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La lampara encendida

La columna dominical

¿Dónde las bibliotecas?

¿Dónde las bibliotecas?

Foto www.pinterest.com

Nos aterran los atentados civiles de Kiev, Járkov, Mariupol, Odesa… Los bombardeos indiscriminados, la huida a sótanos y al metro, la toma de televisiones y centrales nucleares, la migración de millones de familias, una triste maleta abandonada en medio de cuerpos destrozados, la masacre en hospitales materno infantiles, tantos crímenes de guerra. ¿Un alivio que no hayan derruido todavía el monasterio de las Cuevas o la catedral de Santa Sofía, el Teatro de la Ópera de Kiev, la Filarmónica Nacional de  Ucrania o los museos?

En la guerra de Siria se destruyeron multitud de estatuas de la antigua Palmira, los Templos de Baalshamin y Bel, varias tumbas, el Arco Monumental… Parece que la mítica Biblioteca de Alejandría (siglo III a. C., período helenístico del Antiguo Egipto) no fue violentamente devastada por un incendio, sino por un largo proceso de purga de intelectuales y bibliotecarios; no llegó a nuestros días. Sí su herencia helenística, arquetipo de biblioteca universal, vaso de barro, emblema de fragilidad y de supervivencia.

Resaltaba Rosa Montero el ejemplo de la biblioteca, sin techumbre, del Blitz londinense (terribles bombardeos nazis, septiembre 1940 – mayo 1941). En la foto, tres figuras siguen buscando libros entre las ruinas de cuarenta mil cadáveres y un millón de edificios. ¿Huida del horror? Mejor continuación de esa cadena de dignidad que heredamos y tenemos el deber de transmitir.

La vida humana es siempre sagrada; pero también esa vida interior que reflejan los libros, la cultura. Podrán quemar mi cuerpo, no arrebatarme el alma. Imaginemos el peor de los escenarios: cientos de cabezas nucleares, armas biológicas, el apocalipsis. ¿Dónde guardar los libros?

Hablaban de un material indestructible en el que migrar nuestra sabiduría a otro planeta. Catástrofes, epidemias y guerras hubo siempre: “Es, además, un libro de viajes. Una ruta con escalas en los campos de batalla de Alejandro y en la Villa de los Papiros bajo la erupción del Vesubio…” (Irene Vallejo, El infinito en un junco).

La Plaza Roja o el Monasterio Novodévichy, en Moscú, son también Patrimonio de la Humanidad. Pervivamos en ellos.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 20 de marzo de 2022).

Héroe de no ficción

Héroe de no ficción

Foto www.elperiodico.com / Agencias

Una imagen vale más que mil palabras. Si intentásemos describir lo que puede expresar un simple gesto, no tendríamos espacio en todos los diccionarios y enciclopedias digitales de la tierra. Se abre el telón: una larga mesa y a uno y otro extremo Vladimir Putin y su primer ministro. En otra escena, Volodimir Zelenski pasándole el brazo por los hombros a su hombre de confianza. Dos cosmovisiones antípodas de la vida y la muerte.

Los Titiriteros de Binéfar, el payaso Marcelino, Teatro Arbolé. El Capitán Garfio, los zares rusos, los grandes dictadores de la Historia. Y, sin salir de casa, Madre Rafols o Agustina y las heroínas de Zaragoza frente a Bonaparte, escenificación que recreamos estos días. Un cómico de tres al cuarto, intérprete de la seria televisiva “Servidor de su pueblo” –en el papel ficticio de presidente de Ucrania–; frente a un espía de la KGB, cabeza de la guerra chechena, que llega a mandatario y a soñar con la reconquista del imperio ruso.

La tierra literalmente partida en dos por una fina línea fronteriza. Si no fuera por el desprecio de un país en lucha sin cuartel por la independencia, el propio idioma y la dignidad. Si obviásemos tanta sangre inocente por el capricho de una ideología trasnochada. La Z del Zorro, de nuestros juegos infantiles, zigzaguea en el aire, en las explosiones, en el humo que sume en la miseria a dos países y amenaza a un continente entero.

No es un juego de niños. ¿De veras los hijos de las tinieblas son más astutos? Daría para un tratado psicoanalítico y psicopatológico. Se habla de Lenin o Hitler, asesino de su propia familia y suicidado en un búnker. Mientras otros se comparan con Churchill, artífice de la paz en una Europa en guerra.

Escuchaba la “Canción del esposo soldado”, de Miguel Hernández: “Espejo de mi carne, sustento de mis alas, / te doy vida en la muerte que me dan y no tomo. / Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas, / ansiado por el plomo”. Y leía el relato “Un rey escucha”, de Ítalo Calvino: “Esperar el momento en que serás depuesto, en que tendrás que despedirte del trono, del cetro, de la corona y de tu cabeza”.

¿Ser o no ser? ¿O mantenerse en pie para sobrevivir?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 13 de marzo de 2022).

Vivíamos en paz

Vivíamos en paz

Foto Heraldo / Agencias

Nuestros abuelos nos hablaban de la Guerra Civil y la dura posguerra, de la Segunda Guerra Mundial,  de cómo su padre le contó de cuando estuvo en Marruecos. Eran casi leyendas y materia de relato que habíamos heredado de los mayores.

Las Malvinas, los Balcanes, Siria, Afganistán… Aberrantes historias que la televisión nos haría cercanas, todavía en el tránsito de la era analógica a las redes sociales y los whatsapps. Éramos más o menos poderosos, acomodados, hijos de una Europa que superó la Guerra Fría, y sentó las bases de una moral cristiana que no había que seguir al pie de la letra. Hasta pudimos estudiar y sacar nuestras propias conclusiones.

Comenzamos a acoger a personas inmigrantes. No podíamos creernos el tiroteo en plena calle en Nicaragua, las guerrillas en El Salvador, la penuria intelectual en Cuba, la repentina hambruna y las cárceles en Venezuela. Como los campos nazis o el gulag soviético, seguían haciéndosenos lejanos.

Resilientes, superamos los atentados de ETA, los de la estación de Atocha, Barcelona. Veíamos el final de la pandemia y, con los debidos test, volvimos a reunirnos en familia por Navidad. Íbamos casi recuperando la vieja normalidad, con muchas ganas de celebrar, cara a la primavera. Y el 24 de febrero se nos paró la vida.

Amenazas, tanques en la frontera, bombardeos mientras dormíamos. De nuevo el confinamiento, el toque de queda, las calles totalmente vaciadas. Y esta vez la muerte no venía de un virus respiratorio, que se te metía en los pulmones y te iba comiendo cada órgano, igual que a Prometeo el hígado. Ahora la muerte tenía forma humana, ojos que vigilaban, pies que perseguían atroces, manos que disparaban un misil.

El enemigo era tu propio hermano, tu vecino de siempre, transformado en monstruo por comecocos políticos o por presión. Y empezamos a tener pesadillas: Europa otra raptada y violada por Zeus, lapidada, el bigote de Hitler tras de nosotros, no tendríamos más exámenes ni trabajos precarios. Había que ir a la guerra.

Tecleo esto en la noche y no hay explosiones, ni resplandor de incendios. Nuestro país está en paz, todavía. ¿Y la amenaza nuclear? Ojalá nunca llegue a ningún puerto.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 6 de marzo de 2022).

Techos de cristal

Techos de cristal

Foto https://elpais.com

Todas y todos podemos equivocarnos, cometer un error, meter la gamba. Pero el maremoto que levantado por el PP no tiene sentido para los ciudadanos de a pie. ¿Fraude o corrupción en la compra de mascarillas? No se sabe todavía. ¿Pero meterse con el padre ya fallecido poco antes de su investidura como presidenta de Madrid? Suena a que no es problema de izquierdas o de derechas.

Declaraciones como “...amo la vida nocturna aquí, la he vivido con intensidad”; o considerar la ley LGTB del propio partido “progresía tirana”… ¿Políticamente incorrecta? Isabel Díaz Ayuso, tocaya de la Zendal, que dio nombre al Hospital de Emergencias y Enfermedades Epidemiológicas creado en tiempo récord durante la pandemia, no se muerde la lengua: “La situación del PP es insostenible, nos desangramos y el perjuicio no puede salir gratis”.

Vamos ganando escaños. España se sitúa en el quinto país del mundo con más alto porcentaje de diputadas, tras Ruanda, Bolivia, Cuba y México; después, Suecia, Finlandia, Francia y Dinamarca. Quizá si Liudmila Pútina sugiriese a su esposo, Vladimir Putin, la barbarie a punto de cometer, como hiciera la mujer de Poncio Pilato ante la crucifixión de Cristo, otra paz nos cantaría: “El orden de los siglos se vería / por siempre perturbado: / el huerto más pequeño germinaría en luz” (Flor de agua).

El papa Francisco inauguraba el pasado octubre el Sínodo de la Sinodalidad. Iglesia somos todos, también laicas y laicos. Como botón de muestra, la proclamación del ministerio de acólitas, lectoras y catequistas –modificado el artículo 230, párrafo 1 del Código de Derecho Canónico–. ¿Para cuándo mujeres sacerdotes? El Sínodo de la Amazonía lo planteó, para zonas rurales a las que no llegan curas varones. Pero doctoras y doctores tendrá la Iglesia que diriman.

Vamos rompiendo techos de cristal, siempre lo hicimos. Desde los siglos I a VII de nuestra era, según Juan José Tamayo, cuando hombres y mujeres compartían jerarquías católicas; a las beguinas, laicas y escritoras del siglo XII. O entre los talibanes, que han nombrado a la doctora Malalai Faizi directora de un hospital en Kabul. ¿Será cuestión de tiempo y de memoria?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 27 de febrero de 2022).

Sonrisas

Sonrisas

Foto www.msn.com

A poco más de un mes de Semana Santa, y tras dos largos años desde el San Valentín del 2020, volvemos de nuevo a sonreír. Se han quitado las restricciones en hostelería, sin pasaporte covid en el teatro, parece que esta vez sí hay Cincomarzada. ¡Y qué alivio sentir la luz y el aire a pulmón pleno! Ya no llevamos trampantojo que nos dificulte la visión y nos oculte el rostro de los otros viandantes.

Los pediatras y otros especialistas todavía discuten sin suprimir la mascarilla solo en el recreo o también en las aulas. ¿Un proceso gradual? Sin embargo, no podemos olvidar que se ha robado a los chavales dos años de su infancia y juventud. En los más pequeñines apenas dejará huella; pero todos sabemos que lo vivido de siete para abajo queda ya para siempre. ¿Qué recuerdo guardarán nuestros hijos de adultos de cuando les cerraban los coles, y no salían a la calle a jugar?

Los residuos no reciclables que trajo la pandemia –mascarillas, test de antígenos, jeringuillas y agujas, gasas…– son toneladas. Aun con todo, pese a los nuevos virales que saldrán a partir de este mes, mejor utilizar las medidas higiénicas que no hacerlo. Según Margarita del Val, prestigiosa viróloga e inmunóloga del CSIC, porque no estamos seguros de la gravedad de ómicron, ni de otras posibles variantes, a no ser por las vacunas.

Para el doctor Melchor Álvarez de Mon, Catedrático de Medicina de la Universidad de Alcalá, la covid es más que una gripe, con secuelas permanentes, propensión a otras infecciones, malestar inflamatorio crónico, dolores articulares… Y el actor Antonio Resines: “Los sanitarios me han salvado literalmente la vida”…

No olvidemos el retorno a la vida y la salud integral. Afirma la psicóloga  Marian Rojas Entapé en su último libro, Encuentra tu persona vitamina: “… no poder relacionarnos con personas, no poder tocarnos ni abrazarnos, no poder ver las caras, las expresiones faciales ni las expresiones de los demás por las mascarillas, (…) nos ha perjudicado de manera notable”.

La primavera traerá el buen tiempo, se supone. Con la desescalada de ómicron y los espacios abiertos, confiemos, mientras llegan las vacunas esterilizantes, respirara unos meses en paz.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 20 de febrero de 2022).

El Ángel del amor

El Ángel del amor

Foto Aránzazu Navarro / Heraldo

Mi primer acercamiento a Ángel Guinda se produjo a través de Manuel Pinillos: “Nos conocimos, Manolo, a la salida del Ateneo zaragozano, al que tuviste la generosidad de acudir para escucharme un día de 1973. En la cafetería Savoy tomamos esa misma tarde la primera copa juntos”. En el 76 Manuel edita Sitiado en la orilla, Publicaciones Porvivir Independiente, col. Puyal, de Ángel Guinda y Trinidad Ruiz Marcellán, su editora y musa eterna.

“De niño yo veía en Zaragoza rinocerontes con cabeza de hombre, hombres con cabeza de pistola, hombres con cabeza de falo, hombres con cabeza de copón…” (Espectral). Me nutrió de anécdotas y datos, generoso, prolífico. A finales de los ochenta me sacó un poemita en su revista Malvis.

Reseñé su traducción de Inútil poesía, de Álex Susanna, o su espléndido Toda la luz del mundo: “Toda la luz del mundo pasa por tu mirada”. Y él, en una magnanimidad sin parangón, presentó Se está muy bien aquí. Diario de una amistad, vis a vis con Antón Castro, la reedición Poesía completa de Manuel Pinillos y La manzana o el vértigo, “tu mejor poemario”, según decía.

El año del Premio de las Letras Aragonesas, nos brindaría, junto a Olifante y Nacho Escuín, un hermoso homenaje: “Yin: Poetas aragonesas, 1960-2010, se ofrece como un ejercicio de obligado reconocimiento y justo desagravio igualitario a la poesía en lengua castellana escrita por mujeres”. Y la anécdota simpática: “¡Pero Pilar, que me estás atropellando!” –se apoyaba en el mando de mi silla de motor–.

Rebeldía, búsqueda, transgresión, compromiso, crítica social… y poesía existencial o metafísica. En 2012 presentó, en la librería Dodó de Madrid, Del Verbo y la Belleza, con José Luis Gracia Mosteo. “Morir es no volver a estar / a la misma hora, / en los mismos lugares, / con las mismas personas” (Biografía de la muerte).

Te equivocas, Ángel. Volvemos a abrazarte en Los deslumbramientos, Recapitulaciones, Revelación y rebelión y en El arrojo de vivir, antología amorosa que presentamos mañana. A los internos de la cárcel de Daroca recitaste: “Mi vida recibe instrucciones de otras vidas / anteriores a mí, a las que sirvo / como fiel sucesor y en mí reviven”.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 13 de febrero de 2022).

Juguetes rotos

Juguetes rotos

Foto EFE/Heraldo

Siempre existe un motivo, de Troya a Siria, los enfrentamientos civiles o las crisis mundiales. El magnicidio del archiduque Francisco Fernando de Austria y su esposa Sofía desencadenaría la Primera Guerra Mundial; y la firma de Chambelain, primer ministro británico, por la que entregaba a Hitler los Sudetes, influiría en la Segunda –como se muestra en “Múnich en vísperas de una guerra”–. George W. Bush justificaría durante años la ocupación de Irak; y hasta los talibanes encuentran sus coartadas psicológicas.

“Las causas de una guerra pueden parecer absurdas o incoherentes, pero detrás de ellas suele haber disputas y tensiones mucho más profundas” (Margaret MacMillan, La guerra. Cómo nos han marcado los conflictos). Las manifestaciones de Euromaidán, la adhesión de Crimea y la guerra del Donbás, en 2014, serían el antecedente de la actual crisis ucraniana, nostálgico intento de reconquista de la antigua URSS. Por un lado, el Kremlin y Putin. Por otro, gran parte de Ucrania aspiran a la OTAN, como en su día Estonia, Letonia o Lituania, ya entre los invitados, como Bosnia Herzegovina y Georgia.

Y EE. UU. y la Unión Europea juegan a tres bandas: benefactores de un nuevo Estado libre, ostentadores de poder y víctimas. ¿Y si cortan el gas? ¿Cómo sabernos libres de un ciberataque, un grupo terrorista o una guerrilla? Las armas y las mentes actúan hoy mucho más subrepticiamente.

Seguirán muriendo niños, mujeres y discapacitados. ¿Quedarán ancianos? Y los supervivientes, más miseria, más hambre, más pandemia. ¿Quién gana realmente una guerra? Palabra que suele sustituirse por enfrentamiento, crisis, apoyo humanitario…

“Lo que pasó ya sucedió, no podemos cambiarlo, pero no puede suceder de nuevo”, afirmaba en la Eurocámara Margot Friedländer, superviviente del Holocausto nazi. A sus 100 inviernos sigue llevando en el cuello el collar ámbar que le regaló su madre, deportada a Auschwitz, y en su corazón el recuerdo de Adolf, el esposo, con quien fue feliz en Nueva York 64 años.

Cuando estos días veía las armas y explosivos que muestran a los niños y jóvenes en la escuela ucraniana, pensaba que no solo les han roto los juguetes. ¿Para siempre?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 6 de enero de 2022).

El otro Valero

El otro Valero

Foto Sepulcro del abad Lope Marco. Detalle San Valero (Veruela).

Ayer celebrábamos San Valero, y como todos los santos tienen su octava y al caer esta vez en sábado, por ser políticamente correctos seguiremos de fiesta mañana lunes.

Por segundo año consecutivo, tomamos el roscón con mascarilla, aunque no el de siempre en la plaza del Pilar ni con Gigantes y Cabezudos, pese a estar vacunados con la tercera. Sí con música, teatro y Tragachicos, visitas a museos y a la Casa Consistorial. A nuestro santo patrono no podemos cancelarlo, como a San Antón y la bendición de los animales en la iglesia de San Pablo, San Blas –benefactor de nuestras vías respiratorias–, o con Santa Águeda, cuando la violencia de género parece haber crecido con la pandemia.

La gala de entrega de los premios Valero, al profesor e historiador Agustín Ubieto, “por el estudio, conservación y divulgación de la historia y la cultura aragonesas”, Aspanoa –Asociación de Padres de Niños Oncológicos de Aragón– y la  Academia Aragonesa de la Jota, también se ha suspendido hasta nuevo aviso. Mientras, los vuelos a Londres, París, Bruselas, Milán o Viena, superadas las primeras olas y con pasaporte covid, ofrecen precios de rebajas de finales de enero, por compensar la subida de la luz y la debacle económica del turismo y tantos sectores afectados.

Bien que nuestros políticos se ocupen de sus ciudadanos más insignes; o se prolongue San Valero al 31 y la Cincomarzada al 7, para no perder fiesta. Pero seguimos obviando lo esencial. ¿Qué nos dice en tiempos de pandemia Valero de Zaragoza? El Concilio de Elvira (Granada, siglo IV), su acólito Vicente, la persecución de Diocleciano, su destierro en el Pirineo, su enterramiento en Roda de Isábena, la restitución de sus reliquias hasta reunirlas en el busto relicario de La Seo… y que era tartamudo. Bien fuera por los años, bien por su diversidad funcional.

Como Demóstenes, que a fuerza de voluntad y piedras bajo la lengua se convirtió en el mejor orador de la Grecia antigua (siglo IV a C); o el rey Jorge VI de Inglaterra, que sílaba tras sílaba transmitió el discurso más conmovedor de todo el Reino Unido.

Etiquetas: tiempos oscuros, pandemia, bloqueo visceral, superación. Nos tienen mucho que decir.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 30 de enero de 2022).

Augurios

Augurios

Foto Heraldo

Augurio: “Presagio, anuncio, indicio de algo futuro”. Augur: “Sacerdote que en la antigua Roma practicaba oficialmente la adivinación por el canto, el vuelo y la manera de comer de las aves y por otros signos”. Y de ahí: “Persona que vaticina”. El Diccionario de la lengua española no recoge, con todo, que observar el comportamiento de las aves, o el vapor de sus vísceras ya sacrificadas, era rito esencial en el gobierno de la “res publica” romana.

No estamos hoy tan lejos, sin embargo, de términos latinos como “augere” (hacer crecer), “auspicium”, “augustus”, “auctor” o “auctoritas”, también relacionados con el mal o buen agüero en la decisión de dioses, mandatarios o el binomio salud/enfermedad.

Profecía. ¿Nos infectaremos de ómicron la mitad de los europeos en un par de meses? Heraldo. Margarita del Val afirma que todavía es pronto para tratar la covid como gripe. Portento. Christian Drosten, prestigioso virólogo alemán, está convencido de que el sars-cov-2 se estabilizará en las próximas semanas y pasará a enfermedad endémica.

Indicio. ¿Para cuándo una vacuna universal que bloquee toda transmisión? Solo iluminados como Djokovic parecen conjurar la incertidumbre. A otros les preocupan las señales, que un enorme asteroide caiga sobre nuestras testas. Y el gesto más sencillo de llevar mascarilla y mantener distancia queda procrastinado a cuando de verdad nos interesa, ya sea por salud o ante un viaje inminente.

No hay mayor pandemia que el sinsentido, símbolo y signo de esta noche oscura que nos toca vivir, de calentamiento de cabezas y pies fríos. ¿No es políticamente correcto medidores de CO2 en interiores?

Menos mal, aún nos quedan profetas precursores, como José Luis Jiménez Palacios, catedrático de la Universidad de Colorado y Doctor Honoris Causa por la nuestra: “Creo que, si las cosas siguen con este negacionismo de las administraciones, el colegio va a ser un criadero de ómicron. (…) Nos podemos quedar sin alfabeto para nuevas variantes”.

En medio de la barahúnda, unas palabras emotivas: “Tengo 4 años y me despido del mundo de forma trágica e injusta”, escribiría el padre, tras el accidente de su hija. Signo, gesto, seña de nueva humanidad.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 23 de enero de 2022).

Adiós, Verónica

Adiós, Verónica

Foto www.elpais.com

El pasado año despedimos a Mario Camús, Rafael Egido, José Verón, Almudena Grandes… Y tú, Verónica, tampoco cruzarías la frontera, recién cumplidos tus 66.

José María Forqué, Carlos Saura, Pedro Almodóvar, Fernando Trueba Luis García Berlanga… Dejaba siempre huella en directores y compañeros, impregnando en cada obra su sello personal. “Papá, yo quiero ser artista”, y tras las primeras negativas y el ataque de pánico, el padre le abrió de par en par la puerta de la pantalla grande.

Su madre, la escritora Carmen Vázquez-Vigo, lo intuía. Y empezamos a verla y admirarla en televisión, desde aquel “Estudio 1” en blanco y negro a “Pepa y Pepe”, pasando por “Curro Jiménez”, “Ramón y Cajal”, “Eva y Adán”…

Inolvidable chacha en “La guerra de papá” (adaptación cinematográfica de Mercero de El príncipe destronado, de Miguel Delibes), .pasó de chica alegra pelirroja de los años 80 a chica Almodóvar. El personaje de “Kika”, “Bajarse al moro”, de Fernando Trueba, o el doblaje de “El resplandor” de Stanley Kubrick quedarán siempre como momentos estelares.

Cinco Goyas y otra nominación, premios de la Unión de Actores, Fotogramas de Plata, TP de Oro, ACE de Nueva York… En teatro, Divinas palabra, Casa con dos puertas mala es de guardar, ¡Ay, Carmela!, El sueño de una noche de verano, Doña Rosita la soltera e innumerables títulos. En una de sus últimas películas, “Salir del ropero” (2020), seguía colosal como mujer madura.

La pandemia nos trastocó a todos, multiplicó por n los miedos infantiles, triplicó la depresión de los adultos, desorientados en el  tiempo y por la falta de salidas, y los mayores los hundió en la soledad. “La Navidad potencia el sentimiento de soledad emocional. Se echa en falta a gente querida” (Carlos Pérez Ara, director técnico del Teléfono de Aragón).

Y a ti, Verónica,  te faltaba tu padre, José María, tu hermano Álvaro hace siete navidades, tu ex marido. Lo ha declarado él: “…era una persona que aspiraba a la trascendencia, mística, más que religiosa, y te contaba que cuando meditaba o hacía yoga pensaba en su padre, y dialogaba con él” (Manuel Iborra). Amante de las necrológicas en los periódicos, ¿eres ahora más feliz?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 16 de enero de 2022).

Renacer

Renacer

Foto www.amanixer.es

“Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán” (Mateo 1, 7). Hoy se lee este texto en la misa católica, como un rito iniciático hacia la vida pública de Jesús.

Bautismo: “Primero de los sacramentos de muchas Iglesias cristianas” (Diccionario de la lengua española). Iniciar: “Introducir o instruir a alguien en la práctica de un culto o en las reglas de una sociedad”. Despertar: “Hacer que nazca o se manifieste un deseo o un sentimiento”. Regeneracionismo: “Tendencia a restablecer en una comunidad los valores morales y sociales que se consideran perdidos o debilitados”. Renacer: “Adquirir por el bautismo una nueva vida espiritual”.

Actitudes que deberíamos incentivar en este recién nacido año. Sin ir más lejos, AMANIXER (‘amanece’), Asociación Aragonesa de Mujeres con Discapacidad, defiende los derechos e intereses de las mujeres y niñas con discapacidad, al tiempo que promueve el acceso y la participación social, así como la plena inclusión socio laboral, educativa, sanitaria y en cualquier otro ámbito. ¿Qué mejor inicio solidario?

No como propósito de unos pocos, sino algo transversal. El impulso de eterno renacer está ahí, como algo intrínseco, innato. ¿Quién no comenzaría de cero en muchas ocasiones? Nos tienta prolongar ad infinitum los instantes pletóricos, cálidos, felices. Y nos sabe mejor después de haber luchado, con los pies en la tierra. Hay un tiempo para sembrar y un tiempo para  recoger frutos, según el Eclesiastés.

Renacer no es no morirse nunca, ni reencarnarnos. No en nuestra cultura. Comienza a hablarse de superar los senolíticos, fármacos destinados a frenar el deterioro de las células senescentes, envejecidas, y probar otras técnicas ante sus efectos adversos –no somos ratones ni cobayas–. El venezolano José Luis Cordeiro y el británico David Wood apuntan en su libro, La muerte de la muerte, 2045 como el año cero de la inmortalidad. Una generación mortal dará el relevo o tránsito a otra inmortal. Un mundo feliz, de Aldous Huxley, siempre fue ciencia ficción. ¿Distopía?

Renacimiento, renacer, culto a la  dignidad humana. ¿No tiene más sentido? ¡Buen inicio de año!

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 9 de enero de 2022).

La nueva era

La nueva era

Foto Colpia / A. Tocries / Heraldo

Hay quien se escandalizaría con el movimiento sincrético místico espiritual “New Age” (oriundo de EE. UU. en los años 70, llegaría a Europa décadas después).

La unión cuerpo-mente-espíritu, ¿adónde iba encaminada? Al cambio de milenio, el paso de lo analógico a lo digital se comparó a la invención de la imprenta, en el siglo XV, o la revolución industrial, en el XIX. Ahora es diferente.

Mientras vamos saliendo de una buena, o eso creíamos, salta ómicron y se anuncian más pandemias, la espada de Damocles del cambio climático, o un asteroide que puede chamuscarnos, Otros prefieren evadirse. Los japoneses Yusaku Maezawa y Yozo Hirano –un multimillonario y su asistente–, al mando del cosmonauta ruso Alexandr Misurkin, emprenden su primer viaje turístico espacial. No le extrañe a nadie que me apunte, dada la situación de nuestro hábitat terrestre: gente aterrorizada y psicótica, profesionales de la comunicación que dan sus “fake news” según apunte la veleta, médicos anti vacuna por si acaso algún chip… ¿Y los políticos?

Mejor migramos a la Luna, que no queda muy lejos. Lo vengo soñando hace tiempo, pensando en nuestros hijos, nietos, sobrinos. Tendrían sin lugar a dudas un fututo más pleno, sano y saludable, de edén clausurado en la infancia.

Habría menos efectos secundarios que con la experimentación genética, a lo oveja Dolly del doctor chino He Janku, dos gemelas venidas a este mundo y otra criaturita ya en camino. ¿Para qué preservarlas del cáncer o del sida, si pueden desarrollar mutaciones monstruosas? Y envejecer prematuras, y morir. Al menos Frankesntein era ciencia ficción.

Lo cierto es que algo está cambiando, ¿hacia qué rumbo? La incidencia continúa subiendo entre humanos, mientras una simpática cerdita “Pepa-Pig” campea a sus anchas por el casco histórico e Instagram. Parece que una clave es la vacuna, y detener el envejecimiento de las células. ¿Llegaremos algún día a la planta de la eterna juventud, soñada por el rey sumerio Gilgamesh? ¿O como Prometeo estaremos condenados a enfermar por querer apropiarnos del fuego del misterio absoluto?

De momento, les pido a los Magos, o Sabios de los cuatro puntos cardinales, nos traigan salud.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", 2 de enero de 2022).

Remembranzas

Remembranzas

Foto álbum familiar

Anteanoche celebrábamos la Natividad de Jesús, o Encarnación del Niño Dios, según la tradición cristiana. Al fondo, los rituales paganos, el solsticio de invierno, con las noches más cortas del año. La siembra del cultivo, el apareamiento de los animales, la reserva de alimentos o la espera de un nuevo renacer, desde el Neolítico a las saturnales romanas, las fiestas judías, musulmanas, o la culminación del círculo con velas o corona de Adviento de los católicos,

¿Volvemos a desacralizar el Misterio? Remembranza, ‘recuerdo, memoria, reminiscencia, rememoración’ (Diccionario de sinónimos online). Recuerdo con cariño cuando cantábamos villancicos con almirez y botella. Rememoro aquel largo pasillo de la calle Delicias, el espumillón colgando con bolas de cristal de colores. Una herradura, una campana, la estrella en lo alto del pino, que traía el tío de los Viveros. Mi madre tan activa; a la tía no había quien la hiciera parar.

Nacieron mis hermanos y, además de llenar la casa de alegría, comenzamos a poner el belén. El fondo azul con estrellas y luna; una roncha de madera para poner en alto el castillo de Herodes. Mi padre sacaba tiempo de sus viajes, cuando no se volvían por otra falsa alarma de atentado, por colocar al mínimo detalle escenario y figuras. El corcho para nieve no era buena idea; mejor musgo o polvito brillante. Mis hermanos llevaban a adorar al Niño patos o hipopótamos, todo valía.

Los Reyes se portaban cada año mejor. Dos pozales o cubos pequeñitos para traer el agua, una vajillería de juguete, un piano, un acordeón, mi muñeca favorita, Maribel –a la que dejaba el mejor sitio en mi cama–, el mecano…

Un poco más atrás, una pequeña se agarra, de puntillas, a una rama del abeto. ¿No se caía? Y antes la cuna, y otra cuna de muñecos. Una cocina de pueblo, con hogar y trébedes, el almirez en la campana. Y frío, y pobreza, y la Misa del Gallo con tres zagalillos de pastores.

Navidad; “En el mundo cristiano, festividad anual en la que se conmemora el nacimiento de Jesucristo” (Diccionario de la lengua española). En Colombia, “pastora, arbusto de hasta 3 m.” (Diccionario de americanismos). Cada cual tiene su memoria emocional.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", viernes 26 de diciembre de 2021).

Ya está aquí

Ya está aquí

Foto José Miguel Marco / Heraldo

El pasado puente de la Constitución-Inmaculada, las nieves comenzaron a cubrir los cantos y las altitudes no demasiado elevadas, bloquear carreteras e inaugurar las pistas de esquí se inauguraron, con riesgo de avalanchas por los fuertes vientos. Para niños, residencias de ancianos y quienes todavía tenemos una esperanza de tejas para arriba, es un buen momento de poner el belén, y no quitarlo hasta el domingo 9 de enero, día del Bautismo de Cristo. En la tradición oriental, hasta la Candelaria.

Ya la cuarta vela de la corona de Adviento, cuando las luces, las bolas gigantescas y los buzones para echar la carta a los Reyes, llevan dos largas semanas iluminando la ciudad y la mirada de los más pequeños, recordando a ausentes, encendiendo el espíritu de todos.

Del black friday del último viernes de noviembre a los comercios de adornos navideños, dulces y turrones, regalos para las próximas semanas. ¿Árbol o nacimiento en el salón? ¿Un detalle en la puerta a nuestro hogar? ¿Poner velas en la mesa, junto a los cubiertos y vajillería especiales? ¿El estilo de siempre o uno de ramas y piñas? ¿Dejar una silla vacía?

Antes de la pandemia, las oficinas de correos se llenaban de cartas, felicitaciones y paquetes pata amigos y seres queridos distantes. ¡Qué navidades aquellas, con mi padre lejos de nosotros, de tantas sacas acumuladas en el coche correo! En esta nueva era, nos felicitamos por el whatsapp, las redes sociales o, como mucho, el teléfono móvil.

Apenas cinco días para Nochebuena y Navidad. ¿Nos reuniremos este año las familias? ¿Visitaremos los peques y los jóvenes, los padres de familia, a los yayos? ¿Qué hacemos con los mayores de residencia? Se empieza a vacunar a los menores, pero no es suficiente. Además, el interés de cada no solo está en lo sanitario.

No es cierto que este bicho nos haya cambiado para bien. ¿Quién sentaría a su mesa a un pobre, de esos que piden por la calle? Abrazos y besos los seguimos dando con cautela. ¿Y hasta cuándo?

¿Y si no es el entorno ni la carga viral? ¿Desde cuándo no oímos villancicos? Las luces se encendieron hace semanas. ¿Y el espíritu? ¿Cómo van los preparativos de abrigo para adentro?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 19 de diciembre de 2021).

¿La nueva humanidad?

¿La nueva humanidad?

Foto https://elfarodeceuta.es

Anteayer celebrábamos el Día Internacional de los Derechos Humanos. Siempre he creído que la Carta Magna de la Asamblea General de las Naciones Unidas (París, 10 de diciembre de 1948) se refería a las mujeres y hombres que habitamos el planeta: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros” (art. 1).

Una se queda a cuadros: “El Derecho Animal es la única rama del derecho donde los clientes son siempre inocentes. (…) conviene recordar que a lo largo de los siglos, los Animales No Humanos (A.N.H), cerdos, ratas, perros, loros, burros… y hasta moscas y orugas, fueron procesados, juzgados y condenados por la comisión de los crímenes más variopintos, a penas tan severas como el destierro y la muerte” (Joyce Tischler, directora del Animal Legal Defense Fund).

La Declaración de la Conciencia Animal o el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea lo apoyarían. Según la Ley de Protección Animal de Aragón (marzo 2013): “Todos deben evitar maltratar a los animales, ya sea por acción u omisión, directa o indirectamente” (art. 3). Atender a un animal hace crecer a niños y adultos, y es un realmente humano hacia el mismo –humanizar ratones es otra cosa–. Meter en el mismo saco a un maltratador, de animales humanos o no humanos, psicópata, infanticida…

Humano: “Del hombre o de la humanidad. Limitado a lo que es propio de la imperfección humana”; y también, “afable, afectuoso, benévolo, benigno, blando, caritativo…” (María Moliner, Diccionario de uso del español). Humanidad: “Naturaleza humana. Género humano. Conjunto de personas. Fragilidad o flaqueza propia del ser humano” (Diccionario de la lengua española).

Y es que le hemos dado la vuelta. Si no, ¿cómo entender que a un enfermo de ELA una trabajadora social le recuerde su derecho a la eutanasia, cuando pide asistencia personal? Hemos traspasado la barrera: científicos chinos han creado los tres primeros bebés modificadas genéticamente. Humanoide: “[Animal o cosa] cuya forma recuerda a la humana” (Diccionario del español actual). Esperemos no llegar a serlo nunca.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "La tribuna", domingo 12 de diciembre de 2021).

Pandemia intelectual

Pandemia intelectual

Ana López, presidenta de Asapme, durante la visita de la consejera de Sanidad, Sira Repollés. Foto Guillermo Mestre / Heraldo

Asapme (Asociación Aragonesa Pro Salud Mental) alerta de la necesidad de más recursos por el auge de trastornos mentales en la pandemia. Problemas como la ansiedad, la depresión, el trastorno bipolar, los trastornos de la conducta alimentaria, la esquizofrenia… eran tratados desde hace años por la Asociación. A los que  ahora  se unen crisis de soledad, aislamiento, incertidumbre. Todos estamos tocados, aunque no hundidos.

Si la población adulta se ha visto afectadas por las pérdidas, el desempleo, la inestabilidad emocional, el estrés entre teletrabajo y niños… la ciudadanía infantojuvenil muestra aún un mayor porcentaje de problemas. La anorexia, la no aceptación de la propia imagen, el acoso escolar pese al grupo burbuja del colegio, el autoaislamiento, la adicción a las redes y al whatsapp. Las tentaciones de suicidio. Realidades que ignoramos, obviamos o ante las que, más cómodo todavía, cerramos los ojos.

Salimos a la calle y vemos rostros tristes, cabizbajos, como de ancianos que viniesen de un tiempo que no existe. El amigo de siempre ya no es el mismo, dice cosas rarísimas. Y nosotros, ¿nos miramos al  espejo? Una losa nos pesa  día y noche, como a Sísifo.

¿Dónde la alegría por progresar? ¿Dónde los encuentros de vecinos, familiares, de empresa? Si no hemos podido reunirnos ni para la avería del ascensor. ¿Y el placer de viajar sin pcr?

Y eso sin haber tenido despedidas sin presencia, sin abrazos ni llanto compartido, sin casi duelo. Envejecer también es triste, y más en hospital. Un toro o unicornio persigue al anciano en forma de delirium sin sentido ni lógica. Retorno a la infancia o a miedos ancestrales intransferibles.

Pandemia: “Enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región”. Pero hay otra pandemia que sobrepasa la enfermedad, mental o física, la penuria económica, las pérdidas virtuales. Es el desequilibrio de quienes de alguna forma llevan las llaves del timón. Y aquí nos volvemos todos locos, esquizofrénicos, de cabeza.

Nuestro querido y extraño planeta y sus habitantes, ¿verán alguna luz intergaláctica?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", demingo 5 de diciembre de 2021).

Rictus apocalíptico

Rictus apocalíptico

Foto Portada de Beato de Liébana. www.holaebook.com

Se han perdido la montaña, la casa, los enseres cotidianos. Como los nombres de los muertos y la vida, todo ha quedado sepultado por una ceniza densa, dura como el granizo, negra como las fauces del ogro que se engulle al lactante. Las aves migratorias no encontrarán su nido.

¿Inundaciones en Asturias? ¿Dana en los próximos días? ¿Un corte de luz en media Europa? Ya lo anunció Nostradamus en el siglo XVI: “Y en el año de los gemelos (2020) / surgirá una reina (corona-virus) / desde el oriente (China) / que extenderá su plaga / de los seres de la noche (murciélagos) /  a la Tierra de las siete colinas (Italia) / transformando en polvo / a los hombres del crepúsculo (ancianos), / para culminar en la sombra de la ruina (crisis económica”.

Con la pandemia, hemos perdido el progreso y la inmortalidad: “Los hombres nos creemos vivos. Pero no es verdad: la muerte nos mantiene encadenados como a un oso los titiriteros” (José Luis Martín Descalzo, Razones para la esperanza). Y se nos ha quedado un rictus triste, melancólico, añorando muchos de nosotros la antigua normalidad.

Nada nuevo bajo el sol. Hacia el 776, un tal Beato, abad de Santo Toribio de Liébana, escribe unos Comentarios al Apocalipsis, según la tradición judía (siglo II a. C.) y patrística –Ireneo, Gregorio Magno, san Isidoro–, ante el terrible fin del mundo del 800 y luego del 1000.

Cultura apocalíptica que no es sinónimo de final, sino de persecución y desesperanza: “Comprendí que mi persona hacía todo lo posible por expulsar al enemigo, al virus, despierto y dormido” (José Carlos Bermejo, Dios en la pandemia).

Se comienza a morir cuando nacemos, decían los barrocos. La NASA estudia desviar asteroides. ¿También el pronosticado por Juan José Benítez en 2027? “Jesús respondió: "Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: (…) ’El tiempo está cerca’. No los sigan” (Lucas 21, 8).

“’¡Arrepiéntete! 3 de febrero. Fin del Mundo’. (…) Bruna miró alrededor. La espléndida montaña, el jardín tranquilo. –Pues parece que hoy tampoco se acaba el mundo –dijo la rep” (Rosa Montero, Lágrimas en la lluvia). Vivimos un eterno renacer.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 28 de noviembre de 2021).

Cristina Peri Rossi

Cristina Peri Rossi

Foto Antonio Heredia / El Mundo

Hay dos formas de leer: por placer y por dedicación profesional. Reconozco que la uruguaya Peri Rossi, Premio Cervantes 2021, siempre se me hizo un poco dura, lejana a mi sensibilidad creativa. Todo está en los comienzos: “Nací en una ciudad triste / de barcos y emigrantes / una ciudad fuera del espacio / suspendida de un malentendido: / un río grande como mar / una llanura desierta como pampa” (“Montevideo”).

Un padre prematuramente ausente, las bibliotecas, el compromiso, unas primeras clases, el exilio, el amor. “No conoce el arte de la navegación / quien no ha bogado en el vientre / de una mujer, remado en ella, / naufragado / y sobrevivido en una de sus playas” (“Bitácora”). La autora de Viviendo, Los museos abandonados, El libro de mis primos o La nave de los locos, haz y envés del paraíso para siempre perdido, comenzó a escribir en su niñez.

Apasionada, íntima, rebelde, femenina, ecléctica, luchadora, defensora de lo que siempre creyó: “Descubrir a Dios entre las sábanas / --no en el templo fariseo / ni en la altiva mezquita–” (“De aquí a la eternidad”). Exiliada también del boom latinoamericano del momento: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Julio Cortázar, con el que mantuvo una interesante relación epistolar-amistosa-literaria. Mujer en continua búsqueda de identidad, sexual, geográfica, humana.

“Tu placer es lento y duro / viene de lejos / retumba en las entrañas / como las sordas / sacudidas de un volcán” (“Erótica”). Su madre sí la comprendió. Se impuso la distancia y la memoria: “Prefiero soñar con Montevideo y vivir acá: allí murieron mi madre y mi hermana, demasiada tristeza”.

Narrativa, poesía, ensayo, periodismo, traducción. A partir del 2000, la prolífica autora  sacó los poemarios Estado del Exilio, Estrategias del deseo, Habitación del hotel o Playstation (Premio Loewe 2009), radiografía urbana de su propia soledad.

“La poesía es una percepción; la narrativa, un discurso”. Leer es descubrir, descubrir es amar, conocer, apasionarse. Y encontrarse en el verbo de la otra como en el mismo espejo: “¿Cuál es mi casa? / ¿dónde vivo? / Mi casa es la escritura” (Habitación de hotel).

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 21 de noviembre de 2021).

El cuento de nunca acabar

El cuento de nunca acabar

Foto: EFE / Heraldo de Aragón

Saldamos 2020 con 80.000 fallecidos. A lo que se suman las secuelas físicas, neurológicas, de duelo sin posible despedida, económicas. Y 2021 se inició con la esperanza puesta en las vacunas, sin apenas navidades familiares y con la casi certeza de que nada iba a ser ya lo mismo.

Pero nos remontamos, habituados como estamos los humanos a y sobrevivir, contra marea y viento. Con el buen tiempo, comenzaron a caer las mascarillas, ávidos de aire libre, morenez en el rostro, espectáculos, viajes….El fiel de la balanza se inclinaba de nuevo en ángulo agudo a la salud.

Y he aquí que un año después de iniciarse la vacunación, cuando hemos pasado casi todos por la aguja y a los mayores se les administra una tercera dosis, en nuestro entorno europeo todo vuelve a empezar. La relajación en las vacunas, en medidas higiénicas y en distancia social, han acelerado el caos en Alemania. Rusia paga sus vacaciones. En los Países Bajos, se vuelve a la máscara y el alejamiento. Grecia tri-vacuna a los mayores de 18. Francia, Italia, España y Reino Unido están el punto de  expectativa. Y Europa Central y del Este se llevan la peor parte.

Y la marea llega a Aragón. Utebo, Calatayud, Tarazona, Ejea, Jaca, Aínsa, Fraga, Alcañiz… ¿Imprudencia de los ciudadanos o falta de previsión en los locales públicos? ¿Para cuándo la inmunización de los menores? ¿Erradicará el bicho la esperada vacuna española intranasal? Acaso debamos convivir con el patógeno, como en el caso de la gripe y otras enfermedades más severas.

Comienzan a programarse viajes en Imserso y en Cocemfe, y parece que nuevas restricciones no van a imponerse por ahora. Nos hemos acostumbrado a tomar un café en terraza, tenemos sed de teatro y de conciertos. ¿Pero cómo frenar las fiestas multitudinarias de jóvenes a rostro descubierto?

Por mucha pastilla Pfizer o de otra farmacéutica, sin una mínima conducta higiénico social de poco sirve. Mercadillo, un poblado Papá Noel, una gran bola de ilusión y nuestro belén de siempre en la plaza del Pilar, sin cita previa. Volverán a encenderse luces en nuestras calles. ¿Volveremos a reunirnos las familias? Llega Adviento, un tiempo de esperanza.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 14 de noviembre de 2021).

Noviembre

Noviembre

Foto www.perfil.com

Noviembre, de ‘novem’ (nueve en latín), y de ahí ‘november, -bris’. Noveno mes del año según el calendario romano, que en el gregoriano pasó al undécimo. Se representaba como un sacerdote de la diosa Isis, con túnica de lino, calvo y junto a un altar, sobre el que se mostraba una cabeza de cordero.

Comienza el mes con Halloween, antiguamente All Hallow’s Eve (víspera de Todos los Santos). De origen celta, celebraba la caída de la hoja y, paradójicamente, el final de la muerte e inicio de una nueva vida, conmemorando el Samhain, ‘fiesta de la cosecha’. Con la vela, el nabo encendido, la comida y los dulces en las ventanas, se ayudaba a los espíritus malignos a encontrar su camino. Holywins, o festejo de ‘tu santo favorito’, parece convertir una vez más lo pagano en cristiano.

De cualquier forma, las calabazas, el Monte de las Ánimas y Don Juan Tenorio, tan de siempre, nos disponen a un mes introspectivo, con las noches más largas y la luz más oblicua a nuestro ánimo, o más alta que nunca –que ni Europa se aclara con la hora–. Y con todo, este otoño ha venido generoso en caracoles y setas.

Pese a la emulsión de metano y el calentamiento progresivo, o la lava y ceniza de Cumbre Vieja, noviembre se nos muestra más hermoso que nunca, con el ocre penúltimo prendido todavía a sus ramas, y una temperatura casi de primavera.

Si bien aires polares han hecho acto de presencia esta semana, con las primeras nieves, volviéndonos proclives a la astenia y a la interiorización, la lectura, las películas Netflix y los juegos de mesa. Que las últimas producciones de la pantalla grande no sabes en qué cuadrante horario situarlas, de tan tendenciosas y desvaídas.

¿Habrá este año castañas en la plaza Paraíso o en Independencia? En cualquier caso, es lírico pasear a la orilla del río o ciudad adentro, en calles y plazas remozadas o en el recién plantado Bosque de los Zaragozanos, hoy domingo, víspera del Día Mundial del Urbanismo.

Modernamente, noviembre se vestía de hoja seca, una mano apoyada en Sagitario y en la otra un cuerno de la abundancia. “Me siento bien dentro de mi corteza, / con algunas hojas amarillas / y el corazón en sepia” (Ahora que calienta el corazón).

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 7 de noviembre de 2021).