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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Poemas.

Te deseo, amor mío

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Te deseo, amor mío, igual que se desea
la luz en la mañana,
el aire para el pájaro,
                                   o el descanso en la noche.
Te deseo, indefensa, como desea el niño
la piel cálida y tersa de la madre,
la leche de su luna, una caricia.
Te deseo, mi amor, cada vez que entresueño
la seda de tus labios por mi vientre
mi mano en tu cabello,
                                     tu cuerpo despertándome.
Te deseo tan hondo, tan adentro
que me estremezco toda en hojas frágiles,
manantial de por sueño y de por vida.
Te deseo en la noche sin ribera,
y aquí, en la madrugada,
para otro hermoso día donde amarnos.
Te deseo, amor mío, en cada luz,
más allá de la espera
                                   y la distancia,
cuando huele ya a lluvia y cercanía.
Te deseo hasta el éxtasis.

(Amantes. 88 poetas aragoneses, Zaragoza, Olifante, 2017).

11/02/2017 01:55 pilmarbarca Enlace permanente. Poemas No hay comentarios. Comentar.

Pájaros de silencio

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1

La rama se ha dormido para la luz más íntima,
en este invierno amplísimo de interiores sin luz.
Y hasta los breves pliegues de las sábanas
rememoran, callados, el sueño de un olvido
que fue vivencia cálida,o primavera
temprana de la espiga. En la ventana,
un río subterráneo que lleva a los abismos
secretos de los seres y las cosas,
duermevela perenne de los sauces desnudos.
El paisaje del alma recordará por siempre
un ocaso traslúcido de principio de lluvias.
No duele ya la muerte en la levedad del éxtasis.

 

11

Se ha vuelto a abrir la puerta de la antesala oscura,
la que lleva al abismo de los muérdagos
y el corazón silvestre de las enredaderas.

 

17

En el aire de agosto
los pájaros silbaban con un rumor de espigas,
convocando a la luz del corazón.
El huso de las nubes iba hilvanando el cielo
y peinaba el ventalle rastrojos interiores.
Violetas, rosas pálidos, arreboles, turquesas,
como un óleo pautado por una mano ingrávida
detrás de la cortina.
Y de pronto, ¿de dónde?, una aureola de luna
entronizando el campo, vuestra tierra
justo antes del Lucero.
No estabais dormidos en el crepúsculo.

(XXXV Prenio Internacional de Poesía Juan Alcaide, Valdepeñas -Ciudad Real-, 5 de septiembre de 2016).

16/09/2016 13:52 pilmarbarca Enlace permanente. Poemas No hay comentarios. Comentar.

E book

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La manzana o el vértigo, o, mejor, un recopilatorio de mi obra.

https://youtu.be/aYNvRZ7CTII

01/10/2015 23:50 pilmarbarca Enlace permanente. Poemas No hay comentarios. Comentar.

Canción de cuna

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Me he sentado a tomar la primavera

apenas comenzada, aquí, en el cuarto

que un día, ya muy pronto, será tuyo.

Difícil resumirte, niña mía,

qué siento en este instante.

Han sido tantos meses, tanta espera

transformándome en vida el corazón,

que ahora, sin quererlo, te acaricio,

aquí, bajo la piel que nos separa.

Está ya preparada tu ropita:

jerséis, pantaloncitos, dos pijamas,

un faldón de paseo, los patucos.

Ayer compré el osito de las orejas rosa.

Llegarás a esta luna en la estación más bella,

cuando las hojas brillan por el sol que traspasa

el corazón del mundo,

y el aire es un arrullo tibio y suave.

Te has movido un poquito, entresoñando

salir hacia esta brisa de crepúsculo

que caldea la piel y la esperanza.

Y me siento, hija mía, entre dos sendas,

la que anduve sin ti y esta ribera

que nace con tu vida, con tu voz,

o esa forma tan tuya de modelar el mundo,

ahora ya, en mi vientre.

La sombra ha ido cubriendo, blandamente,

la cuna, la canasta, los peluches,

los cálidos rincones de tu cuarto.

La espera ha sido larga. En el otoño

aún no te sabía. Lentas noches,

oscura incertidumbre, y la esperanza

de dormirte, algún día, entre mis brazos,

tan bella, tan gordita, tan oliendo

a cuerpecito frágil, tan graciosa.

Hace ya primavera, y reconforta

esta íntima brisa de crepúsculo

caldeando mi piel, tu casa, el sueño.

Han sido largos meses. No es posible

recordar, uno a uno, los instantes

en los que fui queriéndote, presintiendo

este río interior que nos enlaza.

Me he sentado a tomar este rescoldo

de vida, de ternura, de presagios

fecundos y hermosísimos.

Compraba hoy un babero, y la camisa

del pícaro gusano en la manzana.

Está todo dispuesto. Bien llegada.

Hace luna creciente, y se ilumina

tu cuarto de un color suave, entrañable,

y me voy reposando, dormeciendo,

traspasando el umbral de tu venida

a la estación ya plena de las lluvias.

Bien nacida, hija mía, a esta esfera

de tierra y luz, de aurora y horizonte.

Tienes toda una vida, todo un sueño

hecho carne, y estrellas, y esperanza.

(Habitando el Olvido. Cuentos y Poemas, Cuaderno Literario N.º 22, Iniesta –Cueca–, 2015. Segundo premio XXIV Certamen Literario Villa de Iniesta de Poesía).

01/06/2015 13:12 pilmarbarca Enlace permanente. Poemas No hay comentarios. Comentar.

De cine

Hacía primavera en torno nuestro.

Salíamos del cine, ¿de los Goya?,

pletóricos de luna y sensaciones

a flor de corazón.

La gente iba dejando en el armario

abrigos y crepúsculos.

El aire iluminaba las miradas.

Qué grato era sentir todo en su sitio,

los nombres, las historias, o aquellos personajes

en la frontera misma de la vida y la magia,

sencilla, de los cuentos.

¿Recuerdas?, sucedía en la Argentina,

bajo la piel más pobre del planeta

y los astros más puros.

Los padres, la otra hermana, el visitante,

o ese joven ingenuo que iniciaba

su marcha hacia un espacio hermoso, digno.

Salimos de la sala con regusto

a vida y plenitud.

Y fuimos paseando, calmamente,

a hacer unos recados:

la tienda de deportes, la de música,

y luego el hotelito aquel, tan de otra

estación, presentida sólo en sueños.

Citado nos hubimos con dos buenos poetas,

de esos seres que exhalan océano y penumbra,

y amor, y oscuridades, y promesas.

Hablamos de lo humano y lo celeste,

del alma de las cosas, de esa historia

vivida en plenitud en la pantalla.

Cada cual ocupaba su lugar,

y era grato sentirse, así, entregados

al aire de la tarde, a la existencia

aceptada en su hondura en cada esquina,

en cada pliegue mínimo y su noche.

Nos fuimos, lentamente, paseando

por calles y recodos, y placitas,

hacia El Ángel Azul.

Subía un suave aroma a desperezo,

a plácida terraza, a cielo libre,

a zumo de naranja y confidencias.

Las mesas agrupaban, una a una,

miradas y susurros, cuerpos cálidos,

silencios modulados levemente.

Te presentí cansado por momentos.

¿Qué nubes empañaban aquel claro de luna

que se nos daba pleno, rebosante,

una tarde cualquiera del mes de la esperanza?

¿Acaso fuera el curso?, ¿tanta urdimbre

incierta de futuro?, ¿o la hojarasca

que te iba ya rugando el corazón?

A veces, bien lo sabes, no responden

cuando, henchidos de luz y de ternura,

llamamos a una puerta. Te iba hablando

de aquellos sueños puros que nacieron

en un viaje reciente. Vislumbraba

como un lugar propicio a lo más íntimo,

a una espera fecunda, al despertar.

Cada cual habitamos un pequeño

universo de amor y atardeceres,

y te ibas tú venciendo por llegar

a esa luna interior que iluminaba

extrañamente el bar, las formas, los rincones.

Charlando, sin sentirlo, se hizo tarde

y tomamos un taxi de retorno

a la casa, a la noche, a los quehaceres,

al entorno real de cada hora.

Fue un ocaso feliz, hoy remansado

en un sabor a entrega y armonía

grabado a vida y fuego. Estaba plena

la luna aquella noche.

Hacía ya principios de verano,

allá, en el corazón.

 

(Primer Premio Nacional de Poesía “Acordes”, en su XXIII edición, Espiel --Córdoba--, 24 de abril de 2015).

23/04/2015 13:34 pilmarbarca Enlace permanente. Poemas No hay comentarios. Comentar.

Carta de ceniza enamorada

A Aurora

Pasé a tu casa, cálida, a llevarte
un crisma y un abrazo de esperanza.
Y apenas si me dejas retornar.
Había en la salita libros, música,
y la tele encendida a media voz.
En la mesa, recuerdo, un libro abierto
no leído aún, en el silencio
de aquel tiempo tan lento en soledad.
Y el retrato entrañable de los hijos
coligando de los muros, de tu centro.
Todo tan bellamente modelado
como cuando esbozabas, línea a línea,
un alma en luna nueva en cada alumno.

Comenzamos a hablar de nuestras cosas,
mientas ibas sacando turrón de chocolate
y tu yo más genuino y luminoso.
Me soñabas María, reclinada
a los pies del Señor, o introspectiva
eh un mundo de luz y sombra en esperanza;
cuando tú te sabías azarosa,
siempre envuelta en afanes y fatigas,
entregada al desvelo por los otros.
¿Sentías cómo el tiempo se te iba deslizando
de entre tus manos fértiles, abiertas,
a tu imagen y ensueño, en tanto corazón?

Estaba, de verdad, bueno el turrón,
con ese sabor tierno
a una paz degustada lentamente.
Llamaron a la puerta. Era Miguel,
que quiso compartir nuestros ensueños
nacidos al calor de lo más íntimo.
Sencillo y silenciado por esa voz profunda
que os fue sumergiendo en el deseo,
seguíamos charlando en la salita,
que tardecía ya tras los visillos,
al tiempo que se iba caldeando
espacio y corazón.

                                 Y tú temías
se me fuera nublando la mirada
al contemplar desnuda tu tristeza,
aquel hondo desierto que te hacía
olvidar por instantes la esperanza.
¿Acaso no sabías que la luz
discurre lentamente, como el agua
que fecunda el espíritu y los troncos,
hacia aquellos que amamos? ¿No querías
para mí lo mejor del universo?
¡Cómo iba a ser de noche al lado tuyo!

Pasaron tres inviernos todavía,
más lenta la existencia, y más profunda
esa noche interior que te embargaba.
La luna, silenciosa, fue empañándose
en tu mirada gris, ternura y sacrificio.
¿Seguía en la salita aquella luz
que se iba en ti apagando hacia el crepúsculo?
¿En qué página en sombra ibas leyendo?
Te sé en largas vigilias sin frontera,
asomada a un abismo de temores
y opacas claridades.
                                   Te siento semioscura,
luchando por abrirte a nuestra luz
con un calmo deseo de esperanza.
Silenciosa y ausente,
perdida en tu penumbra, en tu desmayo.
Iría yo alejándome
de tu interior en desarraigo y niebla.
Apenas si se abrían las palabras,
de tanto que guardaba el corazón.
La mirada se te iba anocheciendo,
cada vez más profunda y más hermosa,
madura y despojada en el silencio.
Y te ibas tú apagando hacia la luz.
No sabía expresarte,
ni dar forma concreta a aquella espera
que sentíamos triste y tan cercana.
Y me fui distanciando de tus ojos
de lluvia y corazón.

Pasarían las lunas, los meses y estaciones,
y una noche sentí que te marchabas
–algún ángel
debió de susurrármelo entre sueños–.
Y desde entonces siento tu presencia
en cada instante mínimo.
¿Has estado inspirándome al oído?
Ahora, que de nuevo
florecen las raíces y las hojas,
recuerdo con ternura de hija amada
aquella Navidad tan entrañable
que ha quedado por siempre, como estrella,
aquí dentro, del lado de la luz.

(Segundo premio II Certamen Bienal de Poesía de Carmona “Peña cultural Los tranquilotes” --Carmona (Sevilla), 21 de mayo de 2014--).

18/06/2014 00:24 pilmarbarca Enlace permanente. Poemas No hay comentarios. Comentar.

Poema Del Verbo y la Belleza

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XI

 

Mecía a la muñeca entre las lunas

chiquitas de sus brazos.

                                       Los cabellos

bañados en un polvo de luciérnagas.

La carita irradiaba en luz de aurora.

Nacida en la ribera, algún buen día

halló a la compañera de penumbras

envuelta en trapos sucios y entrañables.

Y el alma se le haría toda miel.

Le puso un nombre cálido: María,

sencillo como el barro,

                                     o esa marea

de vida en lo más íntimo.

Transformó en calideces sus harapos,

en panes compartidos

                                    la tristeza.

Y así, muy lentamente, como lluvia

caída en el otoño,

fueron las dos creciendo en corazón.

Había madurado en breves soles,

y ahora presentía en lo más hondo

la estación de las dádivas.

Curvándosele el cuerpo

                                      en gravideces

por detener intacto el paraíso.

Llegaba ya a esa edad en que los sueños

se quedan sólo en sueños

                                         añorados,

y el alma es un jirón de lo real.

La vida le esperaba, plena en lunas,

y oscuros recovecos,

                                  y presagios.

Y el juego se hizo carne verdadera,

belleza compartida,

                                espera hermosa.

 

(Del Verbo y la Belleza, Madrid, Ed. Setelee, 2012).

24/05/2012 14:21 pilmarbarca Enlace permanente. Poemas No hay comentarios. Comentar.

La luz escondida (Una poética de los ángeles)

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Hay una zona oscura en mi epicentro,
un agujero cóncavo que lleva al paraíso
desterrado por siempre de mi infancia.
Una herida cerrada en superficie,
pero que sigue abierta en mi más íntimo cielo,
donde callan los pájaros.
No me quiero morir para la eternidad.
Tengo sed de absoluto y de belleza.
Sin embargo, hay siempre un sin embargo,
una intuición precoz que me anuncia la sombra
más hermosa del mundo,
la estación en penumbra de los acantilados
que parecen abrirse a un vacío de estrellas
y formas y pronombres.
Fugaz vacío solo.
Porque detrás,
                        al fondo,
                                       en la otra orilla
se presiente el edén de los desposeídos,
la luz inaugural de los primeros ángeles
que dejaron de serlo
para nacer de un vientre de mujer.
No me quiero morir.

                             (Pájaros de silencio, inédito).

10/01/2011 02:22 pilmarbarca Enlace permanente. Poemas No hay comentarios. Comentar.

Ribera de la aurora

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La cueva era sencilla:

ni tan siquiera un ánfora

                          donde guardar el vino,

las pajas de un pesebre te servían de estera.

Un varón te velaba,

y una joven

            curvada hacia su luz más íntima

te mecía con manos silenciosas. 

Prendada para siempre a tu ternura,

aquellos que escucharon de mi boca

la hermosa profecía

                    quedaron como absortos,

tu madre sonreía allá en su centro.

 

Te dejé como ofrenda cuanto entonces tenía:

un pedazo de pan

                 y esa flor de las nieves

que en el monte creciera.

Había en el ambiente algo sagrado.

 

                         (Flor de agua).

 

Imagen: Iglesia de los Pastores, Belén.

25/12/2010 02:48 pilmarbarca Enlace permanente. Poemas No hay comentarios. Comentar.

La manzana o el vértigo

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Sólo si tú me miras la luna cobra sueño
y se tiende, tranquila, en mi regazo.
Sólo cuando sonríes es más hermoso el aire.
Tus ojos se me posan tan adentro
que parecen dos lagos, en el útero fértil
de la tierra, entreabierta a tu pasión.
¿Quién inventó el amor?
                    ¿La manzana o el vértigo
sagrado de la vida hacia la vida?
Repósame tu piel, lenta, en mis pechos,
y que toda tu savia se me estremezca honda
como un inmenso abrazo sin orillas.
Sólo cuando tus labios me acarician
se entreabre la flor, y te sé ya tan íntimo
como la luz y el aire que nos nutren.
Si te abrazo, poseo ya todo el horizonte,
y los límites últimos, y la esencia.
¿Quién poseyó el edén, sino quien ama
hasta el mítico centro de la tierra?
Sólo cuando mis manos se reposan
en tu rostro de almendro,
                                  o en tu vientre,
se recrea la luna en mi interior.

 

Sólo cuando te amo,
                            y tú me amas,
se desvela el secreto de las estrellas últimas,
de los dioses lejanos, de la vida, tan nuestra.
Soy tuya, tú eres mío,
y no hay tierra, ni mares, ni montaña profunda
que no nos pertenezca.

Sólo si nos amamos, tan sin fondo,
desde la nuca al pie,
                            del vientre hasta los labios,
es nuestro el universo.

                      (La manzana o el vértigo).

13/11/2010 02:25 pilmarbarca Enlace permanente. Poemas No hay comentarios. Comentar.

El corazón en vilo

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La Encarnación, Ávila, 6 de julio de 2002.

Obertura

Otrora en esta celda, en este sencillo
corredor silencioso,
te confesaste, Madre, aquella aurora
al vadear la luz.
Ni vuelo de palomas, ni visiones
venidas de ultrasueño.
Sólo unas rejas pobres, y una voz recia
y al tiempo delicada.
Te dolía de vida el corazón.
E irías devanando, uno a uno,
los silencios más fértiles, las pasiones
ardientes del espíritu y la tierra.

Revestida en sayales y ese débil
resplandor indeciso de más allá del alma,
te fuiste enterneciendo
tan cálida y menuda, casi niña
en las manos sin sombra del Amado.
Que son muchos las puentes y posadas,
y luengos los caminos, de Medina a Becedas,
y la tierra cansina, y los huesos deshechos
de tanto trasmontar palomas y altozanos.
Que si aquesta licencia, o esotra dote,
y aposenticos nuevos donde fundar los sueños
piedra tras piedra, y vida, y esperanza.
Y el hálito tan tibio de un vencejo, cuidando
no desvele el sosiego de alguna hermana enferma.

Por eso, a la mañana, cuando nadie trajina
por el secreto cuévano de tras de las murallas,
el silencio se aquieta, y se te hace remanso
tu dolor más oscuro.
Las aguas y los pájaros en un instante mínimo.
Y la mirada, en lluvia, se te va entredorando
de tanta vida en torno, y tanto centro
despojado, desnudo, y tan hermoso
como el susurro calmo de esta luz

que caldea mi aliento, aquí, a los pies del banco,
enfrente de esas rejas donde un día habitaste.
Confieso que he vivido y no he amado
hasta agostar la fuente.
A veces, el camino se hace angosto
y se nos caen las alas,
la flor entreverada de cerezo
y pasión por la vida. Y es más arduo
vadear cualquier puente, toda senda
que lleva a un corazón desvencijado.
Se encienden las hogueras más antiguas,
esas que prefiguran visiones de la noche
en el espejo roto de las almas.
He ido alimentando el desaliento,
el miedo, la ceguera,
hasta verme varada en esta orilla oscura.
Y he degustado el gozo hasta las lágrimas.

Han tocado ya a paz. En este cuarto mínimo
iluminado apenas por un soplo de luz,
las dos, mano con mano, en remanso los ojos
más allá del escaño o de la silla.
Y en el centro traslúcido de la morada última
la certeza indecible de sabernos amadas.

13/11/2010 02:19 pilmarbarca Enlace permanente. Poemas No hay comentarios. Comentar.

Se está muy bien aquí. Historia de una amistad

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Las diez cuarenta y dos

de un viernes, diez de junio.

Es intenso el trabajo en esta noche,

y mientras voy leyendo

un halo de silencio se despliega

en torno al corazón.

Quisiera penetrar

la sombra que me brindan estas páginas,

sentir bajo mis pies el suelo duro.

La lámpara conforma los contornos,

y en esta hora tibia

tan sólo soy feliz.

13/11/2010 02:01 pilmarbarca Enlace permanente. Poemas No hay comentarios. Comentar.

Flor de agua

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Sucedió en Galilea, un hermoso crepúsculo.

Comenzaba la sombra a oscurecer las aguas

y se fueron marchando quienes, momentos antes,

te escuchaban absortos.

La luna iba surgiendo lentamente en el lago.

Me quedé yo a tu vera, como el niño que teme

apartarse un instante del regazo materno.

Asomaba el cansancio a tu semblante.

Yo fuera para ti, desde una luz antigua,

esa eterna mujer a quien siempre tendiste

la mano y la esperanza:

la niña entristecida,

                         la enamorada esposa,

o esa madre ya entrada en la estación del luto.

Reposé mi cabeza en tu silencio.

La luna iluminaba las adelfas.

Sabías tú muy bien de ese anhelo frustrado

de amar y ser amada,

con mi centro en penumbra

                              y mis deseos puros.

Tendidos en la hierba, veíamos la luna

penetrar en el lago,

como una red de ensueño que envolviera el espíritu.

De nuevo se me daba, ribera de la sombra,

la entrañable certeza de sentirme querida.

Ceñiste suavemente mi contorno

y el alma se me abrió, como un fruto granado.

La noche se impregnaba de aroma a nardos nuevos.

13/11/2010 01:52 pilmarbarca Enlace permanente. Poemas No hay comentarios. Comentar.

Historia de amor en Florencia

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LISA HABLA CON LEONARDO

AL CABO DE LOS AÑOS

 

Con este traje oscuro, 

                          despeinado el cabello,

y una tenue sonrisa,

posara para vos una mañana

bajo este azul profundo de Florencia.

Las rosas,  el estanque,  los árboles floridos.

Me fuisteis desvelando

vuestra infancia dichosa, vuestra melancolía,

vuestro anhelo insaciable en todos los saberes.

El sol iba cayendo mansamente en los setos,

se posó la tristeza en vuestros ojos.

Al fondo del jardín, entre esas dos columnas,

os recordé a la madre que un día os comprendiera.

Mientras cobraba vida mi retrato en la tabla,

creciéronnos los lazos que todavía hoy

nos mantienen unidos.

13/11/2010 01:29 pilmarbarca Enlace permanente. Poemas No hay comentarios. Comentar.

Epifanía de la luz

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A mi madre.

Brillaba la mañana.

Venia la marea, con sus copas teñidas

en la espuma del viento.

Y tú permanecías silenciosa.

Tu mundo era pequeño:

la casa, los paseos por el sol del verano

y aquel rincón tan intimo

donde tenían vida las sombras de los cuentos,

donde la luz caía.

Pero algo te impulsaba

a aquella comunión con otros seres,

y te quedabas triste cuando se habían ido.

Tu madre, aquellos párpados de azucena y escarcha,

siempre estaba contigo:

compañera en la noche del desvelo

y a la sombra apacible de los días felices.

Y luego llegarían las figuras soñadas,

instantes que se pierden por linderos de niebla.

Y sentada a la orilla,

esperabas los ecos de otros mares lejanos.

13/11/2010 01:17 pilmarbarca Enlace permanente. Poemas No hay comentarios. Comentar.


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