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Discapafobia

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Foto Clinica Psicovital M&M Almería

La polémica y la recogida de firmas están servidas desde junio. Por un lado, la enseñanza inclusiva: “Estoy a favor de que exista la mejor atención para los alumnos con discapacidad en todos los colegios públicos, concertados y privados”. De otro, la educación especializada para alumnos con capacidades diferentes: “… si usted tiene un problema cardíaco leve, le seguirá su médico de familia. Pero si lo que tiene es una cardiopatía compleja, usted querrá ser llevado en una unidad «superespecializada» en cardiopatías”.

Y pienso en Javier y Eduardo, en Clara y su melliza Claudia, nacidos con parálisis cerebral. Colegio e instituto normalizado y el CCE Ángel Rivière, según el caso. Cris Aberasturi precisará siempre atención personalizada; Rafa Calderón, con síndrome de Down, es uno más entre sus compañeros. La propuesta de ley de Podemos allanaba barrancos: “Se establece como criterio general que todo el alumnado sea escolarizado en centros ordinarios de su elección, estableciéndose una sola modalidad de escolarización”. ¿Cómo será el colegio de los hijos de Irene y Pablo?

¿Centros especiales sí o no? La realidad supera a cualquier ley, si esta se lo permite. La sonrisa de una persona con diversidad intelectual vale un mundo. Pero llevamos años sin casi ver a niños con alteración del cromosoma 21 (ley de plazos, malformación del feto…). ¿Se oculta un lado del espejo?

Como la PLO de regulación de la eutanasia, presentada por el grupo que nos gobierna. Podrá solicitarla quien sufra una enfermedad grave e incurable o padezca una discapacidad grave crónica: “situación en la que se produce en la persona afectada una invalidez de manera generalizada de valerse por sí mismo, sin que existan posibilidades fundadas de curación, y sí seguridad o gran probabilidad de que tal incapacidad vaya a persistir durante el resto de la existencia”. Aquí se roza lo insufrible.

Fobia a la discapacidad, la limitación, el proceso natural de envejecer… ¿Seguir con Piter Pan y Pocoyó? “La verdad os hará libres”. Ocultarla genera frustración. Más vida, hoy que cumplo velas.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Con DNI", viernes 17 de agosto de 2018).

17/08/2018 01:30 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

Sin móvil

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Foto www.forocoches.com

En algunos campamentos de verano ya se practica. Y no sé si Macron y Pedro Sánchez tratarían del tema, pero me parece una buena medida que en institutos de enseñanza secundaria no se permita el móvil en horario de clase. Por diversos motivos.

Haciendo limpieza, poco antes de los caloríferos rigores que parecen de momento amainar, me encontraba con el primer dispositivo de telefonía inalámbrica que cayó en mis manos. Sería frontera de los dos milenios. Un Motorola Amena, con las teclas de encendido-apagado, ok, volumen y flechitas a izquierda y derecha para buscar los números guardados. Lo demás, bajo una tapita que yo no podía manejar.

Una antigualla, sí. Aunque de hace dos días. No hace tanto celebrábamos muestro 25 aniversario de licenciatura. Ni búsquedas por Google, ni portátiles ni nada parecido. Servidora y su máquina eléctrica y su memoria de pobre paquidermo y tan campante. ¡Bendito aquel Mackintosh que me ayudó con la tesina!, pese a aquellos disquetes que había que meter y que sacar y cuya capacidad hoy parece irrisoria.

Y si retrocedemos unas décadas más, muchos de nuestros padres, de seguro, festejaron por carta. En bastantes pueblos castellanos, no entraría el cableado telefónico –y si me apuran el agua en las casas– hasta bien entrados los 70. Que catalanes y vascos siempre fueron por delante. Y en época de guerra, y de antepasados aún recientes, ¿cuántos meses tardaba una misiva en llegar a su destino?

Una comida o reunión sin whatsapp es impensable. Ver el fútbol sin consultar el móvil no es lo mismo. ¿Quién resiste más de 20 minutos? Te quedas relegado si no envías o recibes un mínimo número de mensajes.

La inmediatez nos manda, mucho más que una imagen. Madurar aprisa, el sexo urgente, tener respuesta con un simple clic.

Acumulamos mucho sin procesar apenas; a los jóvenes les urge; los pequeños se las saben todas. A cambio, perdimos la cultura del esfuerzo, de la paciencia que acrisola, del saber discernir si mejor mis propias zapatillas o las de marca. Para amigos, los dedos de una mano; no los miles de Facebook.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Con DNI", viernes 10 de agosto de 2018).

10/08/2018 01:48 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

Helados

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Foto Jesús Alba

Cuando éramos pequeños solo había helados en verano. Porque en invierno rondaban las anginas, y teníamos que estarnos junto a la estufa, con el televisor en blanco y negro y muy poquito más. Por eso, el que mamá comprase para mi comunión helado de corte, con su galleta a ambos lados –aunque a mí me lo echasen en un platito–, fue ya toda una fiesta.

Era además el tiempo de los barquillos y los cucuruchos, también de obleas en la plaza del Pilar. Polo nunca tomé, se calaban los dientes y era más incómodo. Y pocos Flash, que debían sostenerme el plastiquito y era una lata; aunque a mis amigas en el pueblo y a mis hermanos, ya por los 70, les encantasen.

Y con todo, los polos ponían la nota de color. Porque el helado helado, de nata y de vainilla; de fresa y chocolate, menos veces. Y así seguían siendo aquellos cucuruchos que me compraban los tíos en la playa, pese a que habían tenido que pagar el viaje y el hotel. ¡Qué recuerdos!

Después, las tarrinas de plástico vendrían a salvarme, en las colonias –aún no había problemas con los residuos–. Aunque para helados, esos de tres sabores de la Piazza Navona, en Roma. ¡Cómo se derretían en pleno junio! «Un niño en su carrito, una señora, / un viejo pensativo, paseando / en torno a sus recuerdos. / Tomamos el helado, y me trajiste / un poco de agua clara entre tus manos / para lavar las mías».

Mis sobrinos mayores, el uno prefiere el almendrado; el otro, el Calippo. Y los más pequeñines están todavía en la edad del muñequito que lo contiene. La tía sigue prefiriendo el recipiente, con una o dos bolitas, yendo hacia el parque Labordeta o en el bar de la entrada, mejor si es compartido.

Las cosas han cambiado, ¡vaya que sí! Me contaban que en la heladería Napoli de Madrid sirven combinaciones de queso Philadelphia con piña, mascarpone con higos, maracuyá con coco, frambuesa con vinagre de Módena… Nada que envidiar la tarrina de mango con tomate rosa que nos tomamos el otro día en Huesca, plaza San Antonio. ¿El arte puede ser? ¡Y pensar que en el súper siempre los Magnum mini! A nuestra edad, las calorías, el azúcar…

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Con DNI", viernes 3 de agosto de 2018).

03/08/2018 14:06 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

El tren Chuchú

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Foto Guillermo Mestre / Heraldo

Ha sido compañero inseparable de lecturas, reflexiones, soledades buscadas, quedadas con amigos, un amor “in crescendo”… Puente de los Cantautores, paseo Manuel Azaña. Locomotora negra con detallicos rojos en las ruedas, el guardabarros y la nariz, tirando de sus dos vagoncillos multicolores; y yo intentando despedir a mi tía en la plaza de José Luis Sampedro –ayer Princesa–: “Me fui hasta el parque. Quería despedirme / de tu cuerpo de tierra y hojarasca. / Quería despedirme, pero volvías / una vez sobre otra / cada vez que los peques iban a columpiarse / o hacían dibujitos con un palo en la arena, / como yo de pequeña, tú a mi lado”.

El Jardín Botánico, la Rosaleda, y a la derecha los columpios nuevos, y mis sobris mayores reclamando la atención de su tía al subir y bajar del tobogán –antes “esbarizaculos”– o el barco. Y las viejas piscinas, com más de cuatro chapuzones hasta los 12  años. El paseo se alarga y revuelve. ¡Cuántas entrañables tardes de pareja!; ¡y conciertos en el rincón de Goya! Allí arriba, allá más lejos, con mi tío y mis hermanos, rodando tan felices por la pendiente. No habían comenzado a caerse los pinos.

En el bar los gorriones compartían con nosotros las patatas. Avenida de los Plátanos o los Bearneses; más silencios, y besos, y confidencias con mi media luna o naranja. El nacimiento del primer sobrino, ante la catarata que desciende y te sube al Cabezo. Y girando la otra fuente de colores, a la izquierda el parterre de setos, jardincicos, bancos, estanques y más fuentes, ya San Sebastián, digo, el paseo. Vamos redescubriendo el Kiosko de la Música, y columpios de colorines y casita tobogán.

Antes del deportivo Perico Fernández, aquellos columpios itinerantes regentados por un matrimonio anciano. ¡Cómo subía a las estrellas! Si volvemos a girar hacia la Estación del Tren, me veo en un triciclo rojo con mis papás y tíos.

¿Recuerda quizá el blanco paraísos cerrados? Ojalá mis sobrinos más pequeños se sigan quedando extasiados con el tren. Ahora puedo viajar con ellos. Una bonita infancia, antes de alistarse para Marte.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Con DNI", viernes 27 de julio de 2018).

27/07/2018 14:22 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

Tormentas de verano

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Foto Heraldo

He vivido veranos abrasadores, tardes en las que el aire abofetea la piel con su bola de fuego, inviernos que ponían las camisas tiesas como cristos cuando los radiadores y el televisor eran bien de unos pocos. Pero nunca recuerdo una tormenta de verano como el 11 de julio.

Por la acera del pequeño parque que lleva de Juan Carlos I a Vía Univérsitas, unos metros tan solo. Una nube negruzca en el cielo que se iba aproximando, unas primeras gotas, goterones, corrimos a meternos en la puerta del IES Jerónimo Zurita, no daba tiempo, un viento enloquecido, una sensación inaudita de terror, ¿y si se me cae un árbol encima?, ¡corre corre!

Los porches de Overpani fueron nuestra salvación. Cómo caía. ¡Granizo! El agua alcanzaba ruedas y zapatos. Una rama enorme desprendiéndose al suelo. ¿Pero esto que es? No se veía nada, viento y tierra nos cegaban los ojos. El continuaba salpicando y calando rostro y espalda.

Habíamos quedado con una buena amiga por Romareda. No llegamos, ¿la llamo? Tardará 15 minutos en pasar esto. Mientras esperábamos, la ciudad, o lo que de ella veíamos, iba cambiando de semblante. De los ojos terrosos al marrón, al grisáceo; del granizo a la lluvia más delgada, que poco a poco iba amainando. ¿Sale el sol? ¿O es una luz extraña que refleja?

Mi visión continuaba. ¡Una lluvia monzónica en Zaragoza! ¿Cuándo se había visto? Intentamos cruzar ha Violante de Hungría, los ríos de los vados entre acera y calzada y los troncos caído lo hacían inviable. Dimos la vuelta por las calles de atrás hasta Asín y Palacio. El acceso –por cierto, sin rampa– al hotel Romareda y a la terraza del Rogelio’s era casi un embalse.

Nuestra amiga llegó. ¡No sabéis cómo está todo por ahí, por Gran Vía, por Fernando el Católico! Ni tranvía, ni un taxi. En la plaza San Francisco he visto uno. Pero lo han cogido una mamá con su niña, y claro, ellas lo necesitaban. Quedó una tarde inolvidable.

Y te vas despertando. Mis padres achicando agua en la terraza. Coches como autos de choque flotantes. Sillas que volaban sin telequinesia. ¿Locura climática?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Con DNI", viernes 20 de julio de 2018).

21/07/2018 01:32 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

La caverna

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Foto Efe

“Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar solo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza” (“República”, Libro VII). ¿No resultan rabiosamente actuales estas palabras escitas por Platón hacia el 380 antes de Cristo?

Y si bien el clásico relata en forma de diálogo una alegoría político filosófica espiritual, el equipo de los jóvenes “Jabalíes Salvajes” revive en carne propia el mito de la superación. “Dédalos de la infancia” podría titularse esta maravillosa aventura de supervivencia humana. La realidad supera casi siempre a la ficción.

¿Qué fuerzas misteriosas llevaría a los doce muchachos y su monitor de fútbol a la cueva tailandesa de Tham Luang, justo antes de desatarse la tormenta con sus mil demiurgos? ¿Los hados? ¿La casualidad? ¿La imprevisión acaso? De otro lado, ¿qué energía centrípeta o sinergia uniría a Estados Unidos, Australia, China, Japón, Israel, Finlandia, Dinamarca o España, entre otros? ¿Qué hizo del error y la desgracia un hecho, mucho más que viral, genuinamente universal, político y del pueblo?

Encierra mil y un misterios la caverna. ¿Qué pasaría por la mente de esos chicos antes de que llegase el primer alimento? Mientras intentaban avanzar y abrir puertas en la noche y agua. ¿Tiene entonces la muerte un color y una distancia diferente? ¿Cómo es el primer pálpito de luz?

Uno, cuatro, seis, ocho… Fueron emergiendo los chavales, adolescentes ya, hombre más de uno tras madurar en la prueba, a la superficie de una nueva vida.

“Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada–prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol”. Las miras parecen muy diversas: celebrar el cumpleaños, ayudar a mamá, un poco de pan con chocolate. La esencia permanece.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Con DNI", viernes 13 de julio de 2018).

13/07/2018 02:12 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

María Antonia

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Foto: Jesús Alba Ematarriaga / María José Millán Álava

Los pasados 21 y 22 de junio, la Universidad de Zaragoza, la Institución “Fernando el Católico” y la Diputación Provincial, compañeros docentes, doctores por ella dirigidos hoy profesores, discípulos y amigos, rendíamos un merecido homenaje a nuestra entrañable maestra María Antonia Martín Zorraquino,

Nuestra primera clase en la Facultad, un cálido recibimiento en el Aula Magna I –éramos un grupo numeroso y en la II había escaleras–. Nos dio la bienvenida y, acto seguido, le faltó tiempo para invitarnos a disfrutar del trato con otros compañeros, no solo de nuestra disciplina. Gozar de nuestra juventud y aprovechar al máximo la enseñanza universitaria. Se nos quedaron las palabras, el suave y vigoroso aleteo de sus manos al subrayar los ejes principales del sintagma. Irradiaba armonía y sencillez.

Morfología, Semántica, Fonología, Fonética… Comentario de Texto, adaptándose siempre la profesora a los alumnos. Entre 1982-87, su década no siempre más dichosa, haría germinar la semilla en nosotros, generosa y fecunda. Su melena abundante y sus blusas, con volantes y detalles exquisitos, daban un toque de serena elegancia.

Me examinaba con la máquina eléctrica. –Señorita, no es necesario que lo escriba usted todo. Con enumerarme cada caso yo ya veo que se lo ha estudiado –yo continuaba escribiendo–. Ya veo que es usted de Aragón.

Eugenio Coseriu, Emilio Alarcos, Tomás Navarro y el María Moliner. Continué con el doctorado, y en una de mis visitas a la Facultad conocí a su esposo: –¿Es buena profesora? (me preguntó Juan). –¡Muy buena! (recostaron sus cabezas uno en otro, se sonrieron).

“El corazón en vilo”, “La manzana o el vértigo”… Y es que se desvivía por cada uno. Lo mismo que por sus maestros: sus padres, su marido, Juan Rivero Lamas, y D. Félix Monge.

En septiembre, cuando estrene su nuevo cometido de profesora emérita en la antigua Facultad de Educación –por la remodelación de Filología–, seguirán en nosotros sus palabras: “Que aprovechéis cada lustro para volver a veros. Y ojalá pueda yo seguir acompañándoos hasta que lleve bastoncico…”.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Con DNI", viernes 6 de julio de 2018).

06/07/2018 14:56 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

Homenaje a Juan Meléndez Valdés

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De las composiciones anacreónticas y bucólicas, a las filosófica morales y más comprometidas, el poeta pasa asimismo por una etapa de referencias mitológicas y religiosas, de cierto neoclasicismo y un pequeño toque rococó, por el mimo del detalle y la belleza.

Habitó entre nosotros la belleza

A Rosa María Palacios Gil

Amplio un salón en luz, larga la mesa

a cuyas dos riberas nos sentábamos

por contemplar, intacta, la hermosura.

Por las paredes libros y murales

y objetos variopintos por doquier,

que se iban apagando, lentamente,

al tiempo que se hacía el fiat lux

al fondo, en la pantalla.

 

Volúmenes, colores, esa imagen

sentada en diagonal respecto al cuadro,

la sombra cincelando el corazón.

Y aquella voz tan cálida y tan leve

desmenuzando enigmas, claridades,

oscuros recovecos de belleza.

Oculto entre las telas, siempre un halo

sereno de absoluto, como un soplo

de vida en cada rostro, en cada ser.

Y siempre recreando una pregunta:

¿Por qué el Amor nació de aquella concha?

¿Dónde el juego de espejos?

                                         ¿Y ese rostro

de madre prematura y hermosísima?

Un denso claroscuro va impregnando

la escena de esperanza. Y más al fondo

velados personajes se aproximan

a otra esfera de luz.

 

De vez en cuando un gesto, una mirada,

un ademán gracioso de indolencia.

Y la vida seguía, allí en los pliegues

austeros de la ropa, el cuerpo noble,

o en ese valeroso sostener

la bóveda celeste.

                             Y el espacio

se hacía horizontal, quieto, severo,

o acaso apuntalado hacia lo azul

por arcos, contrafuertes, ojivas de leyenda.

Los nombres se me borran, no recuerdo

–hornacina, esfumatto, tenebrismo–,

sólo queda la savia, iluminando

espacios, formas, mitos

salidos de la tierra, del origen

remoto de las lunas.

Angélico, Verrocchio, Botticelli,

Rubens, Durero, Giotto,

Tintoretto, Bernini.

¿Por qué ventano oculto ha penetrado

la luz al corazón?

 

Sonríe la Gioconda, remansada

en una melancólica tibieza.

Un perro vela el sueño de sus amos.

Al fondo la Madonna, revestida

de sedas florentinas y joyeles,

amamanta a su Niño.

                                Y se nos quedan

en lumbre la mirada y el espíritu.

 

Volvemos, lentamente, a esta ribera

–apenas una hora–, y van quedando

a oscuras el salón, la larga mesa,

los libros y murales, la pantalla,

la sombra en honda luz de los recuerdos.

 

(VV. AA. (Antonio Astorgano Abajo, Coord.), “Homenaje a Juan Meléndez Valdés en el bicentenario de su muerte (1754-1817)”, en Revista de Estudios Extremeños, 2 vols., Año 2017 – Tomo LXXIII, Número Extraordinario, Centro de Estudios Extremeños, Diputación de Badajoz -- Del Verbo y la Belleza, Madrid, Setelee, 2012).

02/07/2018 03:10 pilmarbarca Enlace permanente. Poemas No hay comentarios. Comentar.

No somos piedra

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Foto www.mujeresenlahistoria.com. Claricia, primera mujer copista que iluminó el texto que trabajaba con su autorretrato.

Fue en el Concilio de Éfeso, 431 d. C., cuando, tras sesudas deliberaciones, los teólogos comenzaron a calibrar la posibilidad del derecho de la mujer a tener alma. Ya no era un ente inferior a la piedra, como creyeron muchos medievales. Los judíos más ortodoxos siguen hoy debatiendo si las féminas son o no desalmadas. Mientras el Corán ha reconocido siempre la dignidad del hombre y la mujer, seres íntegros, independientes, libres, creados de la misma esencia.

¡Quién lo iba a decir! Y es que las fuentes poco tienen que ver con su implementación socio cultural. Y si no, ¿por qué esperar a Rusia para asistir unas y otros al fútbol en igualdad de condiciones? Hasta ahora, no se había aprobado una ley que permitiese conducir a las mujeres sauditas, aunque llevasen ellas la carga, el trabajo, la compra y los traslados de toda la familia. ¿Y las adolescentes marroquíes?, obligadas a casarse nada más apuntarles las curvas hasta casi el actual reinado de Mohamed VI.

En un entorno integrista, incluso los deportistas con melena son censurados. Pero no nos engañemos. Seguro que en la exposición –en el Pablo Serrano– y el libro de Ana Palacios, “Niños esclavos. Por la puerta de atrás”, abunda más el sexo femenino: “Muchas han sido objeto de violaciones sistemáticas, de explotación infantil, de reclutamiento con fines militares, se han dedicado a la mendicidad forzosa o a la venta. Si van al campo, recogerán caña de azúcar, cacao y café. En la ciudad todo es más impredecible”.

No hay que migrar a países donde pedir un hospital o un centro universitario son motivo de cárcel; ni culpar continuamente a Trump. ¿Separará a las niñas árabes de sus madres? “Estas mujeres empiezan a aislarse socialmente, él la desacredite mientras ella habla delante de la gente, o critica su forma de actuar o vestir”, comentaba la presidenta de Somos Más tras el asesinato de Raquel.

Niñas testigos-víctimas, mujeres con discapacidad, mayores que se vuelven dependientes… nunca denuncian. No somos piedras ni de piedra. ¿Alzheimer o trastorno bipolar? Lo olvidamos a diario.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Con DNI", viernes 29 de junio de 2018).

29/06/2018 15:16 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

Niños migrantes

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Foto perfil.com

Hace unos días, con la llegada del Aquarius, se me quedó la imagen de una niña pequeña, morenita, en brazos de su mamá. Todos le hacían gracias y carantoñas. ¡Estaba para comérsela! Me recordó de pronto a mi sobrinita de ocho meses. Y es que los bebés no saben de fronteras, su lenguaje y su forma de querernos son universales.

Días después, la tele nos mostraba uno de esos centros aislados del mundo, en la frontera de Estados Unidos y México, en los que a los pequeños se les aparta de sus padres y del resto de la familia sin papeles. Debía de ser un centro privilegiado, contaba con salones, comedor, servicios, dormitorios y hasta un plan de estudios. Con lo que no contaban los menores era con un futuro cierto a corto plazo. De espaldas a la cámara, comiendo en una de las mesas, un muchacho en silla de ruedas. Me recordó mi infancia, mi juventud, mi desarrollo hasta ahora.

Aún nos faltaba por ver. Estaban hacinados entre rejas o, mejor, alambradas, al otro lado de la dignidad. Llorando a pulmón partido, gimoteando, cansados de tanto insistir, o con berridos y alaridos casi de bestia humana. Sintiendo cómo se desgarraba, acaso para siempre, su inocencia. Y la súplica tímida y pertinaz de otra niñita: “Quiero ver a mis padres. Pero dejadme, por lo menos, estar con mi tía, por favor”. Y otra vez yo y mis tíos, con cinco, seis, siete, ocho años. El espejo interior tampoco sabe de países.

Veo a esos pequeños que a veces se nos cruzan en las calles. Y ahora ya no tanto, quizá lo hayan prohibido, pero antes pedían con papá. Y veo a esos graciosos morenitos de cabello ensortijado, en su carrito o de mano de mamá, cubierta la cabeza por un velo, como nuestras abuelas y bisabuelas. Y a los hijos de mujeres latinas, de otros países de África o de Europa del Este. Y luego mira a mis sobrinos, los mayores y los más pequeños, a los hijos de primos y amigos, y comprendo la brecha que se abre entre nosotros. Hijos de Dios, Alá o Jehová, nuestro origen y destino es diferente.

Europa necesita etnias jóvenes, y Trump ha prometido… Pero, antes, miraremos a la Luna.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "Con DNI", viernes 22 de junio de 2018).

22/06/2018 02:41 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.


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