Blogia

La lampara encendida

Extraños visitantes

Extraños visitantes

Foto iglesia de san Apolinar el Nuevo, Rávena

Eran persas sansánidas, venían del oriente, discípulos de Zoroastro, como muchos seguidores sepultados en la ciudad de Sava, según escribiría Marco Polo. Época de Justiniano, siglo VI, todo fue destruido, excepto la basílica de la Natividad, en Belén, por aparecer en uno de sus muros las figuras de Melchior, Jaspar y Balthasar, estudiosos del cielo y buscadores de estrellas.

Escucharía los cascos de sus camellos en casa de los tíos, de pequeña. No buscaban de propio al Mesías. Nueve meses antes de su nacimiento parece que hubo un fenómeno astrológico fuera de lo común, y como buenos magos o sacerdotes persas se pusieron a analizarlo y a seguirlo. Esperaban a un dios, Ahura Mazda, la llegada de un reino de justicia, la diferenciación de un espíritu del bien de otro del mal, y unas cuantas ideas que hoy diríamos excéntricas, hijas de una cultura antiquísima.

Al cabo de la luz deslumbrante los sabios encontraron solo a un niño en un pesebre de piedra, con sus padres, muy pobres. Increíble. Mateo lo relata en su capítulo segundo, versículos del 1 al 12. Esto y algunos textos apócrifos, como el Pseudo Mateo o el Evangelio de la infancia, cristianizarían y popularizarían el acontecimiento, en un principio pagano y al mismo tiempo universal.

Sea como fuere, en esta noche mágica  pido a los tres magos de mi niñez remota el regalo de la paz. Que el oro del poder y de las armas no acrecienten las más de veinte guerras que asolan y destruyen nuestro planeta; ni la ruso ucraniana; ni la de Oriente Próximo, que se va engrosando más y más –la israelí palestina ha pasado al Líbano, el Yemen, Irán, Siria…–.

Que el incienso sea más que un don espiritual, y  unifique posturas encontradas, izquierdas y derechas, conservadores y republicanos. Que inspire a más líderes gobernantes que, aun cuando centenarios, nos dejen su legado de coherencia, dignidad y bien común.

Y que la mirra, aloe o sábila, cicatrice heridas de persona a persona; y que sane a muertos y a vivos, como la losa sacra donde embalsamaron a Jesús. Y que la oxitocina, hormona del amor y la ternura, prevalezca sobre el cortisol, que inflama voluntades y naciones. Os lo pido esta noche en oración.

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 5 de enero de 2025).

Balance y esperanza

Balance y esperanza

Foto Jesús Alba

Pasar de página el calendario siempre me produce cierta tristeza, aunque luego el año venga pletórico. “El plátano, de firmes abrazos contenidos / y profundas venas o raíces de savia milenaria, / es como tú, papá, / entregado a la vida y sus vaivenes / sin reposo ni  sombra”.

El 10 de marzo comenzábamos el periplo, con la presentación de El penúltimo ocre en el hotel Zenntro.  María Antonia Martín Zorraquino, Manuel Martínez Forega y el acompañamiento musical de Carlos Vicén. Doce días después vestíamos  de largo el poemario en el Centro Soriano, con mi también  antiguo profesor Jesús Rubio Jiménez, que resaltó la raigambre de cada árbol familiar con las tierras sorianas, así como su nostalgia-melancolía.

Eventos literarios y aniversarios familiares fueron entremezclándose. El 3 de abril mi padre cumplía sus primeros 90; y diez días después mi pareja y yo celebrábamos nuestros 25 con una espléndida comida con las dos familias, junto a la acción de gracias en el Pilar. Y el 4 de ese mismo mes presentábamos Cada otoño migran las golondrinas en la Casa de Soria en Madrid. José Luis Gracia Mosteo, José Carlos Álvarez y Luis Guitarra. “Tenía una auténtica necesidad de retomar la pluma, o el teclado. De volver a la historia de mi abuela Federica, allá en el pueblo”.

A la semana justa, el 11 de abril, lo comentaría Miguel Mena en nuestro Centro Soriano. Parecería un año de círculos concéntricos. Y lo mismo en el ocio y en nuestro circuito pirenaico: de Lourdes a Huesca y de ahí a Formigal  –que incluiría otra vez Lourdes, el Portalet, Pau o Panticosa–. En estos 365 días varios compañeros se han jubilado, volvimos a reunirnos y visitamos nuestra antigua facultad, remodelada.

Y volver a empezar o a abrir el círculo. Día del Libro, ferias de Zaragoza y de Madrid. Y ahí saltó la chispa: Verbum reeditaría Flor de agua, uno de mis primeros poemarios, en octubre. Sería el 23, en el marco del Festival Internacional de Poesía –José Luis, José Carlos, Luis Guitarra–. La sorpresa esperaba en la Casa de la Iglesia el 29 de noviembre, con  María Antonia, Antonio Mas, Juanjo Hernández y Luis. El amor podía respirarse en la sala, como el incienso de Gaspar, como el Espíritu.

“Son muchos los instantes compartidos / en llanto y alegría, penumbra y plenitud, / los verbos entredichos al fondo de la sombra, / las claves descifradas en todas las edades”. ¿Y el 25? El Año Jubilar de la Esperanza.

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 29 de diciembre de 2024).

Aquellas navidades

Aquellas navidades

Foto archivo familiar

Juan abría y cerraba sus manitas para imitar el parpadeo de las luces del árbol del patio. “Po po, po po”. Dos años antes, fue la primera vez que mis hermanos tuvieron que dividirse entre una y otra familia. Las mismas navidades que viví con mi pareja, embriagada de amor con el primer beso. Las últimas que los tíos pudieron celebrarlas en la casa.

Antes serían las navidades de la tesis, y de fin de carrera, aquellas en las que tenía la pesadilla de que siempre colgaba alguna asignatura sin aprobar. Y antes los cotillones con Disminuidos Físicos de Aragón y algunos amigos, y con Auxilia, que nunca me llenaron porque para mí el cambio de año era otra cosa, no exenta de nostalgia. Y aquellas maravillosas navidades en Viena con Taizé, bailando el vals en lugar de tomar las uvas.

Y mucho antes, Martes y Trece en la tele, y las veces que echaron La historia interminable o Sonrisas y lágrimas, o los payasos; y las veces que mi padre volvía de viaje en el coche correos por Nochebuena, que antes ni eso, con su maleta de madera.

Y retrocediendo en el tiempo, cuando escuché a los Reyes en casa de los tíos, y me trajeron a mi muñeca Maribel, la más querida y casi única que tuve, y aquel acordeón. Pepe, un joven estudiante, creo que cordobés, estaba a pupilo en su casa y tuvo la ocurrencia de escribirme tres cartas de respuesta en tres tintas diferentes.

Y cuando cantaba villancicos con una botella con la tía. Y cuando veíamos la tele en blanco y negro. Y cuando en la gimnasia nos poníamos todos junto al árbol, yo de pie. Y cuando me recuerdo en mi cuna, en la cocina, con una cunita naranja de muñecos.

Todos tuvimos una infancia y unas navidades diferentes, más entrañables, ingenuas. Fueron nuestro origen, nuestra educación sentimental. De ellas dependen hasta cierto punto nuestra visión de la vida y actitudes, nuestra noche oscura o esperanza. Muchos tuvimos suerte. Hay quien se siente triste, porque en estas fechas de luces y estrellitas despidió a un ser querido, o porque hay vacíos en la mesa. Y aun con todo, el Niño Dios sigue naciendo en medo de la guerra y en la más plena alegría.

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 22 de diciembre de 2024).

Superválidos

Superválidos

Foto Francisco Jiménez / Heraldo

Inválido, minusválido, maxi válidos, como nos definía mi amiga, la deportista y polifacética Gema Hassem-bey. Me quedo con capacidades diferentes. Y hablando de capacidades, la semana pasada se celebraba en Zaragoza el 40 aniversario de la asociación nacional de personas de alto coeficiente intelectual Mensa España, con 600 miembros asistentes.

Hablan de distintos coeficientes de la mente. ¿Cómo calibrarlos? Mis abuelas y abuelos me consta que fueron inteligentes, trabajadores y astutos al mismo tiempo. Y mi bisabuelo Frutos en concreto, ciego por glaucoma de mayor, subía y bajaba a sus anchas las calles de Velamazán sin tropiezo alguno, con un simple garrote y en abarcas.

Me han dicho que mis padres destacaban en la escuela; y a mi madre le regaló la señorita un juego de los Pecados Capitales, similar al juego de la Oca, pero con dibujos de serpientes y escenas de vicios y virtudes. Ahí están las oposiciones a Correos y Telégrafos, que se sacó mi padre en un pis pas, sabiéndose de memoria hasta la fecha cada pueblo de España; o sus tres años de Derecho. Y ahí tenéis a mi madre, cocinera, peluquera y modista de familia y  de guardia, psicóloga, fisioterapeuta… Mi madre y mi tía, “sensus fidei”, un séptimo sentido.

Sus tres hijos, doctores. A uno de mis hermanos le costaba algo más, al otro le bastaba con atender en clase. Y a mí con 5 años me dio por descifrar el universo, dictar poesías que me aprendía de memoria; de dónde viene el alma de los niños, le pregunté a  mamá. ¿Era lógico relacionar la flor de la pasionaria con las espinas que  le clavaron a Jesús? Muchos años después me seguía sintiendo un bicho raro.

Mis sobrinos, súper inteligentes para su tía. Siempre destaca uno en dibujo, el otro en gustos culinarios, la niña en diseñar las camas y los vestidos de las muñecas y sus primeros pinitos en maquillaje. Mami, inventaré una vacuna para no morirnos, 4 añitos. Aprendió a leer solo fijándose en su hermano y todas las banderas del mundo. A los 5, comenzó a encuadernar sus poemas en un librito. Ahora sigue buscando sus estrellas interiores y avanzando en sus estudios de Ingeniería.

No sé si mis sobrinos son superdotados, pero sí muy queridos.

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 15 de diciembre de 2024).

Al soplo del Espíritu

Al soplo del Espíritu

Foto www.lourdes-france.com/es

El otro día presentábamos la reedición de Flor de agua (editorial Verbum, Madrid) en la Casa de la Iglesia. Comienza el libro con estos versos: “Nazaret, humildad de huerto y de morada, / donde el sí de María deslumbrara al Lucero / e hiciera germinar la sangre del Cordero / en su vientre de joven muchacha inmaculada”. Soneto con el que felicitaba la Navidad al mes de regresar de nuestra peregrinación a la Tierra Santa de las tres religiones monoteístas.

“Je suis l’Inmaculée Conception”, palabras que escucharía Bernadette de labios de ‘Aquerò’, la Señora, al poco de que Pío IX proclamase, en 1854, el dogma de la pureza de María desde su gestación en el vientre de Ana hasta su tránsito. Joaquín y Ana, los abuelos de Jesús, no podían tener hijos, y durante un retiro de Joaquín al desierto su esposa quedaría misteriosamente encinta (según el protoevangelio de Santiago). Tradición que algunos biblistas relacionan con el nacimiento del profeta Samuel –su madre, también Ana– (1 Reyes, 1), y de Juan Bautista, de Isabel y Zacarías, sacerdote del templo.

Sea como fuere, el encuentro entre María y su prima Isabel, en Ein Karem, debió ser muy entrañable: “Me encontraba yo hilando, como todas las tardes, / cuando tu madre entró. / Un hornillo de barro, unas tinajas, / la artesa para el pan. / (…) / Habría de cumplirse la promesa”. Una larga tradición ha reunido en una misma escena a María y el ángel Gabriel: “Sea en ti la alegría. / No temas, que una sombra / de lirios y palomas circundará tu cuerpo, / concebirás la luz, y un nuevo ser / encenderá tu espíritu”.

Hoy la Iglesia católica distancia unos 15 días –del 8 al 24– ese sí incondicional y la pureza de la entrega del nacimiento de Jesús. “Frontera de la aurora, un establo sencillo, / dejado por completo de la mano del hombre, / nos sirviera de albergue. / Era áspera la tierra en que viniste al mundo”. Siempre creí que era establo y casita o choza de madera y adobe, como en los belenes y en el pueblo de mis padres. Pero no, era de piedra, piedra de sacrificio e inmolación de corderillos inocentes.

Difícil comprenderlo en una sociedad donde la opción por la muerte, en la génesis y al término de la vida, o ante una barrera que se ve infranqueable, se tiene como derecho humano, libertad conquistada y progreso.

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco",  domingo 8 de diciembre de 2024).

Un día en el que todos

Un día en el que todos

Foto https://elegirhoy.com

El próximo martes el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Recientemente me llegaba esta información: “La Confederación ASPACE pide en el Congreso compromiso con las personas con parálisis cerebral para garantizar sus derechos y una vida independiente”.

Ante la Comisión para las Políticas Integrales de la Discapacidad, la presidenta de Confederación Aspace, Manuela Muro, exige concienciación y apoyo de la administración –esta cubre tan solo el 60% de una plaza residencial–; la implementación real de la asistencia personal, dentro de la estrategia de desinstitucionalización del Ministerio de Derechos Sociales; mayores recursos que faciliten el acceso a la educación y el empleo, ayuda a las familias, etc.

Las personas con parálisis cerebral, en general, somos grandes dependientes, y son muchas las que precisan atención especializada las 24 horas del día. Estrella logró licenciarse en biblioteconomía y ser madre; pero hay otros compañeros con enormes dificultades de movilidad, comunicación e incluso diversidad funcional cognitiva.

El lector sabe ya de mis periplos. Nací diversa; autodidacta casi hasta cursar Estudios Primarios y Graduado Escolar, Bachillerato a distancia, Filología Hispánica presencial. Amigos a partir de los 14, nueva normalización gracias a la asociación Auxilia y la parroquia de Begoña. Mucha lucha, y esfuerzo –8 horas de examen en Siglo de Oro, por ejemplo–. Y capear temporales, y cabezonería aragonesa, y altibajos y crisis, y barreras y superaciones, y montes Tabor. Y aun así…

Dentro del espectro de la diversidad funcional, las personas con parálisis cerebral llevamos las de perder. “Anda, vete a dormirla”–una vez que llamé a información telefónica–. “Toma un caramelo, bonita”. “Te acerco a esa farmacia y que venga a buscarte tu papá” –solo preguntaba por el nombre de una calle–. “Usted vendrá de oyente, señorita”, me dijo el primer día de clase uno de mis profesores más queridos.

Podría contar mil y una anécdotas, a modo de Sherezade. Del más sencillo funcionario, a un responsable de la policía o los políticos, ignoran muchas veces nuestras capacidades y derechos. Siempre estamos a tiempo para ver.

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora

(Heraldo de Araragón, "Tribuna", "El foco", domingo 1 de diciembre de 2024).

¿Pública o privada?

¿Pública o privada?

Foto Europa Press

Habitación n.º 64 del hospital San Juan de Dios de Zaragoza. Mi madre estuvo dos días hospitalizada a consecuencia de mi parto. Estancia por día: 125 pts.; quirófano: 250 pts.; material de curas y medicaciones: 212 pts. Total: 712. Un dineral entonces para mi padre, que acababa de sacarse las oposiciones a Correos y Telégrafo; un funcionario del Estado sin seguro médico alguno. Al menos, fuimos atendidas en una clínica de ciudad, y no por la partera del pueblo. Aunque no nos librase de la ignorancia, a falta de pruebas previas, y el sufrimiento perinatal que derivó en parálisis cerebral infantil.

Las frecuentes visitas al médico de niños o pediatra, Dr. Vallés, y las continuas inyecciones, practicante y vitamínicos, entre ellos el Calcio 20, así como la gimnasia o fisioterapia que nos daba la señorita María Pilar, en la plaza San Francisco, corría a cuenta del bolsillo de mis padres. Creo que se trataba de una sociedad médica privada, la Unión Médica, que los pacientes debían abonar en su totalidad. Hasta 1975, yo ya adolescente, no se creó Muface, Mutualidad de Funcionarios Civiles del Estado,  y empezaron a cubrirnos las espaldas. A mi padre le tocó Adeslas.

A partir de ahí, no es que todo fuese miel sobre hojuelas, pero sí comenzamos a tener una asistencia digna, racional y subvencionada. Los otros dos partos de mi madre, ya evitando riesgos, las visitas al pediatra con mis hermanos, las vacunas, el tratamiento del asma y la alergia. Nunca tuvimos que sufrir listas de espera, a lo sumo unos días.

Tú eliges al médico. Cuando nacieron mis hermanos y cuando mi histerectomía, en la Montpelier, habitaciones individuales, no límite de horario de visita, salvo por pura lógica, ambiente familiar.

Pero los tiempos han cambiado. Receta electrónica, mejor tecnología para según qué patologías e intervenciones, posibilidad de elegir entre atención privada y Seguridad Social, y las prestaciones económicas. Sin ir más lejos, la ayuda familiar por Hijo a Cargo, si eres mayor de 18 no incapacitado intelectualmente, te permite contraer matrimonio sin renunciar al sustento económico en la sanidad pública, no así en Muface.

De todas formas que la atención primaria, a los enfermos más graves y a nuestros mayores, que tanto han contribuido, los dejen como están.

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", domingo 24 de noviembre de 2024).

Soneto a mi manera

Soneto a mi manera

Foto Editorial Verbum

(Poema inspirado en la tradición cristiana franciscana,
que a su vez bebería en fuentes hebreas).

Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios (Juan. 1, 11-12).

Nazaret, humildad de huerto y de morada,
donde el sí de María deslumbrara al Lucero
e hiciera germinar la sangre del Cordero
en su vientre de joven muchacha inmaculada.

Camino de Belén, encinta y desposada
por el amor más puro a José el carpintero.
Un pesebre de piedra y un olivo severo
arrullándole en sombra, como única posada.

Pastores cojitrancos y ángeles de ala ciega
van siguiendo el destello de la Estrella escondida
en cada niño Dios que nace y llora y juega

en la paz de la casa y en la yesca encendida
del desierto y su noche, mientras María ruega
por la altura del monte, por la cruz descendida,

a su Hijo y al Padre y a la Santa Paloma,
porque todos logremos la quietud de la loma,
la armonía del mar y la luz trascendida
para siempre en Belén.

(Flor de agua, Madrid, Verbum, 2024).

Duelo al cubo

Duelo al  cubo

Foto Teléfono de la Esperanza de Aragón

La fuerza de los límites

Desde mi sillón

Testamento filial

Fue el verano del 82, el de Palma de Mallorca. Mi padre se compró un seiscientos de prácticas, y al ir al pueblo sucedió –nosotros con el tío–. Tirado boca abajo, tras dar la voltereta y golpearse la nuca. Unos 42 años de regalo.

El año pasado, a los 89, los problemas de próstata, y ahora, a los 90, fractura de cadera. Lo hemos acompañado a un centro de rehabilitación, vamos todos los días. Nunca perdemos la esperanza de que se recupere pronto, a la velocidad casi de la luz. Sin embargo, se encuentra abstraído en su mundo interior.

Él, que ha recordado siempre cada pueblo de España –desde las oposiciones a Correos–, los números de teléfono y carnet de toda la familia, no se acuerda de los cumpleaños de nietos, esposa ni hijos.

Preparaba él la cena, la sopica con un huevo cocido, doliéndose del olvido de mi madre. Hoy se niega a coger por sí mismo los cubiertos, y pasa tiempo dormitando. Aparte las molestas de una intervención reciente, ¿estará tirando la toalla?

¿Vivo un duelo anticipado? ¿Dónde la vitalidad desbordante de mi padre? Él, que me enseñó a leer y nos sostuvo. Aunque un día se aleje, será perenne en mí.

María Pilar Martínez Barca

A nuestro alcance

Duelo elevado al cubo

Vergüenza, culpa, estigma social, retirarte la mirada. El duelo por suicidio agrega unos componentes especialmente dolorosos.

M. P. M.

Así lo van confrontando con la experiencia Isabel Irigoyen, psiquiatra de la asociación Paso a paso Aragón, y las familias.

Ana Pilar Andreu pertenece a ella desde septiembre de 2022, meses después de haberse suicidado su esposo. “Mi marido fue por un tema de estrés. Después de pasar la covid, le quedaron unas secuelas de las que no se habla nada, pero que existen. Sufría neblina mental, confusión, falta de memoria a corto plazo”.

Tras de cada muerte por suicidio, hay al menos seis personas cercanas afectadas psicológica y afectivamente. Es fundamental no ocultar el motivo de ese duelo y compartir el dolor con personas y familias en situación similar. “Los primeros meses lloraba por cualquier cosa, y eso que me considero una persona fuerte. Estuve tres meses prácticamente del sofá a la cama y de la cama al sofá”.

Es la otra pandemia silenciosa, de la que el año pasado nos dejaron solo en Aragón nada menos que 98 víctimas. La asociación, junto a otras asociaciones, reclama más recursos sociales y atención psicológica y psiquiátrica. “Quiero que la gente se conciencie de que esto nos puede pasar a cualquiera, que es la enfermedad del siglo XXI”. Puede sucedernos a cualquier edad.

“Le encantaba vivir y disfrutaba como nadie de todo… de la vida, de los viajes, de su familia –recuerda Ana Pilar– . Entiendo que es que no podía seguir sufriendo así”.

Página web: https://pasoapasoaragon.wordpress.com.

Más corazón

Duelo del migrante

“El duelo migratorio es un tipo de elaboración de la pérdida que empieza cuando una persona emigra”. Se ha dado en todas las culturas, desequilibra a la persona.

Se sale de un país en guerra, de una situación paupérrima. Se deja atrás hogar, familia, amigos, hábitos aprendidos. Del punto de partida al de llegada, no siempre hospitalario. El duelo crónico o síndrome de Ulises es muy frecuente.

La cosa se complica cuando el migrante pierde a un ser querido. Por una parte, la repatriación del cadáver es harto difícil, mucho papeleo y dificultades añadidas; de la otra, poner distancia al duelo, no poder despedirse, es doblemente doloroso.

El migrante padece varias muertes sucesivas.

M. P. M.

(Humanizar, Nº 197 -Madrid, noviembre-diciembre 2024-).

El duelo es el precio del amor

El duelo es el precio del amor

Foto Centro de Humanización de la Salud

El duelo es el precio del amor

Morir es lo más humano que hay, nada es tan cierto, tiene un inmenso poder humanizador

Experiencias vividas desde adentro, diferencias generacionales, culturales. La pérdida duele porque amamos. La dignidad intrínseca al ser humano nos allana el camino, nos predispone a una despedida más serena. Agradecer, aceptar, perdonar, celebrar la partida.

María Pilar Martínez Barca

José Carlos Bermejo Higuera es doctor en Teología Pastoral Sanitaria, Máster en Bioética, Counselling e Intervención en Duelo. Especializado en cuidados paliativos y atención a enfermos terminales.

Director del Centro de Humanización de la Salud y del Centro San Camilo: Centro Asistencial; fundador del Centro de Escucha. Vicario Provincial de la Orden de los RR. Camilos (2014), Delegado General de la Provincia Española (2015), Superior Provincial desde 2022, el primer religioso no ordenado que lo es en la historia de la Iglesia. Profesor en varias universidades. Autor de más de cincuenta libros.

Cuando duele el amor

¿Qué es el duelo?

El precio del amor. El proceso de perder a un ser querido. Si todo va bien, es un proceso adaptativo, aceptar y aprender a vivir sin él, con esa amputación que la muerte de alguien amado supone en nosotros.

Luto y duelo.

Aprendemos a expresar externamente, de una determinada manera, influidos por la cultura, estamos de luto. Si hacemos un proceso interior, a nivel emocional, cognitivo, espiritual, de integración del sufrimiento, del trabajo de recolocación de nuestro ser en el escenario en el que él ya no está: eso es el duelo.

¿Algún acontecimiento cercano?

Tenía 7 años cuando murió mi abuelo, y 14 cuando murió mi hermano de muerte súbita. He perdido a mis padres. La muerte de mis referentes en clave formativa, y de mi mejor amigo, me han marcado. Algunos de estos duelos los califico de complejos, poco reconocidos socialmente, como el del amigo.

¿Ha cambiado la vivencia desde nuestros abuelos?

Estamos enganchados a lo digital. Asistimos a una muerte seca, a secas, con menos fluidos, relaciones y procesos participativos, más intervenida técnicamente. La muerte de generaciones anteriores era más doméstica, más acompañada familiarmente, dotada de recursos comunitarios y espirituales para su abordaje saludable. Era más patente su poder humanizador.

¿Y con la pandemia?

El aislamiento impuesto hizo de nuestras casas tanatorios, que los restos mortales no se vieran, los cortejos fúnebres desapareciesen, los ritos comunitarios fueran imposibles y el mundo digital se reforzara.

Las posibilidades del duelo digital van en aumento. Podemos hacer testamento, darnos cita con los deudos en las redes, reconstruir al fallecido a partir de su rastro, seguir interactuando. Las posibilidades crecen y la ética no hace su trabajo de discernimiento a igual velocidad. Paradójicamente, cerramos los ataúdes en los tanatorios.

Tantos duelos como personas

¿Por qué duelen las pérdidas?

Nos vinculamos de manera significativa, reforzamos nuestra interdependencia, nos hacemos codependientes. La muerte de seres queridos nos arranca algo de nosotros y, porque amamos, nos duele su ausencia, se nos hacen laboriosas emocionalmente las tareas que nos dejan pendientes.

¿Hay diferentes duelos?

Tantos como personas, cosas y roles que podemos perder. Cuando un ser querido muere, si lo vemos venir, elaboramos nuestro duelo anticipado, con su valencia adaptativa. Tras fallecer, podemos vivir un duelo más o menos normal o se puede complicar. Puede retrasarse, cronificarse, dificultarse su expresión social por no autorizado, hacerse ambiguo, congelarse… o, en el peor de los casos, volverse patológico.

El sufrimiento es subjetivo. No solo depende del rol que desempeñaba el fallecido, sino del vínculo. Además influyen otras circunstancias: la salud mental del doliente, los recursos con los que cuenta, las experiencias previas. Aparte de factores como las herencias, el impacto económico, la afectación a la sexualidad…

Cuando podemos acompañar a un ser querido en el proceso de morir, nos vamos adaptando, “pagando la factura” del amor y aceptando la limitación, incluso deseando el desenlace. Un buen duelo anticipado ahorra complicaciones posteriores. Si la persona no manifiesta sus sentimientos, se puede retardar; en particular, si invierte mucha energía en tareas logísticas y escucha poco al corazón.

¿Qué valor cobra el rito?

Un gran potencial humanizador, permite a la comunidad expresar su apoyo social, emocional, espiritual. Honra la memoria, dignifica la vida, refuerza la identidad del individuo fallecido y su significado para quienes quedamos.

Una salida humana

¿Existen diferentes modelos culturales?

Las culturas se hacen de costumbres. Tienen sus latitudes, su carácter tradicional, se transmiten de generación en generación. Hay muchas diferencias entre unas y otras. Algunas tradiciones se encarnan de manera relevante en las religiones.

¿Estamos preparados para despedirlos?

Venimos preparados de fábrica, con recursos físicos, psicológicos, sociales, espirituales, para atravesar crisis de gran impacto. Pero hay elementos que pueden aumentar tanto la vulnerabilidad que conviertan al duelo en letal.

¿Ocultamos la muerte? ¿O la idealizamos, deseando morir como santos?

Ambas cosas. Hoy es difícil encontrarse con un cortejo fúnebre, hablar en tertulia sobre la muerte. Pero hay iniciativas que lo proponen, una contracultura humanizadora. Los santos murieron como pudieron y les dejaron. Lo escribí en La muerte apropiada. Hay quien murió invadido de culpa, y quien lo hizo en paz; dejándose consolar entrañablemente y aceptando o pidiendo ayuda que fue desoída.

¿Cómo vivir con paz esos últimos momentos?

Hay una dignidad no propia de la muerte, sino como seres humanos, la dignidad ontológica. Pero podemos dar al morir otra dignidad desde la conducta, la ética, los valores encarnados y las virtudes vividas. Dignificamos el morir no solo cuando decidimos cuándo (según algunos), sino cuando conjugamos verbos como agradecer, aceptar, perdonar, despedirse, celebrar, cultivar la esperanza.

La fe y algunos médicos aseguran que es un cambio de esfera.

Se lo dejamos a Dios. No hay resurrección sin muerte. Los creyentes dejamos todo en sus manos y la confianza en Él nos dice que la muerte no tiene la última palabra.

¿Es humano el morir?

Es lo más humano que hay. Nada es tan cierto. Tiene un inmenso poder humanizador si dejamos que la vulnerabilidad y la fragilidad máximas den densidad al instante, al momento, a la sucesión de momentos únicos e irrepetibles.

 SUMARIOS

“La muerte de generaciones anteriores era más doméstica”

“Los ritos tienen un gran potencial humanizador”

“Agradecer, aceptar, perdonar, despedirse, celebrar, cultivar la esperanza”

(Humanizar, Nº 197 (Madrid -noviembre-diciembre 2024-).

Mal hallado, míster Trump

Mal hallado, míster Trump

Foto Eva Vucci / AP

“Os recibimos, americanos, con alegría. / ¡Ole mi mare! ¡Ole mi suegra y ole mi tía! / El plan Marshall nos llega del extranjero pa’ nuestro ‘habío’. / Y con tantos ‘parneses’ va a echar buen pelo Villar del Rio. / Traerán divisas pa’ quien toree mejor ‘corría’”. Mucho han cambiado las cosas desde que en 1953 Luis García Berlanga dirigiese “Bienvenido, míster Marshall, magistralmente interpretada por Lolita Sevilla y José Isbert. Eran los años de leche en los colegios, y de ver a los visitantes del todavía lejano continente como el no va más del desarrollo.

Algunos, sí, creían como presidenta en Kamala Harris. ¿Acaso canto de sirenas según otros? Pero una vez más el pato Donald arrasó. Parece que esta vez los republicanos han tenido más peso, o la imagen a punta de pistola, o quién sabe qué. Obviando los abusos y otros etcéteras. ¿Y el voto de mujeres y latinos?

Empresario, televisivo,  calculador… apuesta por una política anti aborto, el fortalecimiento del país, mirándose al ombligo o a su propio espejo como un moderno Narciso poderoso, desfiscalizando los medios y por supuesto subiendo aranceles. Lo que no hace maldita la gracia a casi ningún habitante del planeta.

Pertrechándose de un equipo fuerte para sus objetivos, con Mario Rubio, de origen cubano, como secretario de Estado –la diversidad está servida–, y un antivacunas de ministro de Sanidad. Es al menos curioso, de película de Disney.

Dejando broas y ficciones, da un poco yu yu la relación con Rusia, Israel. Venezuela… A veces el guiñol del poder lo manejan las manos de ignorantes o de locos. Y ahora no sería una guerra fría, ni sabemos si habría una dura posguerra en la que llevar leche ni alimentos a las escuelas.

¿Quién impulsará la espoleta? ¿Quién ha de activar el fatídico botón? ¿Quién cruzara explosiones sobre explosiones hasta un nuevo big bang?

Sin ir tan lejos, la actriz Eva Longoria migra de EE. UU. por la falta de vivienda digna, unos impuestos carísimos, la necesidad real. ¿Y Europa? ¿Llegará la cola del tsunami?

Estamos en un mundo incierto. La tierra se nos tambalea. ¿Sobreviviremos al ego y al poder?

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 17 de noviembre de 2024).

Cañas y barro

Cañas y barro

Foto Víctor Fernández / EP

La lucha por ganar vida y tierra a las aguas en la Albufera valenciana siempre fue una constante, desde las novelas de Vicente Blasco Ibáñez de principios del XX y más allá. Especialmente Cañas y barro y La barraca, llevadas a una televisión en blanco y negro y de dos únicos canales, con una democracia recién inaugurada de levante a poniente de nuestra piel de toro. Corrían 1978-79.

Albacete, Murcia, Castilla-La Mancha, algunas zonas de Aragón, Cataluña… En 1957 el desbordamiento del Turia fue terrorífico –su nuevo cauce ha salvado ahora parte de Valencia–; la inundación de la presa de Tous fue bestial en el 82, como la catastrófica riada en el camping “Las nieves” de Biescas en el 96 –testigo desviado nuestro coche al volver de Formigal– Nada nuevo bajo el sol ni ante la violencia de las aguas.

Ahora es diferente. La calidez del mar se une a una corriente de viento o gota fría provocando una DANA (depresión atmosférica en niveles altos). En Estados Unidos, Florida, México, Cuba y otros lugares están por desgracia habituados a la catástrofe y a la alarma en tiempo real. Aquí en España, Valencia y la Albufera siempre fuimos “sui grneris”. Escenas de una pareja de mayores abriéndose camino con sus bastones entre las aguas; coches volcados como botes hunde vidas; vecinos escalando a pisos superiores o buscando cobijo en casas todavía salvo.

Unos minutos, y calles y avenidas tomaban el aspecto fantasmagórico de ciencia real de una contienda. Agua y barro y escoria de edificios derruidos, y cientos de muertos y muchos desaparecidos. Y el bebé en las aguas. Y el amor y el pillaje, y la pérdida de casas y huellas personales para siempre, y el vacío. Y de nuevo la lucha de generaciones por la tierra y la vida. “En el agua muerta, de una brillantez de estaño, permanecía inmóvil la barca-correo: un gran ataúd cargado de personas y paquetes, con la borda casi a flor de agua” (Cañas y barro).

Mientras hay vida hay esperanza, donde hay agua hay vida. Solo es poner diques, contener lo evitable todavía, aprender de experiencias precedentes, prevenir. Aplicar la lógica y los buenos cimientos a un futuro habitable para todos.

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 10 de noviembre de 2024).

Días de ánimas

Días de ánimas

Foto Heraldo de Aragón

Últimamente parece haberse impuesto entre los más jóvenes la tradición de Halloween, la noche de los muertos, del truco y trato, de las calaveras y las antiguas calabazas. Personalmente, prefiero secundar a mis ancestros: el Monte de las ánimas becqueriano, las leyendas afines que me contaron en Velamazán, las ceras y los maderos encendidos en el interior de grandes frutos vaciados. Las almas solían acudir a socorrer a otras almas y otros vivos en pena.

De la cultura celta a la anglosajona, nos han traído las fiestas de disfraces, los nabos, las manzanas y las pelis de terror. Y hasta las Nancys visten trajes de negro y esqueletos, están a la última. Aunque ahora la diversidad es lo que prima. Algunos Centros Públicos Integrados de Formación Profesional, como el Montearagón de Huesca, han utilizado flores y catrinas, típicas de cementerios mexicanos, para denunciar la falta de personal y profesores. Y la comida del país, Quesabirrias, tamales, pan de muertos y otras recetas varias son una forma más de conmemorar a los difuntos.

La comida es también importante en el centro de Europa y en Ucrania en concreto, para despedir a los seres queridos y en su aniversario. En cuanto a los ritos funerarios, cada vez son más frecuentes los laicos y un tanto excéntricos. A las fotografías con flores le han sucedido brindis, letras de rap, desfiles de coches Subarus; enterramiento con el móvil, dinero, botellas de J&B y paquetes de Marlboro; urnas acuáticas y biodegradables, joyería de incineración o lápidas con QR.

Según José Carlos Bermejo, director del Centro de Humanización de la Salud, “Las posibilidades del duelo digital van en aumento. Podemos hacer testamento, darnos cita con los deudos en las redes, reconstruir al fallecido a partir de su rastro, seguir interactuando. Las posibilidades crecen y la ética no hace su trabajo de discernimiento a igual velocidad. Paradójicamente, cerramos los ataúdes en los tanatorios”.

Hemos hecho un repaso a lo que celebrábamos los pasados 31, 1 y 2 –día específicamente de difuntos para la Iglesia– porque seguimos vivos, y eso es lo esencial, más allá de las danas destructivas y de las guerras devastadoras. Me quedo con los versos de Juan Ramón: “Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando: / y se quedará mi huerto, con su verde árbol, / y con su pozo blanco”.

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 3 de noviembre de 2024).

Retirarse a tiempo

Retirarse a tiempo

Foto https://es.wikipedia.org

“Ha sido una decisión evidentemente difícil, me ha llevado tiempo tomarla, pero en  esta vida todo tiene un principio y un final”. Rafael agradece a sus padres y a su hermana, a su tío, que le inició en el tenis, a su mujer y su hijo, porque verlo crecer ha supuesto una energía increíble en los dos últimos años, llenos de sufrimiento físico y limitaciones. Y también a su equipo, compañeros y contrincantes, a todos sus amigos y seguidores. “Creo que ha llegado el momento adecuado de poner punto y final a una carrera larga, y mucho más exitosa de lo que hubiera podido imaginarme. Me hace muchísima ilusión que mi último torneo sea la final de la Copa Davis, representando a mi país. Es cerrar el círculo”.

Entre sus triunfos, 14 Roland Garros, 22 Grand Slam, cuatro Abiertos de Estados Unidos, dos Wimbledon y dos Abiertos de Australia, dos oros olímpicos y cinco Copas Davis. Ha jugado, competido y gozado con Novak Djokovic Roger Federer, Alexander Zverev, Dominic Thiem… Hijo Predilecto de Manacor, Hijo Adoptivo de Madrid, Medalla de Oro, Cruz de Plata o Cruz Blanca de diversas instituciones; creador de la Fundación Rafael Nadal, para jóvenes deportistas con discapacidad intelectual. Veintidós años en la cumbre dan para ganar, enamorarse o ayudar a las víctimas que lo han perdido todo en cualquier inundación.

Lo recordamos casi un adolescente, con su melena y su cinta blanca, sus golpes fuertes de derecha y sus giros, pegados todos al televisor. De entonces a estos últimos años como profesional hemos modificado hábitos, nos ha cambiado el mundo, hemos crecido. Ahora, verduras de hoja verde, frutos rojos y grasas saludables, pescado, ensaladas, arroces, patata y frutos secos.

Tiene que ser difícil para un campeón despedirse, nos es difícil a todos. Como a Mónica, la joven policía de la película “Infiltrada”, dejar de rastrear las huellas de ETA. Es preciso tener un apto concepto del yo como persona, frente al ego destructor, para luego soltar. Y haberse construido a uno mismo. “Caminas, das todo lo que tienes desde el primer punto hasta el final sin importar el marcador y estás dispuesto a poner todo en juego y no tienes miedo de dejar que la gente vea eso” (Jimmy Connors).

Tú sí eres deportivo, Rafa, maestro.

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 27 de octubre de 2024).

Una ley para sobrevivir

Una ley para  sobrevivir

Foto Sergio Pérez / Heraldo

No me daban por viva. Me bautizaron en la sección de maternidad del hospital San Juan de Dios al tercer día de nacer. Antes era habitual en los centros sanitarios regidos por religiosos, pero aun así. A los 5 años, cuando ya había comenzado a dar mis primeros pasos, el sarampión. “Esta niña se muere”, diagnosticó el pediatra. Ha sido una larga y bella lucha en estos años.

Detrás, siempre mis padres y mis tíos, y después mis hermanos. Enseñándome a leer en casa, luchando en Auxilia, en el Bachillerato, en la Universidad. Viajando primero en familia; formando grupo de amigos, mis hermanos y yo, en el salón; ayudándome a desplegar las alas. Y va creciendo un vínculo, fortísimo, indisoluble, que perduró en el deterioro y marcha de los tíos; que permanece en la ausencia progresiva de mamá, en la hospitalización y rehabilitación de nuestro padre. Es duro ir yendo envejeciendo.

Pero al menos ir pasando del arnés y la grúa, a la silla de ruedas, al andador, y después al bastón, supone una satisfacción indescriptible. Lo peor es cuando sucede al contrario. Se va paralizando una mano, después otra, las piernas, los músculos, el cuello, la capacidad de fonación y deglutir.

El pasado día 10 se aprobada en el Congreso la esperada Ley Ela (esclerosis lateral amiotrófica), con 344 votos a favor y ninguno en contra ni abstención; más la presencia de 37 afectados y un centenar de familiares y asistentes en la Sala del Constitucional. ¿Un hito histórico?

Asistencia 24 horas de los enfermos en estado avanzado, agilización en conceder la dependencia, atención integrada entre sistemas de cuidados sociales y sanitarios, condición de consumidores vulnerables y bono social de electrodependientes, pago a enfermeros y psicólogos, protección de las personas cuidadoras, capacitación y especialización de los profesionales sanitarios… ¿Por una vez sin oportunismo electoral?

El empresario Francisco Luzón, el ex futbolista Juan Carlos Unzué, o Juan Ramón Amores, profesor de educación física y padre de dos hijos, abrieron brecha. Pero también Olga, presidenta de la Asociación Aragonesa de ELA, Jorge o Carmelo. “Aquí estoy, luchando por la vida”. Incluso el dolor y el deterioro progresivo pueden verse del derecho o del revés.

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 20 de octubre de 2024).

Un Pilar diferente

Un Pilar diferente

Foto Guillermo Mestre / Heraldo

Nombres que nunca oímos los de mi generación si no estás muy al loro. Como el cantante colombiano Sebastián Yatra y el disjokey y souwman estadounidense Steve Aoki, luciendo un tándem perfecto en el Espacio City de Valdespartera. Y junto a los pregoneros de Operación Triunfo, alguien más en nuestra onda, como el gallego Evia; para contrarrestar lo último en drones, contorneando en el cielo de las noches motivos sui generis de Aragón.

Otras veces, es trazar un puente, como La estrella azul a partir de la película sobre Mauricio Aznar. O es lo de siempre, o eso aparenta: marionetas y gigantes y cabezudos, música y jotas en la plaza del Pilar, espectáculo de luces y sonido en el parque Labordeta, rondas y charangas, vaquillas, espacios gastronómicos, deporte tradicional, teatro, magia, más conciertos…

Pero nada es estático. Si observamos imágenes guardadas en nuestra memoria y retina, el escenario era abierto, sin apoyos electrónicos, la ofrenda en la fachada del Pilar, baturras con mantilla, un único itinerario, mucho menos color de hispanidad.

Estos últimos años las fiestas se celebran por barrios, por edades, por gustos. Es todo más dinámico y diverso, ¿solidario? Los bastones y las sillas tenemos nuestro sitio en la plaza, para verlo mejor. Las carpas de comida regional se transforman en food trucks –“camiones de comida”, venga anglicismos–; y la Ronda de Boltaña convive con el tecno y el reguetón. Y el Auditorio tiene nombre de princesa.

Cada 12 de octubre ha sido distinto en nuestras vidas. Nada que ver cuando el tío traía el programa de fiestas del Ayuntamiento a nuestra casa de Delicias, entre coches y gigantes, a cuando disfrutaba a tope de las ferias, del Clínico a la Escuela de Idiomas. Décadas de experiencia desde la vez primera que asistí con amigos a la ofrenda de flores, que estos últimos años a la de frutos con el Centro Soriano de Zaragoza. Pervive la misma emoción y ternura de una hija por su Madre.

Podemos agrandar o empequeñecernos, ir de ida o emprender el camino de retorno. En la resi donde vive mi padre temporalmente, hay ofrenda y pregón, canciones populares y joticas, merienda con rosquillas y familiares. Reciclar y adaptarse, como se hizo con las joyas de la Virgen, es disfrutar en plenitud.

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 13 de octubre de 2024).

Escucha, Israel

Escucha, Israel

Foto Jesús Alba

Shema Israel, y Palestina, y Líbano, e Irán, y Rusia, y Ucrania, y Estados Unidos, y Europa y todas las potencias que promueven y no palían conflictos en el hogar común que es nuestra tierra. El silencio incluso antes que la Palabra sagrada del origen, que la Sabiduría que engendró el Verbo, la Belleza.

Se inauguraba el pasado lunes el Centro de Escucha San Camilo de Zaragoza. En 1997 se creó el primer centro en Madrid, hoy son 40 en toda España. El periodista Juanjo Hernández, como maestro de ceremonias, daría la palabra a Pilar Molina, delegada de Pastoral de la Salud, D. Carlos Escribano, nuestro arzobispo –que junto con la diócesis acogió el proyecto desde el primer instante–, y José Carlos Bermejo, director del Centro de Humanización de la Salud.

Se trata de espacios donde puede decirse todo, porque todo es acogido con respeto, en los que se combinan las competencias blandas –diálogo, acompañamiento, comunicación– junto a la gestión de los sentimientos. “Donde fracasa la palabra se abre paso la violencia”, afirma el papa Francisco.

Silencio, escucha, empatía. Liberación interior e interpersonal, entre culturas y países. Una necesidad ontológica recogida de siempre por nuestros clásicos: “El cuerpo canta; / la sangre aúlla; / la tierra charla; / la mar murmura; / el cielo calla / y el hombre escucha” (Miguel de Unamuno).

Los verbos ‘audire’ y ‘auscultare’ latinos son casi antagónicos. El segundo, de donde se deriva escuchar, supone una hospitalidad lingüística, y callar, y mirar de cerca al otro, y encontrarse a través del desierto, y hacerse prójimo, uno. Escuchar y sentirse escuchado libera, cambia el punto de vista, fundamenta la comunidad. No habría refugiados, ni existirían guerras; solo apertura activa del corazón.

Pero es un arte. Llevan un año preparándose los agentes de escucha del nuevo centro. “He oído el bullir de la vida que irradiaba del sol. El quejido de las hojas al ser holladas, el latido de la savia que ascendía en el tallo, el temblor de los tallos al abrirse acariciados por la luz. // Ahora sí. Ven, porque has escuchado lo que no se oye” (Cuento popular). ¡Bienhallados!

 María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 6 de noviembre de 2024).

Más cine, por favor

Más cine, por favor

Foto Javier Etxezarreta / Heraldo

Al Pacino, Woody Allen, Julian Schnnabel, Antonio Banderas… el protagonista de “Jamón, jamón” y “Mar adentro”, Javier Bardem, Premio Donostia 2023, al flamante Pedro Almodóvar, que lo ha obtenido este año. Algunos de ellos seguro que repusieron fuerzas en el restaurante San Martín, de Milagros Enatarriaga, junto al Funicular. Y al glamour del festival y las galas y trajes para la ocasión, se uniría el paisaje de montaña y de mar, la vista panorámica de la Concha y la comida más selecta de Donosti, a fuego lento y mimo. De película.

Ayer sábado concluía la 72 edición, se dice pronto, del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, con alguna sorpresa y la alegría de los ganadores. Y este año han tenido cabida del drama erótico ”’Emmanuelle”, de la directora Audrey Diwan, al documental taurino “Tarde de soledad’” de Albert Serra. De las grandes estrellas del palmarés de siempre, de Pamela Anderson a Andrew Garfield, al cine social, latino o el musical apocalíptico.

Entre nuestras directoras, Íciar Bollaín, Pilar Palomero o Paula Ortiz. La directora de “Te doy mis ojos” o “Maixabel”, con una cinta sobre el acoso psicológico y sexual, “Nevenka Fernández”. La creadora de “Las niñas” y “La maternal”, con “Los destellos” –una de las favoritas a la Concha de Oro–, en torno a los cuidados paliativos, la soledad y la marcha de los seres queridos.

Y la filóloga y directora cinematográfica Paula Ortiz, que el año pasado nos sorprendía con “Al otro lado del río y entre los árboles” –grabada en la Venecia de la pandemia– y con “Teresa”, lleva a San Sebastián y estrenó este viernes en Zaragoza “La virgen roja”, historia de Hildegart, la mujer concebida y creada para ser perfecta en un entorno hostil.

Glamour, humanidad y lucha por la superación, más estas dos últimas, en el paseo de farolas y balaustradas frente al mar; de La Concha a Ondarreta, con Santa Clara al fondo, del Igueldo al Urgull, del Antiguo hasta el puerto, donde tomamos una sabrosa mariscada. Mi Donosti querida y añorada en la ausencia, escenario ideal para la representación de los más hermosos sueños, la vida más genuina, el amor y sus múltiples poliedros.

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 29 de septiembre de 2024)

Aprendiendo a vivir

Aprendiendo a vivir

Foto CEIP Pilar Bayona

Este pasado lunes, 16 de septiembre, comenzaban los horarios lectivos del CEIP (Centro de Enseñanza de Infantil y Primaria) Pilar Bayona, polígono de Valdeconsejo, Cuarte. Un centro con currículo integrado de música y comedor, en el que a las actividades educativas se unen otras extraescolares bien diversas, como kárate, multideporte, manualidades, patinaje, baile o ciencia divertida.

Aquello se llena de pequeños y padres y autobuses, sobre todo a las 9 y a las 14 horas. Las nuevas generaciones parece que se inclinan, por distintos motivos, por los extrarradios y pueblos aledaños a la ciudad. Una baraúnda de adultos y chiquillos me cortaba el paso.

Era la segunda semana que mi padre residía en el centro de rehabilitación Cuidad2, junto al lado del colegio, en la otra acera. Subes por una cuestecilla, con cuidado, del bulevar –es un decir– o parada del bus 410, que te lleva desde la plaza Emperador Carlos V, si tienes suerte y sale la rampa. He de reconocer que los conductores te tratan francamente bien, dándote prioridad a dos sillitas de bebé que pudieran ocupar tu asiento de pasajero con diversidad funcional.

Porque el bonotaxi o tarjeta ciudadana, sufragada por el Ayuntamiento, no entra fuera del término de Zaragoza, ya sea por unos metros. Y el taxi de ida te cuesta un ojo de la cara, y el otro el de vuelta. Claro que otra opción es coger el tranvía hasta Valdespartera, y allí hacer trasbordo en taxi, algo más económico.

Bueno, pues llegas, superada la carrera de obstáculos, y aún tienes que pasar a la otra acera por el  badén o rebaje, medir muy bien para no caerte a la calzada, acceder por la rampa en U y timbrar a la puerta. ¿Quién llega a un timbre para un adulto en pie a la altura de una silla sin elevador, a lo Echenique?

Una de las tardes, me pareció escuchar a una cuidadora que iban los niños del colegio a hacer una actividad. Los pequeños aprenden a leer, a comunicarse, a convivir. Los mayores, a volver a dar sus primeros pasos, a valorar el cariño de los suyos, a ir envejeciendo y aceptando los límites, a tomar dignamente el camino de retorno. Y todos aprendemos, de rueda en rueda, a ser parte de esa cadena que no termina nunca.

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 22 de septiembre de 2024).

¿Nuevo curso inclusivo?

¿Nuevo curso inclusivo?

Foto Guillermo Mestre / Heraldo

Este pasado lunes estrenaban curso los alumnos de Infantil, Primaria y Secundaria en Aragón. A las lágrimas de los benjamines y la ilusión de sus hermanitos más mayores se une, este año, una mayor preocupación y caras más serias de papá y mamá.

Los adultos hablan de enseñanza pública, mejoras salariales, cercanía del cole al hogar, escuelas rurales, institutos y centros rehabilitados… Y de poner cocina en el colegio, no sé si al estilo Master Chef o para tener la comida más reciente.

Centros inacabados en Valdespartera, Rosales del Canal o Arcosur. U obras por asfaltado en barrios periféricos –Oliver-Valdefierro, El Rabal, Actur-Rey Fernando y Miralbueno, Peñaflor, San Juan de Mozarrifar o Monzalbarba–. ¿Por qué no más previsión antes de iniciarse el nuevo curso? Aparte del coste de los libros  y otros varios.

¿Bachillerato concertado? Lo que se supone más novedoso es la prohibición de móviles y relojes inteligentes en las aulas; el refuerzo de lengua y de mates, la lectura, la ortografía y la comprensión lectora –todo eso que antes se exigía en cursos precedentes–; o una exposición mucho más reflexiva junto a pensamiento crítico en la nueva EBAU.

Y el próximo día 23 el rey Felipe VI inaugurará el curso universitario, a los 550 años de la fundación de la Universidad de Zaragoza, la quinta más antigua de España; lo que fue un estudio originario de artes, gramática y filosofía en el siglo XII, elevado a “Universitas magistrorum”, como la de París. Demanda de Medicina en la pública; oferta de Enfermería o Psicología entre otras en la Universidad San Jorge, con alumnos de 29 países.

Todo casi perfecto si no fuera… porque las expectativas de las escuelas infantiles, para niñas y niños con necesidades o capacidades especiales, no suelen cumplirse en cursos algo más avanzados. El recorte de horario a media jornada hace que falten profesores de apoyo; ídem con los  recursos informáticos. Lara, de 8 años, no sabe si este año va a tener cubierta su logopedia, su lengua y matemáticas. Y aunque no es como en nuestra generación, que no íbamos ni siquiera a la escuela, sin diversidad de dones o colores, faltan muchas lecciones que enseñar.

María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 15 de septiembre de 2024).