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Vacunas y vulnerabilidad

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Foto www.freepik.es

Según la Estrategia de vacunación COVID-19 –Consejo Interterritorial, Sistema Nacional de Salud–, “evaluando  los  riesgos  de  exposición,  transmisión,  morbilidad  grave  y  mortalidad”, se han considerado unos primeros grupos susceptibles de inmunización: residentes y trabajadores en residencias, personal sanitario y socionanitario de primera línea y otro personal sanitario, personas consideradas grandes dependientes y mayores de 80 años.

Aunque no sea exactamente igual un varón o mujer de 81, que no se valen por sí mismos, que mi tía de 94, que sigue viviendo sola y completamente lúcida en su casa. Las defensas bajan con la edad, eso es cierto.

El grupo cuarto sería el de “grandes dependientes,  es  decir,  con  necesidad  de  intensas  medidas  de  apoyo”, no institucionalizados. Y yo haría dos subgrupos: grandes dependientes vulnerables y no vulnerables. Vulnerable, ‘que puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente’ (Diccionario de la lengua española).

Personalmente, yo no me he sentido nunca especialmente vulnerable. Desde que con un añito, en el tacatá, unía mis manitas mimetizando a las señoras, a la Primera Comunión, cuando quería levantarme y cantar como los otros niños, a mis Estudios Primarios, el Bachillerato a Distancia –Carmen Sender, Rosa Palacios–, la Universidad presencial, salidas con amigos, o un amor y una sexualidad sin diferencias.

Claro, necesitamos mucho apoyo, lo que casi siempre se obvia o se olvida. Una asistencia personalizada, que los gobiernos y la administración siguen negándonos. Me llegaba esta nota: “32.000 (grandes dependientes) no podrán ser vacunados. Al no haber sido valorados, no están localizables. También se excluye a las 134.000 cuidadoras no profesionales que deberían ser vacunadas por estar cuidando a las personas grandes dependientes” (Foro de Vida Independiente).

Siempre hay discriminación. Esperemos que no se repita el triaje de la primera ola: “Cualquier persona con deterioro cognitivo, (…) no será subsidiaria de ventilación mecánica intensiva” (Grupo de Trabajo de Bioética de la SEMICYUD, Madrid).

Hay miles de diversidades funcionales, y de enfermedades que invalidan. ¿Es mucho pedir diferenciar? “…en su opinión, el camino correcto es vacunar al "100% de los grupos vulnerables y seguir con las medidas restrictivas” (Margarita del Val). ¿Quiénes más vulnerables?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Foco", viernes 19 de febrero de 2021).

19/02/2021 19:43 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

Nuevas formas de amar

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Foto www.infobae.com

Cada edad, etapa de la vida y de la historia, impasse de sosiego o tiempo turbulento –guerra, hambruna, dictadura, epidemia--, va marcando unos modos de relacionarnos, cortejar, festejar, ligar, atraer, seducir a la pareja. Nada que ver cómo se enamoraban nuestras abuelas, con tímidos acercamientos antes del desposorio, a la libertad pre-sida o pre-covid o este último año. ¿Siguen las mariposas en los estómagos y un canto de ruiseñor en la cabeza?

Escribe Antón Castro en “Los amantes de Teruel”: “Empecé a amarte por la letra redonda de aquella primera carta. / Me llamabas “Madrina, Isabel”. Y luego me hablabas de la nieve, / de la soledad de los campos bajo los bombardeos…” (La danza de la muerte).  Catástrofe y amor están presentes en el Decamerón de Bocaccio, o La peste de Camus: “Amar o morir juntos, no hay otra solución”. La realidad supera a la ficción siempre.

Ligar es más difícil con mascarillas y distancia, y pone a prueba la imaginación: palabras que seducen, encuentros y cenas por Skype, intimidad a uno y otro lado, juguetes sexuales que interactúan mediante una aplicación… Vuelven a preferirse las parejas estables frente a la promiscuidad, aunque las que ya lo eran o han fructificado o se han roto de por vida.

Lo de Florencia y Graig, argentina y norteamericano, fue un auténtico flechazo por Instagram, mientras cubrían las protestas anti racistas por el asesinato de George Floyd. “Poco a poco los gritos y las explosiones se alejaron. Permanecimos ocultos más de una hora, para estar seguros de que no nos cogerían si salíamos antes. En ese rato sucedió todo” (Jordi Sierra y Fabra, Las palabra heridas).

Este domingo volvemos a celebrar San Valentín, como en el siglo V, uno de los tres mártires romanos con ese nombre. Posiblemente, el médico y sacerdote que casaba a escondidas a los soldados. Según la ley romana, era incompatible con las armas, y sería decapitado por Claudio II “el Gótico”.

Me impactó el titular: “Una pareja contrae matrimonio en la UCI, justo antes de ser sedados e intubados”. Un amor reposado, como el de la película “Deseando amor”, del chino Wong Kar-Wai. O el de Fermina Daza y Florentino Ariza: “Era como si se hubieran saltado el arduo calvario de la vida conyugal, y hubieran ido sin más vueltas al grano del amor” (El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez). ¡Feliz Día del Amor!

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Foco", viernes 12 de febrero de 2021).

12/02/2021 13:19 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

Santas mujeres

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Foto: Santa Águeda, de Zurbarán. https://commons.wikimedia.org

Mujeres que siguieron a Jesús hasta el Calvario, y las que han hecho de la cruz su palma y su victoria. De Santa Águeda de Catania y Santa Lucía, las heroínas de los Sitios –Agustina Zaragoza, Casta Álvarez, Manuela Sancho– o María Rafols, a este convulso XXI. El varón, si no el racismo más recalcitrante, nos ha hecho invisibles y más enérgicas.

¿Tenían alma las mujeres? Hildegard von Bingen, música, científica y mística alemana (siglo XII), aporta el estudio de las enfermedades, desde una perspectiva global, y del cuerpo femenino. Y Claricia, joven con vestido secular, ilumina su página, en la abadía benedictina de los santos Ulrico y Afra (Augsburgo), y se atreve a retratarse columpiándose, colgada de su Q capital.

Rompieron con el silencio impuesto. Isabel la Católica se rodeó de doctas en su Corte: Beatriz de Bobadilla, Beatriz Galindo, Lucía de Medrano, Beatriz de Silva, Catalina de Aragón –reina de Inglaterra–, María de Pacheco… Cariz renacentista y culto presente en Teresa de Jesús, por mucho que hubiese de disimular ante sus confesores. Ya en el XVII, Ana Abarca de Bolea resalta en la poesía aragonesa, según Aurora Egido o Manuel Alvar.

La España ilustrada gira entre la misoginia más atroz y una progresiva apertura, sobre todo en la prensa, preconizando en los dos siglos siguientes figuras como Concepción Arenal y Clara Campoamor. En narrativa, de Cecilia Böhl de Faber –Fernán Caballero– a Emilia Pardo Bazán la escritura de autora dio un giro completo.

Están las escritoras del 98: Carmen de Burgos, María Lejárraga –quien escribía la obra de su esposo, Gregorio Martínez Sierra–, María de Maeztu, Concha Espina, Carmen Baroja… Y las “Sinsombrero” o autoras de la generación del 27, de María Teresa León, consorte de Rafael Alberti, a Rosa Chacel o María Zambrano. Y entre nosotros Lola Mejías, esposa del profesor Eugenio Frutos.

La vida universitaria tampoco fue sencilla del XIX al XX. María Moliner sería depurada por un régimen varonil. María Antonia Martín Zorraquino nos recuerda a su madre, María Antonia Zorraquino Zorraquino, doctora en Ciencias químicas (1929): “Pocas mujeres eran universitarias; fueron pioneras ejemplares. La vida de la casada solía reducirse al ámbito doméstico”. Podríamos seguir.

Sabias y santas madres que han ido dejándonos su herencia: “Soy deudora de mi pasado, de mi abuela, que no sabía escribir” (Ana Alcolea).

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Foco", viernes 5 de febrero de 2021).

05/02/2021 12:53 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

Valero y otros santos

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El prefecto Daciano juzga a los santos Valero y Vicente. Reproducción en la Catedral de Alcalá de Henares, parte del Frontal de finales del S XIII.

No hay roscón este año en la plaza del Pilar, ni en las celebraciones familiares de más de cuatro comensales, fuera de convivientes. Lo que no es óbice para olvidar a Valero, que con su acólito y asistente Vicente, preside el Concilio de Elvira (Granada, 306); y en su postreros días encuentran en Valencia martirio y destierro a Roda de Isábena. No importa tanto devolver la mitra en Zaragoza con Alfonso I, o el busto-relicario que regala Benedicto XII a la Seo (siglo XV), como la intercesión de un santo tartamudo.

Se ha perdido la voz, o se sufren parestesias, y otro santo cercano, es San Blas de Sebaste. Ermitaño en el monte Argeus (Armenia, siglo IV), donde instaló su sede episcopal, sanaba milagrosamente la garganta de humanos y animales. Martirizado y decapitado, es patrono de los otorrinolaringólogos y las enfermedades de garganta, zona nasofaríngea, hoy paso de la covid.

Puestos a sacrificios y penurias, Santa Águeda de Catania, que por honestidad rechazó al procónsul Quintianus, recuperó los senos seccionados gracias a San Pedro y fue incinerada viva, provocando la erupción del Etna. Tampoco va a poder convocarnos el próximo 5 de febrero a las mujeres, pero su estela sanadora queda. Como la de Santa Genoveva Torres, amputada, leprosa y “Ángel de la Soledad”; Teresa de Jesús o Teresa de Lisieux.

Si hay santos sanadores de llagas y epidemias, son San Juan de Dios (1495-1550), San Camilo de Lelis (1550-1614) y San Roque. Soldados y hospitalarios los primeros, Juan de Dios muere de pulmonía tras salvar a un joven del Genil. Camilo se gradúa en sufrimiento: una herida, defectuosas las piernas y los pies… El hospital de Los Incurables parece uno actual: “Se veían tullidos con muletas, paralíticos arrastrados en los típicos carrillos que se arremolinaban junto a la estacada no sin altercados y con algún desorden” (Alessandro Pronzato). Pleuritis, asma, empiema, esputos de sangre, viruelas… sus hijos, los Camilos, cuidan a infectados durante siglos.

Abogado de la peste es San Roque, un noble occitano que peregrina a Roma. Le sorprende la peste europea del siglo XIII en Placenza; un manantial calmará su sed, un perro su hambre de pan. La Iglesia de la Santa Cruz de Velamazán se dedica a San Roque, por salvar al pueblo de la peste (1686).

Creyentes o no creyentes, los santos interceden y nos recuerdan.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 29 de enero de 2021).

29/01/2021 21:32 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

Vacunas

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Isabel Zendal. Foto www.thisistherealspain.com

El nuevo hospital para enfermedades infecciosas Isabel Zendal de Madrid es un bello homenaje a esta enfermera, primera en la historia en misión internacional, mujer y madre, que moriría en la más absoluta indigencia en Puebla de los Ángeles, Nueva España. Cuidaría a los pequeños que llevaron en su propio cuerpo la vacuna de la viruela a América y Filipinas, al mando del médico militar Francisco Javier Balmis, reinando Carlos IV.

Somos cortos de memoria. Olvidamos que epidemias, catástrofes naturales y luchas de poder existen desde siempre. Obviamos la labor de Louis Pasteur, pionero de la Edad de Oro de la Microbiología, impulsor de las vacunas, los antibióticos, la esterilización y la higiene. Ignoramos el trabajo paciente de Robert Koch, uno de los fundadores de la bacteriología, descubridor del bacilo de la tuberculosis y del cólera. Hoy, aun sin sabernos ya todopoderosos e inmortales, seguimos teniendo mucha prisa.

Pfizer, Moderna, AstraZeneca, Oxford, Sputnik… Las de Jenner y Balmis contra la viruela se llevaron siete años (1796-1803), y la última de la gripe ha tenido variantes; pero nunca tantas farmacéuticas tras de un mismo virus. Es la mejor opción a corto y medio plazo, aunque las dudas continúan latentes. ¿Evitan los contagios? ¿Inoculan el virus? ¿Inmunes para siempre?

Inmunodepresivos, alérgicos, pacientes de cáncer, niños, embarazadas… no pueden vacunarse. ¿Compatible con todos las discapacidades? Habría que estudiar a la persona, cada tipo genético. ¿Mutaciones? “Aquí, en Europa y el mundo occidental, ya no es posible erradicar el coronavirus” (Margarita del Val). Quiero creer en el ARN mensajero, capaz de terminar con varias enfermedades infecciosas. En la combinación AstraZeneca-Sputnik, válida por dos años. En esa terapia de anticuerpos, en prueba en el Reino Unido, que crea inmunidad instantánea y duradera. ¿Años, décadas?

Las primeras vacunas se echaron a perder, el receptáculo debía ser humano. “La obsesión de Balmis porque entregásemos un manual de la vacuna de Jacques Louis Moreau de la Sarthe a cada uno de los médicos que conocimos era evidente. Con ello pretendíamos que la práctica de la antigua variolización quedase por completo prohibida en un futuro, y a partir de entonces sólo podrían vacunar los médicos debidamente facultados para ello” (Almudena de Arteaga, Ángeles custodios). A erradicarla se tardó siglos.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 22 de enero de 2021).

22/01/2021 13:19 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

El tiempo en las manos de un artista

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Foto Jorge Gay

Jorge Gay Molins, pintor, poeta, humanista

El tiempo en las manos del artista

Partiendo del paisaje de la infancia, a través de los tiempos que se borran y a la vez permanecen en su pupila, la herida de la sombra y, sobre todo, la luz, que da vida a cuanto contempla, sueña o ama, el pintor nos descifrando sus enigmas creadores, sencillos como el agua o los humanos.

María Pilar Martínez Barca

Lo descubrí en la exposición La ciudad, el amor y los sueños (la Lonja, Zaragoza, 2002). Me cautivó. Nace en la ciudad en 1950 y se forma en Barcelona y Madrid, París, Roma y Venecia. Miembro de Número de la Real Academia de Bellas Artes de San Luis e Hijo Predilecto de Zaragoza, ha trabajado en diversos edificios públicos y murales religiosos. Flores que semejan pájaros, manos como árboles, peces que terminan conformando la figura humana. Viene exponiendo desde los veinte años.

Ahora, en Los párpados fugaces (Paraninfo de la Universidad de Zaragoza), une su maestría en el dibujo y la pintura a su generosa colaboración con otras artes. El catálogo de la exposición es un excelente poemario, verso e imagen unidos.

Pintura y vida

P. ¿A qué edad comenzó a pintar?

R. Comencé a pintar de niño. La exposición que en la actualidad realizo en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza comienza con un texto que escribí hace ya bastantes años y que explica mi relación con la pintura: “… Uno de aquellos días de verano y  vacaciones, en un pueblo color almendra y teja desgastada, una mañana transparente viendo con embeleso como mi padre perfilaba en acuarela los cuervos que revoloteaban la torre de la iglesia, se me reveló la pintura; la capacidad de misterio que tiene el gesto de pintar.

”Aquel ademán preciso que retenía el aleteo de los pájaros, me produjo un vuelco en el corazón, un deslumbramiento.  Era un estado entre la impotencia por lo inabarcable de su comprensión y el misterio de ver en un instante el vuelo parado, parado el tiempo, detenidos los pájaros, la hora, la luz… La existencia toda en un trazo. Algo así puede invitarte a pintar toda la vida”.

Mi padre era maestro y un pintor aficionado muy entusiasta. Él, de modo cariñoso y sagaz, me invitaba a acompañarle cuando, por las mañanas, salía al campo a pintar acuarelas. Así empecé a pintar. El lugar al que me refiero era La Codoñera, un pequeño pueblo del Bajo Aragón, en la provincia de Teruel. Allí descubrí la pintura: la luz, el paisaje. Cada cual es del lugar donde descubre esa luz. Entonces  se te revela  el mundo. El mundo entero se resume en el paisaje que descubres de niño y que latirá en tu corazón cada vez que  te pongas  a pintar.

P. “Ese gesto remoto es pintura. / Ese mirar antiguo es pintar”. ¿Qué significa este texto al principio de otra de las salas de su exposición?

R. Ese latir de la luz, ese frágil momento de la revelación y de la magia es el que llega a ti preservando la belleza. Nos llega desde “el siempre”, desde la antigüedad. Es el mismo gesto que tiembla en las cuevas de Lascaux o de Altamira. El que atrapa el fulgor de la vida. Por eso el gesto de pintar se remite a aquel momento remoto y  mágico que quiso preservar lo eterno.  Por eso la pintura es una manera antigua de mirar como digo en el primer poema del libro.

P. ¿Es fugaz la mirada y la obra del pintor? ¿Como el mito de Eurídice?

R. En mi obra suelo hacer narraciones  pintadas que ocurren en paisajes imaginados donde rescato el mundo. Ese gesto, esa mirada busca perpetuarse, pero es fugaz el momento, huidizo. Como Eurídice, de ahí la metáfora, puede desaparecer cuando lo miras, cuando intentas atrapar el resplandor del mundo.

El tiempo en los pinceles

P. “Pinto como el de ayer”. ¿Ha evolucionado mucho su pintura a lo largo de los años? ¿Pintaría distintas “Las estaciones” en las diferentes ciudades en las que ha vivido?

R. En mi opinión, el pintor debe ir cargando pasado y, cuando pinta, proponerlo como futuro. Nos construimos desde el pasado, aquel que nos impulsa hacia adelante. Como decía la poeta Ida Vitale, Premio Cervantes 2018: ”No se pierde sin castigo el pasado. / No se pisa en el aire”.  Pinto como el de ayer, procurando crecer en cada cuadro, ensanchando el mirar. Pinto para contar la vida, para cantar la vida y celebrarla y hacer con ello un tiempo sin horas ni minutos. Mis paisajes crecen desde ese pasado pero son nuevos: no han existido jamás. En todos ellos siempre conviven el dolor y la luz.

En cuanto a tu pregunta sobre la serie de obras titulada “Las estaciones”, decir que, como toda la exposición, tiene vocación de sinfonía musical. La construyo como un músico hace crecer una sinfonía: con sus adagios, allegros el largo, o presto… Como un paisaje musical donde ocurre de todo, donde pasa la vida, con alegría o quebranto, y donde lo que debe prevalecer es la intensidad; que ese gesto concentrado e intenso conmueva. Esa sinfonía debería ser la suma de todo lo vivido que procuré alimentar en tantas cuantas ciudades viví a lo largo de los años: Venecia, Roma, París; Barcelona, Madrid…Al final todo se hace presente acumulado para hacerlo pintura y darle nueva luz. “Que nunca sea ceniza la luz que nos enamoró”.

P. ¿Es diferente el tiempo de la pintura y de la lírica (escrita)? ¿Cuándo nació la segunda en usted? ¿Ha escrito otros libros?

R. Para mí es un tiempo muy similar: construyo imágenes en pintura y relato imágenes cuando escribo. Siento las dos del mismo modo.

Escribo desde hace muchos años, aunque lo haga de modo algo escondido. “Los fugaces párpados” es mi primer poemario publicado.

P. ¿Y el tiempo del teatro, la danza, el cine, la publicidad…? Una de la sala expone sus colaboraciones con estas otras artes.

R. El trabajo del pintor es esencialmente solitario. Por eso es una alegría, un gozo, que desde distintas disciplinas te inviten a compartir el trabajo de otros y a sumar su obra con la  tuya. Es una experiencia muy importante y gratificadora.

Significa romper la soledad y  salir del estudio. La danza, el teatro, la música, el diseño: hacer el trabajo en compañía de otros. Sumar esfuerzos y deslumbrarte con su talento. Sumarte para conseguir un fin común es una experiencia hermosa y muy muy enriquecedora, que además te permite hacer amigos cómplices y duraderos.

En busca de la bondad

P. ¿Cómo ve y expresa en pintura el dolor, la fragilidad, la enfermedad, la muerte?

¿Humaniza la pintura?

R. Para calmar el quebranto de los días, el dolor, la fragilidad, el bocado que nos da la sombra, creo que pintar, que ver la pintura, es también un modo posible de entender el mundo, una manera de amar, de cuidar, de guarecer, de ir a buscar el corazón de los humanos y poder apaciguarlo y hasta alegrarlo.

En el poemario, editado con motivo de esta exposición, escribo: ”… suficiente misterio inabarcable es contemplar el infinito océano de estrellas navegando la noche y oír fluir la sangre cabalgando subiendo hasta la almohada, inundando el cerebro mientras tiembla el desconcierto y la cama”.

Para mí ya es prodigio
la llegada de la voz al teléfono.
Colgado en los ojos de la luna:
mientras vivo sueño,
cuando sueño vuelo,
cuando vuelo imagino,
cuando imagino veo,
cuando veo pinto,
cuando pinto vivo,
cuanto pinto amo.

P. todos hemos vivido un tiempo muy duro con la pandemia. ¿Para usted ha significado un parón, o un acicate para continuar? ¿Qué pinta ahora mismo? Háblenos de su próxima exposición.

R. La pandemia es un dolor; un dolor grande que crece, se extiende y multiplica. Ojalá llegue pronto la vacuna. Hoy, creo, todavía no hay distancia para poder abarcarla y describirla. No sé como seré capaz, si es que lo hiciera, de poder reflejarla en un futuro ni si tendré deseo o necesidad de hacerlo.

Mientras, salvo los meses de confinamiento, he seguido trabajando en el estudio, terminando la exposición que ahora presento y preparando las que en un futuro y, si nada lo impide, tengo programadas en Barcelona y Bilbao.

Sigo pintando, y aunque “mugree” el día, como invito en otro poema del libro, procuro no olvidar los sueños que me hicieron fuerte ni el brillo que iluminó la infancia. Aunque cada día parezca más difícil.

SUMARIOS

“El mundo se resume en el paisaje que descubres de niño”

“Que nunca sea ceniza la luz que nos enamoró”

“Para calmar el quebranto, el dolor, la fragilidad, el bocado de la sombra, pintar es también una manera de amar”

(“Jorge Gay Molins_ pintor, poeta, humanista. el tiempo en las manos del artista”, Humanizar, N.º 174 --Madrid, enero-febrero 2021--).

16/01/2021 01:08 pilmarbarca Enlace permanente. Humanizar No hay comentarios. Comentar.

La luna de Belén

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Mamá siempre cuidó los reyes. Siempre había regalos en el balcón. Aun cuando papá y ella se separaron.

Jaime y yo éramos muy pequeños. Cuando nos acostaba, mamá se quedaba sollozando, en un silencio interminable. Solo la noche de Reyes se escuchaban pisadas: un balón, una muñeca, el maquillaje de la Señorita Pepis, el Scalextric.

Así fuimos creciendo, haciéndonos adultos, descubriendo el amor. A mamá nunca le dolieron prendas para sacarnos adelante. Limpiadora de casas, peluquera, modista. Hasta que conseguimos nuestra primera beca, aprobamos las carreras, llevamos el primer sueldo a nuestro hogar.

Jaime encontró a Inés; yo, a Alberto. Ellos tuvieron niño y niña, como mamá y papá. Nosotros preferimos esperar, luego ya no podíamos.

¿Por qué aquel fatídico accidente? Jaime dejó viuda y dos huérfanos, huérfana también a su hermana, y a una madre herida para siempre. ¿Por qué Luisito, tan aficionado a mirar las estrellas, me regaló el telescopio de su padre?

Fue el principio. Mamá cayó enferma. Primero, esos pequeños despistes que tan bien disimulaba. Luego, pérdidas de nombres, de objetos, de recuerdos durante tantos años compartidos. Decidí cuidarla, ser su hija, su madre, su memoria. Cuando el maldito alzhéimer fue comiéndosela por dentro, tuvimos que ingresarla.

Hubiéramos sido felices algunos meses, unos años… pero un extraño virus se interpuso, no pude visitarla. Una fría llamada notificó su muerte.

Alberto, que tantas ausencias soportó mientras cuidaba de mamá, no sobrellevó unos meses de encierro. Nos separamos.

Sola con un pequeño telescopio. Me cautivó la conjunción de los planetas y decidí salir, aquella fría noche de diciembre. La luna me condujo al barrio de mi infancia, a la iglesia, a un confesonario encendido. Comprendí la ruptura, la muerte de mamá, su olvido, el accidente… Una paz insondable me conmovió, y lloré de alegría.

María Pilar Martínez Barca

(! Concurso de Relato Breve Centro Piganatelli, Zaragoza, 18 de enero de 2021).

15/01/2021 14:26 pilmarbarca Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Filomena

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Foto Lola Martínez. Velamazán.

Parece que se marcha. Pero nos ha dejado idílicas imágenes, postales navideñas con valor retroactivo, líricos rincones de poeta. No en vano, filomena, del latín filomela, heredado del griego, significa tanto ‘ruiseñor’ como ‘la que ama la música’, o princesa, maltratada por la furia libidinosa de un dios finalmente transformada en ave canora.

Mis sobrinos pequeños, como todos los niños del planeta, disfrutaron descubriendo la nieve. La menor no la había visto nunca. La infancia es esa edad de paraíso, en la que el hielo no duele, y los riesgos, si los hay, permanecen ocultos por el tamiz de la ilusión. El parque de aquí abajo apareció habitado por bolas enormes y por muñecos.

Pero la nieve es también barrera, frontera infranqueable, dique de contención para tareas cotidianas y deseos. No podía pasar, mi silla electrónica no podía pisar unos centímetros de nieve que estaban ya cuajando, y dejé, empujando y arrastrándola, las huellas indelebles de mis ruedas, que la pala levantó de cuajo. Mi silla no tiene prestaciones de trineo.

Es peor salir a la carretera. El coche se bloquea, la nieve cubre techo, capot y parabrisas. ¿La ceguera blanca de Saramago? Y no te digo si te espera la familia o mandado urgente de la empresa. La paciencia termina congelándose y la UME no asoma ni por milagro.

Pueblos enteros confinados, tejados que se caen, apagones de luz por varios días –¡como si fuera poco con la subida!--. Cultivos echados a perder. ¿De nuevo la pandemia económica? Y por si fueran pocos, más muertos, en el hielo o un río, que   arrastra inmisericorde vehículo y cuerpos. Los hospitales colapsados, esta vez por las nieves, y sanitarios haciendo horas extras y recorriendo kilómetros con los palos de esquí. Sin acceso a la diálisis ni a las vacunas.

Aeropuertos cerrados; sin tranvías, autobuses ni AVE. Autores volcados en la carretera, como el de Huesca-Zaragoza. Los chavales sin volver a la escuela. ¿Hasta cuándo ahora, papá? Y anécdotas trágico entrañables. La actriz María Galiana, para ir a la presentación de un “Cuéntame” centrado en el covid, cogida en volandas por militares. O el rescate por bomberos y Guardia Civil de una familia aislada: “Llevaban entre cuatro o cinco horas aislados. Cuando nos vieron llegar con la quitanieves, la madre de la criatura rompió a llorar”.

¿Recordará ese niño su primera nevada?

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 15 de enero de 2021).

15/01/2021 13:40 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

¿Un año con estrella?

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Foto www.eltiempo.com

Fue hacia el 16 cuando la vi tan grande y luminosa, como pocas veces. Entendí un buen presagio en aquella luna, todavía creciente, reflejo de la unión de Júpiter y Saturno, tan anunciada.

El 21 de diciembre, solsticio de invierno, nos regalaba el cielo el culmen de un espectáculo especial: la conjunción de los dos planetas y una luna creciente en todo su esplendor. Según parece, es la misma luz de la estrella que guió a los Magos de Oriente desde Tarsis a Belén. Johannes Kepler (1571-1630) fue el primero en recoger el dato. Según fuentes históricas, el fenómeno se produciría el año 7 a. de C. Saturno representaría a Israel; Júpiter, al Rey de Reyes (Joseph Ratzinger, La infancia de Jesús).

“Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino” (Mateo 2, 9-12). Siempre me he sentido heredera de los Magos. Mi primer poemario, Epifanía de la luz, rememora las sombras de los cuentos que vislumbré en la infancia.

Un paraíso que añoramos y creemos clausurado en la frontera de la primera niñez a la pubertad. Sin embargo, obviamos que Jesús pertenece a una humilde familia de refugiados, que tuvo que emigrar para salvar la vida. Conoció la penuria desde niño; también la cercanía de la tierra y sus gentes: “Jesús nació probablemente en Nazaret. Solo en los evangelios de la infancia de Mateo y Lucas se nos habla de su nacimiento en Belén, lo hacen seguramente por razones teológicas, como cumplimiento de las palabras de Miqueas (Siglo VIII a. C,); “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá” (MIqueas 5,1)” (José Antonio Pagola).

Por eso, pedí a Sus Majestades el oro de la prosperidad para todos, el incienso de unas más altas miras y la mirra de la buena muerte. Y que Jesús nos limpie de la lepra. Tantos ancianos solos; familias que han vivido un duelo robado; pequeños que han sufrido y se han sentido culpables; parejas rotas para siempre; mujeres maltratadas en un confinamiento atroz; personas con discapacidad sin asistencia. Son su pesebre.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 8 de enero de 2021).

08/01/2021 01:23 pilmarbarca Enlace permanente. La columna del viernes No hay comentarios. Comentar.

Primera Navidad

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Foto pixabay. Foto de archivo de los pies de una bebé.

Este año, por primera vez, los niños no besarán a sus abuelos, ni cenarán con todos los tíos y primitos, y montarán el nacimiento solo con papi y mami. ¿Cantarán villancicos en el cole? Y los mayores tendrán más huecos en la mesa, y añoranza. Si no mucho duelo tierno todavía.

Puede ser un buen año para mirar las cosas con los ojos del alma, y volver al origen, cada uno a su centro. Vemos a una joven pareja, ella embarazada, en un pesado viaje de Nazaret –Galilea– a Belén –en Judea–, en la ciudad y tierra de David, reinando el sanguinario Herodes el Grande. Conflictos humanos y políticos que hoy se repiten, sin ir mucho más lejos, en el puerto canario de Arguineguín: hombres, mujeres, mamás embarazadas y pequeños huyendo de la guerra, la miseria, la enfermedad en grado superlativo.

Ya seamos cristianos –una gran mayoría en España–, o festejemos derivaciones lúdico civiles del solsticio de invierno, podemos ejercitar sanamente la memoria. Recordar aquellas navidades, lejanas e irrepetibles o recientes, con los seres queridos. La primera que celebramos en pareja. O esa otra en la que unos angelitos, hijos, nietos, sobrinos, descendieron del cielo a nuestro hogar.

Puede ser un tiempo perfecto de compartir, a través de las redes, la videollamada, el smartphone, el teléfono. De contactar con el centro del otro, mirándonos sin máscaras, sintiéndonos. Y también de recobrar una amistad perdida entre prisas y agobios, antes de la pandemia; la última oportunidad para reencontrarnos.

Es un tiempo propicio para estar y disfrutar con la familia, la unidad familiar de convivencia, más ese ser querido que no habremos visto en meses. Para exprimir esos nimios detalles que en la nunca saboreamos. Y unos días preciosos para el encuentro auténtico con uno mismos: el silencio, la espera esperanzada, la creatividad.

Podríamos tomarnos a toda prisa las uvas, a campanadas virtuales y caseras, y expulsar tanta fobia acumulada; despedir el 2020 a la carrera, o intentar borrar la realidad con la Matte Painting, herramienta de efectos especiales para el cine. Pero nos perderíamos la magia.

Del pasado miércoles 16 al próximo 25, podremos ver de nuevo la estrella polar, o conjunción de Júpiter y Saturno, tras ochocientos años. Y en un Hospital de Granada, una bebé prematura sobrevivió a su madre, que fallecía de covid al poco de parir. Será su primera Navidad.

María Pilar Martínez Barca

(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El Meridiano", viernes 18 de diciembre de 2020).



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