criterio científico prevalente sea el de que tras analizar el genoma del agente causal, los resultados concluyen de manera abrumadora que su origen está en la vida silvestre –pudo pasar del murciélago u otros animales salvajes al ser humano–, no existe consenso absoluto. Los hay quienes abogan por que sea un producto de laboratorio, e incluso hemos escuchado otras teorías –desde la influencia del cambio climático a las ondas del sistema G5– sin mayores argumentos. En mi opinión, ante cualquiera de estos escenarios, esa Biodiversidad que nos protege se ha visto afectada por nuestro modo de vida, haciéndonos más vulnerables a este tipo de infecciones.

P. ¿Cuántas pandemias ha habido en la Historia?

R. Muchas. Desde tiempos bíblicos a la COVID-19, pasamos por la Plaga de Justiniano, la Peste Negra, la mal llamada Gripe española… La Historia de la Humanidad está ligada a la historia de sus epidemias.

P. Resalte alguna experiencia que le haya marcado.

R. En Benin, por los noventa, cuando abordamos un brote de cólera. Me recuerdo explicando a la población la importancia de tratar el agua y los alimentos, de lavarse sus manos, de adquirir medidas de prevención. Tratando a los pacientes con aquellos equipos de protección tan primarios, gestionando qué hacer con los fallecidos. Sucedió en uno de los países más pobres del mundo y hoy me descubro haciendo algo parecido en el mío.

Una crisis anunciada

P. ¿Nos cogió de improviso?

R. A prácticamente todos. Es verdad que se trata de un virus nuevo con un comportamiento especialmente anómalo. Pero también que en nuestro estilo de vida nos creíamos inmunes, todopoderosos. Jamás pensamos que un microorganismo diminuto fuese capaz de parar nuestros ritmos, nuestra economía, nuestras vidas. Ese exceso de confianza ha contribuido a esta realidad.

P. Tos, fiebre, dificultad respiratoria… ¿Qué otros síntomas?

R. Hay casos en los que la infección acontece sin síntomas, con el riesgo añadido de poderse transmitir. En otros, con cuadros menores –en ocasiones similares a un catarro común– y en los más graves puede producir desde convulsiones a alteraciones de la conciencia. La fiebre es el síntoma más característico de la COVID-19, en nueve de cada diez casos. Algunos estudios refieren la pérdida de gusto y olfato. En cualquier caso, la dificultad respiratoria –en uno de cada seis enfermos– será siempre un síntoma mayor a valorar.

P. ¿A qué familia pertenece?

R. A la llamada Coronavirus, que incluye siete virus causantes de enfermedades en el ser humano: desde el resfriado común hasta procesos graves, como el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) o el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SRAS). Deben su nombre al tener al microscopio forma esférica de la que salen unas espículas que le dan esa apariencia de corona. Suelen contagiarse de animales a personas –transmisión zoonótica–.

P. ¿Cómo diferenciarlo de gripe, resfriado o alergias estacionales?

R. En muchos pacientes no será posible –especialmente los más leves– al compartir síntomas comunes. Habrá que considerar cada caso de manera individualizada con el apoyo de alguna de las pruebas diagnósticas existentes, como PCR o inmunoglobulinas.

P. ¿Es de los más mortíferos?

R. No es de los peores. Hay otros virus pertenecientes a su misma familia –como el MERS o el SRAS– con unas tasas de mortalidad superiores, si bien este detalle no les beneficia para sobrevivir. Aunque el virus causante de COVID-19 mate menos, se transmite más, y no hemos desarrollado inmunidad.

P. España tiene un buen sistema sanitario. ¿Por qué tantos contagios y mortandad?

R. Los porqués no son tan fáciles de encontrar. Influyó su rápida transmisibilidad, la tardanza de los equipos de protección al personal sociosanitario –centros sanitarios o residencias para mayores–, el hecho de que el virus se cebara en personas mayores con patologías previas… Analizar con detalle esos porqués será básico para que no vuelva a suceder.

P. ¿Por qué en algunos pacientes pasa desapercibido y afecta tanto a otros?

R. Los expertos aseguran que la clave se asienta sobre el sistema inmunitario. La respuesta de este resulta fundamental. Por ello, deberíamos potenciarlo cuidando nuestros hábitos de vida: desde una dieta saludable a practicar ejercicio moderado… Sin olvidarnos de sonreír.

P. Ancianos, personas con discapacidad, triaje… Han salido a la palestra.

R. En efecto. Particularmente, he sentido el llamado edadismo o discriminación de las personas por el mero hecho de su edad. Allá donde he podido, lo he rebatido con argumentos. Una cosa es hacer triaje –lo que como médico me ha tocado muchas veces– y otra muy distinta hacer segregación.

P. ¿Qué tipos de tratamientos se han seguido?

R. En los cuadros menores el tratamiento es meramente sintomático. Para los mayores se ha desarrollado una amplia batería de productos, en ciertos casos todavía en fase experimental: desde antivirales a antibióticos, pasando por estimulantes del sistema inmunitario o terapia pasiva de anticuerpos.

Realidad y ficción

P. Es autor de varios libros infantiles. ¿La realidad supera a la ficción?

R. Indudablemente. En cierto relato anticipé un confinamiento como el que hemos tenido, su origen estaba en un desastre medioambiental. Si no cuidamos nuestro planeta acabará sucediendo.

P. ¿Dejará el confinamiento secuelas psicológicas?

R. Si bien es pronto para valorarlas, parece seguro que esta pandemia acarreará distintas secuelas psicológicas, consecuencia del estrés al que estamos sometidos. Confinamiento, miedos, tanta incertidumbre… Al igual que el virus, no hará distinciones, cebándose con los grupos más vulnerables.

Los expertos anuncian un aumento de trastornos mentales, alguno incluso de nuevo cuño como el llamado Síndrome del Domingo Eterno. Proyecto Hombre –donde impartí clases de formación– ha alertado del incremento de adicciones, como la dependencia a los videojuegos o las apuestas a través de Internet. La psicológica es una de las olas de ese tsunami llamado COVID-19.

P. Se anuncian consecuencias económicas catastróficas…

R. Es otra de las olas, llena de números rojos según el Banco Central Europeo y que cierto amigo gestor sintetiza: muchos negocios tendrán que cerrar… Traerá más diferencias entre todos, con el riesgo añadido según el presidente de la FAO de que al final de la pandemia pudiera haber más muertos por hambre que por el virus.

P. ¿Ahondará las diferencias entre países?

R. En efecto. Hay estados que ya han avanzado que no tienen dinero para afrontar los costes de esta epidemia ni podrán pagar su deuda. Aun cuando la COVID-19 sea universal y afecte a todos sin distinción, sus secuelas serán mayores en los países con menor renta.

P. ¿Para cuándo la vacuna?

R. En estos momentos la mejor prevención es el cumplimiento de las medidas de protección. En cuanto a la vacuna, hay ya más de cien proyectos registrados –algunos en fases avanzadas– si bien, por cuestión de plazos, no parece probable que esté disponible antes de un año.

P. ¿Saldremos de esta?

R. Lo veo desde un positivismo moderado. El ser humano nos recuerda al Ave Fénix: resurge de sus cenizas. Saldremos adelante, aunque deberíamos considerar lo vivido en esta pandemia, incluyendo un mayor respeto por nuestra Naturaleza. Pero también es posible que, como dijera Mary Poppins en una de sus escenas, los adultos mañana lo habrán olvidado todo. Si no aprendemos nada, volveremos a caer.

SUMARIOS

“Una cosa es hacer triaje y otra muy distinta hacer segregación”

“La psicológica es una de las olas de ese tsunami llamado COVID-19”

“La mejor prevención es el cumplimiento de las medidas de protección”

(Humanizar, Nº 171 -Madrid, julio-agosto 2020-).

Menudos héroes

Menudos héroes

Foto www.sjdhospitalbarcelona.org

Nos hemos centrado en los adultos, en los ancianos vulnerables, también en los discapacitados, en las mujeres que han tenido que convivir con su maltratador. ¿Pero y los niños? Esos locos bajitos a los que cantaba Serrat. ¿Es que no va con ellos?

Lo vemos en nuestros hijos, sobrinos, hijos de compañeros. “Mami, un niño”, señalan con el dedo sin atreverse a subir a los columpios. Esto hasta el pasado marzo era inimaginable. Nuestros peques eran de lo más social: intercambiaban el balón y el carrito de la muñeca, el cubo de la arena por los coches. Ha habido que explicarles que se nos ha metido en todo el mundo un virus o bichito microscópico; primero, había que estar en casita, y ahora el contacto con más niños y mayores puede hacernos enfermar.

La realidad supera a cualquier ficción, fantasía o cuento de maléficos ogros. Llevan meses sin asistir al colegio presencial, pero lo entienden todo. Me recuerdan, salvando las distancias, mi propia educación, también sentimental: las primeras letras y los cursos iniciales de EGB –actual Primaria– en casa, con mis padres; Certificado de Estudios Primarios y Graduado Escolar en el aula colectiva de Auxilia, para cinco discapacitados, y luego en el Instituto Nacional de Bachillerato a Distancia –con sede en el Goya–. No se había inventado la enseñanza on line.

¿Y cómo explicarles lo inexplicable, eso de lo que aún no tenemos respuestas? “…enseñar a los niños cómo tolerar la incertidumbre es clave para reducir la ansiedad y ayudarlos a desarrollar resiliencia”, afirma Janine Domingues (psicóloga infantil del Child Mind Institute). ¿Está bien la abuelita? ¿Podré tomar mis helados favoritos? ¿Habrá vacuna para todos los niños, ricos y pobres? Quizá el próximo diciembre, cuando les toque hacer de diputados, acerquen al Congreso a los miles y millones de pequeños que no tengan qué comer.

–Papi, tengo sed. –Pero niño, quítate la mascarilla. Hasta en eso responsables. “Los niños se sienten seguros cuando saben qué hacer para protegerse”, explica la profesional. “A menudo los hijos se nos parecen, / así nos dan la primera satisfacción”, interpreta nuestro cantante divo de tantas generaciones, Joan Manuel. “Mamá, si me pongo malito no me dejes solo”. Los niños son esponjas, por fortuna. Ojalá, superado este trago, les espere un futuro feliz.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 10 de julio de 2020).

Ángeles custodios

Ángeles custodios

Foto portada libro

“En la España de aquel momento, la miseria, las enfermedades y el hambre daban al traste con cuatro siglos de gloria”. Así comienza la novela histórica de Almudena de Arteaga, en la que se relata la expedición del doctor Fco. J. Balmis, Isabel Cendal, regenta de un orfanato coruñés, y una veintena de pequeños que portaron la primera vacuna efectiva contra la viruela a América del Sur. Principios del siglo XIX, inspiradora de la película “22 ángeles”, de Miguel Bardem. El “virus variola” (‘pequeña pústula’ en latín) ya existía entre los egipcios (siglo III a. C.), se cebó en la Europa del XVII y no se erradicaría hasta 1980.

Pocos ancianos pueden recordar los 50 millones de muertos en la segunda oleada de la gripe de 1918; y solo los mayores muestran la cicatriz de la antigua vacuna. “Vacunándoos de niños y revacunándoos cada siete años, os libraréis de la viruela” (Eduardo Castañer, Museo Pedagógico de Aragón, Huesca). Y ahora, cuando estábamos seguros y todo parecía controlado, llegó un extraño SARS-CoV-2, aún no sabemos si para quedarse definitivamente, pero sí para cambiarnos la vida de raíz. También los sanitarios han sido nuestros ángeles de la guarda: “Ángeles son aquellos profesionales de la salud (…) que se dejan la vida en los procesos de cuidado y que mantienen el firme propósito de la salud y del confort de cada uno de los pacientes” (José Carlos Bermejo, Centro de Humanización de la Salud).

La historia colectiva y nuestro organismo tienen memoria. Sin embargo, olvidamos con frecuencia. La Litera, Bajo y Medio Cinca y la zona de Caspe. Castilla-La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Madrid, País Vasco, La Rioja… La India, EE. UU., Brasil, Perú, El Salvador. Más de 10 millones.

¿Hacinamiento? ¿Jóvenes desaprensivos? ¿Inmigrantes temporeros? Sin buscar culpables, es obvio que la higiene importa. En el hotel donde se hospedaba el Cádiz CF, fui testigo, ascensor exclusivo, agentes de seguridad, la más mínima norma… Los ángeles de la guarda tienen mil rostros.

“En ese conjunto de personas está integrada la dirección de mi residencia, las Hermanas Angélicas, unas mujeres que han renunciado a su vida personal no para atender a su madre o a su padre, sino a docenas de ‘mayores’” (Ana María Cortés Navarro, ex consejera de Sanidad, Bienestar Social y Trabajo del Gobierno de Aragón).

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 3 de julio de 2020).

Hogueras

Hogueras

Foto Francisco Javier Martínez Barca

Anteayer celebrábamos San Juan. La noche de su víspera no hubo hogueras, pese a que el solsticio de verano llegase puntualmente a su cita, ajeno a toda enfermedad de la tierra. En el hemisferio boreal estamos más cercanos al sol. ¿Será por eso que comenzamos a sentirnos algo más seguros?

Las fiestas patronales sorianas, dedicadas al toro y a San Juan, lo mismo que San Fermín y San Lorenzo, tampoco se dan cita. No está el horno para muchos bollos ni hay más cera que la que arde. Y con todo, enseres y simbolismos relacionados con el fuego dan mucho de sí, más en tiempos en los que necesitan una buena antorcha.

El origen no siempre es claro, de epidemias y fogatas. Se dice que si tienen que ver, las segundas, con costumbres paganas y con Zoroastro, el profeta persa de los siglos VII y VI antes de Cristo. Extraña mezcla de creencias, desde la Torre del Silencio, donde son llevados los cadáveres de niños, mujeres y hombres, expuestos a los buitres y calcinados sus huesos por el Sol; al emblema del fuego y de la luz, centro de la entonces nueva religión, que disipa las tinieblas de la ignorancia. El Zaratustra nietzchiano –así habló Zaratustra–: muerte de Dios, voluntad de poder, eterno retorno de lo mismo, nihilismo.

Y está la otra raíz, Zacarías, padre de Juan Bautista, predecesor de Jesús. Cuentan que encendió una hoguera cuando nació el hijo y sanó de la mudez. Y el tronco común vuelve a echar mil ramas diversas: atraer buena suerte, echar malos espíritus, hacerse fértiles las mujeres que desean parir, saltar nueve olas seguidas, siete veces por encima de las brasas, escribir los deseos, quemar los monigotes como símbolo de todo lo viejo que queremos olvidar y superar. Y este año, o los dos años próximos, nos queda mucho por prender y renovar.

Está la luminaria como tributo de buena cosecha, en agosto, relacionada con la Virgen, San Roque y las rogativas por la peste. Y está la otra vertiente, la confabulación de brujas, simples mujeres del pueblo instruidas por la naturaleza, y sus ritos de fuego, sol y agua.

Ritos de sanación y de clarividencia social, como los del profeta cantor: “Y con la resaca a cuestas / vuelve el pobre a su pobreza, / vuelve el rico a su riqueza / y el señor cura a sus misas” (Joan Manuel Serrar). ¿Es la hoguera catártica, mientras dure, de esa otra pandemia que nos viene?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 26 de junio de 2020).

A un paso

A un paso

Foto José Miguel Marco / Heraldo. Terraza café Montal, plaza San Felipe (Zaragoza).

Las terrazas ya pueden ocuparse al 75%, las piscinas ampliarán su aforo la próxima semana; estamos deseando comer fuera, disfrutar los primeros espectáculos, planificar unas vacaciones hasta ahora inviables. Los casos de decesos y contagios son menores. ¿Cerca el final del túnel? El mundo no goza todavía de salud, y si unimos la psicosis anti vacuna de distintas esferas… “Un, dos, tres. / Un pasito pa’lante, María. / Un, dos, tres. / Un pasito pa’ atrás”. Richy Martin no es el único que lo ve.

Hasta lograr el antídoto, todo irá paso a paso. No soy especialista, pero tengo los ojos y oídos bien abiertos. Se habla de Dexametaxona y otros fármacos para afecciones respiratorias, de antivirales combinados, de aplicación de otras vacunas, de tratamientos con plasma y placenta. Y de la GAVI o Alianza para la Vacunación (“The Vaccine Alliance”), donde cooperan la OMS, Unicef, el Banco Mundial, empresas farmacéuticas y gobiernos. Mientras surjan repuntes como en Pekín, o en una industria cárnica alemana, hay que ir “Despacito. / Quiero respirar tu cuello despacito”, como canta el portorriqueño Luis Fonsi.

Hay muchas ganas de salir, también en lo económico. Los alemanes llegaron a Mallorca y Francia tiende puentes por Bielsa y el Portalet. A esta enfermedad colectiva que venimos arrastrando no puede unirse más miseria, falta de empleo, empresas que se van al garete o ertes para la eternidad. Necesitamos respirar, durante dos o tres meses, para seguir pensando y crear entre todos un futuro sin duda diferente. Seguirá acompañándonos el Dúo Dinámico: “Resistiré, para seguir viviendo, / soportaré los golpes y jamás me rendiré”.

Estamos tristes. Las mascarillas, necesarias e higiénicas, no nos permiten broncearnos, mirar con amplitud el horizonte ni la comunicación –menos entre los sordos, que no leen los labios–. Además, venimos soportando un duelo inmenso, ¡a las muertes se unen tantas pérdidas! Más aulas para alumnos. ¿Y las capacidades diferentes? Las residencias no pueden ser lo mismo: una triste antesala. A un paso de tirar la toalla me viene la canción de Diego Torres: “Saber que se puede querer que se pueda, / quitarse los miedos, sacarlos afuera, / pintarse la cara, color esperanza, / Tentar al futuro con el corazón”. Hemos de sobrevivir.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 19 de junio de 2020).

Para normalidad

Para normalidad

Foto Rafael Gobantes / Heraldo

El prefijo para- “significa ’junto a’, ’semejante a’”, según el Diccionario de la lengua española de la RAE. Paranormal, “que no puede ser explicado por los conocimientos científicos actuales, y es objeto de estudio de la parapsicología”. Parapsicología, “estudio de los fenómenos y comportamientos psicológicos, como la telepatía, las premoniciones, la levitación, etc., de cuya naturaleza y efectos no ha dado hasta ahora cuenta la psicología científica”.

Fenómenos, conocimientos, comportamientos paralelos a los más habituales. Y una, desde su ignorancia más galopante cada día, se pregunta si esto de los virus de la covid no tendrá que ver con llevar sayo y abrigo más allá del 40 de mayo; con las bolas de fuego que se ven de madrugada; con yacimientos de oro descubiertos entre Saturno y Marte, antiguos valles fluviales y lagos en este último, o incluso universos paralelos en los que el tiempo parece ir hacia atrás.

No sé si bulos o no, circulan por las redes. Que algo está pasando es evidente, para que aparezcan focas en las playas, los buitres agujereen aviones militares, ataquen en escuadrón a un ternerillo frente al clan matriarcal de la vacada, o cangrejos exóticos desafíen a los nativos de Aragón. Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, un curioso cocodrilo da la nota y se oculta, como algunos políticos.

Mucho tiene que ver esta pandemia con la biodiversidad. Higiene de los aires y las aguas, no tirar mascarillas ni guantes a parques y ríos, más espacios verdes. ¿Cuántos animales y bacterias quedan por infectarnos? ¿Cuántos experimentos? Y la cadena del ser, o del sinsentido, llega hasta las colas del hambre, o las “cortes de los milagros”. Que se anuncia una recesión a la economía del 45, o una vuelta al crack americano del 29.

Carmen Romeo, entrañable profesora del instituto Goya, hoy jubilada, escribía en su blog, “Letras desde Moncade”, su relato “De la peste al coronavirus”: “… se acercó un poco más a mí y me contó que cada vez que un cometa se acerca mucho a la Tierra, su cola deja grandes desgracias. (…) Y que justo antes de llegar el coronavirus pasó un cometa que tenía una cola. Como la estrella que guió a los Reyes Magos que venían de Oriente”.

¿Nueva normalidad? Mejor realidades paralelas. Al menos, mientras llega la vacuna, o la hecatombe, que nos dejen soñar.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 12 de junio de 2020).

Nuevo empleo

Nuevo empleo

Foto B. Alquézar / Heraldo

Expertos inmobiliarios hablan de “regreso al futuro” en el ámbito laboral. Aunque esa sensación seguro que la tiene cualquier trabajador que haya vuelto a su puesto o su oficina en estos días. Tras dos largos meses de teletrabajo, cuidado de los hijos, desocupación total o síndrome de domingo eterno, volver a la rutina ya no es lo mismo. Quizá nunca lo sea.

Tomarse la temperatura al llegar al trabajo. El compañero a dos metros de distancia. La mascarilla a mano siempre por si las moscas. Hidrogel cada 15 minutos… Por mucho que sigamos las normas sanitarias, imprescindibles, a mí que no me digan que esto es muy “normal”. Claro, solo en la fase pre vacuna. Y también me pregunto: mientras se prueba en ratones y humanos, se elige el mejor método de inmunidad, se decide entre este o aquel país, la aprueban gobiernos y farmacéuticas, se comercializa, ¿cuántos meses, años, lustros podrían transcurrir? Seguramente, más de una persona hoy en activo se jubilará sin haber obtenido la respuesta.

Y aun así, quienes trabajamos, teletrabajamos, creamos, escribimos, tenemos una suerte inmensa. Un alto porcentaje de los conciudadanos con los que cohabitábamos en un país “estándar”, de clase media, en un estado de bienestar que nos aseguraba el día a día, se ha quedado, colgado del alambre o del ERTE, de un Ingreso Mínimo Vital o en la cola del hambre.

Bienvenidas las casi 300 medidas de todos los partidos y agentes aragoneses. El consenso político pro Nissan. Los hospitales, públicos o privados, que creen cientos de trabajos. Hosteleros, camareros, comerciantes, el mundo de la cultura o del deporte, creativos, tendremos que reinventarnos. Pero hay muchos yacimientos aún por explotar.

Las residencias que subsistan han de precisar más personal: auxiliares, servicio de limpieza, terapeutas, psicólogos, médicos, enfermeras, animadores socioculturales. La asistencia personal se hace imprescindible para llevar una vida mínimamente saludable en tu propio entorno. A 15 alumnos por aula, más profesores; y más apoyo para chavales con necesidades especiales, en centros inclusivos o especializados. Fondos para investigación, fundamental.

Escribía: “Despedir el pasado de hace apenas un mes. / Anclarnos en el presente, a cal y canto. / Esperar el reverso del futuro”. Se nos ha expoliado la primavera. Que no nos roben el pan.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 4 de junio de 2020).

Interiores

Interiores

Foto Humanizar

La fuerza de los límites

Desde mi sillón

Interiores

Cuando escribo estas líneas, estamos en alerta nacional. Nunca había pasado. La accesibilidad universal es de tabiques para adentro.

¿Qué me mantiene anclada a la ilusión? Tras un primer momento de negarlo y de shock, comprendí que podía transformarlo en un huerto interior, con todas mis plantas favoritas.

Crear es como un árbol que debe alimentarse cada día, con mimo, con paciencia, con mucho esfuerzo a veces para que el agua llegue a la raíz; nutriéndolo de dentro hacia afuera. Como criar a un hijo, entraña de tu entraña, e ir viéndolo crecer.

En el centro del árbol, la familia. El tronco más robusto de los padres; las ramas paralelas y más largas de mis hermanos; sus retoñillos frescos, que alientan de color y de esperanza nuestro futuro. También hay que regarlo más dentro de nosotros, y echar en él raíces.

Y crecen otros árboles, arbustos, enredaderas, flores. Amigos, conocidos, todas las relaciones que hemos ido plantando nos dan sombra y cobijo en momentos difíciles.

El ailanto, el olivo, la palmera, el ciprés… representarían la sed espiritual. Fundamental saciarla en tiempos de sequía. “Yo soy la vid; vosotros los sarmientos" (Juan, 15, 5)

Escribe mi pareja: “Riega y cuida la paciencia, que de sus frutos tenemos que comer”.

María Pilar Martínez Barca

A nuestro alcance

Belleza integral

Parece una sirena, aunque es licenciada en Psicología. Miss Nanchital, su ciudad natal, aspira a ser la mujer más hermosa de Veracruz. Aprendió a pisar fuerte desde niña.

M. P. M.

Ana Gabriela Molina nació sin brazos. Del griego a, ‘sin’ + melos, ‘miembro’, amelia significa ‘falta de miembro’, normalmente originada en el cuarto mes de gestación.

“He hecho mi vida como cualquier otra persona; cuando me veo al espejo se ve una discapacidad física, pero tengo 24 años viviendo con ella y he aprendido a vivir mi vida como cualquiera”, afirma Gabriela. Y es que el espejo le devuelve una imagen perfecta y bellísima de sí misma.

Reconoce haber tenido tropiezos, e incluso zancadillas. Y muchos amigos. Sus vídeos dibujando o comiendo con los pies se han hecho virales. “Lucho mucho por la inclusión, que se tome a las personas por iguales, ya sea por su condición, alguna discapacidad o por su físico, y ese es mi propósito”. Su independencia le ha valido para graduarse de psicóloga.

Valora el apoyo familiar, y de su madre. “Falta, y creo que ahí es donde debemos seguir trabajando, más educación en casa, inculcar la igualad a la niñez”. Dos nuevos objetivos: alcanzar el título de Miss Veracruz y hacerse perito criminalista. “En el concurso pasaré por lo mismo. Me van a evaluar de la misma manera que a todas las demás, y la ganadora representará al nacional en el Miss México”. Belleza y voluntad no tienen límites.

Podéis verla en Facebook, Twitter, Instagram… y seguirla en Google.

Más corazón

Ley de vida digna

El Segundo Congreso Europeo de Vida Independiente (Valencia, octubre 2018), sacaba la Proposición de Ley orgánica reguladora de la asistencia personal (Ley de Vida Independiente de las personas con diversidad funcional).

Partiendo de nuestra Constitución de 1978, la Convención de la ONU (2006) y de la Ley de Dependencia, se elaboró el texto: “En consecuencia, podrá disponer de asistencia personal para sí misma, ejercitando el autocuidado, y también para atender a terceros con vínculo afectivo, incluso para poder ejercer la maternidad o paternidad” (art. 2.4).

Se centra en la Prestación para la Autogestión de la Vida Independiente, las Oficinas de Vida Independiente y la concesión de los apoyos técnicos y financieros necesarios.

Contacto: forodevidaindependiente@yahoogroups.com.

M. P. M.

(Humanizar, Nº 170 --Madrid, mayo-junio 2020--).

Duelo

Duelo

Foto www.vidanuevadigital.com

Luto: “Signo exterior de pena y duelo en ropas, adornos y otros objetos, por la muerte de una persona. El color del luto en los pueblos europeos es ahora el negro”. Duelo: “Dolor, lástima, aflicción o sentimiento”. Y también “Demostraciones que se hacen para manifestar el sentimiento que se tiene por la muerte de alguien” (Diccionario de la lengua española).

Es algo más profundo, complejo, intransferible. Duelo es el dolor por una pérdida, relacional, de empleo, de salud o de la misma vida, generalmente de un ser muy querido que ha sido parte íntima de ti. Los hay anticipatorios o retardados, cuando el impacto es tanto que no salen las lágrimas en su momento. O especialmente duros, muy difíciles, como el de una madre por su hijo, un atentado terrorista, una pandemia.

La tía me apretó fuertemente la mano, sabía que marchaba; sería a la madrugada de la noche siguiente. Cuando el tío se fue estábamos de viaje. ¿Sentimiento de culpabilidad? Con mis abuelos conviví mucho menos, pero el gran cariño y las imágenes quedan. “El duelo del coronavirus es inédito. (…) El ser querido “desaparece” en manos de los tanatopractores o profesionales de la gestión de los restos mortales” (José Carlos Bermejo).

Desolación, impotencia, rabia, soledad. Han surgido recursos y oraciones virtuales, el recuerdo de los momentos convividos, el perenne camino del perdón; el poder situar, quizá a posteriori, al padre, abuelo, hermano, en el corazón y seguir viviendo. Pero nada llenará el vacío de una mano no estrechada o el penúltimo brillo de unos ojos  ya ausentes.

Banderas a media asta, minutos de silencio, corbatas y lazos negros en los actos públicos y las autoridades, salva de cañones al final de la desescalada. Un luto nacional necesario, imprescindible, en homenaje más que merecido a miles de víctimas que levantaron España y nos mecieron en la cuna, me da igual célebres –políticos, cantantes, periodistas, actores, hombres de letras– que sencillos y anónimos. ¿Cuántos miles de muertos? ¿Y los millones de deudos? De Velamazán, ese pequeño pueblo ya sin nadie, casi una decena.

“Hoy debemos jugar a la rayuela de la distancia, pero solo volveremos a ser auténticamente humanos, mentes y cuerpos curados, cuando recuperemos lo que los ángeles envidiaron” (Irene Vallejo). Ningún luto acalla el dolor íntimo.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 29 de mayo de 2020).

8. Espera

8. Espera

Foto portada Prames

A Josefina Sánchez

Me he sentado a tomar la primavera

apenas comenzada, aquí, en el cuarto

que un día, ya muy pronto, será tuyo.

Difícil resumirte, niña mía,

qué siento en este instante.

Han sido tantos meses, tanta espera

transformándome en vida el corazón,

que ahora, sin quererlo, te acaricio,

aquí, bajo la piel que nos separa.

Está ya preparada tu ropita:

jerséis, pantaloncitos, dos pijamas,

un faldón de paseo, los patucos.

Ayer compré el osito de las orejas rosa.

Llegarás a esta luna en la estación más bella,

cuando las hojas brillan por el sol que traspasa

el corazón del mundo,

y el aire es un arrullo tibio y suave.

Te has movido un poquito, entresoñando

salir hacia esta brisa de crepúsculo

que caldea la piel y la esperanza.

Y me siento, hija mía, entre dos sendas,

la que anduve sin ti y esta ribera

que nace con tu vida, con tu voz,

o esa forma tan tuya de modelar el mundo,

ahora ya, en mi vientre.

La sombra ha ido cubriendo, blandamente,

la cuna, la canasta, los peluches,

los cálidos rincones de tu cuarto.

La espera ha sido larga. En el otoño

aún no te sabía. Lentas noches,

oscura incertidumbre, y la esperanza

de dormirte, algún día, entre mis brazos,

tan bella, tan gordita, tan oliendo

a cuerpecito frágil, tan graciosa.

Hace ya primavera, y reconforta

esta íntima brisa de crepúsculo

caldeando mi piel, tu casa, el sueño.

Han sido largos meses. No es posible

recordar, uno a uno, los instantes

en los que fui queriéndote, presintiendo

este río interior que nos enlaza.

Me he sentado a tomar este rescoldo

de vida, de ternura, de presagios

fecundos y hermosísimos.

Compraba hoy un babero, y la camisa

del pícaro gusano en la manzana.

Está todo dispuesto. Bien llegada.

Hace luna creciente, y se ilumina

tu cuarto de un color suave, entrañable,

y me voy reposando, dormeciendo,

traspasando el umbral de tu venida

a la estación ya plena de las lluvias.

Bien nacida, hija mía, a esta esfera

de tierra y luz, de aurora y horizonte.

Tienes toda una vida, todo un sueño

hecho carne, y estrellas, y esperanza.

(En luna llena, XXIII Premio Nacional de Poesía “Acordes”, Zaragoza, Prames, Las tres sórores poéticas, 2020).

De la noche al Ángelus

De la noche al Ángelus

Foto portada Imperium ediciones

I

Comienza ya a llover sobre la tierra

estéril del espíritu.

De este lado del río aún es noche,

con pájaros que cruzan los umbrales

de un interior en llama.

Y el agua va calando, lentamente,

el centro de mi sed.

Extienden su silueta los manzanos

sobre mi corazón, sobre las cosas,

sobre los hijos mismos de la luz.

 

He cruzado la linde

y todo se ha callado en su presencia.

¿Qué lluvia me ha empañado el corazón?

Posó leve su mano en mi cabeza

y me nacieron alas de agua tibia,

vislumbre de horizontes presentidos.

Jamás la sombra fuera tan cercana.

Ha cesado la lucha, cuerpo a cuerpo

con tanta incertidumbre, con tan hondo

pozo de oscuridades y temores.

Me ha  visitado el ángel de la aurora.

 

XVIII

Herida la existencia en llama viva,

ya nada será igual, lo voy sintiendo

en este río undoso de las horas.

El agua fluye, lenta, en la mirada,

y el fuego va dorando el corazón.

Porque el cielo se enciende en las entrañas

y madura la tierra, las praderas,

las íntimas corolas, los frutales.

Apenas se presiente, sin embargo

sucede, tan sencillo como el agua

que va transfigurando nuestra sed.

 

De vuelta hacia la casa, todo es vida,

y verdes ondulando el horizonte,

llamitas que inauguran la distancia.

Te aguardan los más tuyos, con las manos

abiertas de esperanza y de preguntas,

acaso silenciosos, hondos, cálidos.

Ya nada será igual tras la visita

del ángel de la luz y la belleza,

cruzada la ribera y sus contornos.

La sombra del manzano nos bendice.

 

(De la noche al Ángelus, Zaragoza, Imperium Ediciones, Col. Imperatrix, 2020).

Máscaras

Máscaras

Foto www.20minutos.es

“Es conveniente pero yo no la uso, me toco mucho la cara con las manos”. “Es obligatoria en sitios públicos cerrados, no al aire libre”. “No tiene sentido que las personas no enfermas lleven mascarilla”. Hoy es mucho más sencillo seguir cualquier hemeroteca por las redes, y no es difícil rastrear estas y otras afirmaciones en boca de líderes políticos y “responsables” de nuestra Sanidad.

¿Qué ha cambiado para que desde ayer sea obligatorio cubrirnos barbilla, boca, nariz y casi ojos en la vía pública y lugares cerrados? “El uso generalizado de mascarillas por parte de la población general para reducir la transmisión comunitaria del SARS-CoV2 está justificado no solo por su alta transmisibilidad, sino también por la capacidad que han demostrado las mascarillas para bloquear la emisión de gotas infectadas” (Orden de Sanidad del 19 de mayo).

Esto hay que superarlo como sea. Pero si de algo ha adolecido esta crisis es de prevención y de concreciones cotidianas, como si los que pretenden regir nuestra salud no saliesen a la calle. Está bien eximir de mascarilla a los menores de 6 años –de 3 a 5 es optativa–, si hay dificultad respiratoria, motivo de salud o causa mayor o es incompatible con la actividad que se realice, como beber o ingerir alimentos. ¿Pero y esas otras minorías?

Ya se denunció en colectivos de personas sordas el uso de mascarillas estándar; deben ser transparentes para leer los labios. Fundación ONCE ha sacado una Guía para el caso de ciudadanos ciegos y sordociegos y quienes a ellos se dirijan; normas de sentido común como dejarse ver –mediante perro, bastón o extendiendo los brazos– para guardar la distancia de 2 metros; o realizar la comunicación táctil o al oído siempre por detrás o lateralmente, nunca de frente.

El de los motóricos es otro mundo. Mascarilla sí o sí, y ya dijo el doctor Simón que no es necesario desinfectar las ruedas de la silla. ¿Pero ha caído alguien en que en general somos más “bajitos”? Y cuando se abran los restaurantes con mamparas, ¿practicarán orificios en las mismas, e inventarán cubiertos de mango extensible, para los que precisen que se le den de comer?

Aquí parecemos todos “un baile de máscaras”, entre realidad y fantasía. ¿Llegamos tarde? Algún día, detrás de tanta máscara, los rostros y porqués verdaderos saldrán a plena luz.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", sábado 23 de mayo de 2020).