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La lampara encendida

La columna dominical

Agua y vida

Agua y vida

Foto Oliver Duch/Heraldo

Siempre creímos que el agua sale de los grifos, podíamos bañarnos cuando nos apetecía y darnos un chapuzón en la piscina. Se nos olvida que cuando nuestras abuelas, en muchos pueblos, se iba por agua a la fuente, y a lavar a la charca o al arroyo más próximo. Y aunque la hubiera en casa, se la traía en el botijo, mucho más fresca. Que también al abuelo le gustaba más el vino en bota y en porrón.

Y hay países, hoy mucho más cercanos por la globalización y los movimientos migratorios, sin agua en las casas. En los que niñas y mujeres tienen que ir a buscarla a kilómetros. Eso si no hay guerra o inundaciones. “Llueve inmisericorde, gota a gota, / sobre el cráneo hendido de los ángeles; / y palomas manchadas / llevan ramitas rotas en el pico de sierra afiladísima” (Pájaros de silencio).

La historia de la vida es la historia de las aguas, los  ríos, afluentes y embalses, de una  comunidad. Nada que ver la crecida catastrófica del Ebro, y sus zonas urbanas y rurales y de cosecha de 2018, con la sequía extrema de estos dos últimos años. Habrá que tomar ducha en vez de baño, cerrar mientras nos lavamos los dientes, caminar un poco más hasta encontrar una piscina abierta. A ver si los gobiernos ponen también su grano para que esto no siga calentándose y esté que arda. Cuarenta grados a finales de abril es de locura colectiva.

Girasol, cereales, leguminosas, maíz, alimentos para animales de granja y domésticos, productos lácteos… ¿Tendremos leche y pan? Primero la pandemia, luego la guerra, hoy la sequía. ¿Los siete años de las vacas flacas? ¿Las diez plagas de Egipto? Ahora nadie sueña en metáforas bíblicas, pero los temores y tanto sufrimiento permanecen.

“Conversión del agua en sangre; plaga de ranas; plaga de mosquitos (piojos o pulgas); plaga de tábanos (moscas); peste del ganado; úlceras; granizo ígneo; plaga de langostas; tinieblas y muerte de los primogénitos”. Contaminación de las aguas, picaduras de insectos, enfermedades e infecciones, erupción de volcanes, noche oscura. Son relatos del Éxodo, no titulares periodísticos de esta primavera.

Lo cierto es que somos agua: “Fueron muriendo estrellas, reproduciéndose / los seres sublunares por esporas. / Y un día, a años luz del primer fogonazo, / me supe sumergida y eternamente amada: / mi madre estaba a punto de alúmbrame” (Tránsito). No es una cuestión de mínimos.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 14 de mayo de 2023).

Mi madre

Mi madre

Foto archivo familiar

Fue una de esas mujeres que migraron del campo a la ciudad, como las protagonistas de mi última novela, El ramito de azahar. Mi padre se quedaría aquí terminada la mili, y fueron escribiéndose, relacionándose, en un tiempo todavía sin teléfonos ni apenas libertad. Los Reyes nunca le llevaron aquel abrigo que tanto deseaba en un invierno de témpanos y churlitos. Sí hay fotografías de una boda en blanco y negro, entre adobes y hierbas de corral, pero con mucho amor. Sus padres asistirían desde el cielo.

Y se vinieron a Zaragoza, a un piso sin ascensor y con solo una estufa, en las Delicias. Con una mesa, dos sillas supongo al principio, un colchón y mi cunita, junto a la cocina de carbón. Dicen que era bonita, que nadie preveía un retraso motórico, pese a que los médicos cometieron con nosotras un error imperdonable, que ya no cometerían cuando nacieron mis hermanos. Comía mal y cogía muchas anginas, pero no paraba, ni de hablar ni con la cabecica –me inventaba poemas y jeroglíficos–, ni de ir por la casa de un lado a otro, de rodillas.

“No te levantarás de ese sillón si no te lees otra hoja de la cartilla”, me decía mi madre, siempre exigente y cálida. Ella solo pudo aprender las primeras letras, hasta los 14 o menos. Pero estaba ahí, con su sabiduría innata: “Tu madre, aquellos párpados de azucena y escarcha, / siempre estaba contigo: / compañera en la noche del desvelo / y a la sombra apacible de los días felices” (Epifanía de la luz).

Ella, puerto seguro de mis primeros pasos, que truncó el sarampión. La gimnasia, cuando íbamos a ver al tío a los Viveros o a Correos a papá, y vuelta a subir a un cuarto piso. Se ponía a la altura de cada hijo, su edad y circunstancia; y cuando traíamos a casa a los amigos era madre de todos.

Nos hicimos mayores. Ayudó a envejecer a sus hermanos, calmosa e intuitiva, dejando discurrir la arena del reloj. Y empezó a atardecer, los nietos le encendieron la luna y las estrellas, a cambio de una poca merienda y algunas chuches. La pandemia hizo su labor. “Ahora, tres décadas después, / cuando miro los ojos de mi madre, / es la abuela quien vuelve del olvido” (Tránsito).

Hoy compartimos la memoria, regresamos al pueblo de la mano, nos damos un beso cada noche. Sigue siendo mi madre, la de siempre, y lo seguirá siendo cuando yo esté a punto de cumplir sus 90. Es ley de vida.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Triiibuna", domingo 7 de mayo de 2023).

¿Vida más allá?

¿Vida más allá?

Foto www.eldiario.es

Siria, Afganistán, Venezuela, conflicto israelí palestino, Ucrania frente a Rusia, ahora Sudán. La clave siempre está en las alianzas y los enfrentamientos de poder. Quienes lo enarbolan, nuevos Hítleres del tercer milenio, ignoran y masacran a los más inocentes sufridores: civiles, ancianos y niños, mujeres y madres de familia, que lo único que desean en preservar su íntimo paraíso cotidiano. Nada nuevo bajo este sol calenturiento de abril del 23 que nos va desecando planeta y corazón.

Lo mismo da que sus gerifaltes sean Omar al-Bashir, Abdel Fattah al-Burhan o Mohamed Hamdan Dagalo. Una dictadura sucederá a otra, en un país seccionado por los conflictos intestinos desde su independencia en 1956, habitado por el desierto y la sabana, preeminentemente agrícola y musulmán, y en el que la escolarización llega solo a un 40% de sus niños  y jóvenes. La investigación, la riqueza y diversidad de etnias y la belleza de la música tradicional quedan oscurecidas por la barbarie.

Estados Unidos y Arabia Saudí dieron el primer aviso, un alto el fuego, la posibilidad de evacuar a víctimas de guerra y lesa humanidad a horas vista, y salir del infierno. Francia, Alemania, Italia, Bélgica o Países Bajos; Grecia, India, Corea del Sur. Por su parte, aviones de nuestras bases fletaron a 200 militares voluntarios españoles, latinos y europeos, y pusieron su granito de arena para paliar la pesadilla, réplica de la sufrida hace más de 20 años en Daftur y otras ciudades sudanesas.

Ahora el encarnizamiento es más fuerte en Jartum, la capital. A los hospitales no llegan medicinas ni material quirúrgico; sin agua, luz ni suministro eléctrico. Son momentos de huir sin mirar atrás y salir con lo puesto, como en tantas guerras: “Una bomba cayó en la sacristía y recogimos nuestras cosas para largarnos”, relataba el misionero Parladé, de 81 años y 50 en el país. Diplomáticos y extranjeros de diferentes profesiones abandonan Sudán, mientras los sudaneses de a pie escapan o perviven como pueden.

Egipto, Sudán del Sur o Chad son los países más cercanos. A oscuras y de noche, como los místicos, contaba el capitán zaragozano Carlos Miraz que accedieron al aeropuerto de Jartum. Países conflictivos, situaciones límites, ante los que una siempre se pregunta: ¿Cómo sobrevivir con una discapacidad? ¿Se retorna al paraíso en la diáspora? Me queda el beneficio de la duda.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 30 de abril de 2023).

¿Una nueva vida?

¿Una nueva vida?

Foto Instagram

“Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó. Y los bendijo Dios con estas palabras: ’Sed fecundos y multiplicaos”” (Génesis 1, 27-28). Al margen del hermoso relato bíblico que se lee en la Vigilia pascual, yo siempre me pregunté cómo se reproducirían los primeros homínidos hacen millones de años. ¿De forma endogámica? Como mucho, si una hembra no pudiera amamantar, otra le prestaría la leche materna a su cría. Y desde luego la selección natural nos hizo sobrevivir.

A estas alturas de la historia humana, los papeles tribales quedaron más que superados. El esquema familiar que venía repitiéndose de los romanos a nuestras abuelas ha quedado obsoleto. Y traer a la vida a un nuevo ser no siempre está íntimamente relacionado con realizar el coito, follar o hacer el amor.

Tema harto complejo. Hay gustos para todos los colores y hoy familias de todos los estilos. Sin embargo, tradicional en ese aspecto como soy, me gusta preservar el bienestar y la felicidad del niño –quizá porque conmigo así lo hicieron–. Que crezca con papá y mamá, sus hermanos, sus abuelos, sus tíos…

Estas últimas semanas, ha estado en boga el tema de los vientres de alquiler, traído por una famosa actriz que, como acostumbra, ha ido un poquito más allá. Una madre donante de las células, una madre gestante biológica y la madre legal, que resulta ser la abuela. Un padre con el semen congelado, fallecido hace dos años, y la imposibilidad de inseminar a su pareja, a la que nadie conoció.

¿Qué hay tras de todo ello, aparte de los tiras y aflojas y las contradicciones de unas y otras facciones ideológicas? ¿Una nueva cortina de humo enmascarada de humanidad y respeto al hijo muerto? Se obvia la adopción de niñas de la guerra. Innecesaria. La selección de células y embriones pasa a ser algo lógica y psicológicamente natural. Nadie habla de compra-venta, sino de buena voluntad de cumplir los deseos del fallecido.

Hubo un tiempo remoto en el que elegir esclavos era prebenda de señores con posibles. Hoy es un derecho, y no un lastre humano, el poder abortar la vida humana de un cigoto, un embrión o un feto ya formado. Pienso que la paternidad y la abuelidad no pueden adquirirse con solo unos genes. Hay cosas que no son de natura, pese a la libertad humana y a la técnica.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 23 de abril de 2023).

La tía Milagros

La tía Milagros

Foto Jesús Alba Enatarriaga

Hoy domingo concluye la octava de Pascua, con sabrosas lecturas en torno al encuentro del Resucitado con sus discípulas y discípulos más queridos; con sabor todavía a cocina y a dulces típicos de Semana Santa, entreverados con huevos y chocolates pascuales, delicia de niños y mayores. Torrijas, buñuelos, pestiños de azúcar, leche frita; sangría, o limonada en la zona de Soria; pantxineta, canutillos con chocolate y crema, tejas con helado en Euskadi… La gastronomía tiene también sus mapas y su orografía peculiar.

Entre el monte Igueldo y el Urgull se divisa la isla de Santa Clara. Siguiendo hacia el Peine de los Vientos, en la montaña, encontramos la casa de Chillida. Y hacia el otro lado, junto al Funicular, el que fue restaurante Villa San Martín, desde cuya mesa central del mirador los célebres comensales podían contemplar las playas de Ondarreta y de La Concha, atisbar sin demasiado esfuerzo el barrio del Antiguo y el mercado de La Bretxa, o el puerto un poco más allá.

Parece una vida de película la de tía Milagros, de esas escritas e interpretadas por tantos guionistas, directores y actores, que en un momento u otro pasaron por su casa durante el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Woody Allen, Robert De Niro, Richard Gere, Julian Schnabel o Federico Luppi son algunos de ellos. Pero también cantantes, escritores, políticos, gentes de la farándula y del buen yantar.

El aita y la ama, sus padres, trabajaban en una modesta caseta del ferrocarril entre Ikazteguieta y Tolosa; y ahí nacieron los hijos, un varón y seis hembras. La vida no era fácil. Milagros comienza a servir con 13 años en Villa Consuelo (Donosti), a cambio de manutención. Voluntad y trabajo, compaginó la familia y los sueños. Junto al esposo creó su primer bar de pinchos, el Azelain, en Tolosa, luego el Aldaba en la capital –sierra de Aralar y monte Txindoki de referencia– y el San Martín.

Alubias con sacramentos, marmitako, txangurro a la donostiarra, txuleta a la parrilla, las mejores carnes y pescados, ensaladas… Este pasado verano me invitó a su villa: recuerdos familiares y fotografías de los nietos, junto a las instantáneas con lo mejor de Hollywood; imágenes de santos, gnomos en el jardín. Se quedó despidiéndonos y sonriendo tras el mirador iluminado. Sus cenizas reposan en su edén. Ella nos sigue preparando, como Jesús, el mejor pescado. Nuestro pequeño txoco.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 16 de abril de 2023).

Las tres pascuas

Las tres pascuas

Foto Jesús Alba Enatarriaga

Los judíos siguen celebrando el “Pésaj”, el triunfo en el Mar Rojo. “Extendió Moisés su mano sobre el mar, y al rayar el alba volvió el mar a su lecho; de modo que los egipcios, al querer huir, se vieron frente a las aguas” (Ex. 14, 22). Continúan sentándose a la gran mesa familiar, invitando a huéspedes sin familia, tomando el cordero con las hierbas amargas y el “Matzá” o pan ácimo, leyendo la “Hagadá” (relato de la liberación), y esperando al Mesías. Lo prescribe la Torá. Este año del día 5 al 13 de abril.

Los primeros discípulos, armenios, se aposentaron hacia el 300 d. C. Hoy perduran en sus cantos, su seminario y sus objetos artesanales. Y es que los cristianos ortodoxos orientales, que celebran su Pascua una semana después, precedieron a los católicos latinos. Pero en Jerusalén todo es remembranza del dolor, sabor a Vía Dolorosa, retorno a Getsemaní, la casa  de Caifás, la Fortaleza Antonia o el Gólgota. Aloe de la Piedra sagrada de la Unción y esa íntima luz de la rueda corrida en el jardín bajo el Santo Sepulcro, contra toda mentira: “… advirtiéndoles: Decid que sus discípulos vinieron de noche y lo robaron, mientras nosotros dormíamos” (Mt. 28, 13).

En el siglo VII, los hijos del Profeta tomaran Tierra Santa, y el Ramadán y el ayuno diurno, con sus otros pilares, convivieron con las pascuas cristiana y judía; si bien con miseria y persecución. Carne, vegetales y pocos dátiles y dulces, al albor y al poniente, cuando los varones salen y vuelven a hurtadillas de ganarse el pan, de terreno palestino a israelí. El mes de la revelación a Mahoma, del perdón, la apertura y la primavera. De la última luna del octavo mes según el calendario islámico a la primera del noveno (23 me marzo a 29 de abril). Y un gozo pleno: “¡Oh, pueblo nuestro! Si obedecéis al Mensajero de Al-lah y creéis en él, vuestro Señor os Perdonará las faltas y os Salvará de un castigo doloroso” (Corán 31:46).

Mis compañeros de peregrinación han vuelto a Tierra Santa, en este tiempo de pasión, bajo la misma luna llena. Me imagino a Mahoma ascendiendo al cielo en un caballo alado. Visualizo a Jesús que vuelve al Lago con sus amigos, pescando, conversando, celebrando. Contemplo los huesos de los muertos, cara  a la Puerta Dorada, esperando ser resucitados. Maestros en paciencia y esperanza.

Ojalá en la mezquita de Al-Aqsa y en la parte occidental del Muro pueda orarse en paz. ¿Viviremos?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 9 de abril de 2023).

Almendros de pasión

Almendros de pasión

Foto: "Y el almendro floreció", óleo de Isabel Guerra.

Se anticipó el calor y hemos tenido los primeros incendios forestales en marzo. La cesta de la compra sigue subiendo y las guerras no paran; continúan llegando inmigrantes indiscriminados, y menores, a costas italianas y españolas, con peligro de muerte. Mientras los jóvenes y no tan jóvenes siguen manifestándose por cambiar de sexo, el derecho a abortar la vida o jubilarse a los 62. ¿Por cuidar de los nietos, quienes tengan, o viajar a nuevos exoplanetas sin cortapisas?

La humanidad no hemos cambiado tanto, desde la masacre de los inocentes en Bethlehem, la decapitación de Juan Bautista o la crucifixión de Cristo Jesús. La práctica está vigente en países islámicos extremistas, contra reductos de cristianos o la gran mayoría de mujeres que no acatan las órdenes. Pero sí avanzamos tecnológicamente.

Mientras mis amigas ucranianas siguen sobreviviendo como pueden en un país lejano, cientos de heridos son acogidos en Europa y los niños se han quedado sin papás, escuelas ni sonrisa, el “magnánimo” Putin firma un concienzudo acuerdo con Bielorrusia para desplegar “inofensivas” armas nucleares tácticas. La espada de Damocles pende sobre nuestras cabezas, lleva pendiendo mucho tiempo.

¿Qué pasaría si se escapa una pequeña explosión? Aunque fuese a una central nuclear, un emporio industrial o un núcleo urbano. Seguramente afectaría a uno cuantos miles de personas. ¿Cuánto pesa la vida en la balanza del poder?

El otro foco de pasión, y de agonía, es Netanyahu, enfrentado tanto al enemigo palestino como al propio ejército israelí. Las manifestaciones populares in crescendo y la negativa de soldados no ultras pueden poner en jaque al presidente. Y a una le da tristeza y cierto pavor que este año, cuando coinciden la luna llena de Nisam, la Pascua cristiana y el Ramadán, no puedan celebrarse en una paz relativa.

Desde que Atenea transformara a Fílide, hija del rey Midas, en almendro y acariciado el cadáver por su enamorado Acamonte floreciese, pasó a simbolizar amor eterno. Según el cristianismo y la tradición teresiana, este árbol simboliza asimismo inmortalidad, como vemos en el óleo de sor Isabel Guerra “Y el almendro floreció. Muerte de santa Teresa de Jesús”. Bellísimo y efímero al mismo tiempo, como la mariposa o la flor de los cerezos japoneses en Nueva York.

¿Trasunto de la vida, la muerte y la resurrección? Así también a nivel social.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 2 de abril de 2023).

Mi querida facultad

Mi querida facultad

Foto www.heraldo.es

Fue el año del mundial de fútbol, que Simón ya no pudo ver por su distrofia muscular. El verano que me dio por leer a nuestros poetas de siempre –Bécquer, Juan Ramón, Machado–. Un otoño ilusionante, con ganas ya de conocer el pasillo y las aulas donde iba a dar mis primeras clases presenciales en un centro educativo.

Cristina fue la primera en ofrecerse a subirme las escaleras del Aula Magna II. Manuel, Elena, María José, Carlos, Carmen, Teresa… todos me ayudaron a partir de ese momento –temo dejarme a alguien–. María Antonia Martín Zorraquino nos recibió efusivamente. D. Félix Monge –señoritas, caballeros–; José-Carlos Mainer, que acabaría siendo mi director de tesis; Aurora Egido, cuyos exámenes con la máquina eléctrica me duraban hasta 8 horas…

Nuestro periplo iba de Filosofía y Letras o Filología al Interfacultades y Geológicas. Y el tío Fermín, ya jubilado, se convirtió en un compañero más, todos lo conocían de llevarme a clase –la risa que nos dábamos cundo los aspersores del campus nos mojaban–. Los felices 80.

Mi silla, como la mayoría de las sillas de ruedas de esos años, era manual. No se había adaptado apenas ninguna facultad –salvo la rampa “asesina” que unía el pabellón de Filología–, ni se había creado el Servicio de Atención a la Discapacidad. ¿Dónde los ordenadores? ¿Y los móviles?

El otro día se presentaba la nueva facultad de Filosofía, con espacios más amplios, sus grandes ventanales acristalados, sus pasillos, con más luz aún si cabe si cabe y sus bancos corridos, sus aulas adaptadas a las necesidades y la nueva Aula Magna, los enchufes para cada portátil y el mural de Ángel Grávalos, que se mantiene.

La verdad es que hacía falta, que fue en 1941 cuando se trajo de la Magdalena. Se nos caía encima. Y volverá a llenarse de las y los jóvenes, de profesores, de ilusiones y nervios. Acaso con menos exigencias académicas, con más opciones, ahora que la Universidad de Zaragoza se complementa con la de San Jorge. Con nuevas expectativas.

Pero esos días azules de la juventud universitaria, en los que coincidí, lo he sabido después, con Ana Alcolea, Trinidad Ruiz Marcellán, Reyes Guillén, César Ibáñez París o Alfredo Saldaña. O antes los de Ángel Guinda, Manuel Vilas, Ignacio Martínez de Pisón. Esos, no volverán. Pasemos el relevo.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 26 de marzo de 2023).

Mi padre

Mi padre

Foto archivo familiar

Tenemos una fotografía de las que hacen historia, yo con cinco añitos, él dándome un beso de película. Un contraluz de cortinas en blanco y negro nos agracian todavía más. Debía ser el año en el que me enseñaron a leer, él y mi madre. Recuerdo cuando me llevaban a Correos, junto a la plaza Santa Engracia, mi padre al otro lado de la reja. La noche era más dulce con un beso.

  Fue una época dura. Desde el 57 en que haría la mili no volvería al pueblo. Un sencillo taller, unas oposiciones por las que se haría ejecutivo de Correos y Telégrafos, un aspirar siempre a más que le llevaría a cursar tres años de Derecho en la UNED. “Os fuisteis un buen día a otras tierras / donde plantar la tienda y los amores. / La fábrica, el correo, la oficina. / Y allá, del otro lado de esas lomas, / llegaba la noticia de algún nuevo diablillo / que en verano vendría a alegrarnos la casa” (Tránsito).

Mis padres y sus hermanos migraron a la ciudad en un tiempo harto difícil, cuanto más si uno de los hijos nacía con una minusvalía o deficiencia. ¿Cómo sobrevivir al sobresalto? Me recuerdo en un piso sin ascensor, donde mi padre y mi tío me subían a una cuarta planta, sin seguro médico y con continuas anginas y necesidad de rehabilitación.

Vuelvo a verme leyendo y estudiando, sobre la máquina de coser, en los libros de Reválida de mi padre. Hasta que una prima maestra nos asesoró de los libros de EGB que me correspondían y, un año después, la asociación Auxilia, en cuya Junta de Padres él fue parte activa y fundadora, reguló mis primeros títulos.

Me abriría al mundo e hizo crecer mis alas. Y, sin embargo, ahí seguía mi padre, ausentándose en el tren más de lo que hubiese deseado, con su humilde maleta de madera, viviendo fuera tantas navidades y sorteando amenazas de atentados en sus viajes a Irún. Todo por su familia. “Luminoso tu padre, presentía / lejanos universos para ti, / mientras la luz doraba los rincones más íntimos” (Epifanía de la luz).

A mi padre le dolió jubilarse, fue un auténtico duelo por la vida que irremisiblemente iba pasando. Y se entregó a nosotros: la esposa, los cuñados, cada uno de sus tres hijos, y los nietos, que sin querer transfiguraban su rostro bonachón de siempre. Fue inaugurando etapas nuevas. “Los niños adoran a sus padres, loa adultos los juzgan y muy pocos los perdonan”, me dijo alguien. Yo te sigo adorando, achaque y refunfuños incluidos, a tus 89 primaveras. ¡Muchas felicidades, papá!

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 19 de marzo de 2023).

Sólo solo

Sólo solo

Foto https://es.wikipedia.org

“Estaré solo hasta las siete”. El periodista David Gistau ponía en jaque la decisión de la Real Academia Española de mantener solamente la tilde en el adverbio “solo” en aquellos casos de lesa ambigüedad.

De 1870 a 2010 estaba más o menos claro. La tilde diacrítica se mantiene en algunos monosílabos (dé/de, sé/se, sí/si, mí/mi); adverbios de lugar, tiempo, modo y cantidad (dónde, cuándo, cómo, cuánto), cuando expresan pregunta; los pronombres éste, ése y aquél, con  sus femeninos y plurales, para diferenciarlos del determinante que acompaña al nombre, y el adverbio sólo.

Con la redacción de 2010 todo cambia: “Es obligatorio escribir sin tilde el adverbio solo en contextos donde su empleo no entrañe riesgo de ambigüedad. Es optativo tildar el adverbio sólo en contextos donde, a juicio del que escribe, su uso entrañe riesgo de ambigüedad”. Ídem con éste, ése, aquél. Y la perdiz se terminó de marear cuando se suprimió la tilde de cualquier “solo”.

Tuve que reescribir mi tesis y la obra completa de Manuel Pinillos –nunca los textos del poeta–, así como poemarios o ensayos escritos tiempo antes, por respeto a la nueva Ortografía de la RAE y ASALE (Asociación de Academias de la Lengua Española). Lingüistas y escritores se enfrentaron. Y una, que se siente juez y parte, intenta escribir con compromiso, belleza y corrección.

“¡Ay, yo que sólo he nacido solamente!” (César Vallejo). El autor subraya la forma adverbial de sentirse solo, frente a adjetivar su ser en solitario. Si alguien vino a no quitar ni un punto sobre las íes, las tildes dan también su  juego, y más en creación. ¿Sólo un café o un café solo? Y, sin embargo, “Yo, solo, solo te amaré por siempre a ti”.

Confieso que me gusta la ambigüedad, hacer pensar a los lectores, como pienso y crezco yo misma cuando leo. Ni escribir solo para niños, mañana adultos, ni bajar la cultura sino subir el nivel –parafraseando creo recordar a Rosa Chacel y Carmen Conde–. Prefiero acentuar solo si nos confunde la lectura. Y es lingüísticamente saludable la libertad: “Si el pleno de la RAE (…) confirma que “sólo” puede escribirse con tilde “a juicio de quien escribe” (…) la tilde en “sólo” cuando se refiere a “solamente” no puede considerarse falta de ortografía” (Arturo Pérez Reverte). Ama y escribe bien, y haz lo que quieras.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 12 de marzo de 2023).

Mujeres

Mujeres

Foto IDA MARIE ODGAARD / Heraldo

La coruñesa Ana Baneira ya lleva disfrutando unos días de su familia, tras ser excarcelada y liberada del régimen iraní. Su delito: estar entre las pioneras en denunciar la muerte de Masha Amini y otras mujeres por llevar mal puesto el velo. ¿Seguimos en el medioevo en muchas zonas del planeta? Al menos muchas de ellas han podido liberarse al vivir en España y otros países, son libres en la forma de vestir y de pensar.

Pero no siempre se sienten liberadas interiormente. Que se lo pregunten a Natalia y su hija Eugenia, salidas segundo día de guerra de Stoyanka a Kiev, a Polonia, Alemania, Gerona y Zaragoza. Hace un año de aquello. Muchas vicisitudes, sobresaltos, luchas internas, tentaciones de volver a un país y una casa rodeada de bosques y animales que ya no son, que nunca existirán como los conocieron. Perdieron el contacto con Vitaliy, el esposo y padre. Solo alguna noticia y un hijo de voz de tarde en tarde.

Vidas truncadas para siempre. ¿Alguien podrá reconstruir el puzle? Como las de mujeres que intentan mejorar su calidad de vida en Calabria, Gibraltar o cualquier otra costa europea. Las que no mueren en el intento. O esas otras, árabes cisjordanas, a las que les derruyen la vivienda y la vida porque su familiar no pudo soportar más el abuso de poder.

Algunas son muy niñas, cuando sufren acoso escolar –léase Alana y Leila, gemelas de Sallent–, violaciones en toda regla, cambio de sexo irreversible o un aborto visto como derecho del que jamás han de recuperarse. Si el sí es sí aporta realmente, la realidad deja todavía mucho que desear. Si las menores son migrantes o sudacas el cóctel está servido.

Salía hace unos años el libro Diversas y precarias, un tándem perfecto entre vida ordinaria, asistencia y empleo. Nosotras, mujeres con diversidad funcional, capacidades especiales o maxi válidas, precisamos de asistencia personalizada, el tiempo que sea necesario. Ellas, latinas o españolas, europeas o africanas, necesitan comer, un techo, un salario digno con papeles y traer a los suyos. Llevamos años pidiendo al gobierno un equilibrio; solo algunas autonomías implementaros la asistencia personal.

Por no hablar de las señoras mayores, en casa o residencia, condenadas a vivir su hermosa edad del tránsito –podría serlo– en la más absoluta soledad. Si hasta a La Sirenita de Copenhague la ultrajaron mil veces, maquillándola ahora con los colores rusos, ¿qué no harán de nosotras si no reclamamos nuestros derechos, simples seres de a pie?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 5 de marzo de 2023).

Carnal versus Cuaresma

Carnal versus Cuaresma

Foto Jesús Alba Enatarriaga

“A los que allá van con el su buen talente, / con ceniza los cruzan de ramos en la fruente, / dicen los que se conozcan et los venga miente, / que son ceniza e tal tomarán ciertamente” (“De lo que se hace miércoles corvillo en la Cuaresma”, Libro de Buen Amor, Arcipreste de Hita). Según Sebastián de Covarrubias (1611), al miércoles de ceniza se le llamaba también miércoles corvillo, porque el penitente se encorva y se humilla en señal de penitencia, dolor y arrepentimiento.

Y ya está la abuela cebolletas contando las historias que aprendió años ha en la carrera. Aquel miércoles se sacaba brillo a la espetara, se enjalbegaba la casa y el hombre y la mujer de bien debía ir a misa a recibir la ceniza y saberse mortal. “Memento mori”, tópico artístico literario que, junto con el de “pulvis es et in pulverem reverteris”, utilizó la Iglesia Católica hasta la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II (1959-1965).

“Conviértete y cree en el Evangelio” tiene una lectura mucho más basada en la esperanza. El papa Francisco, en pleno contexto sinodal, ha subrayado en su mensaje de Cuaresma: “Es necesario ponerse en camino, un camino cuesta arriba, que requiere esfuerzo, sacrificio y concentración, como una excursión por la montaña”. Y es que esperanza y muerte, o mejor viceversa, van de la mano.

Como van de la mano don Carnal y doña Cuaresma. Este Carnaval hemos podido disfrutarlo sin mascarillas en el bus, pasando de niño a niña, haciendo chirigotas de los políticos o reivindicando por encima de todo los derechos del cuerpo femenino. Don Amor ya no conoce límites. Sin embargo, continuamos sufriendo, enfermando.

¿Retornar a la vida bajo los escombros de un devastador terremoto tantos días después? De Ucrania nos llegan relatos tan cruentos como hermosos; y a la anticipada primavera le ha sucedido nuevamente un invierno que hará helarse los frutos, gastemos más en gas o coger cualquier virus por el aire.

Recuerdo, el pasado noviembre, nuestra grata excursión por el desierto de Judea, por caminos, cuestas y roquedos casi imposibles para sillas, los voluntarios tirando de las sillas y volviendo de noche con las linternas de los móviles. ¿Buscábamos purificarnos mediante ascesis? ¿O disfrutar? Seguíamos sus huellas. “¡Oh, no eres tú mi cantar! / ¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar!” (“La Saeta”, Antonio Machado).

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 26 de febrero de 2023).

Nosotros también folgamos

Nosotros también folgamos

Foto www.planetafacil.plenainclusion.org

De “Los poderes públicos realizarán una política de previsión, tratamiento, rehabilitación e integración de los disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos” a “Los poderes públicos realizarán las políticas necesarias para garantizar la plena autonomía personal e inclusión social de las personas con discapacidad”, va un buen trecho. ¿Irá lo mismo del discurso al hecho? Los ciudadanos con diversidad funcional, movilidad reducida o capacidades diferentes, lo somos hoy plenos en derechos y deberes. Nada que ver con el artículo 49 de la Constitución española de 1978, cuando todavía nuestra democracia se encontraba en mantillas.

Tullido, inválido, subnormal… explícito este último en el certificado de minusvalía y en el libro de familia numerosa de mi generación. ¿Tan abuela cebolletas soy? Ahora hay empatía, igualdad absoluta y voluntad a ponerse en los zapatos del otro, de los políticos a los actores. Ahí estuvo por ejemplo Pedro Sánchez, jugando a la petanca o al balonmano en silla de ruedas, uno más entre todos si no fuese… Su estatus es más elevado y no tendría problemas de recursos ni de asistencia, llegado el caso. ¿Nos la quiere dar con caramelos?

Y hablando de paridad, como lo último y más progre parece que es no llevar sostén, Pablo Echenique ha declarado que él tampoco lleva… Y Telmo Irureta, flamante Premio Goya al Mejor Actor Revelación por “La consagración de la primavera” – ¿en homenaje a la obra musical de Igor Stravinski?--, licenciado en Magisterio y aspirante a Psicología, desataba la polémica en torno a la sexualidad de los grandes dependientes: “Nosotros también existimos y nosotros también follamos. Brindemos hoy por un cine más inclusivo y con cuerpos de todo tipo”.

Folgar, holgar, ayuntar, copular, cohabitar, yacer, unirse, aparearse, cubrir… El español es lo suficientemente rico y amplio como para salirnos de la norma de lo políticamente correcto. Y si hablamos de visibilidad, ¿por qué no incluir el extenso abanico de claroscuros de la vida?

Vale, el sí es sí o la ley trans. ¿Y los niños con síndrome de Down, sin derecho ni siquiera a nacer? Ellos también sonríen, juegan, aman, se educan, se conocen, desarrollan un empleo digno, son padres y madres, profesores, actores, si les damos la oportunidad. ¿Hasta cuándo café solo para unos pocos?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 19 de febrero de 2023).

Ellos también sufren

Ellos también sufren

Foto www.ondacero.es

Yo no estuve exactamente allí. Pero intuimos desde el aire Grecia y Turquía, y limitamos al noreste con Siria, un poco más allá de Cisjordania. Unos amigos, el año anterior a la pandemia visitaron Estambul, ciudad cosmopolita por excelencia, con sus mezquitas y palacios, Santa Sofía y Santa Irene, sus especias y su Cuerno de Oro. A veces, cuando disfrutamos la belleza olvidamos el dolor.

Como nos pasó en Israel, íbamos protegidos con las gafas anti atentados. Lo de las últimas semanas ha sido la gota sobre otras gotas que han llenado los vasos y las ánforas. Violencia atroz que no nos hizo olvidar la venganza mortal en Algeciras, ni la guerra y masacre de Ucrania, ni las decapitaciones, anulación y masacre de las mujeres en Afganistán. ¿Y la guerra siria?

Ha sido en la frontera turca siria, ni al norte ni al oeste. ¿No se podía predecir, profetizar? Llevamos una semana sorprendidos, alucinados, sin poder darle fe. Leves réplicas en Italia, Francia, Barcelona… Las imágenes de los medios y las redes nos estremecen. ¿No se pudo evitar? Turquía no es un país muy previsor que digamos; y Siria en su guerra oculta de más de una década. ¿Alguien ha visto instantáneas, vídeos, algo antes del cataclismo de estos días, que parece asolar al planeta?

Bajo cero y sin luz, sin alimentos, los cuerpos entre los edificios, las manzanas, las calles derruida. Pequeños y mayores, ancianos y mujeres, aprendieron a reptar bajo los cascotes y los escombros. ¿Sirve de algo una guerra?

Y de pronto el milagro, el prodigio. La ternura. La mujer que da a luz en mitad de las ruinas; el amor de dos hermanos que sobreviven juntos; un pequeño que bebe del tapón de una botella; el nuevo alumbramiento a la luz después de 40 horas en el  vientre de la noche.

Según pasan los días, la esperanza se achica, quedan menos recursos de hallar supervivientes entre las piedras, la desesperación eclipsa de alegría de encontrar todavía a un ser querido. Al menos, que encontrar a los muertos pueda dar cierto reposo acedo al corazón.

De Oriente a Occidente, de Ucrania a Siria, guerras y cataclismos nos asolan. Y aun con todo, es posible la luz de la solidaridad y la empatía.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 12 de febrero de 2023).

A espada y fuego

A espada y fuego

Unos dos mil israelíes se concentraron en la plaza Rabin de Tel Aviv en la noche el pasado domingo para protestar contra el premier Benjamin Netanyahu. Foto www.infobae.com

Asentamiento: “Instalación provisional de colonos o cultivadores en tierras no habitadas o cuyos habitantes son desplazados” (Diccionario de la lengua española). No conocía bien esta acepción hasta el pasado noviembre, en mi viaje a la Tierra Santa de las tres religiones, según Osama, nuestro guía. “Aquí se fueron asentando, una familia, un grupo, luego con el apoyo del ejército”.

Nazaret, Belén, Jerusalén, daba lo mismo. Eran casas humildes, tierras sencillas de labor que los israelíes se van anexionando y robando a los palestinos, apátridas sin derechos. Así durante décadas. El muro, el maldito muro. Imposible salir de zona cisjordana los coches autóctonos con matrícula blanca, que los diferencia de los coches judíos, de color amarillo. Solo se puede en autobús, de noche o de madrugada, a escondidas. Los cristianos aún tienen posibilidad, con un permiso de su parroquia, si se es varón, en edad de trabajar y padre de familia. No así los musulmanes.

Largas colas de hombres, jóvenes y maduros, volviendo a pie de un duro trabajo, ¿agrícola?, ¿en la construcción?, a las cinco de la tarde, ya anochecido. Inmundicia en las calles palestinas, falta de higiene. ¿Un poco de humus, lechuga con queso y unos dátiles para cenar?

Atentado terrorista en una sinagoga; al día siguiente, tiroteo en el asentamiento Ciudad de David, Jerusalén Este. Un año sangriento este 23, tras la dura pandemia. Heridos y cadáveres de ambos bandos. No nos cuentan todo.

Franja de Gaza, Altos de Golán, campos de minas y alambradas. Al otro lado del Jordán, donde personas prácticamente de todas las confesiones renovamos nuestro bautismo o el respectivo rito iniciático, soldados israelíes con un fusil. Y al pasar a zona judía para la misa en el Gólgota, hacia las cuatro de la mañana, el vigilante se subió al autobús adaptado, en la mano el arma, a pedirnos los pasaportes. Se había producido otro atentado.

Estos días, al contemplar los fuegos y los levantamientos, las manifestaciones y la intifada popular, tras el Domo dorado de David, recordaba el Cedrón y el Monte de los Olivos, y ese punto concreto al amanecer por el que entró Jesús el Domingo de Ramos. El mayor enfrentamiento israelí-palestino desde 2011. ¿Cuándo se nos dará volver a Tierra Santa?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 5 de febrero de 2023).

Valero

Valero

Detalle de  San Valero en el Sepulcro del abad Lope Marco (mosasterio de Veruela. Foto www.wikipedia.org

Me imagino a Valero y a su diácono asistente Vicente en el Concilio de Elvira (Granada, ca 306 d C). El uno tartamudo o con problemas de dicción; el otro traduciendo o intentando transcribir en palabra preclara lo que la fogosidad de su obispo le dictaba. Y después en Valencia, donde ambos defendieron su fe contra la ira física y verbal de Diocleciano, hasta ser separados de por muerte: este brutalmente martirizado; el primero desterrado al Pirineo.

Era tiempos recios, tanto como ardientes de pasión. Quedaba todavía la impronta de María visitando a Santiago y su grupo a la orilla del Ebro. ¿Haría cierzo entonces? ¿Cómo sería de helador el enero del 40?. Desde luego, algo más nieve habría que en Nazaret, Cafarnaún o Jerusalén.

Se documentan varios Valeros alrededor del siglo III de la era cristiana. ¿Nació y fue realmente obispo de Zaragoza? En siglo XI, cuando la reconquista cristiana contra los musulmanes comenzó a tomar fuerza, parece que los restos encontrados en Roda de Isábena eran los suyos. Entre Alfonso I y Alfonso II fueron trayéndose sus reliquias a la capital aragonesa. Con Benedicto XIII (siglo XV), se colocó su precioso relicario en la catedral de La Seo, junto a los de San Vicente y San Lorenzo, nuestros grandes mártires. Cuenta la tradición.

Dos mil años de convivencia y enfrentamientos entre judíos y cristianos, y algunos siglos menos con el pueblo musulmán. Partiendo de Abraham, el tronco común. La primogenitura y el poder van siempre de la mano, y cada cual arrima el ascua a su sardina. Cruzadas, guerra santa, expulsión de los judíos, inquisición, contrarreforma, holocausto, conflicto israelí palestino. La cultura mozárabe y mudéjar o hispano-judía no nos sirvió de mucho. Y la historia continúa.

Puede llamarse Diego, Antonio o Fátima. Porque no va en las culturas o confesiones religiosas, sino en cada persona. Yasin Kanzaa atentó contra dos iglesias. Mató al sacristán, hirió al sacerdote. La Torá, la Biblia, el Corán. ¿En qué versículo se bendice asesinar la vida?

Me imagino a Valero orando y meditando en la iglesia más pequeña de España, paseando por el Pirineo, superándose un día tras otro, envejeciendo. Vicente ya no estaba. No lo tendría fácil luchando contra la soledad y el viento. Como tampoco hoy.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 29 de enero de 2023).

Canciones de mujer

Canciones de mujer

Dinah, hija de Jacob. Foto www.sigueme.com

“Esto es pa’ que te mortifiques, / mastique y tragues, tragues y mastiques. / Yo contigo ya no regreso, / ni aunque me llores ni me supliques”. El ritmo de TikTok de la colombiana Shakira se hizo viral la pasada semana. ¿Despecho a su pareja? ¿Deseo de empoderar a las mujeres? ¿Forma de sacar unos dólares más?

Parece antitético a la conferencia “Palabras de mujer en la lengua española”, impartida por la profesora María Antonia Martín Zorraquino en el campus universitario de Huesca. Palabras como mujer, madre o nodriza son exclusivamente femeninas; otras comparten género, y el discurso de tantas escritoras, reconocidas u olvidadas, ha de tenerse en cuenta. En la misma línea, el club de lectura “Palabra de Mujer”, de la Casa de la Mujer de Zaragoza.

Todo ello me hace recordar el volumen El suicidio o el canto, del autor afgano Sayd Bahodín Majruh y traducido por Clara Janés, poemas de las mujeres pastún en los campos de refugiados de Paquistán. O también Vestidas para un baile en la nieve, de Monika Zgustova, sobre el gulav o prisión de mujeres en tiempo de Stalin. “Entonces empecé a intuir el poder mágico que tiene la belleza para una persona humillada”.

¿En qué condiciones escribió Irène Némirovsky Suite francesa, rescatada décadas después de su muerte en Auschwitz por su propia hija? Y sin irnos tan lejos, ¿cómo fue día a día la redacción de Diccionario del uso del español, mientras María Moliner, ya degradada por el régimen franquista, cuidaba de la casa el marido y los hijos? ¿Por qué María Teresa León, consorte de Rafael Alberti, no ocupó un lugar más prominente, junto a otras compañeras en la Generación del 27?

Rosario Flores nos sorprendió interpretando “¡Qué bonito!” mientras esperaba a su primera hija; y Lucía Etxebariia reflexionó a partir de su maternidad en Un mundo en equilibrio. ¿Identidad sexual? Hombre y mujer escriben y cantan siempre de una forma diversa, y no hay ley ni cultura que lo cambie.

Llevamos dos milenios recordando el Magníficat, un canto de alabanza y empoderamiento de María de Nazaret. Y quizá más olvidando a Dina, hija del bíblico Jacob –junto a sus hermanos varones–. Las nunca el historia tuvimos paridad.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 22 de enero de 2023).

La estrella que pervive

La estrella que pervive

Foto Jesús Alba Enatarriaga

Terminó hace unos días la Navidad y el alto el fuego ruso ucraniano, que según algunas fuentes a pie de campo nunca existió. El 7 ya es día de rebajas, se apagaron todas las bombillitas de los grandes centros comerciales y está ya permitidos hacer el recambio de los reyes que, como es frecuente, llegaron confundidos en sus camellos. Aunque para muchos cristianos es época navideña hasta el domingo siguiente a la Epifanía, en que se conmemora el Bautismo del Señor; y para muchos otros, el 2 de febrero, la Candelaria o Presentación de María y el Niño en el templo judío.

Y, sin embargo, cada una de las tres confesiones que compartimos desde la Natividad al Santo Sepulcro, descubrimos la Estrella en fechas diferentes. A los católicos romanos, los cristianos más jóvenes, nos conduce a Belén el 25 de diciembre; los ortodoxos griegos o del Mediterráneo oriental, regidos por el calendario juliano –nuestro predecesor–, apuntan al 7 de enero; los cristianos armenios, primeros apóstoles en el tiempo, lo celebran cuando nuestra Epifanía.

En cualquier caso, este año dos países, no hace tanto hermanos, no han podido disfrutar en paz de sus doce platos tradicionales, su ayuno ritual ni el despuntar feliz de la primera estrella en la noche. Toneladas de ayuda humanitaria de Aragón hasta Polonia, gestos de acercamiento, empatía, manos que estrechan manos y corazones. Y con todo, el kutia no sabe igual en la distancia, ni la fe hace volver al ya eternamente ausente.

Muchas familias  destrozadas, síndrome de expatriados de por vida, madres huérfanas de niños, esposos separados en dos polos antípodas sin solución de continuidad.

No es posible la paz en estos términos. De mantener las luces encendidas, no son sino anuncio de una noche más lóbrega y tortuosa. ¿Cómo recomponer los añicos rotos a fuerza de misiles y latigazos?

Dicen que el robo de la Estrella de Belén originó la Guerra de Crimea, preámbulo de la Primera Mundial. Hoy, capaces de desvelar exoplanetas, al borde del colapso por la guerra y el calentamiento demasiado rápido, no nos lo podemos permitir. “Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor" (Lc. 2, 22). Este año la Estrella me seguirá guiando durante meses.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldoi de Aragón, "Tribuna", domingo 15 de enero de 2003).

El cuarto mago

El cuarto mago

Mosaico de San Apolinar Nuovo (Rávena, Italia). Foto www.google.com

“La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño” (Mt. 2, 9). Parece que eran persas, y que un mosaico de los tres Magos (Justiniano, siglo VI) salvó la basílica de la Natividad, en Belén de la destrucción. Hablaron de una conjunción de Júpiter y Saturno (desde el 7 a. C.); o de una supernova. Mago se relaciona con la casta sacerdotal del zoroastrismo, y con cierta leyenda irania que relaciona la luz y el fuego de una estrella con el nacimiento de un ser muy especial.

En el Libro de las maravillas (siglo XII), Marco Polo escribe: “En Persia está la ciudad que se llama Sava, de donde partieron los tres Magos cuando fueron a adorar a Jesucristo. (…) Uno de estos fue llamado Jaspar, el segundo Melchior y el tercero Balthasar”. Aunque según parece había una serie de sepulturas de seguidores del enigmático Zoroastro.

A lo largo de la historia ha habido buscadores, científicos, teólogos que han seguido buscando y nos han acercado al rostro y a la ternura de Jesús, recién nacido o ya persona adulta, humanidad y trascendencia unidas. A uno de esos grandes buscadores lo despedíamos el día 5, justo antes de la fiesta  de la Epifanía, en la plaza de San Pedro.

Benedicto XVI, Joseph A. Ratzinger, un hombre de su tiempo. Sufridor de las secuelas del nazismo, colaboró a la apertura de la Iglesia con el Vaticano II para tomar pie en tierra ante sus dificultades. Antor de varias encíclicas y exhortaciones apostólicas, nos ayudó a muchos a descubrir la verdad. El suyo no era el carisma de las masa ni el de la caridad a flor de piel, como en Juan Pablo II o Francisco, sino el de la interiorización.

Se cuenta ya entre los padres y los doctores de la Iglesia. Uno de los mayores intelectuales de los siglos XX y XXI. Tras su pontificado, supo guardar silencio, al igual que San Juan de la Cruz y los místicos españoles, a los que sentía tan cercano.

¿Un mago más? No al modo de Artabán, que se perdió por el camino en socorro de los menesterosos, según el cuento navideño de Henry van Dyke. “… los sabios de Oriente son un inicio, representan a la humanidad cuando emprende el camino hacia Cristo” (La infancia de Jesús). El autor de estas líneas, Benedicto XVI, lo ha sido, lo es, lo será siempre para todos nosotros, creyentes o no.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 8 de enero de 2023).

¿Balance positivo?

¿Balance positivo?

Foto www.freepik.es

Todo diría que ha sido el año que hemos comenzado a superar la dichosa pandemia, al menos el común de los mortales. Si bien los misiles y ataques indiscriminados han ensombrecido Europa, lo que a su vez contrasta con los fastos funerarios de Isabel II, en mitad de una crisis y un cambio de gobierno. La política ha ido desde la radical Meloni, a las leyes y salidas de tono de Irene Montero y de los suyos; mientras nuestro planeta sigue calentándose, los volcanes asolan extensiones y vidas y el “veroño” se impone como algo perenne.

Rafa Nadal continúa superándose y el campeonato de fútbol de Catar marca un antes y después en la atención al público con diversidad de capacidades. Pero no hay luz sin sombras: Sara Khadem ha de apostarlo todo en cada partida de ajedrez, decidida y sin velo, para que a más periodistas no se les decapite por defender derechos universales. Las mujeres vamos avanzando, pero las niñas pueden abortar y los enfermos y ancianos están en su derecho de anticipar la muerte asistida en caso de que su vida sea incurable –para la dependencia y los cuidados paliativos no hay dinero–.

Abogamos para que en otros países en desarrollo se instaure la dignidad. Mientras en el nuestro, solo en diciembre, más de una decena de mujeres han sido asesinadas por quien se supone más las quería. Una de ellas, en Matamala de Almazán (Soria), junto a su pueblo, el de mis padres, y el mío, con quienes tanto he amado.

Rusia, China o Venezuela sueñan con ser potencias, mientras Argentina vira de sentido. Los ricos son cada vez más ricos, y los pobres más pobres. Ni el agua llega a todos. Sigue habiendo chabolas de madera y latón, palacios derruidos por las guerras y personas durmiendo en la calle.

He tenido la suerte de recibir el Premio Moisés Calvo, del Centro Soriano de Zaragoza, en honor a su fundador. De editar mi primera novela sobre la España vaciada. De viajar a Israel y Cisjordania con un grupo de encanto, y he visto violencia, miseria y muros levantados por doquier –palestino es sinónimo de apátrida sin dignidad–.

Y con todo, debemos recibir con esperanza y ternura el nuevo año. Seguir las huellas del Niño de Belén, la estrella o asteroide de esos sabios persas que hemos convertido en Reyes Magos, nuestra luz y guía interior. Seamos positivos. Que todos recobremos la salud, Ucrania y Rusia la paz y el acercamiento, como antaño, y el papa Benedicto XVI nos siga bendiciendo.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", martes 3 de enero de 2023).