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Adiós a los que se quedan

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Foto Antón Castro / Julio Sánchez Millán.

“¿Qué me dice si le digo que la poesía es una actividad inútil, dado el comportamiento de la sociedad?”. 29 de enero de 1995, al día siguiente presentaba Flor de agua en la Biblioteca de Aragón, Joaquín Carbonell vino a hacerme una entrevista a casa. Su ironía y cercanía se dejaban sentir.

Más de veinte años desde aquel recital histórico en el Teatro Principal, junto a José Antonio Labordeta, La Bullonera, Renaxer… Sería en los 80 cuando con mis amigos despertaría al mundo, a las reivindicaciones, a la canción popular aragonesa. Atrás quedaba el colegio San Pablo de Teruel, con Federico Jiménez Losantos, Manuel Pizarro, Carmen Magallón o Pilar Navarrete, y Labordeta, Eloy Fernández Clemente y José Sanchís Sinisterra como profesores. Y mucho más atrás, la España vaciada de su Alloza natal. “Esta es la historia, señores, / de las minas de carbón. / El carbón es todo negro. / Y rojo mi corazón”.

Camarero en Sitges en los veranos, molinero de aceite en los duros inviernos turolenses… “Ordeña la oliva desde la escalera, / con los dedos rotos de la ventolera, / con los dedos rotos de la llegadera”. Cantautor, periodista, botones de hotel, vendedor de cursos de idiomas, empaquetador de best sellers, ¿poeta?, ¿novelista?, entrevistador, mozo de bolera…

“Me gustaría darte el mar, / todo ese mar que no conoces, / todo ese mar que no has bebido, / y hace más seco tu camino / de piedras sordas y de espinos”. No le costaría saltar a la canción, desde su armónica de los nueve años a la gloriosa etapa de instituto, la Zaragoza de final de los 60, los festivales de cine de La Seo, la radio. Más de 200 canciones.

Sus maestros, su padre, los tebeos y Brassens. Entre sus 15 libros, El Pastor de Andorra, Pongamos que hablo de Joaquín o Querido Labordeta. “Yo nací en un parto sin doctor / una noche de vendaval. / Cuando abrí los ojos me iluminó / un asombro mineral”. Medalla al Mérito Cultural 2019. Medalla de oro en reconocimiento a una trayectoria profesional 2020.

El sábado comenzábamos la temporada del Teatro Principal con Miguel Ángel Berna. Al final, la voz en off del amigo ido, recordando a otro amigo: “Esta es la albada del viento, / la albada del que se fue. / Que quiso volver un día, / pero eso no pudo ser”. Me emocione. “Todos los poetas están tocados del coco, señorita”. Nos reímos.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 18 de septiembre de 2020).

18/09/2020 13:40 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

¿Evolución?

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Foto José Manuel Zabakza

¿Cómo se extinguieron los dinosaurios? Según Charles R. Darwin –junto a Rusell Wallace–, todas las especies de seres vivos han evolucionado, a partir de un antepasado común, mediante selección natural. Depredación enfermedades… sobrevivieron los más fuertes. Su desaparición a principios del Terciario (Cretácico-Paleógeno) pudo deberse a los volcanes, el cambio climático o un meteorito.

Sesenta y tres millones de años después, apareció el género Homo sobre la tierra. Evolucionó y se diversificó: Australopithecus, Homo habilis, Homo ergaster; y a partir de ahí más divisiones: erectus y antecessor, paralelos, y sus descendientes el heidelbergensis y el hombre de Neandertal. Creación y manejo de útiles, posible expresión artística, estructura social, cuidado de los enfermos. ¿Qué le hizo desaparecer?

Rama colateral, nuestro verdadero padre, el Homo sapiens, hijo a su vez del antecessor a través de una especie intermedia, el Homo rhodesiensis. Siempre el eslabón perdido: “En latín humänus estaba emparentado con hömo, aunque no derivado directamente, y la forma en que ambos proceden de un antepasado de hümus ‘tierra’ es una de las cuestiones oscuras de la lingüística indoeuropea” (Joan Corominas y José A. Pascual, Diccionario crítico etimológico castellano e hispano).

Los sapiens paleolíticos pintarían bisontes, ciervos, caballos, cazadores… en las cuevas cantábricas, y en la de Altamira; modelando la roca, fabricando utensilios y estatuillas artísticas para los enterramientos. Supervivientes a las glaciaciones, la violencia y las enfermedades infecciosas, llegaron a más ancianos, experimentados y sabios.

¿Expresión ritual? ¿Comunitaria? ¿Religiosa? Altamira la descubren el pastor Modesto Cubillas y el estudioso Marcelino Sanz de Sautuola en 1868. Nueve años después de El origen de las especies, de Darwin; a los doce años del natalicio de Marcelino, Menéndez Pelayo, padre antecesor de historiadores y filólogos.

Hemos superado varias pandemias. “Durante la Edad de Hierro se participaba del ritual de la incineración (…) Sin embargo, cuando se trataba de enterramientos infantiles, (…) de pocos meses de vida, la costumbre era enterrarlos mediante el rito de la inhumación, dentro de las casas, próximos al hogar” (exposición permanente en la catedral de Pamplona). ¿Selección natural o involución?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 11 de septiembre de 2020).

11/09/2020 00:10 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

Viejos y nuevos valores educativos

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Foto Humanizar

Viejos y nuevos valores educativos

Pasión por enseñar y gusto por escribir. Fuerza en la fragilidad

Alumna abnegada y profesora por vocación, Carmen nos va compartiendo sus orígenes, los nuevos retos y modos de enseñar, sus sólidas raíces en la escritura, su acertado análisis de cada circunstancia. No se termina nunca de aprender.

María Pilar Martínez Barca

Carmen Romeo Pemán (El Frago –Zaragoza–,1948). Licenciada en Lenguas Románicas, catedrática de Lengua y literatura. Ha sido profesora en la Universidad de Zaragoza, del Instituto Francés de Aranda de Teruel y del Instituto Goya de Zaragoza. Ha participado en programas de investigación y educativos, conferenciante, congresista y autora de numerosas publicaciones. Premio nacional “Bernardo Zapater Marconell” 1977.

Coautora entre otros de María Zambrano y sor Juana Inés de la Cruz. La pasión por el conocimiento (PUZ, 2010).

Pasión por enseñar

P. Como profesora, siempre sintió debilidad por los alumnos con fragilidad. ¿Por qué?

R. Por varias razones. La primera, entendí mi profesión como una entrega amorosa a mis alumnos, el medio para que consiguieran una formación integral. Yo tenía la oportunidad de estar en su camino y ayudarles a desarrollar sus capacidades. Era fundamental que pasaran con éxito de la adolescencia al mundo de los adultos. Los que más me necesitaban eran los frágiles. Los fuertes podían apañárselas solos mucho antes, pero nunca los descuidé. Además, los aparentemente frágiles me atraían por su gran fuerza interior, yo los llamaba “mis ángeles de luz”.

Me influyó la educación de mis padres, los dos maestros rurales, y mis vivencias de niña en un pueblo pequeño. Me resultaba natural tener una compañera tartamuda, otra ciega, otra con cojera por poliomielitis y otra con discapacidades cerebrales. En mi escuela todas trabajábamos juntas.

P. Alguna experiencia especial.

R. Mi propia salud. Una niña debilucha. Superé la tosferina a los ocho días de nacer. Contraje enfermedades que me retuvieron en la cama, como el sarampión y un soplo de válvula mitral. Y, a los pocos años de empezar a trabajar, una enfermedad ocular me amenazó con una ceguera de la que he salido fortalecida gracias a los avances de la cirugía. Recuerdo la víspera de mi primer trasplante de córnea. Un amigo ciego por meningitis infantil, al que había grabado los apuntes de la carrera, me llamó para animarme. Nos dio la risa.

P. ¿En qué años ejerció la docencia? ¿Era más difícil que ahora?

R. Desde 1972 hasta 2009. Ha cambiado el contexto, pero los alumnos siempre son los mismos. He llegado a tener tres generaciones en mis manos. Los profesores tenemos que adaptarnos a las circunstancias y obtener siempre los mejores frutos posibles.

P. Háblenos de su taller de lectura en el instituto Goya, de su blog…

R. ¡Cuántas cosas! El actual taller de lectura, “Leer juntos en el instituto Goya” es fruto de los nuevos grupos de lectura organizados en las bibliotecas. Participamos profesores, padres y alumnos. Es una experiencia enriquecedora. Me recuerdan mi infancia. Tras la clase de la tarde, venían las mujeres del pueblo a aprender a coser con la maestra. Mientras cosían, una leía en voz alta cuentos que ella les había escrito. De esas sesiones de lecto-costura salió un grupo de teatro, participaba todo el pueblo y duró muchos años.

Mi blog, Letras desde Mocade, lo comparto con otras tres escritoras. Lo iniciamos cuando yo a estaba jubilada. La escritura creativa me atraía, pero sentía vergüenza.

P. ¿Recuerda algún texto que exprese de forma bella la fragilidad humana?

R. El cuerpo en el que nací, de Guadalupe Nettel (Narrativas Hispánicas, 2011): “Nací con un lunar blanco, o lo que otros llaman una mancha de nacimiento, sobre la córnea de mi ojo derecho. […] … la mácula en cuestión estaba en pleno centro del iris, es decir, justo sobre la pupila por la que debe entrar la luz hasta el fondo del cerebro”.

Nuevos retos

P. ¿Ve bien cómo se han impartido las clases este curso?

R. Me dio mucha rabia que me pillara jubilada. Pensé que era un momento muy importante. Que era una oportunidad para estar al lado de los alumnos. Los niños y adolescentes han sido los grandes perdedores. Y encima culpabilizados.

¿Las clases? No estaban preparadas las plataformas educativas. Pero los profesores han echado el resto y los resultados han sido mejores de lo que se esperaban.

P. Siempre le ha gustado dialogar con sus alumnos. ¿Se ve profesora on line?

R. Antes de profesora fui alumna on line. Este formato me permitió realizar muchos cursos de formación, como los de español para extranjeros. Como profesora con las nuevas tecnologías, tengo experiencia desde que llegaron los primeros ordenadores al instituto. Tuve claro que llegaba la era del chip, y era la nueva revolución que iba a cambiar el mundo. Conforme mis alumnos iban teniendo acceso al email, lo convertí en una herramienta imprescindible para las clases de lengua. He dedicado muchas horas de sueño a contestarles. Poco a poco me fui formando, a la vez que mis alumnos. Pero, ojo, las clases on line no pueden sustituir a la enseñanza en el aula. A mí se me han aclarado muchas ideas con la tiza.

P. ¿Qué valores se pueden transmitir a través de una pantalla?

R. Ver la cara de un alumno es impagable. Si no puedes tenerlo delante, aprendes a comprender cómo está su ánimo a través de la pantalla. La imagen tiene muchas posibilidades de expresión y creación.

P. ¿Un nuevo sistema educativo?

R. Quizá unos nuevos retos a los que se tienen que ir adaptando los profesores, como han hecho siempre.

P. ¿Cómo ven los jóvenes la fragilidad?

R. Se sorprenden cuando les hablas de estos temas o les llevas al aula algún ejemplo de persona enferma o discapacitada. Les hemos dado un mensaje falso. Les hemos hecho creer que el mundo es de los fuertes y que la juventud es inmortal. Esto, en un mundo en el que se sobrevalora el materialismo y carente de valores, ha hecho que los jóvenes no se fijen en la enfermedad, en la muerte.

P.  ¿Cómo mejorar a partir de ahora la educación?

R. La solución es siempre la misma. Unos profesores entusiastas, bien formados, en conocimientos y en valores.

P. ¿No será que les transmitimos mucha teoría y poca vida?

R. No se puede enseñar sin conocimientos. Necesitamos pilares en los que apoyar nuestro edificio y formar ciudadanos responsables. Pero, si nos quedamos en eso, estamos educando robots.

P. Políticos, docentes, padres…

R. La educación la regulan los políticos, pero la concretan los docentes en las aulas. Y funciona mucho mejor si se cuenta con la colaboración de las familias.

P. Acostumbrados a la globalización y a la interculturalidad, ¿puede ser una marcha atrás?

R. En cierto modo, sí. El cierre de fronteras, el miedo al diferente, la nueva crisis económica.

P. ¿Cómo ayudar a los jóvenes a vivir estos momentos como crecimiento personal?

R. Eso es lo que tenemos que aprender y no descuidar. Que el cambio de normalidad sea un avance hacia valores más humanos y hacia un crecimiento personal.

P. Un libro que les recomendaría.

R. El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon (2003). Me cautiva esa forma de enfrentarse al mundo un niño de quince años con un trastorno del espectro del autismo. Y además, de propina, todos los artículos y relatos de Letras desde Mocade en los que Adela Castañón Baquera, médica, escritora y madre de un niño autista.

Evaluación continua

P. ¿Cómo ha vivido su propia fragilidad en estos meses?

R. Sin miedo. Eso sí, cumpliendo a rajatabla las órdenes del Gobierno.

P. ¿Y el confinamiento?

R. Como unos meses de libertad que me han permitido encontrarme conmigo misma. A la vez que, a través de las redes sociales, he estado más conectada que nunca. Ha sido una experiencia muy rica.

P.  ¿Hay siempre motivos para dar gracias a Dios?

R. Soy creyente. Pero de una religiosidad poco madura. Tiendo a la meditación, pero también me gustan los rituales que me enlazan con las creencias de las personas de mi pasado. Sí, siempre hay un motivo importante para dar gracias a Dios y para estar contenta.

P. ¿Cabe el enfado?

R. Nunca.

P. ¿Y la confianza en los seres humanos?

R. En principio siempre confío. Aprecio a la mayoría silenciosa que tiende una mano.

P. Una obra que nos hable de esperanza.

R. La Biblia.

P. ¿Cómo ve el futuro?

R. Siempre con optimismo. Estamos en un momento de cambio. Tenemos que sacar los mejor. Se hablará de una generación postcovid y creo que será una generación mejor.

SUMARIOS

“Los aparentemente frágiles me atraían por su gran fuerza interior”

“Las clases on line no pueden sustituir a la enseñanza en el aula”

“Se hablará de la generación postcovid, y creo que será una generación mejor”

(Humanizar, N.º 172 --Madrid, septimbre-octubre 2020).

11/09/2020 00:01 pilmarbarca Enlace permanente. Humanizar No hay comentarios. Comentar.

Volver a empezar

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Foto Toni Galán / Heraldo

Los tengo de todas las edades: Infantil, Primaria, Bachillerato, Universidad. “Tengo que aprender a conformarme / con lo que la vida me da”. Parece que Pablo Alborán acertó de lleno con su canción, homónima a este artículo, en lo que nos esperaba desde el pasado marzo, también en el curso académico.

La menor de mis cuatro sobrinos comienza este próximo lunes. Le enseñarán a lavarse bien las manos, a compartir juguetes y pinturas solo con niños y niñas de su grupo, a cantar y bailar sin temer a los ogros, con la seño y sus gafas tan grandes y tan chulis. Luego a casa, a comer y a lavarse los dientes, y a la siesta. Su hermano irá al cole el martes, ya a Primaria y sabiendo leer, con mascarilla. Un único recreo y sin jugar al balón, ni con compis de otros grupos burbuja. ¿Podrá asistir a su querida música y al inglés?

Y la tía, que creció alejada de las aulas, se pregunta si en esas cabecitas tan despiertas quedará de por vida la niebla de un par de cursos tan atípicos. ¿Dejarán lastre?

Mi segundo sobrino, para los 17, anda enfrascado en segundo de Bachillerato de Ciencias y Tecnología y se prepara a la EVAU. Mascarilla, distancia, responsabilidad. No sabemos si irá de mañana o de tarde, ni qué días en semana. Aquel pequeño que nos asombraba con sus prontos: “Mami, cuando sea mayor inventaré una vacuna para que no muramos”.

El mayor de los hijos de mis hermanos cursa segundo de Ingeniería Mecánica. Mascarilla, distancia, “streaming” desde casa. Sueña con un futuro más fácil y accesible para todos, relaciones, un empleo, con sacarse el carnet de conducir.

Y la tía, recelosa y un poco autodidacta en su niñez, se cuestiona: ¿Se harán realidad todos los sueños de mis peques, mis jóvenes? Porque teme que enfermen, que cierren los colegios, que se trunque su curso natural de aprendizaje o el río se desborde.

“Cuando creemos que lo sabemos todo, cuando creemos que el tren ya ha pasado… A veces, el tren de la vida te devuelve al punto de origen con todo su bagaje, con las maletas a cuestas…”. Antonio Miguel Albajara y Elena –Antonio Ferrandis y Encarna Paso– vuelven al amor de juventud en “Volver a empezar”, de José Luis Garci. Ojalá que la vida y la pasión por aprender nunca sean en nuestros hijos asignatura pendiente, la otra obra maestra del director, cuando maduren.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 4 de septiembre de 2020).

04/09/2020 19:59 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

¿Viajar seguo?

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Foto https://alfondoalaizquierda.com

Hay lugares que crecen con nosotros. Había terminado COU cuando fuimos a Suances (Cantabria), a una casa para funcionarios de Correos y sus familias. Iríamos en autocar y volvíamos en tren desde Bilbao. Junto a las actividades en grupo que se hacían, en mi imaginativo adolescente quedó la escarpada playa de Los Locos; o las visitas a Comillas y Santander: palacio de La Magdalena, jardines de Pereda, catedral.

A Santander regresamos más de una vez. Y a Santillana del Mar –el pueblo de las tres mentiras–, Comillas, Castro Urdiales, San Vicente de la Barquera… en familia, con Fundación DFA o en pareja. Allí escribí mi primer poema a un nuevo y definitivo amor. Nos quedábamos en la comunidad, o bien continuábamos hacia Galicia. El aire y los abrazos estaban limpios.

Recuerdo las sillas rebotando en las calzadas de piedra de Santillana. Castro Urdiales y San Vicente, pueblos eminentemente marineros; de señoritos adinerados el primero, con su castillo al fondo y su brazo de mar, más sencillo el segundo. La sede de la Universidad Pontificia, trasladada a Madrid, y el monumental e imaginativo Capricho de Gaudí en Comillas. También su zoo y, más al sur, el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, hermoso e infinito. O Noja en la costa este.

Mis sobrinos tenían ya la edad de mis hermanos en nuestro periplo inicial. Y es que vamos creciendo, aunque parezca que nunca vamos a alcanzar algunos sueños íntimos: un curso en La Magdalena o los Picos de Europa, los Lagos de Covadonga, Santo Toribio de Liébana… (en Asturias).

Suances pueblo, el barrio de La Cuba, sus típicas casitas marineras, la Casa de los Polanco en la plaza y la iglesia de Nuestra Señora de las Lindes. La semana pasada viajábamos dos parejas a Suances playa: playas de la Ribera y la Riberiuca, junto a la Ría San Martín, el paseo marítimo y el puerto; y la otra de los Locos, en la Punta del Dichoso, con el Faro y el bellísimo mirador del Torco.

Desde ahí, visitamos algún rincón de los arriba recorridos, y los Picos de Europa. Pero no he podido retornar, el paisaje crece con nosotros. ¿Un viaje seguro? Mascarillas en todo momento, hotel fuera del pueblo, en coche a lugares tranquilos. Quizá crecer implique aceptar la incertidumbre, echarse al mar sin flotador. Al fin al cabo, somos vulnerables, como la naturaleza, de la que tanto dependemos.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 28 de agosto de 2020).

28/08/2020 23:21 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

Dis-fruta

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Foto de Biel

Es una marca creativa que une el valor nutritivo de la fruta y su belleza –arreglos frutales, complementos…--. Quizá consista en eso, en ser imaginativos y creadores, en darle la vuelta a la tortilla y sorprendernos a nosotros mismos.

Los cines Palafox y Aragonia abrieron ya sus salas, sin palomitas y con las obligadas medidas sanitarias. Para ligar, se ha cambiado la discoteca por la piscina, el besuqueo por el juego de miradas, la cita por la app, las prisas por el conocerse a fuego lento. ¿Y para qué ir a Londres, si en Biel se da historia y leyenda, la cuna de Alfonso el Batallador y una de las torres más bellas de España?

Sin salir de Zaragoza, contemplamos sus puertas transformadas en murales: de Toledo, el Duque de la Victoria –hoy en restauración–, Valencia, Sol, Sancho y la Torre Nueva. Y Alfamén y su museo permanente. O Fuendetodos, con la casa de Goya, el Museo del Grabado y su entorno, con rutas tan variadas; o la curiosa iniciativa de llevar al pintor por hospitales.

Huesca, de Los Monegros al Pirineo: deporte y aventura, diversión y arte. Y el valle de Benasque, con sus tres miles y sus praderas paradisiacas. Senderismo, ibones, tirolinas… en la Selva de Oza. Y aunque sin San Lorenzo, la semana pasada contemplábamos sus Lágrimas o Perseidas más hermosas que nunca.

Y Teruel, Javalambre, sus olivos centenarios y sus minas. O el Torico, hoy también representado en un mural compuesto por 1800 fotografías. Pero nada como Albarracín, paisaje, gastronomía, patrimonio artístico y cultural, desde la catedral a la casa azul, presente imperecedero de un noble a su amada.

Muchas páginas web describen los lugares más seguros a nivel nacional. De Asturias y Cantabria, pasando por Madrid, a las playas del sur. Desde el Camino de Santiago, lugar físico o itinerario de música antigua, a la Mesa de los Tres Reyes, el pico más elevado de Navarra. Aunque sean nuestros pueblos pequeños, esos rincones de la España vaciada los que mayores tesoros nos reserven.

Disfrutar, a ser posible en familia, o con amigos de siempre; descubrir la esencia, lo importante. “Lo que la pandemia me ha enseñado es a soltar cosas, a darme cuenta de lo poco que necesito. No necesito comprar, no necesito más ropa, no necesito ir a ninguna parte, ni viajar. Me parece que tengo demasiado” (Isabel Aliende). La llave que reinventa el futuro.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 21 de agosto de 2020).

28/08/2020 23:09 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

Superar los miedos

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Salvador Dalí se inspiraría en el Cristo de San Juan de la Cruz (dibujado en un pequeño papel tras una visión del místico), y así se titula el cuadro. Foto www.todocuadros.es

De pequeña, tenía miedo a dormirme sin luz, como tantos niños; a que los mayores hablasen de la muerte; a que mis papás no fueran a buscarme al colegio –jamás me separé de ellos y lo segundo nunca sucedió–. Luego, empiezas a soñar con el amor y temes no encontrarlo; no lograr un empleo dadas tus circunstancias especiales. Según vamos creciendo, nos preocupamos por nuestros mayores, tenerlos con nosotros el mayor tiempo posible, con calidad de vida. Son temores abstractos, nacidos de anticipar una realidad que quizá no llegue a existir.

En estos meses, parecen haberse solidificado todos nuestros pánicos infantiles. ¿La noche oscura de San Juan? Los mayores no solo se morían, sino que desaparecían sin sentirlo, sin poder despedirnos ni ver tan siquiera sus cenizas. El peor cuento de terror se volvió realidad en apenas unos días. En la calle habitaba un enemigo invisible, y a enfermedad y muerte se uniría una miseria extrema.

Los niños comenzaron a tener pesadillas, ahora reales. No iban al colegio. La costumbre del beso se confinó y los adolescentes y los jóvenes tuvieron que reinventar sus relaciones digitalmente. Millones se quedaron sin empleo y miles de parejas sin amor. Jamás lo hubiésemos imaginado.

Seguimos todavía en ese tiempo. ¿Hasta cuándo? Dicen que el miedo es libre, pero cuando los positivos siguen multiplicándose, se rebaja la edad, vuelve a afectar a las residencias… ¿Y si es un familiar? ¿Y si salta el bichito tomando un helado o un café? ¿Y si cualquiera somos igualmente susceptibles de contagio? Sea como fuere, este verano es harto atípico y las vacaciones se eligen con lupa, quien se atreve a salir, en espera de un curso no menos incierto.

Temor a que la vacuna ni sea a corto plazo la panacea universal? ¿Y para todos? ¿Y si tuviese efectos secundarios? Tendremos que convivir con la vulnerabilidad y la incertidumbre, y confiar.

Este agosto, mañana, tampoco va a celebrarse la fiesta de la Virgen en tantos pueblos. Hasta la religiosidad y las celebraciones hemos tenido que reinventarlas. Aunque la esencia queda, y la humanidad, el ser humano, hemos sobrevivido a muchas.

¿En quién podemos confiar? “Quizá la mayor confianza para fray Juan de la Cruz sea la de ser esperado, ser amado” (José Carlos Bermejo, La esperanza en tiempos de coronavirus). Puede ser una clave.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 14 de agosto de 2020).

¿Exilio?

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Foto EFE / Casa del Rey

“Separación de una persona de la tierra en que vive” (Diccionario de la lengua española). La segunda acepción es más cercana a nuestra tradición histórica: “Expatriación, generalmente por motivos políticos”. Hay matices.

Destino fatalmente compartido por los monarcas españoles en los dos últimos siglos. Desde Carlos IV, contra quien se confabularon populacho y nobleza –el motín de Aranjuez–, las ansias de poder de los Bonaparte y la prisa por reinar de su propio hijo, Fernando VII.

Si hubiéramos de poner un rostro creativo a tanto sinsabor, sería el de Francisco de Goya. De La familia de Carlos IV, a El dos de mayo en Madrid o los fusilamientos de El tres de mayo, olas Pinturas negras. ¿Y una voz? Benito Pérez Galdós en Episodios nacionales.

Fernando VII, preso durante la Guerra de la Independencia, cargó contra los enemigos del Absolutismo, y, ya enfermo, abdicó a favor de su cuarta esposa, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, madre de la futura Isabel II. Las luces y sombras del reinado, la Gloriosa, el exilio y, sobre todo, los enfrentamientos con su tío Carlos, aparecen en dos escritores antitéticos: Ramón María del Valle-Inclán, en la serie “La Guerra Carlista”, y Pío Baroja, en novelas como Zalacaín el aventurero.

No volvería a España. Fue testigo a distancia de la monarquía parlamentaría de un extraño, Amadeo de Saboya, la I República, el regreso y breve reinado de su hijo, Alfonso XII –once años, enfermo de tuberculosis–, la regencia de su segunda esposa, María Cristina de Habsburgo-Lorena, todavía en estado de buena esperanza de Alfonso XIII.

Rey con 17 años, viajero infatigable –asistió al homenaje a Ramón y Cajal–, no consciente de que venía la II República, abdicó en el exilio en su hijo don Juan. Cronista fidedigno, don Miguel de Unamuno.

Una guerra civil, una larga dictadura… “Majestad, por España. Todo por España. ¡Viva España! ¡Viva el rey!”. Aquellas palabras de don Juan, abdicando en su hijo don Juan Carlos I, nos emocionaron. Una constitución, la consolidación del progreso universal… “… te comunico mi meditada decisión de trasladarme, en estos momentos, fuera de España”. Tres autoras encarnan este tiempo: Rosa Montero, Anne Carson, Premio Princesa de Asturias, e Irene Vallejo, estudiosas de la esencia humana a través de los clásicos y el subconsciente colectivo.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 8 de agosto de 2020).

07/08/2020 13:12 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

Las Delicias

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Foto www.heraldo.es

En los años 60 del pasado siglo, mis padres, como tantos otros, emigraron del pueblo a la ciudad. Venían de una guerra y una triste posguerra, y la oligarquía franquista no ayudaba mucho. Los míos aún tuvieron suerte y, con los cuatro ahorros de los abuelos, a fuerza de una vida de entregarse a la tierra, como el grano de trigo, se compraron un piso. Dos sillas, una mesa donde poder comer y un sencillo colchón, era todo su ajuar.

Los muebles fueron llegando despacito, y cuando yo nací, allí en una cuarta planta de la calle Delicias, no faltaron la cuna, los primeros juguetes y una sillita, imitación de anea azul y blanca, donde aprendí a leer. La gimnasia, a la que debíamos acudir todos los días debido a las secuelas de la parálisis cerebral de nacimiento –un error médico–, corría toda a cargo del sueldo de funcionario de mi padre, no tenía seguro.

Hacía mucho frío en los inviernos, con solo una estufa para toda la casa de esas de piña eléctrica. Y yo cogía angina tras angina, y muchas inyecciones, que aún me duelen; un “virus” permanente que el sarampión terminó de completar. Leía y estudiaba en la máquina de coser.

Llegó la transición, la democracia, mis primeras salidas con otros compañeros sentaditos, colonias de verano, el título de Primaria, el Bachillerato a Distancia, luego la Universidad. Nos hicimos más universales, mucho menos egocéntricos. Llegaron los primeros inmigrantes, y otros para quedarse, y muchos más.

La globalización se hizo dueña del mundo, o de la tierra. Y olvidamos reciclar las caseras; vasos, platos, pajitas y envases de cartón los cambiamos por plásticos. Fueron llegando los ordenadores, los viajes a gran escala, las pateras. Nuestros padres y nosotros nos fuimos trasladando a pisos y urbanizaciones más modernas, con ascensores y calefacción. Y aquellas viejas casas las dejamos para los nuevos inmigrantes, apiñados, subarrendados tantas veces, que venían a cuidar de los mayores.

Trece años tenía cuando dejé Delicias. Los mismos que esa niña inmigrante, hija mayor de una familia cuyos padres han debido ser aislados por la covid. No se sabe muy bien de qué hemos abusado. ¿De la naturaleza? ¿De nuestros prójimos? Se nos ha muerto casi toda la generación que nos cuidó. ¿Qué va a ser de la que ahora ha venido a cuidarnos? ¿Y de los jóvenes?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 31 de julio de 2020).

31/07/2020 11:15 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

Distopía

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Árbol de la vida. Foto www.tenvinilo.com

“Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana” (Diccionario de la lengua española). En este caso, el prefijo dis- indicaría ‘negación’ o ‘contrariedad’ respecto a utopía: “Representación imaginativa de una sociedad futura de características favorecedoras del bien humano”. Y también “plan, proyecto, doctrina o sistema deseables que parecen de muy difícil realización”.

En todas las culturas hay un Bien y un Mal, Yin y Yang, infierno y jardín de las vírgenes en la religión musulmana. Y en el subconsciente colectivo, utopía y distopía pueden ir de la mano. Sin tener que acudir a teoría  conspiranoide alguna, la discordancia con la vieja normalidad va a darse en un futuro a corto y medio plazo.

¿Un virus animal? ¿Manipulación en la mutación de especies? En cualquier caso, la biodiversidad de nuestra casa tierra ha sufrido mucho.

Esta Europa unida, tras superar dos guerras, la locura nazi, y tantos y tantos genocidios, que ha de sostenernos económicamente, es también heredera de símbolos antitéticos: el trigo y la cizaña, los hijos de la luz y las tinieblas, ángeles y demonios.

A los jóvenes les hemos ocultado muchas cosas, lo mismo que a Sidharta, futuro Buda, se le impedía ver la enfermedad, la vejez y la muerte. Los hemos protegido demasiado y creen que no va con ellos. Y se han encontrado sin la abuela, de la que no han podido despedirse; con que su profesor ha caído enfermo; sin poder ir a clase, ni a Salou, ni a ese viaje soñado durante meses.

Distopía, porque no conocemos ni el origen ni el final; porque ahora les afecta también a los bebés; y el aire está viciado y no podemos comprar un aire limpio, como Rosa Montero en Lágrimas en la lluvia, a través de Bruna Husky, la detective tecno que investiga el informe de la Tierra sobre el nuevo destino de la Humanidad.

“Me hice escritor porque tengo un desajuste con la realidad que me rodea, mi país, mi ciudad, mi época… Eso me lleva a encontrar en la literatura un mundo de experiencias que no he tenido, pero que he soñado” (Juan Marsé). Soñaremos. No nuevas islas de Utopía. Sí oscuras golondrinas que aprendan nuestros nombres, porque amamos.

Y el siete, del candelabro hebreo, las moradas, los chacras yóguicos o los niveles del cielo musulmán, se impondrá sobre el seis.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 24 de julio de 2020).

24/07/2020 19:42 pilmarbarca Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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