Desahucios
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“Mi casa no es mi casa, / mi sombra no es mi sombra, la silueta / que vislumbro al trasluz es la de otro espejo” (El penúltimo ocre). Estas palabras podría haberlas suscrito Mari Carmen, la anciana que se ha hecho tristemente célebre este verano, y más desde que la sacaron violentamente de su vivienda en Madrid. Pero también mi madre o cualquier persona mayor que va perdiendo el sentido de la orientación y de la localización espacio temporal. Desahucio, “acción y efecto de desahuciar”. Y en la segunda acepción de la RAE: “Dicho de un médico: Admitir que un enfermo no tiene posibilidad de curación”.
Es obvio que desde el 11-M, Podemos y los populismos, primó su tercera definición, siempre en tela de juicio y en desacuerdo: “Dicho de un dueño o arrendador: Despedir al inquilino o arrendatario mediante una acción legal”. Y la situación se ha agravado estos últimos 15 años. Mayores que después de toda una vida han de dejar su casa, por no poder pagar un alquiler que sigue subiendo. Familias al borde del abismo, con hijos y personas dependientes, que no ven una salida. Jóvenes que cada vez retardar más la salida del hogar paterno; o si han de salir por estudiar malviven en una triste habitación.
Protección anti desahucio 2030, regulación de rentas, prohibición de compra por “fondos buitre”… ¿No estaremos ante una sociedad enferma y desahuciada? Porque al supuestamente superado bipartidismo de 2011 le ha sucedido un trastorno bipolar. Estamos enfrentados, como nunca.
De una parte, los arrendatarios o compradores, a quienes no llega el hálito a fin de mes. De la otra, los pequeños dueños de fincas –no las grandes empresas–, que las fueron adquiriendo con tesón y renuncia, incluso de un café o de unas sencillas vacaciones.
Hay trampa y cartón por ambos lados. Como el padre migrante que empadrona a los hijos en España para hacerse pasar por vulnerable, mientras él sigue residiendo en su país. ¿Qué hacer el arrendador humilde ante el impago? Y estamos nosotros, los que además de alquiler y piso debemos costear nuestra asistencia personal. mientras, el Gobierno y Pedro Sánchez lavándose las manos, como Pilatos.
María Pilar Martínez Barca es doctora en Filología Hispánica y escritora.
(Heraldo de Aragón, "Tribuna", "El foco", domingo 4 de octubre de 2026).